Ni los cartoneros se salvan de la crisis

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Recuperadores urbanos explican cómo la crisis y el menor consumo afectan su trabajo. Una cooperativa que recolectaba 300 toneladas mensuales, ahora junta 230. Y cada vez, dicen sus integrantes, hay más personas buscando en los contenedores de basura.

Sentado en la vereda, apenas recostado entre las pilas de cartón y papel que recogió durante la mañana, Federico descansa mientras espera a que saquen material reciclable de un banco, sobre la céntrica calle Maipú esquina Sarmiento. Ya es el horario, pero puede ser que ese día no lleguen las bolsas: la crisis es el mejor escenario para que algunos se aprovechen de los más necesitados, y hay quienes prefieren vender -en lugar de entregar- el material a los recuperadores, para así ganar una moneda más.  Mientras tanto, su compañero continúa la búsqueda, de contenedor en contenedor. El trabajo es agotador, y arrastrar el bolsón repleto durante todo el día, lo es más. Sin carro, y con algunas molestias en el pie, sigue trabajando, porque eso es lo que le permite llevar un plato de comida a su hogar, para su familia.

Federico hace el viaje diario desde Florencio Varela para cumplir con su jornada laboral que va de 7 a 20. Por un accidente en el que se lesionó el pie en su empleo anterior -y que le impide volver a desempeñarse formalmente-, trabaja como recuperador de residuos independiente desde hace tres años. Admite no ganar demasiado, pero que al menos le alcanza para alimentar a sus dos hijas. Sin embargo advierte algunas diferencias desde que comenzó a recolectar material reciclable: “Bajaron muchas cosas. Lo que es el material bajó: antes te sacaban más planillas y te hacías una moneda, ahora está jodida la cosa.”

La situación económica actual del país -un índice de pobreza que alcanzó los 32 puntos, y una inflación interanual del 55,8 % a junio,  según datos del INDEC-; trajo aparejada la baja notoria del consumo: un 14,7% durante el primer cuatrimestre de 2019, según datos del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala. Los precios suben y el margen de compra se vuelve cada vez más estrecho. Cintia, trabajadora administrativa de la cooperativa de recicladores El Álamo, cuenta el panorama de su rubro: “Los compañeros tienen que salir a ver la realidad día a día de que el material les ha bajado, de que el que juntaba cinco bolsones, ahora junta dos porque no hay material en la calle.” Por su parte, Alicia Montoya, responsable del equipo técnico de la cooperativa, observa que hay mucha gente paseando y mirando vidrieras, pero no compra. “Te das cuenta en la caída de la cantidad del cartón. Estamos hablando de un 20 o 30 por ciento. En el trimestre del año nosotros recuperamos 684 toneladas, lo cual da un promedio de 230 toneladas por mes.  Y antes nosotros veníamos de 300 toneladas”, añadió.

Este es el panorama diario, tal y como contaba Julio -recuperador independiente-, mientras corría con su carro junto a los autos, y de contenedor en contenedor, por el barrio de Constitución, en busca del material del día: “Estuvimos recorriendo y ya no hay más nada. Por el horario y porque ya hay muchos carros, hay mucha gente.” Porque esta es otra de las consecuencias de la crisis: un amplio sector de la población que se vuelca al trabajo informal. Juan Collado, militante y asesor técnico de la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores –perteneciente a la CTEP- explica: “Al volver a haber una crisis, vuelve a haber un aumento de la gente que queda descartada por el sistema y que busca en el reciclado y la basura una forma de sobrevivir, de sustento, de subsistencia, y entonces genera una nueva oleada masiva de gente que se incorpora al cartoneo.” De este modo, a la caída del consumo y, por ende, del material, se le suma la complejidad de una mayor cantidad de personas viviendo de ese material que escasea. La competencia, pero también la solidaridad, son las formas diarias de relacionarse: se nota en la mirada recelosa del recuperador que pasa junto a Julio; se nota en su saludo amable, a pesar de todo.

Esta realidad se puede ver en las calles, en el trabajo de los recuperadores informales: carros de todo tipo, bolsones que se arrastran, hombres y mujeres, familias enteras revolviendo en los contenedores, niños asomándose entre bolsas abiertas y pilas de cartón y papel. Para esta gente no existe el más mínimo respaldo, en tanto trabajan de manera independiente y expuestos a muchos riesgos, tanto físicos como económicos. Frente a esto, las cooperativas que nuclean a recuperadores formales exigen al gobierno un mayor presupuesto para poder formalizar a más trabajadores.  Estela, empleada de la cooperativa El Álamo, detalla el reclamo: “Siempre queremos que haya un compañero más en el sistema. Lo que pedimos son más cupos para poder incorporar más personas y más familias porque lamentablemente esto va creciendo y queremos hacer un espacio de inclusión social.”

Sin embargo, la respuesta de las autoridades dista de ser la esperada: sobre aplicar como corresponde el convenio con las cooperativas de recuperadores urbanos, poco y nada. A cambio, destinan presupuesto para proyectos como los ya conocidos “contenedores inteligentes”, ubicados en la avenida Corrientes. “En vez de invertir en las cooperativas (consensuado con ellas para un mejor servicio) invierten en contenedores.”, explica María Ramis, tesorera de la Cooperativa del Oeste. Las quejas de este tipo se expresan, también, en la cooperativa El Álamo: “Presentamos un proyecto donde estamos queriendo que los compañeros dejen los carros por unas bicicletas, para mejorar las condiciones de trabajo. El gobierno dice que no tiene plata, pero tiene los tres mil dólares que salen los contenedores, y para las bicicletas estas, que salen 800 dólares, no. Nos dicen que no hay plata…”

Respecto de los contenedores, Collado opina que «obviamente son una pésima idea, son un desastre. Fueron, por lo que sabemos nosotros, una compra realizada hace más de un año, entre uno de los muchísimos negociados que hay con el tema de la basura y la tecnología para este tipo de cosas.» Según el referente, este tipo de proyectos -si bien son rechazados firmemente- no tienen proyección a futuro, en tanto el objetivo está orientado al marketing y a la campaña política. «Es algo completamente insensible, y es además un derroche de la plata del Estado», agrega.

La crisis golpea a todos, pero no lo hace por igual: los sectores más vulnerables son los que primero se caen del sistema, e incluso sus formas de trabajo se ven perjudicadas. Si baja el consumo, también baja la cantidad de material disponible para recolección. Este panorama empeora con los nuevos recuperadores urbanos que, sin estar asociados a ninguna cooperativa, su único ingreso depende del cartón y el papel que logren vender al final del día. Menos material, más gente y mismos precios: «Los precios siempre estuvieron así, se mantuvieron; todo aumenta menos lo que nos pagan», explica Federico, resumiendo así la situación crítica que los recicladores deben enfrentar diariamente.

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