Ni una jubilada menos

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Una movilización sindical feminista reclamó por el derecho de las amas de casa a jubilarse. El gobierno eliminó ese derecho y luego lanzó un proyecto de tinte electoral que deja a muchísimas mujeres afuera del beneficio: en lugar de ser universal, pone topes a los años sin aportes y limita la edad de las mujeres que pueden acceder.

Por primera vez en muchos años ¿o en décadas? el escenario de un acto sindical estuvo copado exclusivamente por mujeres. No es un dato anecdótico: es un signo de los tiempos. Las mujeres sindicalistas en unidad se pusieron al hombro la lucha por el fin de las moratorias previsionales, más conocida como las jubilaciones para las amas de casa, que vencía el próximo 23 de julio y que el Gobierno, en una medida proselitista, pretendió prorrogar. Pero lejos de solucionar el problema, dejó en evidencia que le interesan los anuncios pero no le interesan ni las mujeres, ni las jubiladas, ni las políticas públicas que igualan derechos. En otra demostración de marketing electoral, el Gobierno presentó un proyecto que dejará a 500.000 mujeres de 55 a 59 años sin la posibilidad de jubilarse

En la puerta del ANSES, en Córdoba y Esmeralda, pleno microcentro porteño, cientos de mujeres trabajadoras y jubiladas se unieron en un grito: Ni una Jubilada menos. La marcha, que estaba prevista antes de que el Gobierno prorrogara la medida que terminaba con las jubilaciones para amas de casa a fin de mes, sirvió para dejar en evidencia que las mujeres sindicalistas organizadas son, sin dudas, quienes reflejan la mayor unidad del movimiento obrero organizado. 

Desde el escenario y con una bandera con la consigna “Ni Una Jubilada Menos, Trabajadoras somos todas”, Claudia Lazzaro—secretaria de Derechos Humanos del gremio de Curtidores— y Mónica Ameneiros— secretaria de igualdad de género de la Asociación del Personal Aeronáutico—arengaron desde los micrófonos a las mujeres que levantaban sus banderas al grito de “unidad de las trabajadoras”. Había referentes y referentas de todas las centrales obreras: de la CGT, de la Corriente Federal de los Trabajadores, de la CTA de los Trabajadores, la CTA Autónoma, Barrios de Pie, la CCC, CTEP y CNCT. Desde los micrófonos y con toda la mística que conlleva un acto sindical que incluye bombos y papelitos, hablaron la diputada nacional Luana Volnovich—quien presentó en el Congreso el “Plan de Inclusión Previsional Argentino”—;  Nelba Salazar dirigente del movimiento independiente de Jubilados y pensionados; Ana Lemos secretaria del interior del gremio de Ladrilleros; Norma Morales de barrios de Pie; Olivia Ruiz de la CTA Autónoma; Jacki Flores de la CTEP, Estela Díaz secretaria de género de la CTA y Soledad Alonso, secretaria de prensa del Secasfpi, sindicato del ANSES.

Un castigo patriarcal

La Ley nacional de Moratoria se sancionó en 1995 pero recién la implementó el Presidente Néstor Kirchner en 2006. Esto implicaba que las mujeres que tenían 60 años (y los hombres a 65) y no llegaban a tener los 30 años de servicios con aportes pudieran completar los años de aporte con un sistema de planes de pago muy accesible. Con el mecanismo se incluyeron al régimen previsional a alrededor de 4 millones de personas en todo el país, según el ANSES.

Jubilados modelo Cambiemos: cada vez más pobres y con menos remedios

El gobierno de Macri sancionó la ley de “reparación histórica”–26.970– que permite incluir deudas por servicios hasta diciembre de 2003 y es para las mujeres que cumplen 60 años entre el 23 de julio de 2016 y el mismo día de 2019.

“La moratoria es la decisión política de reconocer a la jubilación como un derecho, es decir, reconocer al trabajo más allá de los aportes o no. Porque la persona que trabajó, independientemente de la regularidad o no, hizo un aporte a la sociedad con su trabajo. En ese sentido, es fundamental para las amas de casa y es un reconocimiento al empleo doméstico porque, valga la redundancia, se les reconoce el trabajo para reproducir la fuerza de trabajo”, explica a Eva Sacco, economista y parte del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) una “consultora que divulga la economía entre los sectores populares”, según definió Tiempo Argentino.

Las mujeres tienen una doble jornada laboral (se estima según el INDEC que destinan 6 horas promedio por día a tareas domésticas), pero solo perciben ingresos por una jornada, que tiene –por otro lado– menos horas que la de los varones y, por ende, se traduce en la percepción de ingresos menores.

Según explica Julia Strada en un artículo publicado en CEPA, “existe una división entre actividades ‘feminizadas’ y actividades ‘masculinizadas’, donde las primeras perciben menores ingresos. Según datos de la  Encuesta Permanente de Hogares, el 62% de las inserciones laborales asociadas al cuidado están ocupadas por mujeres, mientras que sólo el porcentaje restante, el 38%, ocupan a los hombres. Como contracara: el 94% de las ocupaciones no asociadas al cuidado las realizan hombres y solo el 4% mujeres. Esto espeja la división de tareas en el hogar: la atención de la salud, la educación, la realización de servicios sociales y el trabajo doméstico son, bajo la óptica patriarcal, tareas asignadas a las mujeres”. Y agrega que otro elemento clave refiere a la mayor tasa de no registración en las mujeres, que supera en 5 puntos a la de los varones. “Hay 36,4% de mujeres con empleo no registrado y 31,9% de hombres con empleo no registrado”.

La trampa

Si bien el Gobierno prorrogó por tres años la moratoria previsional para las mujeres a través de la Resolución 158/2019 de ANSES, en lo que hay que poner el foco es en que esta medida no es universal, ya que no incluyó la prórroga de la fecha de corte que continúa en el año 2003. Esta fecha es la que limita temporalmente la posibilidad de declarar deuda por aportes, es decir, el límite para “completar” años.

En definitiva, la extensión por tres años a través de la Resolución 158/2019, le exige a una persona de 60 años contar con al menos 4 años de aportes desde 2003 ya que limita la compensación de años a 26.

Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) indica que según los datos oficiales de INDEC, en toda la Argentina, a fin de 2018 se estiman 1.076.028 mujeres entre 55 y 59 años que estarían cerca de cumplir con la edad para jubilarse en los próximos años. Pero de todas ellas sólo el 55% (588.248) tienen aportes, mientras que el restante 45% no ha realizado aportes.

Del 55% que tiene aportes, sólo 113.231 superan los 20 años aportados. Es decir, solamente el 10,5% de las mujeres presenta condiciones relativamente cercanas a la posibilidad de jubilarse. En efecto, no todas las mujeres con aportes de más de 20 años llegarían a los 30 años de aportes. Cabe señalar que la información que publica ANSES no establece una segmentación más precisa respecto de la franja de aportes entre 20 y 30 años.

Pero ni la prórroga del 2016 (al sancionarse la Ley de Reparación Histórica) ni la nuevaprórroga reciente han considerado esta situación, porque dejaron inalterada la fecha de corte en 2003, acotando sucesivamente los años computables en la moratoria. Estas decisiones no fueron aleatorias. De hecho, desde la asunción en 2015, Cambiemos condicionó el acceso a las moratorias: dejó caer la moratoria previsional para hombres y creó la Pensión Universal para Adultos Mayores, PUAM. Esta pensión se implementó a través de la ley de Reparación Histórica, que incluyó un apartado al respecto. Otorgar pensiones y abandonar una política de acceso a la jubilación era el objetivo originario de las modificaciones de 2016. Para aquellas “amas de casa” desde el gobierno argumentan que corresponde el cobro de una pensión.

Sin embargo, para acceder a la PUAM se requerían (y se requieren 65 años), lo cualempalmaba con la edad jubilatoria de varones, pero dejaba un espacio de 5 años entre la edad jubilatoria de las mujeres a los 60 y el acceso a la pensión.

Una vez más, el Gobierno tira por la borda una de las medidas más feministas de las últimas décadas: la de reconocer económicamente a quienes laburaron toda su vida dentro de sus casas criando hijos, cuidando abuelos, limpiando, planchando, cocinando. Lo que llaman amor, es trabajo no remuenerado. Y las moratorias previsionales eran la única política pública que paliaba la desigualdad más tangible entre varones y mujeres: la brecha salarial, en definitiva, la independencia económica de miles de mujeres. 

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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