Tres tesis urgentes sobre la crisis del oasis chileno

Compartir

La experiencia histórica de América Latina nos enseña que el neoliberalismo no tiene respuestas sociales, sino respuestas autoritarias. Y por esta razón, el último movimiento gubernamental antes del jaque definitivo es la apelación al Estado de excepción. Chile no está en guerra, pero el Gobierno sí. Los militares y la policía están cometiendo flagrantes violaciones a los derechos humanos, ejerciendo la tortura y el asesinato de civiles.

Publicado en El Salto Diario

Foto: Pablo Slavchesky

I. LA DERECHA NEOLIBERAL CHILENA BUSCA ESTABLECER EL PARADIGMA POLÍTICO DE LA GUERRA CIVIL

“Cuando creíamos tener todas las respuestas, nos cambiaron de pronto todas las preguntas”. Con esta desafortunada cita del poeta Mario Benedetti [realizada por el presidente Sebastián Piñera], desaprobada por la Fundación Mario Benedetti, el Gobierno refleja la decadencia de su proyecto político heredado de la dictadura militar, que no tiene interés en ofrecer más respuesta que a las preguntas hechas por los poderosos. La experiencia histórica de América Latina nos enseña que el neoliberalismo no tiene respuestas sociales, sino respuestas autoritarias. Y por esta razón, el último movimiento gubernamental antes del jaque definitivo es la apelación al estado de excepción.

“Chile está en guerra”. Es el mensaje que más alarma social ha generado tanto en el país como en la comunidad internacional, que justifica el mantenimiento de la violencia y el terror de Estado para preservar el mantenimiento de la legitimidad política del ejército como el interlocutor válido en un conflicto social que nuestro país vive desde la dictadura militar, por medio de mecanismos que conocemos como la Doctrina del Shock. Esta tesis sostiene que la derecha chilena busca abrazar el paradigma político de la Guerra Civil, para establecer las bases de la lógica del enemigo interno, con el propósito de desplazar de los imaginarios sociales a las élites políticas y corporativas tanto de las causas como de las consecuencias de la revuelta social, para definir nuevos parámetros de conflictividad social, ya no entre clases, sino entre las mismas clases populares. En pocas palabras, estamos antes una estrategia de perfil fascista de la derecha neoliberal que busca extender el paradigma del enfrentamiento civil y la división entre la población para redefinir el orden del conflicto capitalista a partir del eje abajo-abajo y evitar una interpelación sustantiva al modelo neoliberal chileno.

Chile no está en Guerra, pero el Gobierno sí. Los militares y la policía están cometiendo flagrantes violaciones a los derechos humanos, ejerciendo la tortura y el asesinato de civiles, que se reflejan en las cifras oficiales que dejan un saldo de 19 muertos. Esta Guerra liderada por el Gobierno y la derecha es la consolidación del terror de Estado sin otro propósito que el de resguardar el derecho al abuso en nombre de la libertad económica y de la propiedad, por medio del establecimiento autoritario del orden público, queriendo hacernos creer que, en nuestro país, como diría Walter Benjamin antes de suicidarse en Portbou, “el Estado de excepción se ha vuelto la regla”.

Chile: la revolución de los cabros

II. EL LIBERALISMO YA NO GARANTIZA LA DEMOCRACIA.

En Chile el 1% de la población concentra el 26,5% de la riqueza nacional. Pero esto no es una tendencia nacional, sino que es el rostro de la economía capitalista mundial, en la cual el 45% de la riqueza mundial está en manos del 1% más rico del mundo. En las dos décadas del “oasis chileno” la tasa de suicidio ha aumentado en un 90%. Chile es el cuarto país más infeliz del mundo, según el Informe Ipsos Global Advisor on Global Happiness 2019, y los estudios reflejan que es el país más desigual de la OCDE. ¿A alguien se le escapa las causas de las revueltas sociales en Ecuador, Chile o el Líbano?

La crisis del modelo neoliberal es la expresión de la crisis del liberalismo. Esto es un punto crucial cuando analizamos el punto de inflexión que se dibuja en la curva política del liberalismo, momento en el que se necesitan mecanismos autoritarios de resistencia para mantener y reproducir el orden económico, de los beneficios y de los privilegios, de mantener el orden público, a pesar de los derechos fundamentales y de las libertades civiles. La crisis del régimen chileno demuestra que el liberalismo es capaz de sacrificar, ya no solo los fundamentos de la igualdad y la solidaridad como bases ilusorias del liberalismo político, sino también del orden democrático.

La historia del pensamiento político nos persuadió de que existía una ley inmanente en la cual el liberalismo era la condición de posibilidad de la democracia, y que no podían entrar en contradicción; aún más, que el quiebre de las democracias respondían fundamentalmente a la crisis del orden liberal. Pero Chile en particular, y América Latina en general, constituye la evidencia histórica de tamaña mentira.

Qué hay detrás de las protestas y la violencia en América Latina

III. LA SOCIEDAD CHILENA NO VIVE EN LA CURVA DE INDIFERENCIA.

Esta es la tesis de la politización. La derecha chilena confiaba en que la población chilena podía desatenderse de los asuntos sociales y políticos, y en su lugar, ocupar el espacio confinado a la esfera del consumo y la familia, logrando así el umbral de la despolitización. Es el modelo conservador del proyecto político histórico de la derecha heredera de la dictadura.

Pero en perspectiva mundial, la historia social de las protestas demuestra que la desobediencia y la resistencia social avanza en progresión geométrica. La protesta ya no solo adopta la forma de reajustes o de demandas parciales que la han caracterizado durante decenios, sino que es de una vez por todas una interpelación explícita al modo de producción, distribución y consumo del régimen neoliberal. El movimiento #Chiledespertó evoca un nuevo sujeto político, socializado desde la experiencia del sufrimiento y del abuso estructural. Esta nueva realidad sociológica nos sitúa en una transición social que esperemos nos permita a todos cambiar el claro oscuro curso de nuestra historia nacional y regional.

La agenda social propuesta por el régimen de Piñera llegó mal y tarde. El Gobierno traspasó las líneas rojas de la democracia y del Estado de derecho, y la única salida planteada por el movimiento chileno es la renuncia del Gobierno, #renunciaPiñera, y la anticipación de elecciones para restaurar el orden y la razón política. Las próximas elecciones contará con este componente ambicioso de la agenda social en el cual los candidatos tendrán ante sí el desafío de integrar reformas estructurales al modelo neoliberal, a riesgo de enfrentarse a los intereses de las grandes fortunas. También será perentorio un nuevo contrato social convocando una asamblea constituyente, que permita reconstruir el rol del Estado en materia de derechos sociales básicos como pensiones, educación, salud, servicios básicos como agua y luz, una reforma tributaria progresiva que equilibre la balanza social, y una reforma profunda del ejército y de las fuerzas del orden.

Esperemos que no vuelva a imperar la impunidad de la transición a la democracia. Evitar la tragicomedia ilustrada por el comediante Horacio, mediante el cual “la demanda acabará entre risas y tú te irás libre de cargos”. El Tribunal de Justicia, el Tribunal Constitucional, de Derechos Humanos, en nuestro país y en la comunidad internacional y la Sociedad Civil, serán ahora los que hagan justicia por los crímenes cometidos de lesa humanidad.

* SOCIÓLOGO. UNIVERSIDAD COMPLUTENSE DE MADRID

Comentarios

Comentarios

Hacé tu anotación Sin anotaciones
Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 17/11/2019 - Todos los derechos reservados
Contacto