Contra la violencia política por razones de género

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Gorda, puta, “malco”, ignorante, fea, son algunos de los insultos que reciben diariamente aquellas que deciden involucrarse en política. Una encuesta a militantes dio como resultado que el 65% alguna vez fue maltratada o ridiculizada en las redes sociales luego de dar una opinión política. La violencia es verbal pero en casos extremos llega a ser física. Los medios de comunicación tienen un rol fundamental para combatirla y por eso este lunes la Defensoría del Público realiza un encuentro online para tratar esta problemática.

Hay una cultura de la impunidad, de aceptar la violencia, el lenguaje violento hacia las mujeres, y una estructura de poder entera que lo apoya”. Si Rosario siempre estuvo cerca, en lo que respecta a la violencia política por motivos de género, Nueva York también lo está. Las palabras de la cita corresponden a Alexandría Ocasio Cortés, diputada estadounidense, que días atrás denunció a un congresista que la llamó “maldita puta”, pero podrían haber sido dichas por muchas más alrededor del mundo. Sin ir más lejos podemos pensar en los constantes discursos de odio dirigidos a la diputada porteña Ofelia Fernández, a quien se ataca permanentemente por redes sociales por su condición de mujer y por ser la legisladora más joven del recinto.

El fenómeno de la violencia política contra mujeres y LGBTTTIQ+ tiene exponentes locales que son número fijo para las agresiones en redes y medios. Las jóvenes, pobres y de identidades sexuales diversas son las que cargan con la peor parte ya que la interseccionalidad juega un rol importante pero ninguna está exenta. En un relevamiento a diputadas y legisladoras que concluyó en un informe realizado por ELA (Equipo Latinoamericano de Justicia y Género) en el 2018, el 98% consideró que la política es un espacio de discriminación hacia mujeres y LGBTTTIQ+ y el 40% manifestó que las agresiones fueron recibidas en el propio recinto legislativo. Si bien las formas verbales de agresión no son las únicas y hay ejemplos fatales cruzando la frontera (Marielle Franco fue asesinada en Brasil por su participación política), al menos son las predominantes.

En diciembre del 2019 se incorporó la violencia política como uno de los tipos de violencia enumerados en el artículo quinto de la Lay 26.485 “de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales” y la violencia público-política como una de las modalidades, definiéndola como “aquella que, fundada en razones de género, mediando intimidación, hostigamiento, deshonra, descrédito, persecución, acoso y/o amenazas, impida o limite el desarrollo propio de la vida política o el acceso a derechos y deberes políticos, atentando contra la normativa vigente en materia de representación política de las mujeres, y/o desalentando o menoscabando el ejercicio político o la actividad política de las mujeres, pudiendo ocurrir en cualquier espacio de la vida pública y política, tales como instituciones estatales, recintos de votación, partidos políticos, organizaciones sociales, asociaciones sindicales, medios de comunicación, entre otros”.

“Si seguimos presentando a la política como un espacio hostil para que las mujeres participen, realmente creo que cada vez van a ser menos las mujeres que quieran participar”, decía en el recinto del debate la senadora Nancy González, autora del proyecto. La violencia mediática ya se encontraba incluida como una de las modalidades y es muy común la denuncia de situaciones de violencia simbólica de género en los medios, pero con la incorporación de la violencia política se logró poner nombre a esta forma específica que ataca a quienes participan en partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales.

Una de las manifestaciones más frecuentes de la violencia simbólica consiste en la utilización de distintos criterios por parte de los medios de comunicación para evaluar el desempeño y grado de éxito de las mujeres en política. “Una importante proporción de las legisladoras entrevistadas señaló que, a diferencia de lo que sucede en el caso de los varones en los que la cobertura periodística se basa en su desarrollo profesional, la información que se divulga en los medios sobre las mujeres está basada en su género (53%) y su vida personal (42%), y que en una enorme cantidad de oportunidades se trata de información falsa (fake news)”. No obstante, cuando se trata menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos políticos estamos hablando de violencia política.

Determinismo de la sangre

Internet es el medio por el cual se reciben la mayor cantidad de agresiones. Es que las distintas formas de la violencia machista han ido evolucionando al ritmo de una sociedad cada vez más mediatizada y digitalizada y fundamentalmente al tiempo que la incorporación de las leyes de cupo y de paridad, así como las leyes y políticas públicas de inclusión de las diversidades, han impulsado una mayor participación y visibilización de las mujeres y LGBTTTIQ+ en la vida política. Según otro informe realizado por el OBSERVATORIO JULIETA LANTIERI al 65% de las militantes consultadas alguna vez la insultaron o ridiculizaron por redes sociales después de un posteo sobre su opinión política. Por las características de las redes sociales, el principal agresor en estos casos son desconocidos (75.8%), y en menor intensidad otros militantes (38.2%) y algún superior (11%).

Lo que se impugna con estos mensajes misóginos es que las mujeres y LGBTTTIQ+ nos expresemos públicamente, porque la política es históricamente un espacio reservado a los varones. Lo que defienden esas manifestaciones es el confinamiento al espacio privado y los roles reproductivos jerarquizando lo productivo en un binomio irreconciliable. La violencia política mediática contra las mujeres es una expresión amplificada y nodal de esas intenciones de disciplinamiento y sujeción. Por eso su solución estructural requiere de la socialización del cuidado y la distribución del poder.

Para que estas transformaciones sean posibles son necesarias más mujeres, lesbianas y travestis en la política y reglas de juego que lejos de alejarlas las incluyan. Los medios de comunicación tienen un rol fundamental en este sentido. Discutir las pautas que deben manejar al respecto será el eje del primer encuentro de mujeres y LGBTTTIQ+ sobre “Experiencias y estrategias contra la violencia política por razón de género en los medios” organizado por la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual. Para la nueva Defensora Miriam Lewin “las mujeres y LGBTTTIQ+ que participan en política sufren comentarios sexistas, humillaciones, menosprecio, agresiones y amenazas. La participación no puede tener un costo tan alto”. La cita es el 27/7 a las 16 hs  y contará con la apertura estelar de Rita Segato. Quienes quieran podrán seguir la transmisión en directo por la página institucional de la Defensoría www.defensadelpublico.gob.ar

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