Arco Iris Fútbol Club: “Un equipo, todos los colores”

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Eso que nació en 2016 como un plan de un grupo de mujeres para hacer ejercicio se convirtió, en cinco temporadas, en un proyecto que ya es parte de un club y que incluye una escuelita para niñas desde los 5 años. La bandera de Arco Iris Fútbol Club recorre canchas, festivales y movilizaciones. Abraza a todas las mujeres, lesbianas y diversidades que desean jugar al fútbol en la localidad cordobesa de Río Ceballos.

“Un equipo, todos los colores”. La bandera de Arco Iris Fútbol Club recorre canchas, festivales y movilizaciones. Abraza a todas las mujeres, lesbianas y diversidades que desean jugar al fútbol en Río Ceballos, una de las localidades que conforman el corredor de Sierras Chicas, en la provincia de Córdoba. Y se volvió una trinchera: el fútbol con cantito en la tonada estira las vocales jugando para deconstruir el deporte y abrir la cancha.

Eso que nació como un plan de un grupo de mujeres para empezar a hacer ejercicio en 2016 (“Movamos el culo”, fue la frase inicial que quizá también merezca una bandera) se convirtió, en cinco temporadas, en un proyecto que ya es parte de un club y que incluye una escuelita para niñas desde los 5 años.

“Empezamos con una lista de 14 y después éramos un montón”, cuenta Laura Cortez, una de las integrantes, que es psicóloga y trabaja en la protección de derechos de niñas, jóvenes y familia. Y agrega: “En los terceros tiempos nos empezamos a conocer. La mayoría venimos de áreas sociales, comunitarias, hay psicólogas, trabajadoras sociales, abogadas, docentes, profes de educación física. Entonces empezamos a ver que era un espacio político diverso.  Y dijimos: ‘Vamos a pensar en gestar cosas colectivas»’.

 

¿Y si el fútbol femenino fuera una política de Estado?

 

Por el corredor de Sierras Chicas (entre las localidades de Salsipuedes, Villa Allende, Unquillo, Mendiolaza y Río Ceballos) desde hace cinco años, entonces, patean por ese camino. A la escuelota (la del fútbol de adultas) pensaron entonces sumarle la escuelita. A todas les había pasado lo mismo: cuando eran niñas el fútbol se había presentado como algo prohibido.

“Un día, cuando era chica, descubrí frente a mi casa una escuelita para nenas. Salí como tiro, no era común ver eso. Tendría 15 y las que jugaban, 22. Con el tiempo me di cuenta que el profe era un prócer del fútbol, José Luis Cucciufo -cuenta Julieta Casco, que tiene 39 años y es administradora de empresas y mamá de Antonio y Camilo-. Con el tiempo dejé porque no tenía el apoyo de mi mamá para ese deporte”.

Cambiar el juego, abrir la cancha

Arco Iris tiene también estas historias: mujeres que pelean para que las niñas no vivan lo mismo que ellas. Casco retomó después de los 30. El hermano de otra de las jugadoras, Noel San Martín, que tiene 41 años y es Directora de la reserva natural Los Quebrachitos, en Unquillo, jugaba siempre. Ella recuerda la mirada de su mamá y su papá alentándolo y ella imitando desde afuera a su hermano. “En mi casa el fútbol era para varones y las mujeres hacíamos danza”, cuenta hoy. En una playa, rememora, una vez se hizo pasar como varón porque le dio vergüenza ser mujer y jugar al fútbol sin que la juzgaran.

Estas angustias las Arco Iris las canalizaron colectivamente y las convirtieron en lucha. Tomaron fuerza en el 33º Encuentro Nacional de Mujeres que se hizo en Trelew, donde se realizó el primer taller de fútbol y feminismo, convocado por las organizaciones La Nuestra Fútbol Feminista de la Villa 31, Abriendo la cancha, de Córdoba y Las Martas de Santa Fe.

“Ahí nos empieza a resonar que para transformar hay que hacer pie donde estamos, entonces  empezamos a militar y hacer propuestas”, dice Laura Cortez.

Cuando se conformó la Coordinadora sin fronteras de fútbol feminista (un espacio de hinchas, socias, organizaciones futboleras sociales y feministas que trabajan por un fútbol para todes y sin violencias), se sumaron. Y en el territorio abrieron canchas.

 

Dalila, el estadio que homenajea a una crack del fútbol femenino

 

En 2015, el año en que en Sierras Chicas hubo una inundación que dejó víctimas, fue el puntapié para que en Unquillo se organizara un festival para conmemorar ese hecho. Como integrantes de Arco Iris habían sufrido la tragedia del agua, el equipo se sumó al festival poniendo arcos y convocando a las niñas del pueblo a jugar.

Ahí un poco está el germen de la escuelita. Vieron que en el fútbol mixto ellas se sentían incómodas porque los varones no les pasaban la pelota, así que cada año, en cada festival, generaban el espacio para ellas. En 2019 armaron su propio espacio formativo. Convocaron a la entrenadora Ayelén Bruno Kanath y empezaron a trabajar con la infancia. Y vieron que les niñes tenían la cabeza abierta.

““En una conversación entre las nenas en un descanso para tomar agua, una le pregunta a la otra quién era la perrita que la acompañaba. Una comentó que era de la novia de su mamá. La otra le comentó ‘Es bonita la perrita, parece un peluche». Y listo, fueron a la cancha a retomar el entrenamiento. Ahí me di cuenta de que la homofobia es una construcción adultocéntrica que se transmite. En la cancha se juegan estas construcciones posibles de identidades y subjetividades”, dice Laura Cortez.

 

Jugadoras trans: cuando el deporte discrimina pese a la ley

 

En su camino, Arco Iris además colaboró en la reconstrucción de la historia del fútbol femenino. Guillermina Pruneda, una de las jugadoras, trabaja en PAMI. En una jornada laboral vio, como todos los días, a la señora que vendía comida y escribía poemas. Pero esa vez se puso a hablar. Pruneda le dijo que estaba cansada porque había jugado al fútbol la noche anterior y la señora le contestó: “¿Jugás? Mirá vos, Yo jugué un Mundial”. Se trataba de la pionera María Ester Ponce, que fue parte de la Selección argentina que le ganó a Inglaterra en el Mundial de México 1971.

Así, contactaron a Lucila Sandoval, fundadora de Pioneras del Fútbol Argentino, y la historia de Ponce fue reconocida.

¿Puede un grupo de personas que empieza a patear convertirse en un proyecto colectivo futbolero y militante? Arco Iris tiene una respuesta positiva. Hoy son parte de la comisión de fútbol femenino del Sportivo Forcheri, un club de Unquillo con el que articularon para seguir ampliando derechos.

Allí, entonces, tienen un equipo de fútbol 11 compitiendo en la Liga Colón -una de las tantas ligas provinciales- y además fútbol 5 y fútbol 7. En pandemia hicieron actividades para sostener el espacio, que cuenta con más de 50 niñas y mujeres desde los 5 años.

En este marco, el compromiso siguió presente. Se sumaron a una campaña de un centro vecinal de Unquillo para juntar alimentos y productos de limpieza e higiene para familias que lo necesitaran.
Ahora, con la posibilidad de volver a reunirse con protocolo, los lunes y los jueves se juntan a entrenar y recuerdan, entre risas, que este sueño empezó con un impulso para salir del tedio. “Pensar que esto arrancó con aquel ‘Movamos el culo’”, se ríen.

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Ayelén Pujol

Ayelén Pujol

Ayelén Pujol es periodista deportiva y escribe para distintos medios: Nuestras Voces, La Nación, Página 12 y RED/ACCIÓN. Además es columnista de deportes en Radio Provincia y comenta los partidos de Boca y River en Radio Del Plata. Publicó dos libros sobre fútbol femenino, su especialidad: ¡Qué Jugadora! y Barriletas Cósmicas, ambos sobre la historia de las mujeres futbolistas. Hubiera querido ser jugadora y por eso despunta el vicio en el Norita Fútbol Club. A veces, hace goles.

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