Maca Sánchez, una luchadora del fútbol femenino echada

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La jugadora de Club Deportivo UAI Urquiza posteó en sus redes: “Un 2019 nacional, popular, democrático y feminista. QUE EL FÚTBOL FEMENINO SEA PROFESIONAL Y EL ABORTO SEA LEGAL, CARAJO“. Cuatro días después la dejaron fuera del equipo sin posibilidad de volver a jugar por 6 meses porque los pases ya están cerrados. Inició una acción legal y su caso visibiliza la precariedad del fútbol femenino: las jugadoras son empleadas en alguna dependencia de los clubes o les facilitan vivienda para que integren los planteles «de buena fe», en lugar de contratarlas. Discriminación que el presidente de la AFA, Claudio «Chiqui» Tapia, esconde cuando habla de «igualdad de género». Y que este año será tema porque la selección femenina disputa el mundial de Francia.

“No soy más jugadora del Club Deportivo UAI Urquiza”, escribió la jugadora de fútbol Macarena Sánchez Jeanney en sus redes sociales el lunes por la noche. Y acompañó sus posteos con el comunicado que presentó al club de fútbol donde jugaba desde el 2012 y hasta comienzos de este año y con el que logró cuatro campeonatos locales y un tercer puesto la última Copa Libertadores 2015.

El primero de enero, durante sus vacaciones, después de haber jugado el último partido contra San Lorenzo en diciembre, la santafesina y estudiante de trabajo social en la Universidad de Buenos Aires había publicado en sus redes “Un 2019 nacional, popular, democrático y feminista. QUE EL FÚTBOL FEMENINO SEA PROFESIONAL Y EL ABORTO SEA LEGAL, CARAJO“. Cuatro días después recibió una llamada de su técnico Germán Portanova. “Tuvimos una conversación donde me dijo que no iba a ser más tenida en cuenta por razones exclusivamente futbolísticas”, cuenta Macarena a Nuestras Voces. No más explicaciones de parte del club que a partir de su decisión deja a la jugadora sin poder ser contratada por seis meses por otra institución, hasta que se termine el torneo y se abran los pases nuevamente.

Macarena prendió la mecha de una bomba silenciosa y rápidamente la noticia se dio a conocer tanto en medios nacionales como internacionales. Es la primera jugadora de un club de la Asociación de Fútbol Argentino que inicia una acción legal contra la institución exigiendo que se regularice su relación laboral como trabajadora y jugadora. Y se da en un contexto particular: por un lado, este año la selección de fútbol femenino participará de un Mundial, que se realizará en Francia, tras doce años de no hacerlo; en segunda instancia, durante el año pasado el fútbol femenino argentino logró una visibilización mediática sostenida en los logros alcanzados por el equipo nacional y en la organización de sus jugadoras para hacer escuchar sus demandas a la AFA; en tercer lugar, la CONMEBOL dispuso que todos los clubes que deseen participar a partir de este año en competiciones continentales deben contar con una estructura de fútbol femenino, y el actual presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, se muestra en cada entrevista que da como “el presidente de la igualdad de género en el fútbol”;  el cuarto punto a tener en cuenta de este contexto particular es el impulso y acompañamiento del movimiento feminista que copó las canchas y las tribunas y que fue puntualmente visible en el partido de ida del repechaje por una plaza para el Mundial en el estadio de Arsenal, en noviembre del año pasado, donde los pañuelos verdes acompañaban las banderas albicelestes.

“El fútbol será de todes o no será”, entonó la hinchada aquel día detrás del arco defendido en el primer tiempo por Vanina Correa. Y jugadoras reconocidas mundialmente como la capitana Estefanía Banini o la defensora central Aldana Cometti mencionaron en entrevistas a los medios el apoyo del movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans.

En este contexto es que la jugadora a través de sus abogadas, integrantes de AboFem emiten el comunicado donde denuncian que “el Club Deportivo UAI Urquiza utiliza diversos mecanismos fraudulentos que operan como pantalla para encubrir el vínculo laboral real que se establece con la jugadora reclamante, modalidad que se extiende hacia el resto del plantel profesional en general”. Y en ese punto es donde revelan una práctica naturalizada y hasta el momento no evidenciada. Las operaciones que manifiestan las abogadas de Macarena tienen que ver con una modalidad de contratación de jugadoras donde los clubes les ofrecen trabajo en alguna dependencia o empresa de la institución y/o vivienda, y a su vez, ellas pasan a formar parte de la lista de buena fe del club.

Formar parte de la lista de buena fe del club es en todos los clubes un tipo de contratación entre comillas, la práctica habitual, según señala Luz Néspoli, actual jugadora de la UBA, clubes de Primera División de AFA: “Firmamos en una lista de buena fe, nos comprometemos a ser jugadoras de la institución, es un compromiso implícito de ambas partes”. La ex capitana de Atlanta advierte sobre la desvinculación de Macarena: “No es común que desvinculen a una jugadora a mitad de torneo porque no hay apertura de pases, las listas de buena fe se renuevan una vez por año”.

Guadalupe Gónzalez Dixon

La arquera suplente de la selección nacional y becaria doctoral del CONICET Gabriela Garton señala que “la ambigüedad surge de la falta de contratos y de que somos amateurs o profesionales según le convenga a la institución”. Y explica que la situación se profundiza “cuando el club ya no quiere a una jugadora y la deja libre como si nada y  para algunas de eso dependen su beca de estudio, su vivienda y su trabajo, entonces quedarse sin club es quedarse sin todo eso”.  Además, la ex jugadora de River y UAI Urquiza hace énfasis en otro punto de la contratación implícita: “Cuando vos te querés ir, y el club todavía te quiere, no te dan el pase fácil. Tratan de armar un intercambio de pases con otro club o pedir plata por el pase”.

Unir los puntos en la historia

Para la fundadora de La Nuestra Fútbol Feminista en la Villa 31 y actual directora técnica Mónica Santino, la acción de Macarena “marca un antes y un después; es una bisagra animarse a intimar a un club, a la AFA y  animarse a denunciar una situación de explotación laboral clara y concreta”. La ex jugadora de All Boys en los años 90 además recuerda: y analiza: “Cuando yo era jugadora los clubes no tenían este tipo de contrato por medio de una relación laboral porque no existía este modelo que tiene la UAI Urquiza, era sólo ir a jugar un deporte de forma completamente amateur”.

Los mecanismos actuales de los clubes, dicen en el comunicado, son los mismos que “aquellos utilizados para negar el reconocimiento de la relación laboral profesional de los hombres jugadores de fútbol, durante los años 30 en Argentina”. De esta forma la jugadora y sus abogadas trazan un paralelismo con aquella huelga de jugadores realizada en 1931 que derivó en la profesionalización del fútbol masculino. Esa es el objetivo de Macarena, ir hacia eso.

Hoy las condiciones de la actividad parecen complejas para llegar hasta ahí todavía: en principio porque los clubes tienen muchas diferencias en cuanto al desarrollo de la práctica. Sin embargo hay muchos puntos en común: ninguna percibe un salario por jugar,  las canchas donde disputan los partidos del campeonato son auxiliares o prestadas. Algunas jugadoras cuentan con obra social pero a la mayoría los clubes le desconocen las operaciones que tienen que hacerse aún esto implique que tengan que faltar a sus trabajos rentados por la lesión, muchas tienen que pedirse el día en su trabajo rentado para poder asistir a entrenamientos o partidos, se pagan de su bolsillo la indumentaria del club, y hasta en algunos casos tienen hasta que afrontar los gastos de árbitros, ambulancia y policía, que por reglamento, son obligatorios durante los partidos.

Moni Santino, referente dentro y fuera de la cancha.

Sin embargo, aquella huelga de los años ’30 a la que hace referencia el comunicado quizás tenga su correlato en el paro realizado por las jugadoras de la selección en 2017 cuando le escribieron al entonces Presidente de la Comisión de Fútbol Femenino de AFA, Ricardo Pinela una carta donde exigían viáticos dignos, indumentaria y condiciones de entrenamiento adecuadas. Luego de ese cese de actividades y de la demanda pública durante la Copa América, las jugadoras lograron mejorar su situación: cobran un viático de 300 pesos por entrenamiento en concepto de viáticos y consiguieron concentrar en el predio de Ezeiza, algo que antes no sucedía.

Belén Bianchi es capitana de la UBA, que también integra la Primera División de AFA: “Hoy es utópico pensar en una profesionalización el fútbol femenino en Argentina. Ojalá que Macarena siente un precedente con respecto a esto para que se empiece a organizar porque sin duda está denunciando una forma de precarización laboral”, señala la jugadora.

La acción legal quizás haya tenido en la dirigencia nacional sus primeros ecos: A menos de seis meses del Mundial y pocas horas después de que el comunicado de Macarena se hiciera público, se dio a conocer a través de las redes sociales la renuncia irrevocable de Ricardo Pinela a presidir la comisión de Fútbol Femenino de AFA. En el boletín oficial de la AFA que se publica los días jueves será oficializada su dimisión indeclinable. Los argumentos que trascendieron de quien es además vicepresidente de UAI Urquiza fueron la reestructuración de la disciplina con la que él no está de acuerdo. A sólo diez días de la asunción del nuevo director de selecciones César Luis Menotti. Lo cierto es que la jugadora de UAI Urquiza en su comunicado le exige a la AFA al “cese de su inacción y la consecuente intimación inmediata a la entidad deportiva mencionada a los fines de regularizar la situación laboral de la jugadora”. A Pinela entonces le tocaba estar de los dos lados del mostrador.

Trabajadoras del peaje vs. machirulos sobre ruedas

Futbolistas unidas

“Los clubes tienen distintas dinámicas y entonces es muy difícil que nos podamos organizar entre todas las jugadoras porque las realidades son diferentes”, explica Belén Bianchi. La falta de organización, la certeza de amar el deporte, la tensión que se despierta entre el amateurismo y la profesionalización, el miedo a quedar libres de sus clubes son algunos factores que generan que muchas jugadoras no salgan a contar públicamente tal como hizo Macarena algunas situaciones similares vividas en sus instituciones deportivas o no se animen a exponer algunas demandas. Sin embargo, muchas organizaciones y colectivos como la Coordinadora de Fútbol Feminista, que nació en el primer taller de fútbol organizado en el último Encuentro Nacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans en Trelew, la Coordinadora de Hinchas de Fútbol, la organización River Feminista y Las Pioneras del Fútbol Argentino le hicieron llegar públicamente su apoyo. Muchas colegas futbolistas lo hicieron también de forma privada. No fue el caso de la jugadora de la selección nacional Luana Muñoz que sí hizo público su postura cercana a la jugadora de UAI Urquiza: “Como jugadora de futbol pero en primer lugar como persona acompaño en esta y me solidarizo. Conozco muy bien tus ideales y se quien sos, jamás vas a caminar sola. Esta lucha es de todas”.

La clave de este entramado que revela y denuncia Macarena para ser justamente esa: que es la organización colectiva la que puede desarmarlo y transformar el fútbol en uno disidente, feminista y profesional. “Somos conscientes que puede ser un caso que marque un punto de inflexión y que sea en conjunto. Esto nos atraviesa a todas”, dice la jugadora a Nuestras Voces.

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