Adriana Salvatierra, la cara de la igualdad de género en Bolivia

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Bolivia es el tercer país del mundo con más mujeres en el Congreso. Adriana Salvatierra es la presidenta del Senado más joven de la historia y líder del movimiento feminista que creció bajo la presidencia de Evo Morales. Cómo es la revolución del pañuelo verde en las calles y en la política de Bolivia.  «El gran logro de los movimientos de mujeres es haber conquistado la paridad y la equidad de género como un principio constitucional. Es un hito sin retroceso para las grandes victorias que hemos tenido las mujeres en el mundo», cuenta a Nuestras Voces en esta entrevista.

FOTOS DE SANTIAGO VIVACQUA

Líder del Movimiento Al Socialismo (MAS), Adriana Salvatierra preside desde enero la Cámara Alta y desde allí resalta las conquistas y las deudas pendientes en materia de igualdad género en Bolivia. Para ella hablar de revolución es hablar de feminismo. Una revolución que en Bolivia ya es un hecho, siendo el tercer país en el mundo en conseguir la paridad de género en el Congreso.

El próximo 20 de octubre el Estado Plurinacional elige presidente, vicepresidente, senadores y diputados.  Y las mujeres jóvenes están jugando un rol en la campaña como nunca antes lo habían hecho.

– ¿Cómo evalúa el Rol de las juventudes en el proceso de cambio?

-Cuando entramos al gobierno la mayoría eran jóvenes. El presidente Evo Morales era uno de los presidentes más jóvenes de la historia de nuestro país: recién entrando a los cuarenta había asumido como presidente. Sin embargo, la presión respecto a lo que era necesario transformar en Bolivia no daba pie a que eso sea un elemento preponderante en su gobierno. El presidente tuvo ministras, por ejemplo la de Desarrollo Rural, Susana Rivero, que entró con 32 años. Eso fue durante el primer gobierno del presidente Evo Morales. En ese tiempo, como había tantas cosas que resolver en Bolivia, tantas las necesidades estructurales, no se visibilizó con mucha fuerza. Hoy existe una mayor visibilización porque hay parlamentarios de cada uno de los Departamentos que ingresamos al ejercicio del servicio público en la Asamblea Legislativa con menos de 30 años. Yo fui candidata con 24 y entré con 25. De la misma forma mi compañera Valeria Silva asumió también con 25 años y así un conjunto de parlamentarios. Eva Copa en el Alto, Evo Meres en Pando, Elmar Callejas en Chuquisaca, Ade Marba en Cochabamba, parlamentarias en Beni y en Potosí que ingresaron siendo menores de treinta. Entonces, hay una mayor visibilización pero también hay una orientación en el Estado de asignar mayores responsabilidades a la generación que nació en este proceso, a la generación que fue fruto de este tiempo histórico. No solamente en el eje legislativo sino también en el ejecutivo. Ministros como Wilma Alanoca, Manuel Canelas, Mariana Prado, que son muy jóvenes y que están al frente de las responsabilidades de determinadas carteras de Estado. Además, se traslada a los viceministerios y también al ámbito de los movimientos sociales con el vicepresidente de la Federación de Productores de Coca del Trópico, Andrónico Rodríguez, que también tiene 29 años.

Bolivia es una sociedad que está altamente politizada. Con mucha facilidad para que se encienda la chispa en los jóvenes y se genere inmediatamente un proceso de politización porque el pueblo boliviano rápidamente toma decisiones. No te voy a decir que toda la sociedad está involucrada, pero hay una juventud distinta. Creo que hay jóvenes que evidentemente, como en cualquier otro país, tienen una mayor vocación de aproximación a la militancia política. 

-¿Cuáles son los logros y los temas pendientes en la agenda vinculada a las problemáticas de las mujeres?

Es integral. Bolivia está en el puesto 17º de países con mejores condiciones para que las mujeres vivan, pero somos uno de los países con la tasa más alta de femicidios. Entonces son cifras contradictorias. Nosotros somos, por ejemplo, la tercera Asamblea Legislativa después de Ruanda y Cuba, con mayor participación de mujeres en el mundo. De la totalidad de los Estados somos el tercer país. En América Latina, el año pasado Cuba realizó elecciones legislativas y nos superó. Sin embargo, estamos entre el primer y segundo lugar con mayor representación legislativa femenina. Y eso es el gran logro de los movimientos de mujeres, no solamente feministas: haber conquistado la paridad y la equidad de género como un principio constitucional. Eso te marca un hito sin retroceso para las grandes victorias que hemos tenido las mujeres en el mundo, la participación política. 

El segundo elemento más importante es el área económica. Uno de los elementos fundamentales es que el 36.5 de los títulos agrarios están a nombre de mujeres. Eso da cuenta de que en el acceso de la tierra se han planificado políticas que han cambiado la estructura de la tenencia de tierras en relación al género. Antes estábamos en quince. Eso da cuenta también de la situación. Somos uno de los países con menores porcentajes de brecha en desigualdad salarial en América Latina, aunque también la tenemos, por supuesto, especialmente en el ámbito privado en cargos gerenciales.

Qué es lo que nos queda pendiente y qué es en lo que en contraste han avanzado otros países de América Latina. Bueno, hemos avanzado en la esfera de la participación y de la representación política, hemos avanzado en el ámbito económico, en la esfera de lo económico, que eso por supuesto también repercute en la independencia de la mujer, en su autonomía. Pero nos falta mucho avanzar en la autonomía de nuestros cuerpos. Todavía tenemos pendiente la discusión sobre la despenalización del aborto, tenemos una sentencia que nos obstaculiza la despenalización del aborto, tenemos altos índices de violencia contra la mujer, particularmente violencia física, y uno de los índices más altos de femicidios. Pero también tenemos normativas muy estrictas al respecto. Creo que ahí deriva el escenario más importante y pendiente de trabajo: la autonomía de los cuerpos de la mujer, la decisión que tome en torno a sus derechos sexuales, a sus derechos reproductivos y la lucha frontal que el Estado plantea contra la violencia de género.

-¿Cómo evalúa la proyección del movimiento feminista en Bolivia?

-Cuando conquistamos la paridad de género en la Asamblea nos dimos cuenta que al momento de legislar la Ley Nº 348 contra la violencia hacia la mujer nos encontrábamos con compañeras que, no solamente del Más sino también parlamentarias de oposición, no estaban de acuerdo con la aprobación de la norma. Obviamente, el hecho de ser mujer no necesariamente condiciona a que seas feminista. La construcción del feminismo como un marco ideológico rector de tu vida es un proceso de formación personal, interno, que hace en parte a las organizaciones de militancia, y no a un instinto de género. Eso nos ha sucedido. Cuál fue la gran victoria, que cuando tocó hablar de paridad de género todas las mujeres, no necesariamente desde el feminismo sino hablando desde la igualdad, del construir condiciones de igualdad entre hombres y mujeres, la han apoyado. 

Estamos en un contexto internacional que significa grandes desafíos para la región y particularmente también para Bolivia. La victoria de Bolsonaro o de los proyectos políticos conservadores, casi con un corte fascista en América Latina, dan cuenta de que existirá un retorno de prácticas conservadoras que pueden significar en algún momento la interpelación de aquello que nosotros creímos conquistado en materia de derechos humanos. Nosotro creímos que estábamos viviendo una década de oro en avances en esa materia, pero resulta que proyectos políticos como los de Bolsonaro te sacuden el piso. Si eso puede impactar en Bolivia lo vamos a saber en el siguiente período electoral. Lo cierto es que por ahí va el desafío. Una lucha contra sectores conservadores que plantean una limitante al ejercicio de los derechos humanos.

-¿Cuáles son a su criterio las principales conquistas de este gobierno?

-En el horizonte que nos planteamos los y las bolivianos hay elementos que se lograron en la gestión de Evo Morales y que no tienen retroceso. En materia de género, por ejemplo. Las mujeres no vamos a retroceder en torno al deber moral, además de constitucional, de tener una Asamblea Legislativa paritaria. Eso es una conquista, es un patrimonio de las mujeres bolivianas haber conquistado por primera vez nuestra propia historia y ser el segundo o el tercer país con mayor representación política femenina en la Asamblea. Ese es un avance en el cual no pensamos retroceder y se produjo en la gestión de Evo Morales por decisión política: ahí hace la diferencia porque el presidente Evo, en tiempo histórico, ha confluido la voluntad política con los movimientos de mujeres que es lo que no sucedió en Argentina. En Argentina las mujeres se movilizaron solicitando la legalización del Aborto y la voluntad política no estuvo a la altura de las grandes movilizaciones. En nuestro caso es el contrario. Las movilizaciones de las mujeres pudieron encontrar respaldo y voluntad política en el presidente Evo Morales. Ese horizonte, por ejemplo, no tiene retroceso.

El segundo horizonte que no tiene retroceso es la soberanía entorno a nuestros recursos naturales y nuestras empresas estratégicas. Creo que hemos dado pasos firmes en torno a la nacionalización de nuestros hidrocarburos, en torno a la nacionalización de sectores estratégicos de la economía y en el ejercicio de la soberanía que es también un hito fundamental del cual creo que no podrá retroceder el pueblo boliviano. 

El tercer hito, que también guarda relación con la economía, es precisamente este modelo económico que, a partir del ejercicio de la soberanía, generó un mayor excedente y por tanto de nueve mil millones de dólares pasamos a un PBI de cuarenta mil ochocientos cuarenta y cinco millones de dólares. Y ese producto bruto no se quedó ahí arriba. Se redistribuyó de forma efectiva, eso también es democracia. Se democratizó la riqueza y ha significado eso que la población pase de un 60 por ciento de los bolivianos en situación de pobreza a un 30 o 35 por ciento. De un 37 por ciento en extrema pobreza a un 15 por ciento. Ese modelo económico de redistribución efectiva de la riqueza, de democratización de la riqueza, es otro hito en el cual los bolivianos no vamos a retroceder.

-¿Cómo ve las posibilidades del presidente de conseguir la reelección en octubre?

-Esos tres pilares que te mencionaba y otro conjunto más como la inclusión del movimiento indígena, la participación y la toma de decisiones de los movimientos sociales del país, marcan un horizonte de época para los bolivianos que creo que no lo representa ningún otro proyecto alternativo. Evo significa certeza, pero al mismo tiempo esperanza para el pueblo boliviano y esa es la fortaleza que tiene para enfrentar el proceso electoral. Esperemos vencer. 

-¿Se imagina una mujer presidenta de Bolivia, elegida por el voto popular?

-También me lo imagino, por supuesto. Hoy el presidente Evo es el factor de cohesión y por eso nosotros lo respaldamos. Los movimientos feministas también lo respaldamos. Pero por supuesto creo que no están las alas cortadas. Sí creo que nosotros en Bolivia hemos demostrado, y Argentina también lo ha demostrado, que en un proceso electoral no se disputa la administración del Estado. El Estado no es el establishment de lo ya organizado, ya dicho y que solamente administra lo público. No. El Estado está pensado para transformar la vida de sus habitantes. El Estado está pensado para eliminar las inequidades. Debe estar pensado para eliminar toda clase de desigualdades y regular también las condiciones de vida de los bolivianos. Los procesos electorales en Bolivia y en América Latina dan cuenta de la implementación de proyectos de país que pueden ser o no distintos. Yo no creo que independientemente de quién gane, Bolivia vaya a seguir siendo la misma. No. Quien gane va a determinar el futuro. Un futuro distinto o mejor para las próximas generaciones.

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