Dora Barrancos, una feminista insumisa

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Dora Barrancos es una de las feministas más reconocidas de América Latina. Integró durante diez años el directorio del CONICET y renunció en rechazo a la política oficial para el organismo. Actualmente es candidata a senadora por la Ciudad de Buenos Aires por el Frente de Todos. Dice que la propuesta fue inesperada pero que será un honor acompañar la fórmula de Alberto y Cristina. En esta entrevista hace un recorrido por su militancia, sus ideas políticas, su mirada sobre la ciudad. 

Fotos: Sol Avena

La trayectoria de Dora Barrancos ha sido imprevisible. El exilio la llevó a Brasil y ahí, quizás sin imaginarlo, terminó por convertirse en una de las feministas más importantes de América Latina. Años más tarde, con su forma pedagógica de luchar tanto desde el centro como desde los márgenes fue legisladora por la Ciudad de Buenos Aires. Se transformó en una voz feminista pionera hablando de la desigualdad y la violencia de género en instituciones y medios. Desde el principio, Dora Barrancos parece haber descubierto que las conquistas se logran de manera colectiva y que para eso era necesario interpelar a otros y otras, llamarlos a la acción, encontrarse y hacer acuerdos mínimos para salir a dar las peleas sociales. Especie de intelectual en constante estado de sublevación, mezcla perfecta de historiadora y socióloga, en su destino había una consagración más y durante casi diez años integró el directorio del CONICET. Mujer justiciera, como ella misma se define, Barrancos con su voz tenue y amable, con su mirada de alguien que puede ver por fuera de la urgencia y la coyuntura, se convirtió en una referente indiscutida. De hecho, su destino guardaba aún una sorpresa (y reconocimiento) más: ser candidata a senadora por la Ciudad de Buenos Aires por el Frente de Todos. Su lugar en la lista fue aplaudido y celebrado por los más diversos sectores de las disidencias (y nada más satisfactorio para ella que ha luchado junto a las minorías desde viejos tiempos). En el nombre de Dora Barrancos se inscribe el deseo de transformación social de las mujeres feministas, del conjunto de investigadores y científicos, y de un largo linaje de justicia social. Dora Barrancos es el nombre del futuro, la más actual e insubordinada. Una mujer de la revolución cotidiana.

–Durante el exilio en Brasil es cuando ubicás que te hiciste feminista, ¿cómo fue esa experiencia?

–Yo tenía muchas dimensiones de mí en orden a la justicia, yo me había vertebrado como ser político en torno de la justicia social, la igualdad humana, pero mi militancia acá no había tenido el tono ni la armonía del feminismo. Obviamente sabía de qué se trataba, había leído El segundo sexo, pero siempre que refiero cómo leímos el segundo sexo en mi generación digo que lo leímos como una gran literatura, no como una interpelación. También pensábamos que Simone de Beauvoir tenía una construcción muy europea. En ese arco de configuraciones sobre la justicia tenía intuiciones sobre mí. Siempre fui muy irreverente, siempre fui una justiciera básica, siempre andaba interpelando, siempre andaba en insubordinación, pero no tenía el feminismo. Me parecía que eso era una composición de mujeres burguesas. Con  todas las calamidades que tenía América Latina esta era la calamidad menor. Hasta que me di cuenta de todo esto en Brasil. Yo tenía muchas amigas feministas allá y a mí me trataban por ser exiliada como si estuviera ya incorporada a la arcadia feminista, descontaban que yo fuera feminista. Es decir, ¿cómo alguien como una no iba a ser, además, feminista? El detonante fue una serie de circunstancias sobre la muerte de una mujer de alta sociedad mineira a quien ultima su compañero porque se siente agredido por infidelidad. Pero lo que me sobresaltó fue una entrevista que le hacen al abogado encargado de la defensa del homicida. Y esa conversación fue impresionante para mí. Le preguntan cómo va a ser la estrategia de defensa del homicida. Antes quiero aclarar que este caso fue un escándalo en Brasil, el asesinato de Angela, porque además se dijeron cosas escabrosísimas sobre ella, tremendas, una desagregación completa, una especie de ás de inmoralidad, eso siempre fue reverencial para mí. Oponerme, escandalizarme frente a la acusación de las mujeres por su sexualidad, siempre lo tengo como un dispositivo, me enardecía, me sublevaba tremendamente que se condenara por la conducta sexual a las mujeres, eso es materia constitutiva mía. En este caso, después de la pregunta por la estrategia, el abogado dice que la defensa iba a ser muy sencilla: “legítima defensa del honor”. La consagración de Angela como una perversa horrible en materia sexual entró en colisión con lo que yo siempre había pensado, con ese endilgamiento moral y sexual a las mujeres. Ahí descubrí que me faltaban asignaturas varias y efectivamente el código penal decía en Brasil (el nuestro ya había sido modificado en 1921) que se mitigaba la sanción del homicidio por causa del honor.

Listas feministas

–Y visto desde ese momento de tu historia con el feminismo, ¿te imaginabas éste presente en Argentina y América Latina con un feminismo tan masivo y protagonista?

–No, imposible preverlo, imposible presentirlo. Yo creo que ninguna de mi generación deja de estar impactada por esta circunstancia que es inédita en la historia del feminismo como es el hecho de ver feminismos de masas. Teníamos partidos de masas, pero el partido feminista de masas no. Es un dato completamente inédito y todavía estamos bajo el sortilegio. Yo tengo una apuesta completa al desarrollo de los feminismos como modificadores profundos de nuestras realidades sociales. Y, como evidentemente va a ocurrir con esta ola, solo se van constituir sus verdaderos sentidos algunos años más adelante.

–Hablaste en plural, feminismos…

–Siempre hablo en plural. A veces por una cuestión de economía se lo pronuncia en singular, pero para mí es importante siempre hablar de feminismos. Desde su nacimiento ha habido feminismos, porque los feminismos no se han dividido solo por tópicos sino sobre todo por metodologías disonantes. La metodología siempre ha tenido un significado importante para la cuestión de principios. Estoy pensando en dos figuras que tenían un alta concordancia de principios pero una fuerte disonancia de métodos como Millicent Fawcett en Estados Unidos y Emmeline Pankhurst en Inglaterra. Ahí hay escenarios de feminismos completamente distintos.  Pero así como hubo feminismos que se desencontraron por enormes divergencias hubo grandes acuerdos históricos, por ejemplo en torno al sufragismo, un aspecto fundamental de la lucha feminista. En Argentina estuvo muy incorporado al plexo general de derechos, pero en otros países no fue así, en Paraguay por ejemplo hay una línea histórica que es la Liga por el sufragio. Ese tipo de cosas determina que haya feminismos. Es un poco como hablar de las izquierdas, son múltiples.

–La legalización del aborto es uno de los temas claves para la lucha feminista en Argentina, ¿qué instancias crees que hay que propiciar para conseguir la aprobación de la ley?

–Hay pocas para hacer de las que ya hemos hecho. Volver a presentar el proyecto, conseguir que el proyecto se trate en comisión. Hay que evitar las maniobras de dilación como es hacerlo pasar por una comisión y por otra, y por otra más. Necesitamos saldar rápidamente la discusión en comisiones para que se trate en plenario. Yo creo que debido a la amplitud y la profundidad que tuvo el debate el año pasado con más de 900 personas que hemos expuesto, sinceramente ese debate ya esta saldado. No hay mucho qué hacer. No hay cómo patrocinar nuevamente estos debates. Y, claro, hay que seguir incidiendo socialmente. No hay que resignarse a pensar que poblaciones que van a estar altamente favorecidas por la legalización del aborto sigan renuentes o tengan una posición contraria. Una podría decir que hay tres grandes canteras de resistencia la cantera evangélica, la cantera católica y una cantera otra que es la gente conservadora, que son reaccionarios simplemente. Son civilistas, no están consagrándose a la cuestión sacramental. Tenemos que seguir incidiendo entre las afectadas. La sociedad civil tiene que seguir con el debate, pero lo que digo es que en el Congreso ese debate está saldado.

–Durante tu paso por el Conicet propiciaste el protocolo sobre violencia de género, ¿fue quizá la instancia más importante en materia de género en el Conicet?

–Sí, y debo decir que tardó bastante a pesar del empeño que pusimos. Es una de las medidas que se consagraron, pero estoy segura que aun no hicimos lo suficiente y que mi sucesor va a hacer mucho más de lo que se hizo para que efectivamente el protocolo tenga un cumplimiento y haya un Instituto de observación. En general lo que ocurre es que la gente está poco informada acerca de sus derechos. Hay que avanzar también en abreviar los tiempos del tratamiento de las cuestiones de género. Además todavía hay algunas denuncias que tienen un circuito desorganizado. Mi sucesor, que es el querido Mario Pecheny, va a tener mucho que hacer para consolidar esa fase. También tomamos otras iniciativas que fueron en su momento muy importantes como por ejemplo prolongar y aplazar los informes si coinciden con el año de parto, una cuestión muy elemental que no se hacía. Era insensato e irracional que en el campo de la ciencia no hubiera consideración acerca de la condición del alumbramiento. Se alumbraba y se estaba pensando en el informe del Conicet que había que entregar. Y la última fue que el Conicet no puede dar subsidios para ninguna reunión científica que no tenga equidad, esa fue la última bandera que plantamos. Había organizaciones  de congresos donde no había ninguna mujer. Ahora tiene que haber mujeres en la composición del comité científico o en el fixture para el desarrollo.

–Trabajaste diez años en el Conicet repartidos entre dos gobiernos antagónicos, ¿con qué te encontraste y con qué te fuiste del Conicet?

–Cuando yo me incorporé ya estaba en plena evolución y franca expansión. Cuando llegué la tasa de reclutamiento se estaba ampliando año por año. En 2015 hubo mil ingresos. Increíble. Y me fui con una sensación muy amarga en la regresión de las políticas. Hay muchísimas personas con una enorme calidad que no ingresan a la carrera. Y eso genera la posibilidad de que esa gente se vaya del país. La retracción en materia presupuestaria para la sostenibilidad de la vida científica es tremenda. En este momento lo más patético es ver la evolución presupuestaria. Cuando se va Cristina nosotros teníamos una participación del 0.6 en el PBI y ahora pasó al 0.2. No hay mucho para discutir. Y se había propuesto avanzar a 1 y 1.5, si recuerdan esa era la línea de evolución que se había propuesto. El nivel en el que está el Conicet es estado de coma. Apenas se están resolviendo las continuidades. El secretario Aguado dijo hace poco que no había nada que temer porque estaban resueltas las partidas para el pago de salarios hasta fin de año, imaginate cómo estamos.

–¿Cuál es la herencia del macrismo en ciencia y técnica?

–Nada. No deja nada. Sí, deja el default.

Contra el embarazo como fatalidad

–¿Hay un rechazo por parte del gobierno a la investigación y la producción de conocimiento o hay un desinterés de que sea desde Estado?

–Muy buena cuestión. Hay una medida que es la inacción del gobierno, la inopia, una no acción por su incapacidad. Acá hay algo que es otra cosa. No se trata solo de algo negligente sino que tiene una provisión de sentido. Como si dijeran: “el Estado no se puede hacer cargo de esto”. Es un viejo acierto que tienen los conservadores acerca de la ciencia y la técnica en este país. Es más de lo mismo, es más de lo viejo. Los conservadores en esta Argentina han tenido cierta suspicacia respecto a la ciencia y la técnica, la suspicacia es también digamos un poco arbitraria. El viejo científico era bastante conservador, no ponía en riesgo nada pero había un peligro porque, por el lado intelectual, el intelectual crítico no conviene y, por el lado de la tecnología se compra el paquete hecho. ¿Entonces para qué vas a ser tan dispendioso el Estado?

–Ya tuviste una experiencia parlamentaria y hoy tenés una vida académica muy ocupada, ¿por qué aceptaste la candidatura a senadora? ¿Qué te interpeló?

–No voy a decir que es un sacrificio, es un honor enorme acompañar a la fórmula de Alberto y Cristina, que es un gran alivio para esta sociedad, pero bueno entiendo que las cosas están difícil en la Ciudad de Buenos Aires y que puesta a considerar que puedo contribuir en algo, que pareciera que puedo contribuir un poco, acepté. No lo tenía previsto, ahora tengo que trabajar en un artículo, tengo que entregar un libro, pero ya pacté que va a ser un año largo. Sobre todo me puso contenta la recepción en los diversos campos feministas, en las compactas agencias por derechos de las disidencias sexuales. Yo tengo un entrañable vínculo y un viejo vínculo por los derechos de la diversidad sexual. Tengo una historia de acompañar su agencia desde que era legisladora en la ciudad. Ha sido parte del alivio en cierta forma para algunos sectores. Y fue inesperado, tenía todo trazado de otra forma. Completamente inesperado, no me la veía venir para nada.

–Como habitante de Buenos Aires, ¿qué experiencia cotidiana tenés de la ciudad?

–La experiencia más patética de esta temporada es ver tanta gente en la calle. Y personas que han muerto en la calle. Que un hombre de cincuenta y pico de años muera en la calle de frío es escandaloso. Se ha ido degradando el derecho social general. Y, desde luego, los arrebatos de cierta cronicidad, de una falsa obra pública, no digo toda pero sí una gran parte. Obras con un estilo faraónico que podrían haber sido hechas de manera mucho más interesante desde la perspectiva urbanística. Por ejemplo, el Paseo del Bajo que no acabo de entenderlo urbanísticamente con ese soterramiento. Tampoco entiendo las competencias urbanísticas de quienes diseñaron la nueva calle Corrientes que es un adefesio, una perturbación total de noche a día, estándares muy diferentes de una misma calle. Todo esto remite a un cálculo que es inexorable, esta obra pública la hace algún grupo empresario que tiene algún contacto fundamental de patrimonialidad con las altas esferas. Y estoy harta del desarrollo artificial, del maquillaje urbano, este gobierno hace y deshace, hace y deshace. Hay obras que son increíbles. No sabemos por qué se hicieron una y otra vez, se rompieron para volver a hacerlas. Eso tiene una lógica de acumulación material para algunos.

–¿Crees que Buenos Aires es una ciudad que tiene una perspectiva de género, que es una ciudad inclusiva de las mujeres?

–De ninguna manera. Esta ciudad podría haber hecho mucho más por las mujeres. Aquí se podría haber hecho un gran experimento de prevención, haber desarrollado políticas interesantes dentro de la escuela media. No, no hay ningún interés en esto, porque en realidad esto no forma parte de la arcadia de las preocupaciones del gobierno. No es una ciudad que se pueda ver con desarrollo estratégico de política de género. No las hay.

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