Trabajadoras del peaje vs. machirulos sobre ruedas

Compartir

Como en (casi) todos los trabajos, en los peajes ser mujer también es más riesgoso que ser varón. Las trabajadoras del peaje se acuerdan las veces que les dieron billetes con semen, les gritaron putas, chupapijas, malcogidas, cuando aprovecharon para acariciarles la mano en el momento en que les pagaban o cuando las incitaron a ver el miembro del conductor desde la cabina. Pero también recuerdan las veces que salvaron a mujeres que les pedían ayuda por la ventanilla y hasta asistieron algún parto en medio de la autopista. 

Todas lo recuerdan perfecto aunque hayan pasado ya varios años. Jesica era cajera en el peaje de AUBASA—Autopista Buenos Aires—. La tarifa aún era de $1,90 y en aquella época se pagaba con monedas. Un hombre frenó en su cabina y Jesica estiró su mano, como lo hacía siempre, para cobrar. Pero el hombre en vez de darle las monedas las tiró al piso. Jesica no se inmutó. Seguía con su mano extendida: no iba a seguirle el juego y salir de la cabina para levantar las monedas, que era la humillación a la que la quería someter este señor que iba con su mujer y su hijo en el vehículo. Pero el hombre redobló la apuesta y empezó a insultarla, le decía que le abriera la barrera, que él ya le había pagado, que ella no sabía con quién se estaba metiendo. Pero Jésica le repetía que las monedas no estaban en su mano y que no podía dejarlo pasar. La discusión se tornó acalorada y el hombre sacó un billete. Pero cuando lo puso sobre la mano de Jésica, la agarró bien fuerte y arrancó el auto. Jésica salió disparada por la ventana de la cabina. Aún recuerda el golpe y los moretones.

Noelia también era cajera en la autopista del oeste. El costo del peaje había aumentado y en la hora pico llegaba a un precio exorbitante (como ahora). Una Traffic se frenó. Cuando Noelia le dijo cuánto tenía que pagar el hombre se negó. Ella volvió a decirle que el aumento no era decisión de ella, una simple trabajadora. Pero el hombre se negó a pagar y le insistió para que le abriera la barrera. La insistencia terminó en un golpe de puño cerrado sobre la ventanilla lo que hizo que Noelia se asustara y le propinara todo tipo de insultos. En ese trajín, un joven de 30 años salió del asiento de atrás del auto y se metió literalmente en su cabina con la intención de pegarle. Por los reflejos Noelia logró interponer en el mínimo cubículo una silla y refugiarse para que no la cagara literalmente a trompadas. El policía y el supervisor que merodeaban la zona lograron ver la escena y sacar al hombre.

Abortar el machismo de los medios

Jésica, Noelia, Leandra, Adriana, Anabela, Marina y Evelyn son trabajadoras del peaje y se acuerdan las veces que les dieron billetes con semen, cuando les gritaron putas, chupapijas, malcogidas por algún aumento en el peaje. Cuando aprovecharon para acariciarles la mano en el momento en que les propinaron billetes o monedas o cuando las incitan a ver su miembro desde arriba o alguna situación sexual in situ. También saben que hay que cerrar la ventanilla cuando se acerca un micro escolar porque la cantidad de chicles, botellas o escupitajos son moneda corriente. Pero también recuerdan las veces que salvaron a mujeres que les pedían ayuda por la ventanilla, o cuando asistieron a un parto en medio de la autopista. En los pocos segundos que puede durar la transacción de dinero entre un trabajador del peaje y un usuario en su vehículo ocurren mundos enteros. Y como en (casi) todos los trabajos, ser mujer siempre es más riesgoso que ser varón.

Cuando estas mujeres empezaron en el mundo de las cabinas y las autopistas, algunas hace más de veinte años y el Sindicato Único de Trabajadores del Peaje y Afines—SUTPA—no existía, la empresa siempre fallaba a favor del usuario. No importaban las piñas, las discusiones, las humillaciones. Por lo tanto, quedarse calladas, era la única alternativa. Pero impulsadas por su tarea dentro del gremio que conduce Facundo Moyano y, sobre todo, por su propio empoderamiento las cosas están cambiando. Y ellas ya no son las mismas.

Conquistas y desafíos

Era el año 2015 y Betina, una trabajadora de la autopista del Oeste, se acercó a Anabela Aldanondo —la secretaria de la mujer del sindicato— y le dijo sin rodeos que quería ingresar al sector de auxilio. Hasta ese momento, a ninguna mujer se le tenía permitido entrar allí por un simple y único motivo: ser mujer. El trabajo de manejar camionetas de auxilio, poner conos en velocidad, ayudar a un auto volcado, era hasta ese entonces, actividades que solo los varones podían.  El único requisito que ponía la empresa para ocupar un puesto en este sector era ser bombero. Y Betina estaba estudiando para eso.

Anabela la escuchó con atención y recordó cuando en el año 2006 ella trabajaba como administrativa en Ausur —Autopista del Sur— y había quedado embarazada. Cuando volvió de la licencia sus jefes le dijeron que consideraban que no podía seguir trabajando, que con su bebé la prioridad ahora era otra, que iba a empezar a faltar. Sin eufemismos la estaban echando. Anabela era una empleada ejemplar y no podía creer que la estuvieran despidiendo por haber sido madre. No lo iba a permitir. Se plantó como nunca en su vida y logró revertir, en parte, la situación. Frenó su despido pero a costa de pasar a otra área en la que le pagaban menos. Por eso, cuando arrancó el sindicato hizo un click: no dudó en afiliarse y en entender que era la única salida para mejorar las cosas. No quería que otra mujer pasara por la misma situación que ella. Así que cuando escuchó los argumentos de Betina para ingresar a un sector que a las mujeres se les tenía vedado tampoco lo dudó.

Así fue como unos meses después Anabela, en representación del sindicato, se sentó con el encargado de personal de la autopista y le planteó la necesidad de incorporar a una mujer. “La primera reacción fue de resistencia —rememora–. Me decían que era un problema, porque iban a tener que hacer un baño para mujeres, que los compañeros se iban a resistir. Yo fui muy clara. Le dije ´esto lo vamos a hacer, de a poco, llevará su tiempo, pero no es una opción, la compañera va a ingresar porque está tanto o más capacitada que muchos varones´» . Así fue como Betina ingresó en el año 2015 al área de auxilio y marcó un antecedente para el resto.

Ofelia: una rebelde con causa

La segunda fue Jésica, que hace dos años trabaja en ese sector en la autopista Hudson. “Al principio fue muy difícil. Me costó mucho que me acepten en el arranque”, explica Jésica a Nuestras Voces. “Me tuvieron que tener paciencia, era una actividad que yo no había practicado y muchos compañeros no querían saber nada con que una mujer hiciera ese trabajo. También tuve que demostrar mis capacidades seguramente más que el que le hubieran exigido a un varón. Pero por suerte este cambio cultural que venimos protagonizando las mujeres y con el apoyo del sindicato ya hace dos años que sigo en este lugar que realmente me encanta. Hoy ya somos tres mujeres y tenemos nuestro baño, nuestro vestuario”.

Otro factor que siempre es importante remarcar el cual genera resistencia de los varones, es que son estos trabajos los mejores pagos en la escala salarial. Las mujeres siempre están destinadas a ocupar los eslabones más bajos de la cadena y eso hace que se genere la la brecha salarial.

La revolución adentro del sindicato

Hasta el año 2006 los trabajadores y trabajadoras del peaje estaban enmarcados en un gremio afín a la construcción. Pero en ese año Facundo Moyano creó —no sin que esto le trajera coletazos hacia afuera e incluso hacia adentro de su propia familia— el Sutpa: un sindicato abocado exclusivamente a quienes ejercen la labor en todo lo relacionado al peaje. Leandra trabaja hace once años y entró a trabajar en la cabina con un contrato precarizado. “Yo fui de la primera camada que ingresó a planta permanente gracias a la lucha sindical. Y esto implicó que dejemos de hacer horas extras, que tengamos más tiempo para el descanso, antes nos daban 20 minutos para ir al baño y solo la distancia entre la cabina y el baño ya nos comía todo el tiempo. Y esto sin duda nos empoderó como mujeres también porque tenemos salarios que nos permiten tener una independencia. En mi caso me permitió realizar un tratamiento para poder quedar embarazada”.

Lo cierto es que como cualquier sindicato relativamente nuevo, sumado a que su conductor ronda los 30 años, hay muchos “vicios sindicales” que no se contemplan. El propio Facundo—que dejó la conducción del sindicato por su cargo como diputado nacional—impulsó por estatuto que los mandatos de los secretarios generales puedan durar a lo sumo dos períodos. Y a esto también se le sumó el lugar que tienen las mujeres en el sindicato, que en cuanto a la cantidad, no sólo supera el cupo del 30 por ciento que establece la ley, sino que la secretaria adjunta es una mujer. “En este sindicato las mujeres ocupamos lugares de poder y decisión y sobre todo impulsamos a que sigamos conquistando espacios que no se nos tenían permitidos. Por ejemplo en los peajes del interior hace poco que ingresaron mujeres incluso a los sectores de las cabinas y el objetivo es que podamos estar en las secciones de mecánica que hasta ahora no hay mujeres”, cuenta Marina Esquivel, la mujer que tiene más poder en el gremio.

Es que la revolución de las trabajadoras del peaje comenzó. Y claro que no las para nadie.

Comentarios

Comentarios

Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

Hacé tu anotación Sin anotaciones
Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 07/12/2019 - Todos los derechos reservados
Contacto