Una racha feminista en el casino de Mar del Plata

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El casino de Mar del Plata es un bastión machista que las mujeres están cambiando. En los `90 la primera camada de pagadoras femeninas tenía que soportar a compañeros de trabajo en calzoncillos mirando películas porno en el cuarto de empleados. En el salón de juego el problema eran los jugadores, que las insultaban libremente cuando perdían (“malcogida” era el preferido) o las acosaban cuando ganaban. Hoy ellas pelean por los ascensos y conquistaron el trato digno.

Fotos: Gobierno de la Provincia.

Era el año 1998 y Viviana, de 18 años recién cumplidos, era parte de las primeras camadas de unas pocas mujeres que ingresaban por primera vez en la historia a trabajar al Casino de Mar del Plata. Después de algunas horas en su puesto de trabajo, como pagadora de ruleta, fue al cuarto de descanso: un espacio de relajo para los trabajadores en medio del trajín cotidiano. Apenas entró oyó unos gemidos sexuales. Eran más fuertes a medida que se acercaba al televisor. No lo podía creer: los trabajadores varones —en su mayoría mayores— estaba mirando una película pornográfica. Algunos, incluso, en ropa interior. Ni se inmutaron. Esa fue la bienvenida de Viviana y sus compañeras a su lugar de trabajo, uno de los sectores en donde aún hoy se vive el machismo en carne viva. Sabía que si quería sobrevivir en el mundo del juego tenía que dar batalla.

De los infinitos atractivos que existen en La Feliz, uno de los emblemáticos es el casino, inaugurado en 1938, en manos privadas. Se trata de la sala de juego más grande del país. En 1943 a través de un decreto del presidente Farrell, impulsado por su secretario de Trabajo Juan Domingo Perón, el Estado expropió el Casino y comenzó a administrarlo. El 20 de diciembre de 1944 se abrieron las puertas de la casa del juego como atractivo turístico. Y un año después se fundó la Asociación de Empleados de Casinos Nacionales (AECN). La diversión y el juego no estaban dedicados únicamente a los varones. Las mujeres podían y solían pasar tiempo entre apuestas y cartas, pero faltarían 50 años, sí, ¡medio siglo! para que las mujeres ingresaran a trabajar al casino. En el año 1994 ingresaron las primeras quince mujeres de manera temporaria. Coincidió con el traspaso de los casinos a manos de la Provincia. Como cualquier trabajador, tuvieron que pasar por la academia: una escuela en la que se enseña el oficio del juego y en función de varios exámenes se asignan los puestos. Las primeras chicas entraron a la sección de ruleta y carpeado. Pero además de que en la sala de descanso tenía que bancarse las películas pornográficas y el destrato de sus compañeros sin siquiera tener un baño para ellas —tenían que ir a los del público—, el uniforme de trabajo también era masculino. El pantalón, la camisa, el chaleco y la corbata que debían ponerse no estaban confeccionados para un cuerpo de mujer. El “disfraz” de varón también era condición sine qua non para trabajar.

Trabajadoras del peaje vs. machirulos sobre ruedas

El papá de Viviana era trabajador del Casino, así que cuando en 1998 le comentó que se abría un concurso en la academia para los hijos de los trabajadores le preguntó si le interesaba. Viviana necesitaba un trabajo más estable y no lo dudó. Pero su papá le fue claro, le dijo que ser mujer era difícil en ese ambiente y que si quería sobrevivir tenía que comportarse como una “señorita”. Fue era peor de lo que se imaginaba. Además del disfraz de varón, de que sus propios compañeros la chiflen en el cuarto de descanso, las trabajadoras del casino tenían un tercer foco de conflicto: los jugadores. “El público apostador es muy complejo. El ambiente del casino es un ambiente signado por las adicciones, los vicios, la cercanía a la prostitución. En esa época había más plata en juego, se podía fumar adentro del Casino, y nosotras nos teníamos que bancar muchísimas agresiones. No propinaban todo tipo de insultos a todos, pero a las mujeres era siempre vinculado a si teníamos o no teníamos relaciones sexuales. De ´malcogida´ para arriba nos decían de todo. A los varones no les decían eso”, recuerda hoy en diálogo con Nuestras Voces una de las pocas mujeres que son parte del sindicato, en un cargo como vocal. Viviana aún recuerda cómo en ese momento dejaban pasar estos insultos porque estaban absolutamente naturalizados. “Y no hasta hace mucho”, aclara.

El otro problema que tuvieron y tienen que enfrentar las mujeres es el de escalar laboralmente. En el Casino, como en cualquier otro trabajo, existen escalafones, pero en el caso del salón de juego, la evaluación que a un trabajador le permite ascender de categoría está supeditada a su desempeño, pero también a una cuestión administrativa. “Es muy subjetivo en nuestro caso porque es arbitrario. Hay un comité de supervisores, todos varones, que califican a ver quién es bueno y quien no, y por otro lado cuenta mucho lo administrativo . Entonces en el caso de las mujeres, las licencias por maternidad nos restan puntos, si nuestros hijos se enferman y pedimos días se nos restan puntos. En mi caso particular, yo entré a trabajar en el mismo año que mi marido y él es supervisor y yo no”. Es claro y los números son escalofriantes. Del total de 3.000 trabajadores aproximadamente que tiene el Casino, la mitad son mujeres. Y de los dos sectores que existe en el casino, administración y la rama juego, las mujeres llegaron a ocupar el lugar más alto solo en sectores administrativos. Dentro del sector del salón, solo dos lograron el puesto de supervisoras, y recién en 2018. El puesto más alto, el de Jefe de departamento nunca fue ocupado por una mujer. “La verdad es que eso es algo que estamos notando y que empezamos a pelear porque ya no pueden decir que no hay mujeres trabajando, somos la mitad de la plata entonces es absolutamente machista el hecho de que no podamos ascender”.

La pelea desde adentro

—Si usted se pone un pantalón de mujer entonces yo me pongo este de hombre—le había dicho Viviana a su supervisor, harta de que la reten por traerse un pantalón adecuado a su cuerpo por fuera del uniforme que le daba el casino.

También recuerda el escándalo que le hicieron cuando se hizo un arito en la nariz. “Todas estas situaciones de violencia que vivíamos como mujeres trabajadoras me empezaron a cambiar el chip. Y ahí fue cuando en el 2004 empecé a militar dentro del sindicato. Todavía no había ninguna mujer en la comisión directiva”.

Las peleas entre facciones del gremio del Casino eran moneda corriente. En ese trajín, recién en el año 2008 una mujer “prestó” su nombre para ser parte de la nueva lista unificada. Y si bien ganó esa lista, la mujer quedó dibujada. El sindicalismo en el Casino era, también, cosa de hombres. Recién en 2010 ingresó la primera mujer dentro del sindicato al área de Acción Social y en 2015 se crea la Secretaría de la Mujer que luego se transformó en la de Género. Actualmente ese cargo es el único ocupado por una mujer en la comisión directiva. Las otras seis, entre las que se encuentra Viviana, son vocales.

“Desde que hay mujeres en el sindicato muchas cosas empezaron a cambiar. De a poco. Recién hace cinco años nos empezaron a dar uniformes de mujeres, la licencia por maternidad la extendimos, tenemos permiso para irnos si estamos en período de lactancia. Nosotras mismas empezamos a darnos cuenta que ciertas cuestiones que estaban naturalizadas eran micro-machismos. Ya en las salas de descanso no se ven porno y los varones no están semi desnudos. Si un jugador nos insulta se lo echa del salón. También estamos concientizando que hay actitudes que son violencia de género, acoso laboral. Todo está en proceso, pero sobre todo estamos peleando para ocupar lugares de poder en el trabajo y en el sindicato. Yo todos los días tengo que dar pelea, el esfuerzo es el doble”.

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Viviana reconoce que el camino es sinuoso, pero tiene algo muy en claro. Quiere que las trabajadoras del Casino no tengan que pasar por lo mismo que pasó ella. Ya no hay excusas: las trabajadoras del Casino son el 50% de la planta laboral. La discriminación por ser mujeres, el techo de cristal y la brecha salarial en estos casos, son tan evidentes que da escalofríos. Pero la pelea está instalada: y son las propias mujeres las que se están haciendo cargo de revertirlo.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Periodista y politóloga. Escribe para Nuestras Voces y también es colaboradora en la Revista Anfibia, Crisis y Tiempo Argentino. Trabajó en la investigación para el libro El Nieto y fue columnista en la radio de las Madres. Dicta clases de periodismo en la UMET.

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