Jackie Flores: una feminista nacional y popular

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Jackie Flores es referente femenina de la CTEP, Coordinadora del Programa de Promotoras ambientales de la ciudad de Buenos Aires e impulsora del Primer Bachillerato Cartonero Popular. “Se habla mucho de la violencia que sufrimos las mujeres de la puerta de casa para adentro; en cambio, yo recibí más violencia de la puerta de casa para afuera. A mí me violentó más el Estado, negándome mis derechos. Me gusta definirme como una feminista popular”. Y dice: “Nuestro objetivo no pasa sólo por llevar un plato de comida a nuestros hijos, lo primordial pasa por ser comprendidos como sujetos políticos”.

El tema pegadizo, un hit de hace unos años, llena en esta media mañana de verano todos los rincones del local que la Central de Trabajadores de la Economía Popular tiene sobre la Avenida Córdoba en un tramo equidistante entre Chacarita, Colegiales y Palermo. Jackie Flores sonríe, está de buen ánimo, aduce que las vacaciones le hicieron bien. Y esa energía renovada la pone a disposición de Nuestras Voces como anfitriona. La referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) pide a las “cumpas” bajar el volumen de la radio, invita a compartir asiento en una mesa despojada de papeles. Acerca un mate recién preparado. Todo el entorno luce prolijo, calmo, podría ser la cocina comedor recién ordenada un hogar tipo de clase media. Pero, no, explica Jackie Flores, Coordinadora del Programa de Promotoras ambientales de la ciudad de Buenos Aires, que en ese lugar funciona, entre otras muchas cosas, el Primer Bachillerato Cartonero Popular.

Ella fue cartonera, antes vendedora ambulante, hasta que un día dijo basta porque su cuerpo no podía cinchar más una carreta de trescientos kilos. Jackie sigue sonriendo. Luego, durante casi una hora, explicará otras cosas de su vida, de la suya y de la de sus compañeros, de cómo la organización popular logró mitigar dolor, construir herramientas y visibilizar ciertas cuestiones. Por ejemplo, las muchas violencias que sufre una cartonera, el maltrato social que padeció de chica como mujer, pero fundamentalmente como trabajadora. Flores hará mucho hincapié en eso, en su condición de laburante y de esa definición tenderá un puente con el feminismo. “Se habla mucho de la violencia que sufrimos las mujeres de la puerta de casa para adentro; en cambio, yo recibí más violencia de la puerta de casa para afuera. A mí me violentó más el Estado, y no un marido golpeador, negándome mis derechos. Por eso, me gusta definirme como una feminista popular. Uso las dos palabras, feminista y popular”, acentúa Jackie y de la avenida, ahora con la música en off, llega el flujo constante y molesto de los autos, que corren sin pausa, como si fueran el rumor sucio de un río.

-¿Cuándo comenzaste a trabajar como cartonera?

-Mucho antes que cartonera fui vendedora ambulante. Vendí ropa interior, medias, sahumerios, velas. Trabajaba cerca de la estación de trenes de Chacarita. Muchas veces me han preguntado cómo hice para aguantar el trabajo del cartón. En la calle soporte cosas muy duras: laburar sabiendo que no tenes derechos que te respalden, trabajar en medio de la prepotencia policial, de la corrupción de los funcionarios, y que te metan en cana porque sí. Entonces, la respuesta es que la organización colectiva me dio la fuerza para sobreponerme a esas cosas. Gracias a ser parte del MTE (Movimiento de Trabajadores Excluidos) pude tomar conciencia de clase, así pude comprender mejor que significaba haber nacido pobre.

-¿Y cómo se inicia su camino en la militancia política?

-En el año 2004 conocí a un pibito que se subió a un mástil enfrente de una comisaría para exigir la libertad de unos cartoneros presos. Ese chico, supe después, era Juan Grabois. Ellos (por el MTE) se movían por Lanús, Fiorito, Caraza, Almagro; en cambio, yo andaba más bien por Chacarita. Cuando fui a dar con él, y digo eso porque me costó hacerlo, porque no nos cruzábamos, me habló del trabajo de las cooperativas cartoneras, me enamoré de eso, de esa pelea, y acá estoy.

-La CTEP tiene muy buena relación con el Papa Francisco. ¿Cómo y por qué tienen ese vínculo?

-La mayoría de los cartoneros somos hombres y mujeres de fe. O somos católicos, o evangelistas. Para nosotros, no es el Sumo Pontífice, directamente es Jorge (Bergoglio). Es que Francisco, cuando era Obispo en la ciudad, siempre se acercó a los barrios. Y, además, Juan (Grabois) era un nexo fuerte en esa relación. Así conseguimos que se sancionará la ley de Basura Cero en la ciudad de Buenos Aires (2005) y eso lo logramos porque el MTE me enseñó, y ahora lo hago yo a los compañeros que ingresan a la organización, que nuestro objetivo no pasa sólo por llevar un plato de comida a nuestros hijos, si no que lo primordial pasa por ser comprendidos como sujetos políticos.

Estoy a punto de cumplir 50 años, no hubiera podido llegar a este punto de mi vida sin sostenerme en la fe, porque la pase muy dura, me enfrente a muchos abismos. A los 9 años me fui de casa, me hice como pude. Yo elegí, siendo pobre, la maternidad. Y, sí, me encomendé a Dios, a la Virgen. Lo único que tuve en la vida desde chica fue, primero, la cultura del trabajo. Y si no me aferraba a eso, o a la fe, lo único que me quedaba como opción era delinquir. La religión, para mí, era y es un puerto en la tormenta. Haberme bautizado a los 33 años fue una bendición. Cuando entro a una Iglesia soy una catarsis de emociones.

Pero, nosotros, los cartoneros, nos damos todas las discusiones. Tenemos claro que a las mujeres se nos hace más difícil la vida, sostener un hogar. Para mí fue siempre muy duro bancar la casa, educar a los nenes. Pero, nací rebelde, y nunca consideré que si faltaba el papá, estaba la familia quebrada. No sé si cumplía los roles de papá y mamá, pero si podía, y pude, conducir a la manada que fui formando.

-Por lo que decís, la ola verde feminista no te sorprende porque ya venís curtida.

-Sí, me siento parte del feminismo desde hace muchísimo tiempo porque siempre fui una mina que nunca acaté los mandatos establecidos. Y, la verdad, no me quedó otra, porque los cartoneros venimos de una vida y un territorio muy vulnerados.

-El feminismo suele estar en los medios en boca de actrices, diputadas, pero no tanto por trabajadoras populares; es decir, hay un sesgo social bien notorio hay, ¿eso es casual o hay una estrategia deliberada por pintar al movimiento de mujeres con determinados colores?

-En lo particular, me identifico como una feminista popular, no me considero feminista a secas.

-Usas las dos palabras, feminista y popular.

-Sí, los dos términos inciden en mí. Porque debemos ir contra todas las violencias. Y no tener trabajo también implica una situación violenta. No se puede naturalizar que una mujer deba tirar un carro de trescientos kilos paga ganarse el pan. Por eso, juntemos todas las voces en la familia feminista, todas son válidas. A ver, a mi nunca me violentaron de la puerta de casa para adentro, pero sí de la puerta de casa para afuera, a mí me violentó el Estado y no un marido golpeador. Y cómo nos defendemos de todos esos abusos. Yendo juntas en un proceso político por una patria libre, justa y soberana. Y para eso, claro, también es importante la educación. Por eso, creamos el primer bachi (bachillerato) cartonero popular.

-¿Un bachillerato cartonero?

-Sí, el primero de ese tipo se creó en está sede. Nos vimos obligados a armarlo porque en esté sistema muchos te quieren hacer creer que vales menos que la basura. Entonces, sí, queremos que los compañeros se formen, estudien, comprendan que tenemos derechos. El bachi tiene orientación al cooperativismo. Y, además, las materias se dan en relación a nuestra historia y nuestro trabajo. Por ejemplo, los compañeros no estudian una matemática convencional, si no que les enseñan los números que más nos deberían importar: cuánto de nuestro trabajo se queda el galponero o el usurero que se queda con el trabajo generado, también comprender cuál es el volumen del cartoneo que acopiamos. En total, el bachillerato dura tres años. La primera camada de egresados está compuesta por treinta compañeros.

-¿Tiene reconocimiento oficial?

-Estamos en busca de eso, del reconocimiento estatal.

-¿Cómo es la relación con el gobierno nacional, y con el gobierno de la ciudad de Buenos Aires? Puntualmente, ¿la ministra Carolina Stanley es receptiva a escuchar sus demandas?

-Las respuestas, en general, de Cambiemos para los sectores vulnerables son las que esperábamos porque son las respuestas típicas de un gobierno neoliberal que ajusta para la Corona. Además, el vínculo empeoró a medida que profundizaron la criminalización de la protesta. Y, sí, la protesta es el único medio que tenemos para visibilizar el hambre al que se está exponiendo al pueblo. Ojo, con el gobierno anterior había roces pero, antes de diciembre de 2015, todos nosotros comíamos asado, ahora no. Es otra la situación.

A la ministra Stanley no la conozco. Lo único que sé es que acata ordenes de su jefe político y también tengo claro que la ministra tuvo que llevar adelante la Ley de Emergencia Social porque los trabajadores de la economía popular se lo ganamos a todo su gobierno.

-Decís trabajadores, y te incluís, ¿por qué, desde la CTEP, hacen siempre hincapié en que no son piqueteros ni desocupados?

-A ver, nos enorgullecen los piqueteros, y los piquetes como método de lucha. Pero, nosotros no somos desocupados. Simplemente defendemos nuestra identidad trabajadora, nos sentimos parte del movimiento obrero activo e, insisto, no vamos a elegir otro trabajo. Yo amo este trabajo, lo generé cuando no tenía otra opción, pero ahora vuelvo a elegirlo. Claro, hay una diferencia con otros compañeros, nuestro patrón es el Estado.

-Ya que mencionas al movimiento obrero, ¿también sienten orgullo por su historia y su lucha?

-Tenemos la particularidad de plantarnos con el vaso lleno porque la historia sindical de nuestra patria nos ha dado un piso y un horizonte enorme. Nos paramos desde ahí. El trabajador formal, por ahora, no nos comprende, pero vamos a dar esa pelea cultural. Porque nosotros no nacimos para quebrar, si no para sumar. Y así logramos la primer marcha hacia San Cayetano por Tierra, Techo y Trabajo, hace ya cuatro años, y así conseguimos el reconocimiento de la CGT, que nos abrió las puertas en los inicios de esté gobierno para consensuar un plan de lucha. Ya no nos pueden marginar de la discusión, somos muchos.

-¿Tienen un padrón de compañeros?

-Hemos crecido de una manera exponente. Mí sector, el de los cartoneros, a nivel nacional, llega a doscientos mil integrantes. Porque nuestro trabajo está vinculado, por ejemplo, con el reciclado de la industria del plástico, que es un sector con mucha actividad económica.

Nuestro trabajo es tan duro que nos destroza la salud. Yo, por eso, hace siete años que no tiro la carreta. Por eso, desde el MTE y la CTEP le estuvimos dando vuelta al tema y logramos presentar un proyecto para generar en la ciudad de Buenos Aires el primer cuerpo de promotoras ambientales.  Ese equipo nace para que las mujeres, que somos mayoría entre los cartoneros, podamos cuidar nuestro cuerpo y también dar educación ambiental porque, a pesar de la promoción social garantizada por la ley de Basura Cero, esa conciencia ambiental no llega a nadie. Por ese camino logramos que los vecinos de Las Cañitas, pero también ahora barrios más populares, incorporen el hábito de separar la basura porque, ahora, saben que las cooperativas cartoneras van a levantar el material reciclable.

-Además, han creado en la ciudad la mesa de mujeres sindicalistas.

-Sí, esa construcción también me permitió que las delegadas obreras me vean como un par, y no como parte de una organización social. Porque me siento, y soy una trabajadora. Ese espacio nació recién el año pasado, se trata de un colectivo amplio: están las dos CTA, ATE, también la CGT, nosotros como CTEP. La última vez conté 42 agrupamientos sindicales. Es más, el último 8 de marzo lo trabajamos juntas porque, para nosotros, ese día no consiste en la entrega de una flor. Si la compañera lo ve de esa manera, está perfecto, pero que no lo vea como un mandato.

Digo eso porque si pensamos el feminismo con disidencias vamos a construir un feminismo más fuerte. A mí, por ejemplo, no me gusta cocinar. No lo sé hacer, y no voy a aprender a hacerlo pero quiero que se respete a la compañera de la economía popular que le guste sólo hacer eso.

-Me decís que son hombres y mujeres de fe mayormente, ¿Cómo impacta eso en su discusión sobre el derecho al aborto legal?

-A mí me gusta llamarlo la despenalización del aborto porque yo lo entiendo así, no soy de acatar mandatos (risas). Más allá de eso, yo por ejemplo tengo tres hijas, y su feminismo popular lo siento como una batahola que me ha desandado a mi misma. Entiendo, entonces, que esas banderas le pertenecen más a mis hijas, a está nueva revolución que estamos viviendo. Pero, eso sí, exijo que está cuarta ola feminista no nos pase por encima y que respetemos nuestras posibles diferencias internas. Veamos todo. Francisco, por ejemplo, hizo público hace unos años su perdón a las mujeres que habían abortado. A esas compañeras ese perdón les sirvió, y eso también hay que respetarlo. Por eso, repito, me gusta hablar de un feminismo popular. No me identificó cuando hablan de un feminismo laico, porque yo soy católica. Y tampoco estoy a favor de la separación entre el Estado y la Iglesia, yo quiero dar la discusión dentro de esa institución.

-Por lo que decís, ustedes ven cierta incomprensión del resto de los actores sociales hacia ustedes.

-Algo de eso hay. Creo que con la CTEP vinimos a sumarle mucha humanidad al movimiento sindical. Ninguno de nuestros referentes maneja plata, porque los fondos que tenemos y otorgamos están bancarizados. Tenemos muy claro que no trabajamos para empoderarnos en el dinero, si no que laburamos para sabernos trabajadores y para que quede claro que no somos mano de obra barata de nadie. Así logramos la Ley de Emergencia Social, con su Salario Social Complementario.

-Vamos terminando, hablemos del 2019. Concretamente, para ustedes, ¿Cristina Fernández es una marca electoral o es la conductora del movimiento nacional y popular?

-En lo particular, con Cristina tengo mis desacuerdos. Soy peronista, a los 21 años me regalé afiliarme al Partido Justicialista. Como muchos compañeros, durante mucho tiempo no pude darle mi voto a un dirigente peronista. Al primero que sí vote fue a Néstor (Kirchner) porque en él creí y, ahora, sigo sintiendo su ausencia. Con Cristina no sentí lo mismo; incluso, no la voté en el 2007. Pero, claro, comprendo el valor que tiene para el conjunto de los compañeros, y también valoró lo que hizo para la mujer. Por eso, la respeto y voy a bancar su candidatura.

Pero, como dije varias veces, a mí no me lleva la marea. Evita nos enseñó que los de abajo podemos opinar y decir lo nuestro en el movimiento. Por eso, sí digo Cristina 2019, pero con mis propias palabras. Y los compañeros de la economía popular entendemos, y padecemos, de forma muy clara lo duro que ha sido perder la patria con esté gobierno de derecha. Y lo escuchamos con mucha atención a Juan (Grabois), y apoyamos su decisión, que ahora es nuestra, de respaldar a la máxima líder que nosotros tenemos en la próxima elección. Entonces, obvio que la voy a votar con Cristina, y con mucha felicidad. Ojo, tampoco me olvido que la década ganada a mi mundo cartonero no le llegó; pero, no me quedó en el rencor y digo, vamos a volver, pero volvamos con todos adentro.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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