Mujeres policías se niegan a reprimir en el nuevo paro de mujeres

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La Red de Mujeres Policías une a fuerzas de todo el país. Antes del paro de mujeres emitieron un comunicado en el que aseguran que no están dispuestas a reprimir en esa protesta: «No es un delito manifestar por la seguridad y la erradicación de la violencia contra nosotras». El grupo está conformado por mujeres de distintas fuerzas de seguridad que intentan ponerle un freno a los abusos y violaciones en sus lugares de trabajo y conquistar los derechos que les niegan. 

El germen de los espacios colectivos suelen ser, en la mayoría, producto de alguna historia personal. En general esa lucha comienza de forma solitaria, con más escollos que caminos allanados, más dudas que certezas. Pero siempre esa historia personal, que parece aislada, se choca con otras historias similares: allí es cuando se produce ese click en el que todas comprenden que luchar en colectivo siempre es mejor que luchar solo. Ese es el caso de la Red de Mujeres Policías, un grupo de mujeres de distintas fuerzas de seguridad de todo el país, a las que de alguna manera, el movimiento feminista también comenzó a interpelarlas y que se juntaron para empezar a interpelar ese statu quo machista, patriarcal y sobre todo, violento dentro de las fuerzas de seguridad.

Como colectivo se formó hace algunos años pero que comenzó a institucionalizarse y a hacerse público hace poco. Sacaron un comunicado a principios de 2019, en vísperas del próximo paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo. Y lo llamativo es que allí expresan, explícitamente, que no están dispuestas a reprimir, como suele ocurrir, en esas manifestaciones. Vale la pena leer el comunicado de principio a fin:

“En representación  de las mujeres policías que estamos trabajando en Red para frenar los abusos y violaciones a nosotras dentro de la Institución. Queremos dejar claro dos puntos que serán parte de nuestro documento a presentar ante el Ministerio de Seguridad Nación. Ante el debate abierto entre el Movimiento Feminista y la situación de las Mujeres policías proponemos, en principio, que no se nos envíe a Marchas de Mujeres porque no es un delito manifestar por la seguridad y la erradicación de la violencia contra nosotras. Creemos que no debe enviarse ni a policías hombres ni a mujeres porque pedir por el cese de la violencia, repetimos, no es delito y no tenemos que estar allí. Y si estamos será para levantar el cartel NI UNA MENOS acompañando, jamás reprimiendo. Estamos totalmente en contra de la represión a Organizaciones de Mujeres Feministas que ante cualquier hecho de violencia siempre estaremos del lado de las mujeres que han sido reprimidas.

No todas somos policías por vocación, algunas lo somos por circunstancias, otras por la pobreza, otras porque hemos accedido como profesionales psicólogas, sociólogas que estamos impulsando entre todas esta red. Somos Trabajadoras, nuestro lugar no es el de reprimir, sino el de capacitarnos y promover, como mujeres, una mayor perspectiva de género en las Fuerzas de seguridad”.

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De lo individual al colectivo

Era el año 2016 y Gabriela Macías se había recibido de licenciada en nutrición en Rosario. Quería volver a su provincia natal, Santa Cruz, en busca de trabajo. Los primeros impactos de la crisis económica la llevaron a dejar su currículum por todos lados, incluso, en la policía, lugar en el que trabaja gran parte de su familia. Esperaba que la llamaran de cualquier otro lado, menos del que la terminaron llamando: la policía. Como ella era profesional de la salud, creyó que entrar a la fuerza sería igual que entrar a cualquier otro espacio laboral. El primer baldazo de agua fría lo sintió apenas entró, cuando dejó de ser Gabriela y pasó a ser Oficial General Macías. No importaba que ella estuviera en el sector de bienestar social de la policía de Santa Cruz y su título universitario fuera de algo lejano a una nomenclatura policial. Unos meses después de su ingreso, Gabriela vivió una situación traumática con su entonces pareja y fue víctima de violencia de género en su propio hogar. Después de un tiempo, tomó coraje y fue a la policía—es decir a su propio trabajo— a denunciarlo. Creía que, al ser ella parte de la fuerza, iban a acompañarla y protegerla. “Mi ex pareja era político, entonces cuando yo voy a hacer la denuncia, en principio, no me creen. Vuelvo a ir una segunda vez y ahí me dicen que la única manera de que me tomen la denuncia era que me revisara un médico. Ahí me hacen desnudarme frente a cinco policías varones”, relata aún con resabios de dolor, a Nuestras Voces.

Este fue el primer choque que tuvo Gabriela al darse cuenta qué implicaba ser mujer dentro de la fuerza. En principio, que no le creyeran. En segundo lugar, desnudarse frente a cuatro varones para que ellos determinaran si efectivamente su relato era verdad.

“Después de ese episodio empiezo un camino judicial y hago pública esta situación, y ahí empezó el verdadero tormento que fue que se me abriera un sumario, es decir, que desde las fuerzas querían expulsarme”.  El episodio ocurrió en reiteradas veces. La policía estaba empeñada en echarla, ella en hacer valer sus derechos como mujer y como trabajadora. Y sobre todo, y aún sin darse cuenta, Gabriela empezaba a destapar una olla dentro de la policía que luego la convertiría en una referente entre muchas mujeres. Porque lo que empezó a notar es que la violencia hacia las mujeres no era solo el abandono a la hora de la denuncia. A nivel laboral, las mujeres dentro de las fuerzas de seguridad son ninguneadas en todo sentido.

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“Tenemos una gran cantidad de mujeres que entran porque no consiguen trabajo, esto es lo que llamamos la feminización de la fuerza por una cuestión de pobreza. Las mujeres se anotan porque necesitan trabajar. Y esto es algo de lo que no se habla. A nosotras no nos ascienden, no se nos abren lugares para los concursos, no se contemplan las licencias por maternidad, hay compañeras con cinco o seis meses de embarazo que las mandan a lugares de riesgo y eso hace que pierdan el bebé con un aborto instantáneo”.

Lo que termina pasando, en definitiva, es la sumisión de las mujeres dentro de las fuerzas. Saben que denunciar una irregularidad hace que se les abran automáticamente “sumarios psiquiátricos” lo que las condena a perder su puesto de trabajo. Entonces, mejor callar.

Pero la revolución feminista, que ya penetra en los lugares más anquilosados, lo hizo también en una de las instituciones más constitutivamente machistas y patriarcales como lo es la policía. Cuando Gabriela hizo público su caso fueron los movimientos feministas los que se acercaron a ella, la ayudaron y la acompañaron. “Fue gracias a las organizaciones feministas, que incluso hicieron escraches a mi abusador, hicieron marchas por esto, que yo me empecé a considerar feminista. Porque fue gracias a ellas y a las repercusión que generó mi caso, que fui la primera en denunciar desde adentro los abusos de la policía, que yo volví a mi puesto de trabajo. Es una batalla que yo gané”.

Cuando Gabriela volvió a su puesto de trabajo después de varios meses de proezas judiciales y mediáticas otras mujeres se le acercaron. “Fue impresionante, todas habían tenido alguna experiencia- Ahí me di cuenta de que no estaba sola”.

Así fue como se gestó la “Red de Mujeres Policías” con perspectiva de género, con un enorme desafío por delante: dar batalla en uno de los lugares más machistas, violentos y masculinizados.

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Concretamente, uno de los principales objetivos que tienen es el de modificar el reglamento de la policía federal que data de 1971 y que, básicamente, es el que se aplica en todas las provincias. Un reglamento obsoleto en todo sentido, aunque en el caso de las mujeres es aún peor. Si bien las primeras mujeres en la policía federal datan de esa década, eran muy pocas y no se las tuvo en cuenta a la hora de pergeñar las reglas de trabajo. “Ni siquiera nos nombra—explica Gabriela—, no contempla nuestras necesidades, ya sea sentirnos mal por la menstruación, por haber pasado un aborto, períodos de lactancia. Y ni hablar de acosos o abusos dentro de la propia fuerza”. Es por eso que están elaborando un proyecto de ley de la policía federal con perspectiva de género que presentarán a un nutrido grupo de diputados y senadores, entre los que se encuentra la ex ministra de seguridad, Nilda Garré.

Sofía Duarte, trabajadora del ministerio de Seguridad en el área de género y además, delegada de ATE, explica a esta portal que “las normativas y las resoluciones de género nacen con la creación del propio ministerio en el año 2011. Allí se crean los centros integrales de género dentro de las cuatro fuerzas federales que son policía federal, gendarmería nacional, policía de seguridad aeroportuaria y policía naval”.

Estos centros interdisciplinarios tienen dos funciones. La primera es la de tramitar y bregar por la protección de las mujeres de la fuerza en materia de abusos, acoso, esto es: un seguimiento administrativo y judicial. Por otro lado, se encarga de pelear por la equidad de las mujeres adentro de las fuerzas. Que se cumplan las licencias por maternidad, adecuación de trato por cambio de identidad de género, por ejemplo.

“Hay muchas provincias que se adhieren a estos protocolos y muchas que no, o sea, esto tiene que ver sin dudas con la voluntad política de que estas cosas empiecen a cambiar”, concluye.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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