“A este fallo lo vamos a dar vuelta entre todas”

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El aberrante fallo que absolvió a los acusados por la violación y el asesinato de Lucía Pérez en Mar del Plata hizo que las mujeres volvieran a tomar las calles para gritar: “Ni una menos”. Esta vez el foco estuvo puesto en el Tribunal que encarna la justicia patriarcal y machista. En las 71 páginas de la escandalosa sentencia el argumento es recurrente y podría resumirse en: “algo habrá hecho Lucía para terminar así”.

Fotos: Joaquín Salguero

Para los movimientos feministas, la indignación, el dolor y la bronca se traducen en dos palabras: acción colectiva. Una vez más las mujeres, lesbianas, travestis y trans marcaron la cancha en un diciembre convulsionado. Una ciudad que estuvo sitiada durante todo el fin de semana por el G20, volvió a colmarse por mujeres. Por el mismo lugar por el que los presidentes más importantes del mundo disfrutaron de un espectáculo, por el mismo teatro en el que al Presidente Mauricio Macri se le piantó un lagrimón, ayer miles de mujeres gritaron a viva voz: “Ni una Menos, Vivas nos queremos”. Esta vez, el mensaje estaba orientado a un único destinatario: la Justicia machista y patriarcal. La que hace dos semanas absolvió a los femicidas de Lucía Pérez: la piba de 16 años que fue violada y asesinada en Mar del Plata en octubre de 2016.

“En una masiva movilización, pese a su inmediatez, se volvió a demostrar que el feminismo no perdió la potencia callejera”, explica la periodista y fundadora de Ni Una Menos, Agustina Paz Frontera, en las intersecciones de 9 de julio y Roque Sáenz Peña,  mientras siguen pasando las columnas. “El feminismo no perdió la capacidad de escucha y de articulación de las demandas populares de diferentes espacios”.

La noticia llegó como un baldazo de agua fría. El 26 de noviembre era el día en que la Justicia de Mar del Plata dictaría la sentencia. Y otra vez la misma historia. Cuando el Tribunal Oral en lo Criminal N°1 de Mar del Plata absolvió a Matías Farías de 25 años y Juan Pablo Offidani de 43 de los cargos por abuso sexual y al tercero, Alejandro Maciel de 61 años, lo absolvieron de la acusación de encubrimiento agravado, la sensación fue unánime: A Lucía la habían matado una vez más.

Tres varones y el crucifijo detrás

Los jueces Facundo Gómez Urso, Aldo Carnevale y Pablo Viñas, condenaron por unanimidad a Farías y Offidani por tenencia de drogas con fines de comercialización agravado “por ser en perjuicio de menores de edad y en inmediaciones de un establecimiento educativo” y los absolvió por el “abuso sexual con acceso carnal agravado por resultar la muerte de la persona ofendida y favorecido por el suministro de estupefacientes en concurso ideal con femicidio”. Según los magistrados, no hubo elementos suficientes durante el debate oral, al que los dos hombres llegaron detenidos en el penal de Batán con prisión preventiva, que probaran que la joven fue violada y asesinada.

En las 71 páginas que constituyen el escandaloso fallo el argumento es recurrente y podría resumirse en: “algo habrá hecho Lucía para terminar así”.

Algunas de las frases más espeluznantes:  “Lucía tenía contactos sexuales con hombres a los que no conocía y que ese día concurrió con la idea de intimar con Farías.”; “Un amigo Lucía le contó que había intimado con personas de hasta 29 años” y otra amiga dijo “que a Lucía le gustaba el sexo violento y eso no tiene nada de malo”; “Lucía era de tener relaciones con hombres a los que apenas conocía pero que eso ocurría por propia elección y cuando ella lo quería.”; “Lucía tenía una personalidad que distaba mucho de ser sumisa.”

Según las especialistas Laurana Malacalza, Sofía Caravelos y Carolina Racak en un artículo publicado en LATFEM Noticias, “lo sucedido en las audiencias, del mismo modo que lo venimos observando en otros casos de femicidios, da cuenta de las serias dificultades que afronta la implementación de la perspectiva de género en el sistema de justicia. En general ponderan que existe  violencia sólo en los casos que existía una relación de pareja previa, si existen denuncias previas o muy eventualmente  si las pericias demuestran que hay huellas de violencia física o sexual en los cuerpos de las mujeres previas a la muerte. No tienen en cuenta el modo en que operan las estructuras de la dominación entre los géneros ni los sentidos que adquieren esas violencias”.

Un antes y un después

En la genealogía y memoria feminista, el femicidio de Lucía Pérez constituye un hecho crucial en la conformación de los colectivos feministas, entre mujeres lesbianas, travestis y trans. Lucia Pérez, la piba de 16 años que fue violada y asesinada en Mar del Plata en 2016, fue la mecha que encendió el fuego de aquel masivo y determinante primer paro de mujeres, el 9 de octubre de 2016.

El grito de Ni Una Menos, unos año y medio antes, había empezado a tejer lazos, articulaciones entre diversos grupos. Como sostiene la periodista María Florencia Alcaraz en su reciente libro Que Sea Ley: “Durante mucho tiempo, la política feminista había sido un susurro constante y persistente. La emergencia de Ni Una Menos hizo que el resto del mundo viera aquel actor político subestimado (…) La bronca por la represión a ese Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario sumado a la noticia del femicidio de Lucía Pérez que ocurrió al mismo tiempo que se desarrollaba el Encuentro, motivó la organización e un paro y una movilización. ´Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras´ fue la consigna que enlazó la denuncia por las formas de violencia más extrema con el aporte económico que hacen las mujeres al sistema productivo capitalista”.

Dos años después, las mujeres volvieron a sentar precedente. Y en la misma sede de la CTEP , la casa de los trabajadores de la economía popular, la decisión de parar y marchar fue otra vez la misma. Pero con un condimento especial que le dio la fuerza determinante para no dudar ni un segundo. Marta Montero, la mamá de Lucía Pérez y Matías, su otro hijo se hicieron presentes: “Yo hoy vine para estar en esta Asamblea con ustedes. Viajé de Mar del Plata hoy temprano y el miércoles las voy a acompañar por todo este amor que ustedes tienen con Lucía”, anticipaba y las cientos de mujeres, lesbianas, travestis y trans presentes se fundían en un aplauso. “Lucía somos todas y estamos unificadas. Estamos todas por la misma causa. Son Lucía reflejada en mí. Esos abrazos, esos besos, ese amor ese respeto que tienen conmigo. Me respetan mi silencio. Este fallo lo vamos a dar vuelta”, sentenció y al unísono, todas respondieron: “Se va a acabar, se va a acabar, esa justicia patriarcal”.

El miércoles, a las 16, la mamá de Lucía estaba en la puerta de Tribunales junto a la Campaña Contra las Violencias Hacia las Mujeres, una red conformada por diversas organizaciones feministas. En su pecho colgaba una foto de su hija. El parecido de entre ambas es impresionante. A lo lejos, las mujeres de ATE-Capital golpeaban sus bombos y redoblantes: ¡Se va a caer, lo vamos a tirar, se va a caer lo vamos a tirar, entonces luche, luche, luche que se escuche! Las sindicalistas fueron claves en la organización de la marcha. Embanderadas y con sus pecheras, mujeres de gremios como APA, Metrodelegadxs, Sitraju-CABA, Sipreba, Gráficas y diversos gremios docentes entre otros, aportaron numerosas militantes organizadas. Agrupaciones políticas y sociales también se hicieron presentes. Y también, muchas pibas sueltas que apenas salieron de sus lugares de trabajo, todavía con el uniforme laboral, se colgaban su otro uniforme: el pañuelo verde.

Adelante Felipe, un nene de 7 años, con su mamá, había hecho una bandera verde que colgaba sobre su cuello “Bamos mujeres”. “La hice yo solo”, dijo. Otras, alzaban sus puños y gritaban como un mantra: “Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar”.

Pero cuando la bandera de cabecera llegó al obelisco se produjo un silencio. Todas se sentaron en el piso, se acostaron. La imagen era escalofriante. En la avenida más ancha de la Argentina, miles de mujeres con una foto de Lucía en el pecho, quisieron gritar en silencio: Lucía somos todas.

Los números siguen siendo escalofriantes: La Casa del Encuentro realizó un informe detallado en el que reunió los datos de casi una década de femicidios en el país. Desde el año 2008 hasta el 2017 hubo 2679 mujeres muertas. Solo en 2018, el mismo año en el que el Senado de la Nación convalidó que otras miles de mujeres se sigan muriendo por abortos clandestinos, 255 mujeres fueron asesinadas por varones.

Nuevamente las calles de todos los rincones del país se pintaron de verde y violeta. Porque como sostienen las pintadas callejeras: La justicia es machista pero la memoria, feminista.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Periodista y politóloga. Escribe para Nuestras Voces y también es colaboradora en la Revista Anfibia, Crisis y Tiempo Argentino. Trabajó en la investigación para el libro El Nieto y fue columnista en la radio de las Madres. Dicta clases de periodismo en la UMET.

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