Las Gigantes contra la desidia machista del básquet femenino

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La selección nacional de básquetbol femenino profesional puso en evidencia que la discriminación en el deporte todavía es una dura realidad. Sin cuerpo técnico, ni proyecto, las mejores jugadoras argentinas de balón cesto salieron a denunciar la situación: dejaron de cobrar becas y deben entrenar por cuenta propia. En Lima habían sido eliminadas por no tener una camiseta reglamentaria alternativa: viajaron sin utilero.

“No importa cuánto hagamos nosotras, nunca vamos a tener esa atención que necesitamos o merecemos. Parece que nunca es suficiente para que el femenino tenga el lugar que se merece”. Sofía Aispurua habla desde Italia, donde espera para jugar en el Thunder Basket Matelica, después de que Las Gigantes, la Selección argentina de básquet femenino, publicaran un comunicado en las redes sociales para exigir ser escuchadas.

El pedido no resulta llamativo: desde un tiempo a esta parte y con el impulso de las luchas feministas en las canchas, las deportistas comenzaron a alzar la voz para exigir igualdad. Las jugadoras de básquet decidieron que éste era el momento: en la pandemia contaron que una parte del plantel no cobra su salario por la suspensión de la Liga, del torneo Federal y por el hecho de que no cobran la beca que recibían por parte del Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo).

“No se habla de nosotras”, dijo la alera Andrea Boquete en estos días, expresando el malestar porque la situación no es la misma para la Liga de varones. Ellos, en este contexto, están pensando en la vuelta a la competición.

En 2019 Las Gigantes fueron noticia por un episodio bochornoso. En la fase clasificatoria de los Juegos Panamericanos de Lima, mientras entraban en calor para enfrentar a Colombia, les notificaron que no podían usar las camisetas azules que habían llevado porque las rivales tenían unas del mismo color. Pero nadie había llevado otro juego, por lo que quedaron eliminadas. Habían viajado al torneo sin utilero.

El papelón evidenciaba la desigualdad. Vale la pregunta retórica: ¿Les podría haber pasado eso a la Selección liderada por Facundo Campazzo y Luis Scola? Nadie lo cree posible.

Aquel día, después de que muchas jugadoras se retiraran de la cancha llorando, decidieron no hablar con la prensa. El periodista especializado en la disciplina, Emanuel Niel, quien escribo en el portal Pick and Roll cuenta que la desigualdad existió siempre en este deporte: “En el último tiempo se mejoraron las condiciones, pero lo cierto es que no están ni cerca de ser iguales”, dice. Y agrega: “Es válido y necesario el reclamo de igualdad, aunque quizá el momento ideal era en los Panamericanos y no ahora. Igualmente, celebro que salga a la luz y se hable”.

En el comunicado Las Gigantes manifestaron que están sin proyecto, sin técnico y sin entrenamientos. Y como no hay calendario, dejan de cobrar la beca. La Liga que finalmente se suspendió iba a tener siete equipos. Se trata de un certamen semi profesional que dura entre tres y cuatro meses. El de varones, por ejemplo, se extiende durante diez. Ellos tienen más tiempo de competencia y cobran salarios más altos.

La desigualdad es histórica. Mientras la Selección masculina viaja en vuelos directos o con escalas mínimas, ellas suelen pasar horas y horas en aeropuertos para que la Confederación Argentina de Básquet (CAB), la entidad rectora, pague pasajes baratos. Hasta hace poco tiempo no les daban horarios de cancha en el Cenard y los entrenadores tenían que buscar espacios en clubes. Ahí concentraban hasta hace un par de años atrás que empezaron a descansar en hoteles antes de los partidos, un privilegio que los hombres tenían desde tantísimo tiempo atrás. En efecto, hacen giras desde hace poco tiempo.La CAB salió a contestarlas a las basquetbolistas a través de un comunicado en el que expresa que su determinación va en sintonía con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y del Gobierno Nacional: priorizar la salud por sobre la economía.

“Es importante mencionar que las integrantes del seleccionado nacional fueron beneficiadas con una decisión excepcional que prorrogó sus becas del ENARD hasta el mes de marzo de 2020 inclusive, más allá del período que reglamentariamente les correspondía, que concluía en noviembre de 2019”, publicaron.

Desde el mismo espacio desmintieron que no tuvieran DT: Leo Costa tiene contrato hasta diciembre, aunque no tiene cuerpo técnico.

En la pandemia, el machismo se impuso en el fútbol femenino

La discusión de estos puntos no modifica la disparidad existente. “Hay jugadoras que dejaron sus trabajos para dedicarse al básquet porque iban a tener un sueldo y ahora con la Liga suspendida se quedan sin nada. ¿Qué van a hacer? ¿Y sin la beca? La situación es difícil y afecta a nuestro futuro”, dice Aispurúa. Y apunta que “hasta en la segunda y tercera Liga argentina de hombres hablaron de cumplirles los contratos. Se ve una intención de apoyo a ellos, cuando con nosotras eso no existe”.

“Hay días en los que querés tirar al aro y no podés porque hay otra categoría, o la cancha la está usando otro deporte o están los varones”, expresó Boquete.

El buen desempeño o los logros, la medida con la que suele establecerse la vara para conseguir algunas oportunidades en el deporte, son parte del currículum de Las Gigantes. Esta Selección -según Niel una de las mejores generaciones de basquetbolistas mujeres de los últimos años- conquistó un título Sudamericano después de 70 años (en 2018 le ganó a Brasil que llevaba 16 trofeos consecutivos), obtuvo una clasificación a un Mundial después de ocho años y, entre otros, una medalla de plata en un Juego Panamericano en el primer 3×3 que se juega a nivel internacional.

“Esta camada está dejando una huella en el deporte”, analiza Niel. Boquete, Débora “Pepo” González, Macarena D’urso, Ornella Santana, Macarena Rosset, Nacha Pérez, Agostina Burani son algunos de los nombres que se destacan. En 2009 algunas de ellas lograron el tercer lugar en el Mundial Sub 19 de Tailandia. Dos años después consiguieron un triunfo histórico: le ganaron a Estados Unidos por primera vez en los Panamericanos.

En esta pelea las jugadoras están solas. Hasta ahora no son parte de la Asociación de Jugadores, integrada hasta el momento por varones. El comunicado de Las Gigantes no fue publicado por la totalidad del plantel, aunque algunas consideran que se debe al temor a las represalias.

Aispurúa cree que alzar la voz es clave. Señala como faro las luchas de otras selecciones femeninas, como la de fútbol. El motor de la pelea por conquistar derechos es el mismo que el que expresaron otros combinados y está puesto en  el futuro. “Ojalá que el día de mañana las nenas chiquitas puedan disfrutar de cosas que nosotras no tenemos”, dijo Boquete.

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