El femicidio de Úrsula y la violencia machista de uniformados armados

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Entre 2010 y 2020 al menos 48 mujeres fueron asesinadas en el AMBA por sus parejas o exparejas policías, gendarmes y miembros de otras fuerzas. La portación del arma reglamentaria las 24 horas es un riesgo adicional. En algunas policías la normativa restringe la portación si el funcionario fue denunciado por violencia machista, pero muchas veces no existe una denuncia previa formal. Las historias detrás de las cifras

Foto Lucía Merle

“Si no vuelvo hagan mierda todo” fue una de las últimas frases que subió Úrsula Bahillo a sus redes sociales antes de ser asesinada a golpes por su ex novio, el policía bonaerense Matías Ezequiel Martínez. “Si no vuelvo hagan mierda todo” es la frase más literal y más simbólica ante el horror del femicidio: Úrsula se vio muerta, lo anunció, lo anticipó, pidió ayuda. “Si no vuelvo hagan mierda todo” es la frase que delata que esta, como otras tantas muertes por violencia de género, se podría haber evitado si se activaban todos los mecanismos estatales para prevenirlo. Pero todo eso falló. Como sostiene la periodista Florencia Alcaraz, que viajó al partido de Rojas donde ocurrió el femicidio, “la historia se repite como el perro que gira en círculos y no se atrapa el rabo. Sólo que el recorrido que hacen las pibas en ese círculo al que entran cuando piden ayuda es cada vez más frenético. Para salir del círculo de la violencia machista, entran en otro de violencia institucional cuando todo falla. Cada vez tienen mayor conciencia de cómo la violencia y la burocracia son una dupla que atenta contra sus vidas”. 

Femicidios a manos de policías

Según relevó el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), los femicidios cometidos por funcionarios de las fuerzas de seguridad son una “parte importante de las muertes de mujeres en hechos de violencia institucional”. Por caso, entre 2010 y 2020 al menos 48 mujeres fueron asesinadas en el AMBA por sus parejas o exparejas policías, 17 eran funcionarias de seguridad.

La portación del arma reglamentaria las 24 horas, amparada en el “estado policial”, pone en riesgo a las mujeres que conviven con funcionarios de seguridad: en los casos en los que existe violencia machista él puede utilizar el arma para hostigar, amenazar, herir o matar. En algunas policías la normativa restringe la portación si el funcionario fue denunciado por violencia machista, pero muchas veces no existe una denuncia previa formal.

20 años de injusticia en el femicidio de Natalia Melmann

En diálogo con Nuestras Voces Victoria Darraidou, coordinadora del Equipo de Seguridad Democrática y Violencia Institucional del CELS explicó: “A partir del análisis del relevamiento de casos podemos identificar dos patrones presentes en los femicidios perpetrados por integrantes de las fuerzas de seguridad. Como muchos casos de violencia policial, en los femicidios cometidos por policías se observan prácticas de encubrimiento. Los policías cumplen la función de ser auxiliares de la justicia y en ese rol pueden controlar los primeros momentos de la escena del hecho, lo que significa que pueden falsear el relato de lo sucedido y manipular la escena para hacerla coincidir con su propia versión. En este punto es clave que las tareas investigativas las realicen miembros de una fuerza distinta a la que integra el acusado. Otra característica de los femicidios cometidos por policías tienen que ver con la portación del arma reglamentaria a las 24 horas, justificada en el estado policial. En la mayoría de los femicidios relevados, las policías usaron el arma reglamentaria. Además, en muchos otros casos utilizan el arma para hostigar, amenazar y herir a sus víctimas. Es por ello que es importante limitar la portación del arma al horario laboral y rever la aportación cuando existen denuncias de género”. 

En los últimos años, la creciente incorporación de mujeres a las fuerzas de seguridad y la visibilización social de la violencia machista han llevado en distintas jurisdicciones a la creación de oficinas cuya misión específica es atender esta problemática

En ese sentido, Darraidou sostiene que “Para evitar la repetición de estos hechos es imprescindible crear registros de casos y mecanismos que puedan activar respuestas institucionales ante alarmas tempranas. Es preciso contar con respuestas articuladas entre las áreas de control externo de las fuerzas, las áreas estatales abocadas a implementar políticas de género y la justicia. En paralelo, es necesario trabajar desde la formación de los integrantes de las fuerzas y rever las prácticas institucionales instaladas para evitar todas las formas de maltrato y desigualdad hacia las mujeres en el interior de las fuerzas. La discriminación y el acoso son importantes problemas también en estas instituciones”.

Algunas de las historias detrás de los números

Giselle Martín, 8/07/2018, Barracas, ciudad de Buenos Aires

Carlos Maximiliano Leal, efectivo de la Policía de la Ciudad, mató con su arma reglamentaria a su pareja Giselle Noemí Martín. Giselle tenía 39 años y llevaba dos décadas casada con Leal; tenían dos hijes. Leal había llegado a las 6 de la mañana de trabajar y, según su versión, tras una discusión Giselle lo empujó y él por accidente disparó el arma. Giselle recibió un balazo en el pecho. Leal la llevó al Hospital Churruca, donde falleció. La investigación judicial halló pruebas de que el relato de Leal era falso y de que ejercía violencia contra ella. En diciembre de 2019, fue condenado a prisión perpetua por homicidio agravado.

Romina Miriam – Ibarra Norma Milessi, 5/11/2016, Paraná, Entre Ríos

Orlando Ojeda, integrante de la Prefectura Naval, asesinó a Romina Miriam Ibarra y a Norma Milessi, ambas habían sido pareja de él en distintos momentos. Primero, Ojeda fue a la casa de Romina, cabo de la Policía de Entre Ríos, de quien se había separado hacía poco tiempo. Le disparó en la cabeza con su arma reglamentaria. Luego, Ojeda se dirigió a la casa de Norma, su exesposa con quien tuvo tres hijes. Tras una pelea, le disparó varias veces frente a dos de sus hijes. Norma murió. Ojeda fue imputado por doble homicidio calificado.

Erika Gisela González, 18/10/2015, Moreno, provincia de Buenos Aires

El cabo de la Policía Federal Fabián Horacio Ramírez mató a su expareja, Erika Gisela González, cadeta de la policía local de San Miguel. Ambos tenían un hijo de cinco años y se habían separado recientemente. Ese día tuvieron una discusión que culminó cuando Ramírez le disparó a Erika dos veces con su arma reglamentaria y se suicidó. Ella tenía 33 años; él, 35. Tras la alerta de les vecines, los dos fueron trasladados a un hospital de Moreno, pero fallecieron poco después.

Gisela Rojas, 24/02/2013, Belgrano, Ciudad de Buenos Aires

El cabo de la Policía de Jujuy Milton Canchi mató a su pareja, la cabo Gisela Rojas, de la misma fuerza, y se suicidó. A la medianoche, les vecines escucharon un disparo de arma de fuego y llamaron a la central de emergencias y a les familiares de Gisela. Al llegar, el personal policial no pudo ingresar a la vivienda. El hermano de Gisela intentó entrar por el techo, ya que nadie respondía a la puerta. En ese momento, se escucharon otras dos detonaciones. Al parecer, Canchi le había disparado a Gisela primero en el estómago, y al ver que efectivos policiales intentaban ingresar al domicilio, le disparó primero a ella una segunda vez y luego a sí mismo.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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