El Senado votó a favor de los abortos clandestinos

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Con el discurso de “defender la vida” la mayoría de los Senadores rechazó la interrupción voluntaria del embarazo y convalidó de hecho la continuidad de los abortos clandestinos, un método extendido y que produce muertes de mujeres, mayoritariamente adolescentes y pobres. La mayoría de los senadores que votaron por el aborto clandestino fueron hombres, de más de 50 años y de buena posición económica. La calle volvió a ser verde y Joaquín Salguero la retrató.

Fotos: Joaquín Salguero

La imagen quedó registrada y se volvió viral. Hace una semana, en la última plenaria de comisiones, el senador Federico Pinedo— férreo opositor a la legalización del aborto— estaba haciendo una pregunta cuando de repente hizo silencio:

—¿Qué es ese baile que hay acá?

—La calle—, le respondió la diputada Victoria Donda, una de las firmantes del proyecto original para despenalizar la interrupción voluntaria del embarazo.

—Ah, la calle—, dijo el presidente provisional del Senado, como si fuese un extraterrestre.

Una semana después, en medio de una maraña de confusión, de especulación, sólo había una cosa clara: la calle era verde, pero en el Senado ganaron los que prefieren la continuidad del aborto clandestino. La calle volvió a ser presente y futuro; el Senado nos condenó a perpetuar el pasado. La calle se volvió a llenar de mujeres, la revolución de las pibas. En cambio, el Senado nos mostró un cúmulo de señores y señoras mayores pensando en sus candidaturas provinciales, en el apoyo de la Iglesia y argumentando con hipocresía que van a “salvar dos vidas” manteniendo en la ilegalidad una práctica extendida que hoy produce muertes, exclusión y, además, enriquecimiento ilegal.

El periodista acreditado en el Congreso, Gabriel Sued, tuiteaba en vivo: “La ventaja en contra de la legalización se genera entre los senadores mayores de 50 años y entre los senadores hombres. Entre los senadores menores de 50 y entre las mujeres gana el sí. Es cuestión de tiempo”. Todos tienen, claro, un buen pasar económico.

A pocos minutos de las 3 de la mañana la presidenta del Senado Gabriela Michetti habilitaba la votación. El resultado era el tristemente esperado: 38 votos negativos, 31 positivos y 2 abstenciones. Apenas se conoció el resultado, Michetti gritó: “vamos todavía, vamos”. Y levantó la sesión. Deberá pasar un año hasta que el proyecto pueda volver a ser tratado.

La sociedad ya despenalizó el aborto, el Senado todavía no.

A las diez y media de la mañana sonó la chicharra que indicaba el inicio de la sesión histórica. Un ratito antes, el presidente Mauricio Macri había tuiteado: “No importa cuál sea el resultado, hoy ganará la democracia”, como si se tratara de un partido de fútbol, como si fuera natural que en democracia las mujeres mueran en abortos clandestinos. El presidente dejó en claro que nunca le interesó otra cosa que mostrarse “abierto al debate” como si eso bastara para las miles de mujeres que hace más de treinta años vienen exigiendo Aborto Legal, Seguro y Gratuito. La gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, también se manifestó. Dijo: “si la ley no se vota, voy a estar más aliviada”. ¿Se animaría a decirle eso a la familia de Liliana Herrera, la joven de 22 años que murió la semana pasada en Santiago Del Estero por un aborto clandestino?

A las diez y media de la mañana 69 oradores estaban anotados para hablar. Lejos de los fantasmas de una “sesión express” que habían instalado para intentar bajarle el tono a la movilización, o del inusitado vallado que rodeaba el perímetro del Congreso como si las pibas fueran a llevar adelante una batalla campal con sus pañuelos verdes, el debate duró casi 15 horas.

El clima—y no hablamos de la lluvia—fue diferente que aquel 13 de junio cuando se sancionó en Diputados. La hostilidad y autoritarismo de la presidenta de la Cámara implicó la expulsión de periodistas y Diputados Nacionales —con mucha violencia— y hasta echaron a una de las más reconocidas Madres de Plaza de Mayo: Nora Cortiñas.

Los que se ufanan de ser “el mejor equipo de los últimos 50 años”, con banderas de modernización y democracia, demuestran en los hechos prácticas típicas de gobiernos autoritarios.

EL 13 de junio, en la primera vigilia, la incertidumbre y el cabildeo del grupo autodenominado “[email protected] [email protected]” generaba cierta esperanza, la hostilidad de los representantes de la Cámara Alta suscitó todo lo contrario. Los últimos volantazos, como el de Silvina García Larraburu, que estaba a favor y se pronunció en contra, o el del José Alperovich, que estaba entre los indecisos y se manifestó en contra el día de la votación, generaron decepción entre las que llevaban el poroteo. Las idas y vueltas de Carlos Saúl Menem tampoco levantaron los ánimos.

Entre las barbaridades que se escucharon, la que más repercusión tuvo fue la del senador Rodolfo Urtubey, hermano del Gobernador de Salta. Dijo sin tapujos: “En algunos casos la violación no tiene un componente de violencia sobre la mujer, como en los casos de abuso intrafamiliar donde no hay violencia”. O la senadora Cristina López Valverde que dijo sin vergüenza que no había siquiera leído el proyecto pero que votaba en contra.

En contraposición, uno de los discursos más esperados fue el de la ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Porque si bien se sabía que su voto sería positivo, la expectativa por sus argumentos y las críticas por no haber habilitado el debate durante sus mandatos aumentaron la ansiedad. Entre las periodistas que cubrían la sesión desde el bunker de la Campaña en el hotel Castelar se festejó cuando la senadora dijo: “A lo nacional y popular del peronismo, tenemos que entender que vamos a tener que incorporar lo nacional, popular, democrático y feminista”. Cristina reconoció que lo que verdaderamente la hizo revertir su postura fueron las pibas en las calles.

Según una infografía que publicó #LaGarcía los senadores del FPV votaron 89% a favor y 11% en contra; El Pro 60% en contra y 40% a favor; El Justicialismo 50% en contra, 39% a favor y un 11% sin definir; la UCR 73% en contra y 27% a favor. La UCR, que habilitó la legalización del divorcio en en 1987, se consagró así como el partido más conservador de la Argentina contemporánea

Los medios titulaban “a los verdes no le dan los números”. Pero mientras los “celestes” horadaban con discursos que atrasaban siglos en la Cámara Alta, las pibas en la calle, las que tienen edad para abortar, no se desanimaron y redoblaron la apuesta. Un día antes de la votación, una de las integrantes de la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito dijo en la conferencia de prensa: “a nosotras sí nos dan los números, porque vamos a ser millones en las calles”.

Y así fue. Desde temprano, grupos de amigas, de militancia, madres con sus hijos, compañeras de colegio, de trabajo iban llegando a la zona delimitada. En los escenarios y las carpas de la Campaña por el Aborto Legal desfilaron actrices, cantantes, poetas, periodistas. La lluvia no opacó la vigilia. Por segunda vez en menos de dos meses, medio millón de mujeres llenaron las calles. Vinieron más de cien micros de todas las provincias. Entre ellas vino de Bahía Blanca Sofía Franef, una de las cinco militantes que fueron detenidas el martes en su ciudad tras realizar una pintada. Sofía, junto a sus compañeras, estuvo en un calabozo incomunicada durante 10 horas. “El mayor miedo que tenía era no poder venir al Congreso junto a mis compañeras”, contó a Nuestras Voces. Elsa Schvartzman, una de las pioneras de la lucha por el aborto legal, que caminaba entre las miles, dijo que “tenemos la fortaleza que nos dan los años de la lucha y la renovación de las jóvenes. No nos van a calmar, no nos van a callar, no nos van a ganar. Nosotras estamos en las calles y nuestros números son estos”.

Durante toda la jornada se tendieron diversas especulaciones. Que se votaba la “despenalización” y no la “legalización” por lo que se tendía una cuota de esperanza porque eso implicaba que volviera a Diputados. Pero entrada la noche, cuando la mayoría de los discursos ya se habían efectuado y ninguno de los senadores parecía torcer su voto, las pibas ya tenían en claro muchas cosas. Esa noche no sería de festejo. Pero tampoco de derrota. Ellas lo saben: los pañuelos verdes ya son parte del paisaje urbano. El año que viene, será la primera vez que muchas emitan su voto. El “clivaje aborto” será clave para la conformación de listas y alianzas electorales en 2019. Las pibas llevan tatuado en su memoria los nombres de los diputados y senadores que en este 2018 no estuvieron a la altura de la realidad. Quedarán en la historia como una pésima anécdota, como una foto en blanco y negro en medio de una película color verde, que avanza como una marea imparable. El aborto será legal porque el patriarcado ya se está cayendo. No se terminó la discusión. Comenzó el tiempo de descuento.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Periodista y politóloga. Escribe para Nuestras Voces y también es colaboradora en la Revista Anfibia, Crisis y Tiempo Argentino. Trabajó en la investigación para el libro El Nieto y fue columnista en la radio de las Madres. Dicta clases de periodismo en la UMET.

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