Las perseguidas de Mauricio: mujeres migrantes

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Natividad era empresaria en Perú, pero llegó a la Argentina sin nada, exiliada del régimen de Fujimori. Aquí arrancó de cero, como vendedora ambulante, logró traer a sus hijos y fundó una ONG que defiende los derechos de las migrantes. “Las mujeres migrantes somos las que más sufrimos con la estigmatización de este Gobierno”. Las trabas de la gestión de Mauricio Macri a la ley que le dio derechos a los migrantes.

La vida de Natividad Obeso podría ser digna de una serie de Netflix. Nacida en Perú, con una buena posición económica —era una empresaria exitosa, dueña de una distribuidora de cerveza— separada y a cargo de cuatro hijos y seis hermanos. Linda casa, con empleadas domésticas y lujos burgueses. Pocos sabían de su secuestro, varios años atrás, por parte del grupo Sendero Luminoso, al cual sobrevivió luego de un “juicio popular”.

En los 90 quiso incursionar en política y el gobierno de Alberto Fuijimori la declaró “terrorista”. Por lo que los destinos eran dos: o la cárcel o ser refugiada política. Así es como llegó a la Argentina en la década del 90, sola, dejando a toda su familia en Perú. Sin plata ni contactos, Natividad sobrevivió siendo vendedora ambulante y luego trabajadora de casas particulares. La soledad y la discriminación que sentía por ser inmigrante la llevaron a una depresión que la condujo a lugares terribles. Se resarció, en parte, cuando a finales de los 90 pudo traer a sus hijos a la Argentina. Y aún recuerda cuando encontraba las cartas que sus hijos le escribían a “diosito” pidiéndole que su mamita los regresara a Perú porque en Argentina no podían estudiar. Y acá empieza la otra historia.

Desde la dictadura militar se promulgó una ley, conocida como “Ley Videla”, que era absolutamente restrictiva para los inmigrantes. Bajo esa legislación ella era casi una delincuente. Varias veces la paró la policía y la llevó detenida por el solo hecho de ser peruana y no tener los papeles en regla. Y además de todo eso, esa ley no le permitía a sus hijos ingresar ni a la escuela secundaria ni a la universidad por el hecho de ser extranjeros y no tener documentación. Esa fue la llama que encendió su fuego para empezar, en soledad —como la mayoría de las mujeres— a pelear por sus hijos. Tocó todas las puertas habidas y por haber. Iba a colegios, a diferentes sedes de la Universidad de Buenos Aires. Por insistencia logró dos cuestiones: que a su hija la dejaran entrar como oyente a una escuela secundaria y a su hijo a la universidad mientras avanzaba en todo el papeleo burocrático. Lo reconocía como una pequeña victoria.

Otras compatriotas se enteraron de su situación mientras ella iniciaba gestiones  directamente con el cónsul peruano. Para el año 2001 se había convertido en una líder entre muchas mujeres inmigrantes. Esto la llevó a fundar la ONG AMUMRA: Asociación de Mujeres Unidas, Migrantes y Refugiadas, una organización de Derechos Humanos que busca la integración económica, social y cultural de las mujeres migrantes y refugiadas y de sus familias. Desde ese entonces militaron y participaron activamente de la aprobación de la emblemática Ley de Migraciones, que se promulgó en el año 2004 y que reconoce que hay un derecho a migrar y asegura el acceso a derechos fundamentales (salud, educación, justicia, asistencia social) a todos los residentes, con independencia de su situación migratoria. Es una ley reconocida a nivel internacional.

Hoy, a quince años de sancionada esa Ley, el Gobierno de Mauricio Macri con el brazo de su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, inauguró este 2019 de campaña con el eje puesto en la inseguridad: anunció el uso de las cuestionadas pistolas Taser, se pronunció a favor de la baja en la edad de punibilidad y volvió con un discurso que equipara migración con delincuencia.

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Un viejo y conocido truco en tiempos de crisis económica y política. Porque no es cuestión opinable. Según los últimos datos publicados por la ONU en Argentina hay 2.164.524 de inmigrantes, lo que supone un 4,89% de la población de Argentina. Un número realmente irrisorio. Y otro dato interesante es que la inmigración femenina es superior a la masculina, con 1.168.208 mujeres, lo que supone el 53.97% del total de inmigrantes, frente a los 996.316 de inmigrantes varones, que son el 46.02%.

Se sabe que los migrantes que “pagan los patos”, como se dice en la juerga popular, son los migrantes pobres. Y si ponemos más la lupa, las mujeres migrantes y pobres.

En pleno corazón del barrio de Once, allí donde hay un muestreo perfecto de la inmigración en Argentina, tiene su sede AMUMRA. Natividad Obeso, que llegó a ser relatora de la ONU, reflexiona junto a Nuestras Voces sobre la situación general de los migrantes y en particular de las mujeres.

—A 18 años de la creación de AMUMRA, ¿cómo ves a la Argentina hoy? ¿Se avanzó? ¿Se retrocedió?

—Argentina es un país en el que siempre está latente la discriminación, la xenofobia, porque muchos consideran que Argentina es la Europa de América. Acá son bienvenidos los inmigrantes blancos pero no los negros, como nos decimos nosotros.

Hay una lucha y una historia de nosotros como migrantes. En ciertos países, acá también, a la migración lo consideran más como algo “folklórico y cultural” y nosotras estamos en una campaña que decimos: colectividades igual comercialización de las culturas, migrantes igual derechos. No migran las colectividades, migran las personas. Nosotras estamos en esa pelea y nos encontramos solas porque son muy pocas las organizaciones de migrantes de derechos humanos en la Argentina. Igualmente hicimos muchísimos avances: se luchó porque se cambie la ley de la dictadura militar y lo logramos en 2003 por una de derechos humanos. Ahí nos empoderamos de esa ley, hicimos movilizaciones, jornadas, talleres. Es una ley ejemplo para el mundo una ley modelo y nos da derechos a todos los migrantes.

—Y ahora esa ley corre peligro…

—Sí. Ya en 2017 se sancionó un decreto, el decreto 70/2017 introduce impedimentos concretos para el ingreso y permanencia de migrantes en el país, acelera los trámites de expulsión reduciendo las garantías procesales de las personas, vulnerando el derecho de defensa; en fin, vuelve a asociar a la migración con el delito y la criminaliza. Por más de que las autoridades nos dicen que no, nosotros los vemos día a día. Estamos acá en este barrio de Once que es un centro de migrantes. Vemos todos los abusos, todas las violaciones, el maltrato, el sometimiento, el racismo y la xenofobia. Ahora se han ensañado con la comunidad senegaleses, igual como se ensañaron en los 90 con los bolivianos, peruanos, paraguayos. Les quitan su mercadería, con el verso que tienen marca. Pero los agarran a los migrantes, que son estigmatizados y utilizados como chivo expiatorio. Estamos tan cansados. Porque siempre se visibiliza una doble migración. Por acá la migración europea y por otro lado la latinoamericana y la africana. Es muy doloroso porque en los países de destino no tienes redes de contención familiar y los migrantes mueren en soledad.

—¿Cuál es la situación de las mujeres migrantes?

—A partir del 90 en adelante quienes migran son las mujeres, porque las mujeres son las que tienen más compromiso con la familia. Y tienen más posibilidades de insertarse laboralmente en un país de destino, no tienen ninguna pretensión de trabajo con tal de trabajar de lo que sea y con tal de mandarle a sus hijos. El varón en nuestras comunidades vienen de un patriarcado y un machismo y es más orgulloso. La mujer se arriesga, aunque no sepa la mujer dice lo sé. Entonces somos las que trabajamos en peores condiciones. Las mujeres migran para darle una mejor economía a su familia, la mejor educación a sus hijos. Muchas también vienen huyendo de violencia familiar de sus parejas. Migran por querer libertad. Nuestros pueblos han sido muy golpeados, muy maltratados, tanto por el machismo el patriarcado. Y por eso somos las que más sufrimos con la estigmatización de este Gobierno. Porque somos las más vulnerables. Muchísimas autoridades de este Gobierno son xenófobas y racistas. Es como que ha regresado ese fantasma hacia nosotras. Por eso nosotras no vamos a permitir que quieran avasallar la Ley que tanto nos costó. Y fuimos las mujeres migrantes las verdaderas protagonistas del impulso de esa Ley. Vemos lamentable que el Plan Nacional de Acción contra la violencia de género 2017-2019 emitido por el Consejo Nacional de la Mujer (CNM) menciona vagamente a las mujeres migrantes y plantea solo algunas pocas medidas específicas en el abordaje para nuestro grupo poblacional. Cabe señalar, que en el diagnóstico del referido Plan Nacional, la única mención a las mujeres migrantes señala a las mujeres en situación de cárcel, estigmatizándonos e invisibilizándonos. Incluso, las mujeres refugiadas no han sido mencionadas.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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