Historia de las futbolistas que remontaron un descenso a dedo

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Las futbolistas de Villa San Carlos, en Berisso, tuvieron que enfrentarse a su propia dirigencia que quería obligarlas a descender “porque no podían afrontar los gastos de la profesionalización”. Pelearon por defender la categoría y lo lograron en tiempo récord. Juntaron recursos, consiguieron apoyos y finalmente firmaron ocho contratos. El testimonio de Leila Encina, la capitana, y el relato sobre cómo se ganaron un lugar en la historia del fútbol femenino profesional.

Fotos: Lucas portillo

¿Qué pasaría si a tu equipo lo quieren bajar de categoría? ¿Y si lo decide tu propia dirigencia? En el fútbol, el descenso es una espada que se clava en las tripas: imaginate si el que te obliga a irte a la B es tu propio club.

La historia de las futbolistas de Villa San Carlos es la cronología de un deseo: el de permanecer en Primera División. Ese status que habían ganado después de mantener la categoría y que les otorgaba la chance de iniciar este campeonato en la nueva Era, la del fútbol femenino profesional.

Hoy, con ocho contratos firmados (Leila Encina, Leonela Miranda, Agustina Aguilera, Agustina Plazzota, Magali Gonzalez, Magdalena Alberti, Ariana Alcober y Agustina Matas), el equipo de Berisso será parte de una nueva historia en el fútbol argentino. Se ganó el lugar después de haber remontado un descenso a dedo: el de sus propios dirigentes.

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El inicio de la tormenta

“Todo empezó un día que llegué a un entrenamiento jugando en la A y me volví a mi casa jugando en la B”, cuenta Leila Encina, la capitana del equipo. La dirigencia del club le había comunicado al cuerpo técnico que iba a descender al equipo porque no podían afrontar los gastos del profesionalismo. En aquella práctica, las jugadoras recibieron la noticia.

“La primera sensación fue ‘no puede ser’. Nos mirábamos sin entender. Quedamos en pensar qué podíamos hacer, queríamos saber cuánta plata se necesitaba. Hasta que después de un amistoso contra la Selección de La Plata nos dijeron que la decisión ya estaba tomada y que no había vuelta atrás”, cuenta Leila.

La parábola de lo irracional tiene su punto máximo en un detalle: Villa San Carlos, un club de barrio con 94 años de historia, nunca tuvo a un equipo de varones en la Primera A.

El hito máximo fue una temporada en el Nacional B, la 2013/2014. Después jugaron 9 campañas en la Primera B, la categoría donde están actualmente, 15 en la C y 29 en la D.

¿La permanencia en Primera y el protagonismo de un momento histórico no debería haber sido un motivo de orgullo en la Villa?

Marcelo Molina, vicepresidente de la entidad, le había dicho a TyC Sports que el problema era económico: “No tenemos plata para bancar a las chicas. Entonces lo que digo es: ‘vamos a jugar en la B que es barato’».

La defensora Agustina Matas dice que todo era ridículo: “Una cosa es descender jugando y otra que te desciendan. La diferencia entre nosotras y clubes como Boca o la UAI, por ejemplo, es muy grande. Quiero decir: quizá podemos descender en la cancha porque nos superan. Somos un club de barrio. Pero acá lo que pasaba es que no había fondos y tampoco ganas de buscarlos”.

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A la caza de sponsors

Las jugadoras de la Villa analizaron posibilidades: irse a otro club, jugar en la B o pelear por defender la categoría ante sus propios dirigentes. Eligieron la última opción.

“Entre todas decidimos intentar. Empezamos a llamar desde nuestros teléfonos a todo el mundo para buscar sponsors. Yo llamé a mis contactos, a familiares. La peluquería donde trabajo, por ejemplo, es uno de los auspiciantes ahora”, dice Leila Encina mientras espera para cortarle el pelo a una clienta en Duebella, en 8 y 37, en La Plata. Y agrega: “Queríamos darle la oportunidad a que ellos nos dieran la oportunidad a nosotras. Somos de primera, queremos ser profesionales, lo merecemos”.

La campaña #LasVillerasSonDeLaA se viralizó. Circuló un video en el que expresaban su apoyo Ruth Bravo, volante del Rayo Vallecano y jugadora del Mundial con la Selección, pero también futbolistas varones como Mariano Andújar, Juan Cruz Komar, Sebastián Romero, Emmanuel Gigliotti y Pablo Lugüercio.

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Además recibieron la ayuda de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, a través del abogado Mariano Bambaci. La estrategia fue clara: las futbolistas se dedicaban a buscar apoyos económicos, Bambaci interactuaba con la dirigencia para evitar conflictos y tratar de conciliar. En el club sabían que el abogado de 33 años, que conocía al presidente Juan Carlos Tocci por algunos asesoramientos anteriores, estaba del lado de las jugadoras.

Este grupo juega aquí porque lo eligió. Cuando en 2015 ascendieron a Primera el equipo casi completo dejó el club para pasar a Gimnasia. La mayoría de las jugadoras actuales –algunas estaba en la Reserva por entonces– decidieron quedarse en San Carlos.

Cuando terminó el torneo anterior, en el que pelearon por mantener la categoría, las jugadoras tenían claro que querían dejar de padecer algunas cuestiones. “Queríamos encargarnos sólo de jugar”, dice Leila.

En este tiempo eran ellas quienes tenían que averiguar qué policía cobraba más barato para contratarlo y cumplir con las exigencias de AFA para que se juegue un partido. Debían contratar la ambulancia y buscar un médico matriculado. “Estábamos en el vestuario pensando si llegó el médico, si la compañera había conseguido micro para que viajáramos, si teníamos la comida para todas”, dice la capitana.

En su casa, Leila tenía que explicarle a Juana, su hija de 8 años, porque mamá tenía menos tiempo y a veces “la cabeza en otra cosa”. Cuando le contó lo que estaba pasando, Juana le dijo: “¿Y si llamás a la Policía para que te ayude?”.

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En los botines, revolución

El abogado Bambaci venía trabajando en derechos del deporte vinculados a problemáticas de género. Tuvo la idea de armar un observatorio de igualdad en el deporte: lo creó en la Defensoría, donde trabaja desde hace tres años.

La intervención de un ente estatal como la Defensoría marca un precedente: fue clave para la resolución del conflicto. Primero se les enviaron cartas documento al club: argumentaron que estaban frente a un caso de discriminación. También presentaron notas en la AFA para expresar que las jugadoras querían seguir en la A.

“En el fútbol de varones todo está muy centrado en la venta de jugadores. Entre nosotras eso no pasa. En el club siempre nos ayudó el Secretario Juan Córdoba. Y los jugadores vinieron a vernos para ponerse a disposición. Todo eso fue clave también”, dice Matas.

Las futbolistas lo lograron en tiempo récord. El dinero se juntó, se consiguieron apoyos y finalmente los contratos se firmaron. Las Villeras, como decía el hashtag, son de la A.

El jueves 29 de agosto el club presentó la indumentaria: el presidente Tocci se sacó la foto con las jugadoras. Fue como una firma de paz. “Deseamos que esto marque el inicio para una relación distinta, para estar más unidos. Para que el club nos empiece a escuchar”, dice Leila Encina.

La capitana no duda: lo que pasaron les dejó un aprendizaje enorme. “Lo logramos por mérito propio y porque alzamos la voz. Creo que hoy en día la mujer, al estar más empoderada, lucha por cuestiones que tienen sentido”, reflexiona. Y agrega que esta puede ser también una enseñanza para el resto: “Porque este año fue Villa San Carlos, pero quizá el año que viene es otro”.

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