El Gran Hermano porteño

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Es la “ciudad inteligente”: aplicaciones de todo tipo para manejarse en Buenos Aires. Son gratuitas, pero no tanto: a cambio de su uso, el Estado pasa a conocer los datos personales y movimientos de los usuarios. La advertencia de especialistas.

Foto: Joaquín Salguero

Publicado en Página 12

La ciudad inteligente en la que ya incursiona Buenos Aires desde hace varios años con el libre uso del wifi y las aplicaciones que buscan hacerles la vida más fácil a quienes viven y también a quienes la transitan son herramientas absolutamente acordes a los tiempos que corren y así ocurre en las grande ciudades del mundo, pero la gran pregunta es qué hay detrás de este servicio que le brinda el Gobierno porteño a los ciudadanos, qué hace luego con esa información personal que se intercambia a partir del uso de las aplicaciones, qué dicen los contratos que se aceptan con un solo click y a las apuradas porque los tiempos siempre apremian y urge resolver el objetivo, ya sea conseguir un taxi, saber si funciona el subte o cómo está el tránsito.

Las ciudades crecen a altas velocidades y la necesidad de que convivan aspectos sociales, económicos, políticos y medioambientales bajo este contexto de aceleración impulsa al desarrollo de la “Ciudad Inteligente” en todo el mundo. Este nuevo concepto que emerge de los tiempos que corren es una búsqueda de equilibrio entre la calidad de los servicios, la tecnología y la gestión de los recursos.

Actualmente, más de la mitad de la población mundial habita en grandes urbes. Según la Organización de las Naciones Unidas, en 2050 será el 70 por ciento de la población la que vivirá repartida entre las distintas ciudades del planeta. En la Ciudad de Buenos Aires son 6 millones de personas las que la transitan, trabajan y disfrutan diariamente y como una de las grandes ciudades del mundo Buenos Aires no se queda atrás en la búsqueda y el desarrollo de este nuevo concepto.

Los cuestionamientos que surgen no tienen que ver con la búsqueda de adaptación a los nuevos tiempos y las nuevas herramientas, sino al uso que se hace luego desde el Estado porteño con toda la información personal de los ciudadanos que se pone en juego al hacer uso todas sus aplicaciones y la red de wifi libre.

Para Beatriz Busaniche, presidenta de la Fundación Vía Libre, “el Estado es una gran aspiradora de datos personales” porque “está tomando datos de una forma muy parecida a como lo hace el sector privado”.

Desde la Fundación Vía Libre trabajan desde hace 17 años defendiendo los derechos de la ciudadanía en entornos mediados por tecnologías de información y comunicación. Desde esta experiencia y trayectoria, Busaniche se refiere a las aplicaciones que ofrece el Gobierno de la Ciudad con la supuesta intención de mejorar la calidad de vida de los porteños y que se aplican a la rutina diaria casi automáticamente y sin mucha información.

“El Estado está tomando datos de una forma muy parecida a lo que hace el sector privado y exigiendo una serie de datos que no parecen ser necesarios o indispensables para el servicio que están ofreciendo. Me parece que hay que tener bastante más cuidado con cuáles son las condiciones de protección de los datos que le estamos entregando al Gobierno de la Ciudad cuando instalamos alguna de estas aplicaciones, ver qué tipo de medidas se toman en términos de respeto de la Ley de Protección de Datos en la Ciudad, quién tiene acceso a esos datos y para qué se usan esos datos”, precisó Busaniche en diálogo con PáginaI12.

Aplicaciones para los traslados, para las conexiones, para realizar trámites, para hacer denuncias o reclamar una reparación. Todas las aplicaciones llevan a un viaje de ida una vez iniciada su descarga, porque algo se entrega a cambio: el uso de la aplicación sí tiene un costo, y ese costo son los datos personales.

“Nosotros vemos que, por ejemplo, cuando se descargan las aplicaciones del Gobierno de la Ciudad sólo existe la opción ‘aceptar’, y muchas veces piden acceso a la localización, a los archivos del teléfono, a la información de la conexión, a la red, a los contactos, y en ninguna parte está específicamente explicitado al ciudadano cuál es la razón por la cual la Ciudad pide esos datos”, agregó.

La ley dice que quien recaba los datos personales debe informar para qué los usa, por eso Busaniche subraya que “en el momento en que el Estado usa los datos para algo distinto de lo que se informó o en el momento en que no se informa de manera apropiada para qué está recopilando esos datos, está incumpliendo la ley”.

Por el apuro diario y porque es una tentación que ofrezcan “gratis” una aplicación que solucione problemas cotidianos y haga supuestamente la vida más sencilla se naturaliza o al menos no se cuestiona el hecho de entregar datos personales a cambio. La información personal es el tesoro.

“Si vos te querés bajar la aplicación tenés que aceptar esos términos de uso, es un contrato unilateral, con el que vos no negociás nada. Los datos son un elemento muy valioso, y además, permiten saber de nosotros mucho más de lo que incluso nosotros sabemos de nosotros mismos”, subrayó Busaniche.

Desde la Subsecretaría de Innovación y Ciudad Inteligente, Marcelo Funes, le explicó a este diario que “el objetivo principal de una Ciudad inteligente es mejorar la calidad de vida de sus vecinos, a través de una gestión que los ponga siempre en el centro de las decisiones. Para esto, busca cultivar el ecosistema innovador uniendo transversalmente a los vecinos, el sector público, privado y el ámbito académico, para desarrollar soluciones de alto impacto para los ciudadanos”.

Para la Legisladora porteña del bloque Peronista María Rosa Muiños las aplicaciones existentes no son suficientes. “Todas las iniciativas que mejoren la calidad de vida de los vecinos en principio están bien. Pero para nosotros que hemos pedido incorporar ciertas cuestiones a algunas de las aplicaciones entendemos que es como la participación que promueve el Gobierno de la Ciudad, que se queda siempre a mitad de camino”.

En ese sentido, explicó por ejemplo que para la aplicación 147, desde su bloque propusieron “hace como cuatro años” que también sirviera como  “control de la nocturnidad y la relación de los jóvenes con la noche”.

“La idea es que entre otras cosas puedan denunciar cuando les cortan el acceso al agua en bares o discos, que tiene que ser libre y gratuito, o para cuando suceden abusos dentro de los boliches, y la verdad no se hicieron eco, no solamente dentro de la Legislatura sino con lo que pudimos también hablar con el Ejecutivo, porque es un servicio limitado, es una aplicación pero tiene una respuesta directa, está manejada por personas y la contratación que se hace para el servicio de 147 es de lunes a viernes,  y como los jóvenes salen los fines de semana, la respuesta es práctica. Entonces queda claro que la Ciudad Inteligente tiene límites, es de lunes a viernes”, concluyó la legisladora del Bloque Peronista.

Pero más allá de las falencias que puedan tener las aplicaciones o de todo lo que se pueda mejorar, la incorporación de las aplicaciones, las redes sociales y las nuevas tecnologías son casi una forma de gestión para el actual gobierno a cambio de información personal: donde está la persona, a dónde va, a qué hora llega, quiénes son sus amigos, dónde vive, dónde trabaja, dónde y qué come, a dónde va a pasear, qué consume, qué páginas visita. Un gran ojo que observa y que recopila información. Un gran ojo que mira todo desde el Estado. Un gran hermano porteño.

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