Militares argentinas: cada vez más mujeres visten el uniforme

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Entre 2010 y 2019 las mujeres se triplicaron en el Ejército, se multiplicaron por 5 en la Armada y por 6 en la Fuerza Aérea. La política de equidad de género ideada por Dora Barrancos hoy tiene resultados concretos y es referente dentro del Estado. El ministro Agustín Rossi reactivó el trabajo y presentó un libro sobre el tema. El debate pendiente acerca del uso de la fuerza por parte de las mujeres.

Laura Masson en la presentación del libro el pasado 24 de septiembre

Hace algunos días se presentó de manera virtual el libro “Militares Argentinas” editado por el sello de la Universidad de la Defensa Nacional. Se trata de un trabajo que pone de manifiesto las transformaciones durante más de una década en materia de género e igualdad en uno de los ámbitos más machistas, como lo son las Fuerzas Armadas. En más de 300 páginas el proyecto de investigación muestra numerosos avances, así como innumerables desafíos que aún quedan para transformar esta institución. De la presentación participaron el ministro de Defensa, Agustín Rossi, junto a la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gomez Alcorta. 

Hay un número impactante. Desde que en el año 2007 se creó el Consejo de Políticas de Género del ministerio de Defensa hasta hoy hubo un incremento de mujeres en las fuerzas. En el año 2010, las mujeres del Cuerpo Comando representaban el 2% del  total de efectivos en el Ejército Argentino, mientras que en el año 2019 ese porcentaje ascendía a 5,66%. En la Armada el número de mujeres es aún mayor. Pasó de un 2% incicial a un 9,41%. En la Fuerza Aérea, para los mismos años, los porcentajes son de 0,76 a 4,62%. Esto suma un total de 1,58% de mujeres militares en el Cuerpo Comando en el año 2010 contra un 6,65% en el 2019. El máximo grado alcanzado por una Oficial de Cuerpo Comando es el de Mayor (Ejército Argentino), Teniente de Navío (Armada) y Capitán (Fuerza Aérea). 

Nuestras Voces habló con Laura Masson, Directora de Políticas de Género de la Dirección Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario sobre el lugar que ocupa la mujer en las Fuerzas Armadas.

—Seis años antes de que el feminismo irrumpiera masivamente se creó la Dirección de políticas de género del ministerio de Defensa. ¿Cómo y por qué se tomó esta iniciativa?

—Fue una iniciativa de la ministra en ese momento de la primera ministra Mujer de Defensa de Argentina, Nilda Garré porque claramente esa era una preocupación de ella. En ese momento ella tenía mucho diálogo con Dora Barrancos, y Dora fue una de las personas que estuvo involucrada en el inicio de las políticas de género y las acompañó durante mucho tiempo. Es muy interesante también porque considero que la forma en que se implementaron las políticas de género en el ámbito de la defensa ha sido ejemplar dentro de lo que es el Estado argentino. Las políticas de género empezaron en el 2006 con la creación del Consejo de Políticas de Género en el ámbito de la defensa, que se mantiene hasta el día de hoy, que es un órgano asesor del ministro de Defensa y que está compuesto por mujeres militares, académicas que investigan el tema de género, expertas en temas de género, representantes de la sociedad civil y representantes de otros organismos del Estado vinculados con el tema, como por ejemplo, en este caso, el Ministerio de las Mujeres. Entonces, este fue el primer punto de partida. Después se creó también un observatorio de género y después se crearon las oficinas de género en el ámbito de las Fuerzas Armadas y la Dirección de Políticas de Género, que es el lugar que yo ocupo actualmente. ¿Y por qué digo que es ejemplar? Porque fue primero con un diagnóstico institucional. Si bien digamos que en los últimos cuatro años la política de género estuvo un poco estacionada, por decirlo de alguna manera, ahora con el ministro Rossi sin duda hay una decisión política que es la que permite avanzar. Sobre todo porque hay que pensar que en este momento no hay ningún tipo de restricción formal en las Fuerzas Armadas argentinas para la ocupación de distintos espacios o para el ingreso de mujeres. Pero lo que sí tenemos como tarea pendiente es la integración plena de las mujeres a las Fuerzas Armadas. Ese es un desafío. 

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—En el libro afirmás que las instituciones castrenses cambiaron y que creció el porcentaje de mujeres en las fuerzas armadas ¿Por qué creés que se dio este cambio?

—Sin duda las instituciones castrenses cambiaron y depende siempre del punto de vista porque para muchas de nosotras todavía es necesario seguir trabajando para que, como te decía anteriormente, haya una integración plena de las mujeres. Pero para muchas de muchos y muchas, sobretodo muchos de los integrantes de las Fuerzas Armadas, el tema de la integración de las mujeres es considerado un tema superado. Es imposible que no haya un cambio cultural profundo con el ingreso de las mujeres a las Fuerzas Armadas, porque profesionalmente la identidad profesional de los militares está muy superpuesta a la identidad masculina, con lo cual el ingreso de este cuerpo distinto a una institución tan basada en lo corporal, va a producir determinados movimientos. Hay que revisar las normas, la interacción cotidiana, los estándares de exigencia física y revisar qué se hace en función de la presencia de las mujeres, es decir, también se está revisando la propia profesión militar.  Lo que he visto es la necesidad de que la institución se ajuste a estas nuevas integrantes para poder convertirse en una institución mixta, lo que va a hacer es que los propios varones revisen las exigencias y sus propios derechos. Entonces, en ese sentido creo que es muy interesante, porque cuando las mujeres reclaman, por ejemplo, por el cuidado de sus hijos, también los varones dicen bueno, pero yo también tengo hijos, entonces yo también tengo derecho. Entonces se va haciendo a partir del ingreso de las mujeres, un reclamo de derechos que empieza a ser extensivo a todo el personal de las Fuerzas Armadas. Entonces, yo creo que es muy interesante el ingreso de mujeres, el ingreso y permanencia e integración de mujeres a las Fuerzas Armadas, porque de alguna forma permite la transformación de la institución con beneficios para todos sus integrantes. Y también creo que las Fuerzas Armadas de alguna forma necesitaban realizar esta transformación por motivos diversos, entre ellos por la propia historia de las Fuerzas Armadas en nuestro país, pero también porque las formas de la guerra y las funciones de las Fuerzas Armadas han cambiado y en muchos casos se ponen en debate.  

—Siguiendo esto que planteás, la tarea de las fuerzas armadas está absolutamnte masculinizada no sólo literalmente sino desde lo conceptual. Hay algo en la concepción misma de la fuerza que podría ser hasta contradictorio con una concepción feminista. ¿Cómo se piensa la fuerza con esta trasnversalidad de género de la que hablás?

—Hay un debate pendiente acerca del uso de la fuerza por parte de las mujeres y el uso de la fuerza o violencia legítima. Primero hay como un sentido común que asocia de manera casi automática a las mujeres con la paz. Y si bien es verdad que las mujeres han trabajado por el mantenimiento de la paz no podemos hacer una asociación directa, o sea, no hay una cuestión biológica que pueda decir que las mujeres son más pacíficas. Y también porque el feminismo se ha constituido a partir de una causa, que es la causa por la defensa de los derechos de las mujeres, o sea que las mujeres son las víctimas del uso de la fuerza y no quienes la ejercerían. Con lo cual poner esto en debate pareciera que podría ir en contra de una causa feminista. Pero es un debate complejo. Son mujeres que van a ser entrenadas para hacer uso de la fuerza, inclusive en un caso extremo que sería de guerra, incluso podrían matar también.  

—¿Cuáles son las dificultades que enfrentan las mujeres en la carrera de las fuerzas armadas y cuáles son los desafíos a futuro?

—Yo creo que una vez abiertas todas las trabas formales e institucionales para el ingreso de las mujeres, uno de los desafíos es la permanencia y la integración. Y esto tiene que ver con el día a día y con la convivencia y creo que no son solo un problema de las mujeres militares, sino que es un problema para todas las mujeres en distintos espacios, de poder cambiar la forma en que se dan las relaciones, en los niveles de vínculos cotidianos con jefes, con compañeros, con compañeras y al mismo tiempo con la institución, porque la institución también tiene sus resistencias. Entonces yo te diría que uno de los mayores desafíos en este momento es el día a día de las mujeres en institución, el tener que estar en una conversación donde son todos varones y es la única mujer, y de escuchar cosas que de repente no la hacen sentir cómoda en tener que soportar algunas burlas, algunas humillaciones muy sutiles. Y esas esas cuestiones los varones no las perciben como agresiones o como hostigamiento, y ni siquiera las propias mujeres las perciben como tales, las llegan a percibir como tales después de un proceso de reflexión, porque tienden a naturalizar porque ellas ingresan a la institución y lo que quieren es hacer una buena carrera y lo que quieren es poder adaptarse. O sea, hay como una inversión muy grande en poder ser parte de la institución y eso todo el tiempo está siendo socavado. Creo que el desafío tiene que ver con con la formación, con la capacitación, con continuar con las políticas, con profundizarlas, con poder aceitar los mecanismos institucionales, corregirlos y profundizarlos.  

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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