Martha Rosenberg: «El proyecto del aborto es producto de años de militancia»

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Martha Rosenberg es pionera de las luchas feministas en nuestro país, desde mucho antes que la marea verde existiera, aunque también es parte del movimiento actual. «Fuimos nosotras las que pusimos el tema ahí. Llevamos el tema a la agenda parlamentaria con la presentación de nuestro proyecto ocho veces desde 2007. Y ahora siento que, además, lo llevamos a la agenda parlamentaria vía el Presidente» Acaba de publicar el libro «Del aborto y otras interrupciones» y en esta entrevista anticipa: «La pelea que sigue a la ley es cómo garantizamos el acceso a la práctica del aborto como figura en la ley», preocupada por la figura de la «objeción de conciencia» que contiene el proyecto.

 Foto de portada Victoria Guesaldi

Foto Mailén Britos

En 2018, en medio del acalorado debate por el aborto, se hicieron visibles varias mujeres a las que denominaron “las pioneras” por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Se trata de feministas que hoy rondan entre los 70 y 90 años y que -muchísimo antes de la marea verde- militaban, divulgaban y discutían sobre el derecho al aborto.

Una de ellas es Martha Rosenberg, psicoanalista y co-fundadora de la Campaña nacional por el aborto Legal, Seguro y Gratuito, quien que acaba de publicar su libro: “Del aborto y otras interrupciones. Mujeres–Psicoanálisis-Política”, editado por Milena Caserola. Un libro de más de 500 páginas con contratapa de la escritora Claudia Piñeiro que es de esos imprescindibles para tener en la biblioteca. Un día después del envío al Congreso del proyecto para legalizar y despenalizar el aborto por parte del Poder Ejecutivo, Martha Rosenberg dialogó con Nuestras Voces

—¿Cómo viviste el anuncio del proyecto?

—Fue muy conmovedor verlo así anunciado y sobre todo, más que en el texto, en la actitud de Alberto Fernández. Una actitud que transmitía bastante empatía. Todo estuvo precedido por una circulacions de rumores, todo el mundo sabía, nadie confirmaba. Era, por supuesto que esperado, pero no solamente desde ahora, esto lo espero hace muchos años. En ese sentido creo que es un momento de mucha gratificación porque yo siento que el anuncio fue un producto de muchos años de militancia. Y lograr que el presidente presente un proyecto de legalización del aborto es como un hecho muy esperado y al mismo tiempo reconocido como un logro. Fuimos nosotras las que pusimos el tema ahí. Nosotros llevamos el tema a la agenda parlamentaria con la presentación de nuestro proyecto ocho veces desde 2007. Y ahora siento que además, ahora lo llevamos a la agenda parlamentaria vía presidente, que no es poco.

—¿Qué opinás del contenido del proyecto?

—En términos generales tiene cosas muy parecidas a nuestro proyecto y tiene cosas muy distintas o notablemente distintas. Así que creo que requiere ser estudiado, lo estamos estudiando, desde luego.  Sobre todo el tema de la objeción de conciencia, que en nuestro proyecto no está incluída. Y es preocupante, porque es el punto en donde se apoyan todas las políticas contra el derecho al aborto, al menos en otros países.  La objeción de conciencia funciona como el lugar en donde se resiste a y se obstaculiza el acceso a la práctica que es la etapa que viene después de la legalización. Porque la pelea que sigue a la ley es cómo garantizamos el acceso a la práctica del aborto como figura en la ley. Pero eso es anticiparnos. Primero tenemos que esperar que se vote y se apruebe. 

—¿En dónde creés que se ubican las resistencias a la ley de Interrupción Legal del Embarazo?

—Creo que legalizar el aborto modifica una pauta social de nuestra sociedad, una especie de “soltar la mano” por parte del Estado del dominio de los cuerpos aptos para gestar. Esto sería histórico, porque implicaría una especie de declinación del poder del Estado sobre las mujeres que tienen a su cargo la reproducción social, no sólo la reproducción biológica, sino la reproducción social en general, como últimamente se ha visto visibilizado en nuestras agendas y los tópicos sobre cuidados. Y creo que estamos en una etapa del capitalismo en donde las mujeres dicen “yo no quiero reproducir el orden social”, tomamos conciencia de que es un orden de subordinación de las mujeres y otras identidades feminizadas. Entonces creo que las resistencias tienen que ver con el rechazo de esos cambios, aunque se expresen de muchas distintas maneras distintas según los espacios institucionales, económicos, culturales, sociales en general.  

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—El aborto sería liberarnos de ese mecanismo de dominación

—Sí, es como soltar la mano a un mecanismo de dominación que es como se impone la reproducción social por medio de los poderes de los gobiernos, del control de los cuerpos. Y en ese sentido las instituciones católicas, cristianas y evangélicas están respondiendo con gran fuerza en contra de los derechos de las mujeres, porque sostienen la forma en que se ha construido nuestras sociedades que es justamente sobre la base de ese dominio. Y aquí el asunto reproductivo es un tema que anuda todas esas formas subordinación de la vida sexual, amorosa, intelectual y política.  Entonces me parece que las resistencias que hay al tema de la legalización y descriminalización del aborto tienen que ver con los mecanismos que se ponen en juego ahí.  Esa es la inercia del sistema patriarcal, pero creo que hemos avanzado muchísimo, por ejemplo, en las cuestiones de derecho político o de derechos civiles qué hacen que sea posible en este momento una ampliación de derechos que lleve a sociedades más igualitarias.

—Uno de los lemas de este año con respecto a la campaña fue: “El aborto es urgente”

—Yo diría, «viene siendo urgente». La urgencia no es de hoy, la urgencia es desde hace décadas. El tema del aborto como problema de salud pública ha sido ninguneado, soslayado durante décadas. Y la urgencia es porque obviamente el síntoma de la prohibición, la clandestinización y la criminalización, es la alta cifra de mortalidad de mujeres por gestación. Actualmente los abortos son menos mortíferos que durante las tres décadas anteriores, en que fueron la primera causa única de mortalidad materna, es decir de muerte de mujeres en edad fértil sin que el Estado hiciera nada para remediarlo, sabiendo que la prohibición y la clandestinidad no detienen la práctica.  Y concretamente, en pandemia esta urgencia es mayor: mayor violencia contra las mujeres y personas trans, mayor dificultad para obtener métodos anticonceptivos, mayor dificultad para proyectar tener hijxs, mayor penuria económica para sostener la vida de las familias, mayor oportunidad para los abusos sexuales intrafamiliares. La pandemia suma urgencias. Espero que lxs parlamentarixs escuchen: Es urgente. Aborto legal 2020.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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