También faltan mujeres empresarias

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La economía real también es manejada por hombres. Solo 2 de cada 10 empresas tienen a mujeres al frente, según un relevamiento de OIT y ONU Mujeres sobre pequeñas, medianas y grandes empresas argentinas. La dificultad para ascender en corporaciones y la cultura empresarial machista juegan en contra, pese a que en nuestro país más mujeres que hombres terminan el secundario y la universidad. El cuidado de familiares y las tareas domésticas son los mayores frenos a la carrera profesional.

Fotos: Joaquín Salguero

Mucho se habla de mujeres que no llegan a ocupar espacios de poder en el ámbito político, en los sindicatos y en la justicia. Las fotos de las cúpulas hegemonizadas por los varones horrorizan a muchas: no porque haya una vara biologicista, sino porque no reflejan la realidad. Sin embargo, hay un ámbito que se habla poco y nada y tiene que ver con las mujeres en espacios claves del mundo de las empresas y las finanzas. Allí también las fotos de las cámaras empresarias o de los directorios de empresas y bancos están hegemonizados por varones. Por caso, un informe realizado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y ONU Mujeres al que tuvo acceso Nuestras Voces refleja algunos datos interesantes en esta temática. 

Según el trabajo que contó un relevamiento a 316 pequeñas, medianas y grandes empresas radicadas en el país —tanto nacionales como multinacionales—, el 57,8 % de las empresas argentinas cuenta con participación femenina en su propiedad pero solo  2 de cada 10 de empresas cuentan con mujeres que ejercen la función de CEO.

“Si bien existen casos de discriminación directa, son muchos los factores que operan para que sean pocas las mujeres que ascienden en la escalera corporativa. Los estereotipos en torno al estilo de liderazgo y a las prioridades que varones y mujeres le asignan a lo laboral, se combinan con las pocas facilidades que las organizaciones ofrecen a quienes están a cargo del cuidado de personas. A su vez, en muchos casos la cultura empresarial —en particular en los escalafones más altos— suele estar asociada a dinámicas que pueden resultar expulsivas para muchas mujeres”, sostiene el informe.

Es curioso que las mujeres argentinas presentan mayores niveles de capacitación que los varones y tienen tasas levemente superiores de graduación de la educación secundaria y, además, constituyen el 60 % de los graduados universitarios. “No obstante, existe una creciente preocupación, debido a que el mejor rendimiento académico femenino no se traduce en una participación siquiera equivalente en el mercado laboral. Distintas fuentes coinciden en que ello es consecuencia de la carga que implica la distribución asimétrica del trabajo doméstico y de cuidado. De hecho, en la población mayor de 14 años que no trabaja, el mayor motivo esgrimido por las mujeres (aparte de las jubilaciones) es el dedicarse a las tareas del hogar”.

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En ese sentido, Claudia Neira —actual candidata a legisladora porteña— pero con un cargo en el Directorio del Banco Ciudad por la oposición, analizó que “lo que ocurre con las mujeres en general tiene que ver con la cantidad de horas que dedicamos a las tareas de cuidado. Incluso a las mujeres que pueden tener ayuda con trabajo doméstico o cuidado de los niños siempre hay una mayor dedicación en la logística general de la casa que no hacen los varones. Muchas veces las empresarias dicen que los mejores negocios se hacen en el partido de fútbol o del golf y mientras tanto nosotras estamos con los pibes o tareas de cuidado en el hogar. Ese es un tema que es crucial. También hay dificultades para que las mujeres saquen créditos porque tenemos menos posibilidades. Al tener menos acceso al trabajo registrado o menos propiedades, por ejemplo, que son algunos requisitos para poder acceder a esto, también dificulta a la hora de poder tener empresas propias. Somos menos las que tenemos acceso al crédito”. 

Participación de las mujeres en las empresas

De acuerdo con datos del INDEC, el 43,2 % de la población asalariada es femenina. No obstante, las respuestas a la encuesta muestran la heterogeneidad de situaciones en cuanto a la participación de las mujeres en las empresas analizadas.

En más del 25 % de las firmas encuestadas las mujeres no alcanzan a ser el 30 % de los empleados. En contraste, solo un 11 % de las firmas presenta una participación femenina superior al 60 % del total de sus trabajadores. 

En cuanto a la representación femenina en las jerarquías de las organizaciones, se observa que, aunque está bastante equilibrada en los escalafones inferiores y medios, se reduce paulatinamente a medida que se aproximan a los escalafones más altos. el 31,6 % de los puestos de dirección y el 29 % de las jefaturas. En más de la mitad de las juntas directivas la participación femenina no supera el 30 %. Los resultados de la encuesta sugieren, además, que cuanto más grande es la firma resulta menos probable que sea liderada por una mujer. 

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Los datos expuestos muestran que, aunque están insertas en las empresas y logran acceder a cargos jerárquicos, las mujeres encuentran dificultades para posicionarse en los escalafones más altos. Asimismo, la cultura empresarial, naturalmente, no está exenta de los estereotipos sociales. Es más, los reproduce en sus políticas el suponer que el progreso empresarial de las mujeres estará sujeto a lo que consideran es su principal prioridad (su familia, e incluso su supuesta futura familia. En muchos casos, son dejadas por fuera de los espacios de confraternización formales entre colegas (por ejemplo, conferencias internacionales a las que no son invitadas porque se supone que tendrán que cumplir tareas de cuidado) e incluso informales (como las actividades deportivas), lo que las aleja de muchas oportunidades de crecimiento dentro de la organización. Los estereotipos también operan fuertemente en la concepción que las áreas de selección de personal tienen sobre el estilo de liderazgo y la iniciativa personal. Estos estereotipos se entrecruzan con la falta de espacios de trabajo que ofrezcan horarios flexibles o licencias parentales (para madres y padres).

Sin embargo, es indispensable también entender qué tipo de mujeres llegar a los lugares de poder en las empresas. En su libro “La revolución de las mujeres no era solo una píldora” la periodista especializada en género Luciana Peker desliza una frase lleva a la reflexión. Dice: “No son lo mismo todas las mujeres. No son lo mismo todos los feminismos. El feminismo blanco brega por CEOs o altas ejecutivas como líderes inspiradoras de un sueño americano de heroínas que ejemplifiquen que ‘sí se puede’ y abulten cuentas bancarias en el sistema económico que no se cuestiona, sino que se conquista a taconazos en alza”. 

En ese sentido, por primera vez, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) incorporó el año pasado al estatuto de la entidad el sector de mujeres, un espacio que viene trabajando hace diez años pero que recién se institucionalizó como parte de la comisión directiva. Beatriz Tourn—empresaria chaqueña— es la flamante Presidenta de mujeres CAME y en diálogo con Nuestras Voces reflexionó sobre el lugar de las mujeres en el mundo empresarial: “ En estos últimos tres años hay una apertura y un cambio absolutamente abismal. La mujer se está visibilizando y demostrando que es absolutamente competitiva, idónea. Nos pusimos como propósito en esta gestión que nos toca promover que las mujeres accedan a los altos cargos directivos. En todo el país tenemos a más de 2000 mujeres vinculadas a las cámaras, ese es nuestro objetivo. Esta es una oportunidad histórica que tenemos las mujeres”. 

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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