Dalila, el estadio que homenajea a una crack del fútbol femenino

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La más joven del plantel argentino, Dalila Ippólito, fue clave para dar  vuelta un partido en el mundial femenino hace un año. «¿Fue desfachatez? Qué sé yo, jugué como jugaba en el barrio”, declaró entonces. Ahora la homenajearon poniéndole su nombre al estadio Se trata de la primera cancha de fútbol con el nombre de una futbolista y está en Villa Lugano. Dalila se formó desde los 8 años en El club Jóvenes Deportistas, un proyecto social anclado en Lugano 1 y 2, el popular complejo de torres que concentra a un tercio de la población del barrio. Hoy su fútbol brilla y tiene nombre de estadio.

Un año atrás, la chica que hoy tiene nombre de estadio escuchó Dalila Ippólito y abrió grandes los ojos: en el estadio Parque de los Príncipes, en pleno Mundial y cuando Argentina estaba 2 a 0 abajo en el tercer partido contra Escocia, la llamaban para entrar. Tenía una energía que contrastaba con el partido: entraba en calor ansiosa, miraba a la tribuna, arengaba a sus compañeras. Estaba vigorosa. Del lado de afuera vio el tercero, pero no bajó su energía. Cuando entró fue clave para la remontada histórica que terminó 3 a 3.

Era la Copa del Mundo que la tenía como la más chica del plantel argentino. Sus compañeras le decían Enana, pibita o pendeja: con 17 años y durante las concentraciones, Ippolito recibía por whatsapp la tarea que le mandaban desde el Comercial 35, la escuela pública de Villa Lugano, su barrio, donde cursaba el cuarto año de la secundaria.

Ya con el 3 a 3 como un hecho -le dio el pase gol a Milagros Menéndez para el descuento y después Florencia Bonsegundo anotó dos veces, la última de penal-, con las cámaras y los micrófonos apuntándole en la zona mixta de vestuarios europeos, la piba que había cambiado el partido no dudó: “Tenía muchas ganas de jugar aunque sea unos minutos. Me temblaba todo, no voy a mentir, pero entré y traté de soltarme cómo pude. ¿Si fue desfachatez? Qué sé yo, jugué como jugaba en el barrio”, dijo.

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Villa Lugano es uno de los barrios más vulnerados dentro del territorio más rico del país, la Ciudad de Buenos Aires. José Ferdinando Francisco Soldati fue quien fundó un poblado en estas hectáreas y decidió ponerle el nombre del lugar donde había nacido. Hoy, cuesta encontrarle parecidos a Lugano, la ciudad suiza del señor Soldati, con el barrio que es parte de la Comuna 8.

Según Wikipedia, en 1912 ya vivían en Villa Lugano unas cuarenta familias. En la actualidad alrededor de 155 mil personas habitan allí.

El club Jóvenes Deportistas, un espacio de cuatro hectáreas que es un proyecto social, está anclado en Lugano 1 y 2, el popular complejo de torres que concentra a un tercio de la población del barrio. Surgió en la década del ‘90, cuando el neoliberalismo golpeó sobre todo a los sectores trabajadores. Fue fundado por el actual presidente del club, Juan Javier de Marco, y su compañera, Julia Trophemus.

Dalila Ippólito llegó hasta ahí acompañada por su familia. Tenía siete, ocho años, y ya pateaba en el campito de la vuelta de su casa. Nahuel Alvarez, vice del club, cuenta que le abrieron las puertas: la chica que cambió la historia en el Parque de los Príncipes empezó a jugar al fútbol con varones. 

“Era la mejor de su categoría. Siempre muy solidaria, muy humilde. Me acuerdo que una vez fuimos a Racing a probar a todos los nenes. A ella no la querían dejar jugar porque era nena. Pero hicimos lío, jugó y la rompió. En cancha de 11, eh. Después nos decían en Racing que la querían para que se quedara. Les dijimos que no”, cuenta Alvarez.

En el barrio se juntaban para verla. Cuando pusieron en la tele el Mundial, la gente del club ya sabía de lo que Ippolito era capaz: si en Jóvenes Deportistas el entrenador le pedía que tirara una chilena para ganar el partido ella iba y lo hacía. Tiraba lujos o la bajaba de pecho con elegancia.

A los 13 se fue a probar a River y quedó. Debutó en 2015 con sólo 13 años. Dos más tarde fue convocada a la Selección mayor, a un amistoso contra Uruguay. El año pasado se sumó a la UAI Urquiza y todo parece indicar que su futuro está en el fútbol europeo.

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En Lugano parece haber un vínculo especial con el fútbol femenino. Ahí empezaron a jugar dos glorias del deporte. Elba Selva, autora de los cuatro goles argentinos contra Inglaterra en el Mundial de 1971, y Yanina Gaitán, quien marcó el primer gol de la Selección en una Copa del Mundo, cuando le convirtió a Alemania en Estados Unidos 2003. Además, Yupanqui, un equipo mítico de los ‘80 y principios de los ‘90, emergió de esta parte de la Ciudad.

Quién sabe, quizá las gambetas de Ippolito tengan la estela de la historia de las mujeres futbolistas. 

“Una hora más en el club es una hora menos en la calle”. Ippolito contó que esa fue la primera frase que escuchó en el club. El miércoles pasado Jóvenes Deportistas anunció su homenaje: su estadio techado tendrá el nombre de “Dalila Ippolito”. Se trata de la primera cancha de fútbol con el nombre de una futbolista. Está en Villa Lugano.

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Nahuel Alvarez dice que cuando la llamó para contárselo, Dalila se emocionó. Y enseguida se comunicó con Wendy, su mamá, la primera persona a la que telefonea para darle las noticias importantes. En la transmisión en vivo que hicieron para oficializar el reconocimiento -modo pandemia on-, la futbolista se puso a llorar cuando se escuchó el audio de Wendy.

“Te lo merecés, hija, por todo el esfuerzo que hiciste -dijo con orgullo su mamá-. Me acuerdo cuando juntábamos las monedas para cargar la SUBE y que puedas ir a entrenar”.

Con el potrero en los genes, la piba que aportó cambio de ritmo, sorpresa y pisadas en París es parte de una nueva generación: ella misma cuenta que de chica no sufrió discriminación en el fútbol por ser mujer. Jóvenes Deportistas ayudó a generar ese contexto: los compañeros y los rivales respetaban a Dalila.

“La verdad es que nunca me incomodó jugar contra varones, pero porque no entendía mucho cuando era chica. Ahora que crecí me doy cuenta de que estaba muy mal que no hubiese fútbol femenino”, dijo ella una vez.

Alvarez, el presidente de Jóvenes Deportistas, cuenta que cuando Ippolito fue a Lugano 1 y 2, el barrio -ahora ya no vive ahí- la recibió como si hubieran llegado Messi o Maradona. “No hay persona acá que no la conozca”, se enorgullece.

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Jóvenes Deportistas arrancó con una escuelita de baby fútbol y de hockey. Es un espacio social con influencia en el barrio, un proyecto colectivo que tiene a profesores y dirigentes que se formaron en el club. Hoy la entidad cuenta con un secundario para adultos gratuito, un merendero, un comedor, un centro cultural, una institución de informática, una radio y TV. Tienen bar, gimnasio y 50 actividades deportivas. Entre ellas, claro, fútbol femenino y escuelita mixta porque consideran que les niñes tienen que arrancar formándose a la par.

En este contexto de crisis sanitaria y económica hacen una olla popular donde las familias del barrio pueden ir a retirar una porción de comida. Buscan donaciones, aportes o la ayuda que sea. Se los puede contactar en Instagram (@JDesarrollismoSocial) o en Facebook (Jóvenes deportistas).

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Hija de madre y padre trabajadores, Ippolito tiene cinco hermanos. Después del Mundial y de aquel arrebato de fútbol contra Escocia, su sueño es jugar en el exterior: vivir cómodamente del juego que ama.

Condiciones le sobran. Con la Selección ya se puso la camiseta número 10 en los Juegos Panamericanos Lima 2019, donde el equipo nacional se quedó con la medalla de plata.

En el vivo de Instagram alentó a les jóvenes a estudiar y a superarse: “Llegar a cumplir tus sueños es ser resiliente. Yo tuve caídas, como cualquier deportista, y la voluntad de seguir peleando. Esa fue la clave. Primero quería conseguir un torneo con River, jugar la Copa Libertadores, entrar a la Selección… Se fue dando. Siempre hay que  tener los objetivos en la cabeza”, sentenció.

“A gambetas fue ampliando horizontes para que haya más inclusión”, dice Alvarez sobre la jugadora. Dalila derrocha simpatía y también da muestras de su personalidad. “Hoy en día los hombres ven fútbol femenino y les gusta”, opinó en un programa de televisión cuando le preguntaron si la disciplina estaba creciendo.

Tiene 18 años, nació y se crió en un potrero. En la cancha es habilidosa, inteligente y con buen dominio de pelota. El primer estadio con el nombre de una futbolista lleva su identidad.

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Imaginate este diálogo:

-¿En qué cancha jugamos hoy?
-En la Dalila Ippólito.

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