En la pandemia, el machismo se impuso en el fútbol femenino

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Las futbolistas profesionales fueron las más perjudicadas en el nuevo mapa de decisiones de la AFA. Se llegó a anunciar que les quitaban el subsidio. Jorge Barrios, responsable del área en AFA (¡si un hombre a cargo del fútbol femenino!) luego aclaró que no sería así por whatsapp, sin comunicado, y acusando a las jugadoras de estar «haciendo un juego mediático bastante sucio». La cumbia del Chiqui Tapia.

“Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”. Jorge Barrios, responsable del fútbol femenino de AFA, no dijo la célebre frase de Groucho Marx, pero la aplica. El jueves, con un par de horas de diferencia, anunció que el subsidio a la disciplina protagonizada por mujeres se terminaba y después que no: que AFA continuaba con el apoyo porque “así lo determina el presidente Claudio Chiqui Tapia”.

Decirse y desdecirse no es gracioso: las jugadoras se enteraron a través de los medios de comunicación que se quedaban sin trabajo, después de que la propia AFA determinara que el fútbol queda cerrado hasta 2021. La corrección de Barrios fue por teléfono a quienes lo llamaban, y luego también por Twitter. Los comunicados oficiales, esos que otorgan carácter de legalidad a los anuncios, parecen no existir cuando de fútbol femenino se trata. 

Eso sí, cuando se corrigió y anunció la buena nueva, Barrios -también presidente de Estudiantes de Buenos Aires- les mandó un mensaje por Whatsapp a las y los delegados de los clubes: “Gente, tenemos que llevarles tranquilidad a nuestras jugadoras porque están haciendo un juego mediático bastante sucio. El fútbol femenino va a seguir siendo profesional. Lo garantiza nuestro presidente. El quiere que sigamos apoyando a esta hermosa disciplina”.

Si esto fuera un informe de radio o TV aquí sonaría la cumbia del Chiqui Tapia. En los efectos de las decisiones del fútbol argentino de estos días, las más perjudicadas fueron ellas.

Melisa García, presidenta de Asociación de Abogadas Feministas de Argentina (Abofem Argentina) quien lleva la causa de Macarena Sánchez contra la UAI Urquiza, su ex club, y a la AFA por despido discriminatorio, explica que esta situación configura violencia: “Todo lo que genera inestabilidad e invisibilización es violencia de género. Porque se produce con el fútbol femenino -dice-. Pero además, es ilegal que le pongan fin a los contratos. Se trata de avanzar contra un derecho adquirido. Desde hace un tiempo las futbolistas son trabajadoras”.

Historia de una discriminación

La cronología comienza en marzo de 2019, cuando se anunció la profesionalización y Tapia, el de AFA, el de la cumbia, dijo que iba a ser «el presidente de la igualdad de género». Una equidad que no existe. En rigor, no todas las jugadoras tienen su contrato. El mínimo que exigió AFA es de ocho; y sólo Boca y San Lorenzo profesionalizaron al plantel completo. Los salarios de las de Primera división son equivalentes a lo que cobra un varón de la Primera C, la cuarta categoría del fútbol argentino.

La entrenadora de La Nuestra Fútbol Feminista y periodista deportiva Mónica Santino opina que la pandemia agudizó las diferencias. “El fútbol de por sí está organizado sobre bases centradas en los privilegios para ellos y eso ya era injusto antes del coronavirus. Los dirigentes son varones en su inmensa mayoría”, dice. Y apuesta a la unión de las y los futbolistas como salida a una medida que achica oportunidades.

Mientras tanto, la alarma suena. Un informe de FIFPRO, el sindicato internacional de futbolistas, advirtió que la crisis de salud podría constituir una amenaza a la existencia del fútbol femenino. Mencionan la falta de contratos escritos, la duración a corto plazo de los contratos de trabajo, la falta de seguro de salud y cobertura médica, y la ausencia de protecciones básicas para las trabajadoras.

“A raíz de la pandemia, el rápido crecimiento en el deporte profesional de las mujeres amenaza con detenerse, aparentemente tan rápido como explotó”, escribió esta semana en The Guardian la ex atleta australliana y socióloga Madeleine Pape. En Estados Unidos, agregó, la WNBA “suda”: había apostado a un nuevo contrato que duplica los salarios de las jugadoras y otorga una licencia de maternidad remunerada. ¿Y ahora?

Juliana Román Lozano, DT de Huracán, transita estos días con incertidumbre. “Las desigualdades entre los clubes se van a profundizar aún más. Villa San Carlos, El Porvenir o nosotras vamos a tener una situación muy distinta a la de equipos grandes. La medida de AFA pone en jaque la actividad”, dice. Su rubro -el de los entrenadores- también corre peligro: “Creemos que nos quedamos sin trabajo como muchos compañeros. No vamos a estar respaldados ni cuidados por los clubes”.

La socióloga y Doctora en Ciencias Sociales Julia Hang repasa las desigualdades: entre el fútbol del ascenso y el de Primera; entre el masculino y el femenino; entre las jugadoras de acá y las de Europa; entre las que tienen contrato y las que no; entre las que en este último grupo tienen contratos con marcas y las que no. “Esas desigualdades son violentas -expresa-. Y esa desigualdad es muy cruda con las mujeres. Hay jugadoras que siguen saliendo a trabajar en medio de la pandemia y a su vez entrenan adentro y se hacen cargo del trabajo doméstico en sus casas”.

Hang recuerda que en estos días de charlas en vivo por Instagram, Estefanía Banini, una de las mejores argentinas de la actualidad, contó que en su casa de España no tiene pelota para entrenar. Cuesta imaginarse a Messi en la misma situación.

«Se ve que Jorgiyo Barrios no se decide: si nos deja a todas con trabajo o si seguimos sin trabajo”, describe con ironía una jugadora de un equipo grande.

La antropóloga y becaria de Conicet Nemesia Hijós señala que “la plusvalía futbolera es central y unidireccionalmente masculina”. “Los espacios subalternos son los que terminan pagando las consecuencias de esta crisis mundial”, remarca.

En este sentido, hay preguntas que rodean a la disciplina, enfocadas a la posibilidad de encontrar cierto despegue comercial que pueda generar recursos. ¿Es rentable el campeonato así tal como está con 17 equipos? ¿Es posible organizar un torneo de diez equipos que sea más parejo y que no tenga diferencias de 20 goles a 0, como pasa hoy? ¿Es probable que los clubes se hagan cargo de los contratos y que estén en Primera aquellos que puedan costearlo? Son dudas y rumores, planes que no son nada en concreto porque no hay un proyecto serio detrás de lo que se ve. 

AFA había tanteado esta última posibilidad en la semana: también por Whatsapp preguntó si los clubes podían hacerse cargo de la disciplina. Pedirle eso a las instituciones, en general ahogadas económicamente y en situación de coronavirus, es tirarles un hierro caliente. Es decir, le reclaman a los mismos clubes que se resistieron -y se resisten- a invertir en ellas. 

Desde Australia, donde juega en el Essendon Royals, la investigadora y arquera Gabriela Garton arenga a sus colegas de Argentina con un mensaje: “No es tiempo de retroceder”. “Pienso que si AFA no apoya muchos clubes pueden dar de baja la actividad. Hay jugadoras que dejaron segundos trabajos para poder dedicarse al fútbol cuando surgieron los contratos y ahora se pueden ver desempleadas totalmente”, señala.

En Rosario Central, la dirigente Carla Facchiano, remarca que hay que seguir levantando la bandera de la igualdad por la que tanto pelearon las futbolistas. “Es importante que AFA apoye. Se habla mucho de las ayudas al masculino, a las distintas categorías, y estaría bueno que se pensara en el femenino, que cuesta más y necesita más esa ayuda”. 

El martes, según FIFPRO, el club inglés de mujeres AFC Fylde fue desmantelado. Se trató del primer equipo en desaparecer en medio de la debacle financiera causada por la suspensión de los eventos deportivos en toda Europa. El Reading fue el primero de la Primera inglesa que colocó esta semana a su equipo bajo un plan gubernamental para dar licencia a las trabajadoras.

En Argentina, esta semana Futbolistas Argentinos Agremiados suspendió la reunión por Zoom que iba a tener con las capitanas por falta de luz en la casa de uno de los representantes del sindicato.

Fanny Pappariello, delantera de Defensores de Belgrano, confirma que a las futbolistas nadie les consultó nada. “Encima se dan el tupé de citar a las capitanas de todos los equipos y a cinco minutos del horario de reunión las suspenden y dejan plantadas, postergándolas, postergándonos para lo último”, escribe por Whatsapp.

Las jugadoras intentan responder al destrato con organización, afrontando las tensiones. “¡Despabílense, defiendan lo que consiguieron!”, las arenga alguien en un encuentro virtual que tuvieron.

La cumbia de Claudio “Chiqui” Tapia no la baila nadie.

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