Cómo juegan los sindicatos en el año electoral

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El próximo viernes se cumplen tres años del primer paro de mujeres y la lucha volverá a las calles en el año electoral. Las muy distintas posiciones entre el sindicalismo combativo, la CGT y las mujeres con roles dirigenciales, según la mirada de Ana Natalucci, directora del Grupo de Estudios sobre Participación y Movilización Política del Gino Germani. El papel de Moyano.

La periodista feminista Luciana Peker acuñó en 2016 una frase emblemática que resume, incluso en los albores del macrismo, la actitud de la central obrera más importante de la Argentina. Peker dijo: “La CGT toma té, las mujeres la calle” en medio de lo que fue el primer paro contra el gobierno de Cambiemos el 8 de marzo de 2016. “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras” fue el lema de aquella primera huelga feminista dejando en evidencia que el feminismo se convirtió en un actor político fundamental en los tiempos que corren. A cuatro años de aquel primer paro, y sobre todo, a cuatro años de que comenzara el gobierno neoliberal encabezado por Macri, el movimiento obrero organizado pivotea entre la conducción de una CGT y sectores combativos que dan batalla en las calles. La Directora del Grupo de Estudios sobre Participación y Movilización Política del Instituto Gino Germani de la UBA, Ana Natalucci, analiza y reflexiona junto a Nuestras Voces cuáles serán los movimientos y las perspectivas del sindicalismo en un año clave electoral.

—¿Qué se puede esperar de la CGT en este año?

—Hoy la CGT está conducida por el sector de los llamados “Gordos”, los “independientes” y el sector de Barrionuevo como en los 90, por lo tanto no hay mucha novedad allí, ya que son sectores que priorizan los canales de negociación. Y esto quedó claro cuando Juan Carlos Schmid renunció en octubre pasado al Triunvirato, donde quedó claro que había poco margen para que la CGT encabezara institucionalmente un plan de lucha. Sin embargo, hay otros espacios como el Frente Nacional para el Modelo Sindical -integrado entre otros por Camioneros y el SMATA- o la Corriente Federal de los Trabajadores, que claramente constituyen dentro del espectro sindical los más combativos.

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—Insisto ¿por qué esta CGT sigue siendo “complaciente”?

—En los 90 hicieron lo mismo: apuestan a la negociación. Hay muchos argumentos que explican esta actitud. En primer lugar, las características internas de esos sindicatos: son sindicatos grandes que no tienen gran capacidad de movilización, aunque tengan muchos afiliados como Comercio, Sanidad, Alimentación, Luz y Fuerza. Después del 55, hay una corriente del sindicalismo al que se lo consideró “participacionista” que es, mantener una convivencia con el poder político. Yo encuadraría en este sector a la actual conducción. Por otro lado, son sindicatos con una mirada más sectorial, y en ese sentido algunos de ellos han llegado a buenos acuerdos salariales. Y finalmente hay que observar qué tipo de patronal tienen estos sectores; a veces tienen Cámaras, otras veces están dispersas y eso varía el tipo de negociaciones. La CGT estatutariamente es una “organización de tercer grado” que nuclea sindicatos, por eso no tienen elección directa, por lo tanto no hay una “obligación” de que si la CGT convoca a un paro, los sindicatos asociados tienen que adherir. Por eso ahí el debate es otro, que tiene que ver con la conducción, con “construir” un paro para lograr la mayor adhesión posible.

—En ese sentido se entiende la perspectiva del otro espectro del sindicalismo, el más combativo.

—Sí, de hecho en los 90, la lucha sindical estuvo encabezada por el MTA y la CTA que hoy constituyen los espacios más combativos. Y esto tiene que ver con la concepción que tienen sobre la clase trabajadora. Hay una concepción ideológica sobre la clase y la representación. Si la actual conducción de la CGT concibe a la clase trabajadora más en términos sectoriales, el sector vinculado a Hugo Moyano tiene una concepción integral de la clase trabajadora. Cuando Moyano discute contra la reforma laboral, lo piensa en términos de la clase, no pensando solamente en sus afiliados. No sólo rechaza cambios en su convenio colectivo, sino que ha asumido una posición solidaria con otros sindicatos. Ahí radica la diferencia. No es que esta conducción es macrista, sino que ideológicamente tiene otra concepción del trabajador y prioriza la negociación. En ese sentido, la Corriente Federal de los Trabajadores -que encabezan entre otros el bancario Sergio Palazzo y dirigentes del Núcleo del MTA- también tiene una concepción más programática del movimiento obrero, en el sentido de pensar que las conquistas del movimiento obrero sólo se logran en un marco de un proyecto político de ampliación de derechos, no en cualquier contexto. Por eso ellos recuperan la idea del programa de La Falda y Huerta Grande de integrar al movimiento obrero en un proyecto político. Por eso, cuando los sindicatos o la CGT evalúan si movilizarse o no, es importante identificar la concepción tienen sobre el trabajador. En ese sentido no sorprende que la CGT no movilice.

—En un año electoral también se juegan otras cosas y eso también modifica el tablero sindical.

—Claro. El kirchnerismo dejó en una situación de atomización al sindicalismo; este se unificó en 2016 por una cuestión más defensiva de cara al macrismo. En años de elecciones hay una doble posibilidad: por un lado se pueden abrir ventanas de oportunidades para instalar demandas, pero también se pueden abrir internas en las organizaciones y sindicatos. Esto último cuando estaba Moyano en la CGT estaba más ordenado, por su concepción vertical y orgánica en el ejercicio del poder. El problema que tiene la CGT actual es que no tiene capacidad de traccionar. Llaman a un paro y la UTA o La Fraternidad no adhieren, como pasó con la reforma previsional en diciembre de 2017. Esa tracción sólo se logra con un liderazgo fuerte. Y un triunvirato te licua cualquier capacidad de liderazgo simplemente porque hay tres dirigentes. Lo que me resulta interesante y novedoso es la idea del Frente Sindical de marchar contra los tarifazos, creo que allí hay un intento de llegar a sectores medios y populares, sobre todo de aquellos a quienes en principio no representan.

—¿Qué rol creés que están jugando las mujeres en sus sindicatos?

-Me parece que las dirigentas y militantes han sabido aprovechar la marea feminista para instalar una agenda de género al interior del sindicalismo pero también para poner en disputa la agenda que el propio gobierno quiere instalar usando la equidad como excusa. En esto el proyecto de equidad salarial que el oficialismo presentó el año pasado es clave: no generaba ninguna mejora para las trabajadoras y habilitaba la intervención en los sindicatos. Ese proyecto hubiera sido difícil de frenar sino hubiera mujeres trabajadoras organizadas, sea en sus sindicatos o en Mujeres Sindicalistas de la CFT, que lo pusieran en cuestión. Por ello, creo que los movimientos de mujeres que empezamos a ver van a contribuir a democratizar no sólo las relaciones al interior de los sindicatos sino también en el mundo del trabajo.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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