“Presidenta ta ta ta”: La lengua en disputa en el Congreso

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En LatFem le recomendamos un libro a Mayans. «La lengua en disputa. Un debate sobre el lenguaje inclusivo» (Ediciones Godot) es una transcripción de un diálogo entre Beatriz Sarlo y Santiago Kalinowski, moderado por Cecilia Fanti, en el marco de la Feria de Editores que se hizo en Buenos Aires durante agosto de 2019. La lengua en disputa llegó al Congreso, con el libro en mano pensamos el breve intercambio entre Cristina Fernández de Kirchner y José Mayans sobre si corresponde «presidenta» o «presidente».

Publicado en LatFem

Muchas veces para salir de una discusión empantanada recurrimos a una cita de autoridad, a algún trabajo que haya podido sintetizar el punto sobre el que estamos discutiendo. Así alguien envía un wassap con un video producido por los Defensores del Cambio, otro sugiere con elocuencia leer un libro o a ver una película. En este caso todes les interesades en el affaire ta ta ta, es con a no con e, de Cristina y Mayans pueden leer La lengua en disputa. Un debate sobre el lenguaje inclusivo (Ediciones Godot) y después hablamos.

El libro es una transcripción de un diálogo entre Beatriz Sarlo y Santiago Kalinowski, moderado por Cecilia Fanti, en el marco de la Feria de Editores que se hizo en Buenos Aires durante agosto de 2019. Las posiciones de cada uno de los teóricos son muy interesantes, las marcas de oralidad de sus intervenciones hacen que la lectura sea ágil y la disposición del texto, con grandes fotografías y respetando el modelo de la conversación, vuelven al libro un objeto muy apropiado para lo que queremos usarlo hoy.

Como si se tratara de rounds, el debate transita por marcos e interrogaciones que podemos resumir bajo un gran paraguas: lengua y política. La pregunta por si la lengua puede transformar la realidad y si es posible intencionar el cambio lingüístico es demasiado grande para responderla en pocos minutos y líneas pero ellxs lo intentan.

En resumidas cuentas, para Sarlo el lenguaje inclusivo sería como un capricho de algunas chicas de colegios de la elite progre porteña y estaría lejísimos de la transformación política. Sarlo también reconoce que está más preocupada por la desaparición del punto y coma (; es este signo) que por el lenguaje inclusivo. Kalinowski, al contrario, dice que “la lucha del inclusivo es una lucha en serio”, que hay una decisión de influir desde la lengua en la sociedad y que el inclusivo es la configuración discursiva de una lucha política. Para Sarlo no cualquier cosa puede ser denominada como política, para ella la política es un tipo de acción muy específica vinculada a la vida institucional, legislativa y no, por ejemplo, “la noche que se quedaron las chicas de pañuelo verde frente al Congreso (…) pidiendo por algo que ellas no necesitaban”. Sarlo desconoce el potencial de incidencia que podría llegar a tener en la política —tal como la piensa ella— el uso extensivo e intensivo del inclusivo, eso mismo le señala Kalinowski, valiéndose de la Ley de Identidad de Género como ejemplo histórico del lenguaje inclusivo amasando una intimidad entre la opinión pública y los asuntos de la desigualdad entre géneros. Para Sarlo la discusión es un tema menor y algo que solo le preocupa a la Argentina, que el debate en el mundo no tiene lugar, y menos en los medios de comunicación.  Y así siguen.

Cuento rápido pero con énfasis la discusión porque la breve discusión que se dio acerca del señalamiento que le hace CFK a Mayans puede leerse desde los marcos que plantean estos dos, estas dos, teóricxs. Los detractores del señalamiento podrían agruparse tras Sarlo, las que lo festejamos vamos tras Kalinowski.

¿Cuál es el contexto en el que se da el breve intercambio? Cristina Fernández es la principal política del país, vuelve al Gobierno luego de 4 años de intensa persecución, en los que ocupó una banca como senadora y nunca dejó su rol como armadora del frente político que ella lidera. Hoy es vicepresidenta de la Nación y presidenta del Senado. Del otro lado está Mayans, senador por Formosa que la misma Cristina se encargó de ubicar como Jefe del bloque que agrupa a todos los oficialismos. Además, Mayans es un paladín de la lucha contra el aborto, sus intervenciones fueron fervorosas (“imagínense si la madre de Mozart lo hubiera abortado”, fue uno de sus hits en los debates de 2018). Lucha que la vicepresidenta abrazó hace muy poco tiempo cuando votó a favor de la legalización en 2018.

En este marco, la corrección (el correctivo, dirán) del género de la palabra “presidente” cuando el referente es una mujer toma una fuerza política antes inédita y pone a jugar al inclusivo en el terreno de las internas dentro de las instituciones de gobierno. El señalamiento aparece como una advertencia dentro y fuera del espacio compartido. Mayans le contesta: “no tiene sexo la palabra presidente” y en un mismo movimiento se excusa, se justifica y hace un acto de resistencia masculinista (Mayans no está dispuesto a torcer el brazo porque así las cosas para él son justas). “Eso lo dicen los machistas”, agrega CFK, frase que lleva adherido: y usted no sea (no es, no quiera ser) machista.

El inclusivo ingresa al terreno político de la mano de la retórica. Cristina usa su género para marcar el terreno: acá hay una mujer y es una mujer con poder, nadie va a desconocer eso llamándome en masculino o un supuesto neutro. En La lengua en disputa, Beatriz Sarlo dice que “el uso del inclusivo no puede ser una orden de la ideología”, algo así como que por tu ideología (feminista) no podés decirle a Mayans que te llame con a y no con e, “porque la lengua no tiene orden”. Kalinowski dice “el inclusivo es un fenómeno retórico, una intervención del discurso público con el objetivo explícito de conseguir un avance en términos de igualdad”. La disputa que se da a nivel de la capilaridad de la lengua en la calle y en todos lados (muchas universidades, instituciones del sistema judicial, etcétera, aprobaron y aconsejan el uso del inclusivo) ingresa en forma de gag al Congreso Nacional. Pero este ingreso no es meramente un capricho de chicas del Pellegrini o de chicas que se ponen demasiado rimmel, es una disputa que engarza con otras disputas que son propias del campo político. Si para Cristina Mayans no es cualquiera (es uno de los suyos que está allí pero con condiciones, es uno de los suyos pero dentro del espectro machista), para Mayans tampoco Cristina es cualquiera, le dice “presidente” a una mujer que hace años insiste en la feminización del genérico, Mayans nombra como varón a alguien que impuso el “todos y todas” en el habla cotidiana. Pero sucede que Kalinowski coincide con Sarlo en algo: “como es un pronunciamiento político, no se lo puedo imponer a alguien”. ¿Entonces?

Si bien el inclusivo tiene vocación política más que gramática y no corresponde imponerlo, sí podemos entenderlo como un requerimiento retórico solicitable por cualquier hablante, y que tiene que ver con cómo cada quien quiere ser llamado, especialmente en un contexto donde el género es un terreno de lucha, como es el Congreso nacional, donde aunque está legislada la paridad, aún no se consigue en términos reales.

Entonces ya sabemos, cada vez que haya una disputa por la pertinencia, la politicidad, la legibilidad del lenguaje inclusivo, podemos ir a este ring donde los golpes son argumentos: La lengua en disputa, lo lindo sería que le llegara a Cristina para que lo lea, inclusive a Mayans

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