La marea plateada: “Queremos decidir cómo envejecer”

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Se están juntando desde hace un mes. Se reivindican como “viejas”. Son mujeres disconformes con el rol que les otorgó la sociedad de abuelitas o jubiladas. Se sienten activas y tienen energía para trabajar, encarar proyectos y estudiar. Son sujetas políticas y mujeres deseantes que no quieren ni ser una carga para sus hijos, ni ser depositadas en un geriátrico. Dicen que comparten mucho con las pibas, aunque no son pibas, y se reúnen porque buscan su propia revolución. Participaron del Pañuelazo y se están organizando para ser parte del 8M. #LaRevoluciónDeLasViejas

Fotos: Zahira Rivero

Hace un mes nació #LaRevoluciónDeLasViejas en Facebook, un grupo impulsado por la diputada Gabriela Cerruti que ya tiene casi treinta mil miembros. Inicialmente, las preguntas, los debates y las historias se replicaron en las redes y en poco tiempo pasaron a reunirse en bares y plazas. Ya existen nodos en todo el país y una veintena de encuentros. Se propone presentar proyectos de ley para buscar soluciones a problemas como la discriminación laboral por edad, las políticas de cuidado, terminar con los geriátricos y pasar a la vivienda compartida, la cultura y la diversión cercana y accesible, entre otros. Además, están trabajando en la creación de una App que permita encuentros entre mujeres que están cerca y pueden compartir intereses, planificar salidas, idas al cine o caminatas. Para los próximos días se prevén encuentros en La Plata, Merlo, La Matanza y en distintos barrios de CABA.

Una tarde de encuentros

Es 15 de febrero. Cerca del mástil del Parque Centenario más de un centenar de mujeres están reunidas. Sus edades van de los cuarenta y cinco hasta los ochentípico y llegaron desde distintos barrios: Villa Crespo, Paternal, Almagro, Caballito, Flores y hasta de Villa Lugano. En el centro de la ronda una de ellas sostiene un cartel que dice “La revolución de las viejas” con una imágen de una mujer con pelo blanco mostrando el músculo de su brazo. Por el calor, algunas tienen abanicos en sus manos. Todas están allí en la tarde de un sábado de febrero para hablar de los problemas que las atraviesan como mujeres que pertenecen a una “generación hija de las madres y abuelas de Plaza de Mayo, y madre de las pibas de los pañuelos verdes”.

Los mates comienzan a girar en las cuatro rondas que armaron para debatir sobre problemáticas de trabajo, salud, vivienda y cultura. Los temas que tocan van desde las participación de los hijos y los maridos en las tareas del hogar, pasando por el acceso a una vivienda digna, las tareas de cuidado, la inserción laboral, la meritocracia, hasta la eutanasia, el uso de cannabis medicinal y la muerte digna.

Muriel, de 52 años, que no tuvo hijos por decisión propia, plantea la dificultad que tienen las mujeres como ella para afrontar la vejez. A poco metros, Alcira comenta que no consigue una amiga para ir al cine con el 2×1 que le da el banco.

En otra de las ronda, Estela Maris, de 65 y feriante, relata que recién hace dos años consiguió obtener la jubilación porque no tenía aportes. Se discute sobre la diferencia del monto de los haberes que reciben respecto a los hombres. No son ajenas a que como reflejo de las desigualdades en el mercado de trabajo, las jubiladas son el  60 por ciento del total de los que cobran la mínima.

Más tarde, charlan sobre cómo articularse con los otros grupos de mujeres, del deseo de sumarse al paro internacional de mujeres del 8M y hasta de participar en octubre del Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans y No binaries que el año pasado, por primera vez en sus 34 años de historia, tuvo un taller de adultas mayores. También debaten si se hacen un pañuelo que las distinga: ¿De qué color tiene que ser?, ¿Sumamos alguna insignia al verde del Aborto Legal?, ¿Hacemos uno nuevo? Una de ellas dice que están en gestación, que ya vendrán los pañuelos, las remeras y banderas porque todavía son “unas viejas verdes”.

Un colectivo de viejas

El puntapié del colectivo que emerge fue un video que la periodista y diputada nacional por el Frente de Todos Gabriela Cerruti publicó en sus redes sociales el pasado 18 de enero. En éste se la ve frente a un espejo de su casa, con el pelo recogido, pasándose crema por la cara, mientras cuenta que tiene 54 años, que está bien, aunque se levanta a la mañana más arrugada y con dolores de rodilla, que toma calcio y ya pasó la menopausia.

Habla de la proximidad de su propia vejez: “Dentro de 6 años voy a ser lo que se considera, en la sociedad, una adulta mayor. Diciéndolo claro y pronto voy a pasar a ser es una vieja”. Espera a partir de entonces vivir por lo menos treinta años más y reflexiona sobre la necesidad de unirse y pensar políticas públicas para esta etapa de la vida que será la más larga de su vida.

El posteo, que tituló «La revolución de las viejas», tuvo más de cien mil visualizaciones en un día y disparó  en las redes miles de relatos de mujeres que se sintieron identificadas. Se convirtió tendencia en Twitter y fue el motor de un grupo de Facebook, que en sólo tres días tuvo 12 mil miembros y actualmente, a un mes de crearse, ya cuenta con 30 mil.

Rosana Algilieri, una de las creadoras del grupo contó a Nuestras Voces que se le ocurrió armarlo luego de ver el video. “Me sorprendió que de golpe empezaron a entrar mujeres, mujeres y mujeres de todo el país, e incluso de Uruguay. Hay algunas viviendo en el exterior”.

La dinámica que se dio en los primeros días fue de presentación: “Se fue dando sola. Cada una contaba su historia de vida, algo propio, incluso algunas decidieron compartir historias muy fuertes que no lo habían hecho en otro ámbito, ni siquiera familiar, como abusos o pérdidas de hijos”, dice.

Días más tarde surgió la propuesta de conocerse personalmente. El primer encuentro fue el sábado 8 de febrero en Rabia bar, en la Ciudad de Buenos Aires. Participaron más 300 mujeres de diferentes zonas de la Capital y alrededores y además hubo quienes viajaron desde Rosario. Luego las juntadas comenzaron a replicarse por ciudades, barrios o zonas. En menos de un mes hubo encuentros en San Martín, Morón, Lanús, Belgrano, La Plata, Mar del Plata,  Rosario, Salta, Córdoba, Tucumán, Mendoza, Paraná, Santa Fé y más.

El precio de ser mujer: cobrar menos y pagar más

En la mitad de la vida

Cerruti le habló a una generación que está en la mitad de la vida y a la cual nuestra sociedad, que venera a la juventud y margina a los viejos, no sabe bien dónde ubicar: “¿Alguien está pensando en cómo vamos a hacer para ser felices?”, se cuestiona en el video y luego agrega: “Está buenísimo acompañar la revolución de las pibas, pero estaría muchísimo mejor si somos capaces de empezar a armar la revolución de las viejas”.

Betina, que cumple 60 años el mes que viene y tiene un estudio de pilates, contó a Nuestras Voces que el video la interpeló y decidió participar de la reunión en el Centenario porque tiene la sensación de “que somos un colectivo de mujeres que no tienen una representación, que la sociedad nos toma como descartables. Hasta ahora no encontrábamos espacios para hablar sobre los temas que nos preocupan. Los estamos creando nosotras”.

Para Betina, que se presentó en el grupo de Facebook como “a veces piba y a veces vieja”, las mujeres de su generación se encuentran en “un lugar social muy raro porque somos viejas pero nosotros no nos sentimos así pero tampoco somos chicas. Nos llamamos viejas para deconstruir la palabra con esa carga de que ya no servimos. Nos sentimos vitales, tenemos ganas de embarcarnos en nuevos proyectos, de divertirnos, de comer y de coger igual que antes” .

En tal sentido, Cerruti aseguró a Nuestras Voces: “La palabra vieja es bellísima. A mí me gusta ser vieja, mis hijos me dicen vieja, le dije vieja a mi madre y me parece que es una palabra muy hermosa que nos nombra. Nos reconocemos como eso y fue un gran alivio y mucha catarsis empezar a hablar de la revolución de las viejas”.

En tanto, Rosana consideró que “el video fue un disparador de varios temas que no estaban hablado en la sociedad”. En su caso, se identificó con un pasaje en que la diputada habla sobre la dificultad de las mujeres para conseguir trabajo después de los 40. Ella tiene 43 años, trabajó casi toda su vida como administrativa en diferentes empresas, luego se lanzó con un emprendimiento textil propio que tuvo que cerrar en 2017 por la crisis. Desde entonces se desempeñó en algunos trabajos por poco tiempo, changas informales, y ahora está hace más de un año desempleada. “Todas las ofertas laborales son hasta los 35 años. Pese a que cumplo con los años de experiencia no me toman. Se suma a esto que soy madre divorciada. Pareciera que soy un combo explosivo”, comentó.

En nuestro país, el 62 por ciento de las mujeres de entre 16 y 59 años participan del mercado laboral. La brecha respecto a los hombres es de 19 puntos porcentuales, la participación laboral del mismo grupo etario es el 81 por ciento, según sostiene un informe reciente del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

Además, las mujeres enfrentan mayores obstáculos para insertarse en el mercado de trabajo, acceder a empleos de calidad, sostener sus trayectorias laborales y ocupar puestos de decisión. Más de la mitad de las ocupadas trabaja a tiempo parcial, mientras que en el caso de los varones sólo lo hace uno de cada cuatro.

Marea plateada y diversa

 

La heterogeneidad de mujeres dentro del grupo de Facebook es muy grande. Tienen distintas procedencias pero comparten inquietudes y lograron establecer algunos acuerdos como el apoyo a las causas de derechos humanos.

Luana Marian López Reta tiene 54 años y es de Tortuguitas, provincia de Buenos Aires, es coordinadora de la Comisión de Diversidad de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de la Regional Zona Norte. Se define como una privilegiada por ser una mujer trans que superó el promedio de vida para esa población, los 35, y aseguró que cuando entró al grupo se encontró con una “diversidad enorme”.

“Si bien somos pocas las mujeres trans, encontré una buena recepción, muchas ganas de escuchar y entender a la otra, aunque siempre hay algunas que están todavía reticentes”, afirmó. Hizo dos posteos uno explicando la diferencia entre travestis, transexuales y transgénero y otro sobre el uso del lenguaje inclusivo, y ambos tuvieron buena acogida. Junta a otras compañeras, también lograron que se incluya en los temarios para la discusión el incumplimiento del cupo laboral trans.

“Hay propuestas interesantes. Acaba de surgir una con respecto a las viejas que nos decidimos a estudiar ahora de grandes. Yo estoy empezando este año la licenciatura en Trabajo Social y  hay unas cuantas que han expresado que están estudiando que van a empezar a estudiar y otras han brindado su apoyo y se ofrecieron a acompañar”.

Las viejas de zona norte se juntaron por primera vez el pasado sábado en el Deportivo San Andrés de San Martín. Fueron cerca de 50 y hasta allí llegó Gabriela Garcia Arrieta, comerciante de la zona. “Estábamos con tantas ganas de conocernos que la reunión estaba programada para las 15 y 15:15 ya estábamos todas”, contó a este medio. Entre ellas se creó un grupo de WhatsApp “marea plateada”, en alusión a las palabras de Cerruti.

“La idea era fortalecer la unión, vernos, conocernos, para luego ver cómo nos organizaremos, sí por ejes temáticos o por zona”, señaló. Gabriela tiene 50 años y se reconoce feminista a la fuerza “tengo una hija de 16 años que me planteó a los 10 que no sabía si se iba a enamorar de una nena o de un nene porque entendía que el amor no distinguía al sexo. Ahí me despabile y empecé a deconstruirme”.

Un mapa federal para crear políticas de cuidado

¿Más vida o la vejez?

Frente al planteo de si se extendió la vida o la vejez Cerruti destaca que hay que repensar la vejez ya que “no tenemos un espejo en nuestras mamás. No llegamos a viejas como las viejas en las cuales podemos mirarnos”.

Uno de los temas que más se charlan en los grupos es el de la vivienda. ¿dónde van a vivir, cómo y con quién, cuando seas vieja? Todas expresan que no quieren ser una carga para sus hijos pero tampoco que las amontonen en un geriátrico. “La idea de viviendas colectivas para las más viejas es una de las propuestas más que se hicieron”, opinó Rosana.

Además, está la problemática de la eutanasia. “Nos ocupamos de que las mujeres puedan decidir sobre sus cuerpos a partir de los 13 años pero no de poder decidir  sobre nuestros cuerpos hasta la muerte”, aseguró Betina quien planteó la necesidad de empezar a discutir una ley para morir sin dolores, molestias ni sufrimientos físicos en nuestro país.

Cerruti resaltó que hay existe un estigmatización sobre estas mujeres: “Cuando tenés mujeres de más de cuarenta y no conseguís trabajo, cuando tenés más de sesenta y no sabés ni cómo, ni dónde, ni con quién vas a vivir, cuando temes volverte una carga para tus hijos e hijas, cuando no sabés cómo divertirte si no te sentís identificada con ir a pilates y comer lechuga, cuando ves que la ciudad no está preparada para tu movilidad ya más reducida, cuando no te dejan decidir sobre tu cuerpo, ni sobre tu medicina, ni sobre tu cuerpo hay estigmatización y hay olvido”.

Sobre las  políticas públicas destinadas a esta población resaltó que se requiere pensar más  allá de los aumentos jubilatorios y los remedios. Hay que idear “lugares de encuentro, diversión, viajes. Políticas públicas de ocio con respecto a estar bien, a salir, al espacio público y político. Queremos calidad para el último tramo de nuestras vidas y nos estamos organizando para conseguirlo”, señaló.

La revolución de las viejas ya está en marcha y no hay dique que pueda contener a la marea plateada que se avecina.

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