Clubes solidarios: entre la crisis económica y la contención social

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Ya son 350 los clubes de barrio en todo el país que abrieron sus puertas para hospedar personas, organizar ollas populares, colectas de alimentos o distribuir bolsones de comida. A pesar de que muchos sufren problemas económicos, juegan un rol fundamental para enfrentar la crisis que la pandemia agudiza. “Acá no hay rivalidades futboleras, estamos pensando todos en la Argentina”, dicen. De Laferrere a Rosario pasando por Lomas de Zamora, cómo se organizan para asistir a los y las vecinas.

Debajo de las tribunas cuatro hombres ofician de cocineros. Revuelven con palos de madera seis enormes ollas con guisos. Cada uno, separado por un metro y medio de distancia del otro, lleva un tapaboca y guantes. Por debajo de cada delantal negro asoman camisetas verdes y blancas. Esos colores, que tantas otras veces los juntó en ese mismo lugar para alentar a “Lafe”, hoy los convoca para una tarea distinta. En dos mesas alejadas, armadas con tablones de madera y caballetes, dos mujeres embarbijadas pelan papas y otros tres cortan verduras mientras detrás del portón verde, en el acceso a la tribuna “Garrafa Sánchez”, por la calle Magñasco, varias personas hacen cola para recibir un plato de comida. “Acá no hay rivalidades futboleras, estamos pensando todos en la Argentina”, dice el presidente del Club Gabriel Andrada mirando la fila de vecinos que se acerca a la puerta del club en el mediodía del viernes.

El pasado 30 de marzo, a tan solo tres días de que el presidente Alberto Fernández decretara el aislamiento social, preventivo y obligatorio para toda la Argentina, el  club Laferrere hizo su primera olla popular para los vecinos del oeste de Gran Buenos Aires. La iniciativa surgió de un grupo de hinchas y socios, que hoy se nuclean bajo el nombre de “Laferrere solidarios”, que llevaron a la comisión Directiva del Club su preocupación de que en los barrios los vecinos estaban pasando hambre.

“Lo íbamos a hacer por una semana pero se terminó extendiendo a tres, hasta que se hizo insostenible el gasto porque era todo a pulmón, con donaciones de hinchas, comerciantes y vecinos”, contó a Nuestras Voces Fernando Rotondi, miembro de la comisión directiva.

Laferrere fue de los primeros clubes en organizar las ollas populares. Tras suspenderse por unos días fueron reanudadas nuevamente hace unas semanas gracias a la colaboración del municipio. Desde que comenzaron, ninguna jornada bajó de las 500 porciones y llegaron a entregar hasta 800.

No se trata del único que presta asistencia a los vecinos en este momento de crisis, profundizada con la pandemia del coronavirus. Los clubes volvieron a demostrar el peso de su rol en el entramado social con diversas propuestas para morigerar los efectos de la pandemia del coronavirus en los sectores más vulnerables.Ya son más de 350 las entidades que abrieron sus puertas para hospedar personas y organizar ollas populares, colectas o distribuir bolsones de comida.

“Cuando vimos la situación del barrio, que la gente que vive el día a día no tiene dinero para comer, reflejada en mucho papás del club, pusimos en marcha la cocina”, contó Germán Ángel presidente del Club Atlético Torito de Rosario.

El Torito, club donde dio sus primeros pasos en el fútbol Ángel “el fideo” Di María está ubicado en una de las zonas más pobres de Rosario. Desde el invierno de 2019 venía cocinando para quienes viven en la calle y ante esta nueva situación decidió volvieron a encender las hornallas para repartir comida cada viernes. Fue el primero en hacerlo en la ciudad santafesina, poco después se sumaron otros y hoy son más de diez los clubes que llevan a cabo la misma actividad solidaria.

“Arrancamos este año dando de comer a 350 personas, cuando apenas empezó la pandemia, y llegamos a repartir comida a 1700 personas. Recibimos donaciones de empresas y vecinos que vieron como El Torito se puso la situación al hombro y quisieron ayudar. También trabajamos con el Banco de Alimento de la ciudad”, contó Ángel.

Otro rol preponderante hoy de estas asociaciones deportivas es la contención social que realizan en los barrios. Daniela Giménez referente de otros dos clubes recuperados de la zona oeste de Rosario, el Club El Luchador y el Club Social y Deportivo Federal Rosario –ambos ubicados a cuatro cuadras de distancia en el barrio La República reúne cerca de 1500 socios y sus comisiones directivas trabajan hermanadas–  opinó que la “única salida de la crisis es colectiva” y subrayó la necesidad de los vecinos de tener vínculo con la institución. En abril se empezó a hacer los sábados ollas populares y además a alcanzar a los vecinos que están en el grupo de riego la comida a la casa. Entregan alrededor de 1200 raciones de comida por jornada pero además hacen acompañamiento a lo más vulnerables.

“Los vecinos y las vecinas están atravesando una situación bastante crítica. La mayoría trabaja por hora o en negro, por lo tanto, la primera fase del aislamiento fue sumamente dura. Se vivió con mucha angustia”, contó Giménez.

Esta modalidad que inició en los clubes pequeños pronto se contagió a los más grandes y el pasado 25 de mayo, en un nuevo aniversario del Día de la Patria, seis clubes –Racing, Vélez, Argentinos Juniors, All Boys, Ferro y Comunicaciones– se unieron y organizaron un locro solidario. Prepararon 10 mil raciones de la típica comida argentina que repartieron en los barrios cercanos: Villa del Parque, Liniers, La Paternal, Floresta, Caballito y Agronomía.

Resistiendo al nocaut por tarifazo

El club puertas adentro

En el Microestadio Palo Metz, donde está la cancha de básquet cerrada del Club Atlético Temperley, en Turdera, Lomas de Zamora, hoy viven 30 personas que no tiene techo. En el suelo del gimnasio hay camas de una plaza –separadas por dos metros de distancia– con frazadas y debajo de la platea principal un espacio hacer las comidas. También cuentan con el vestuario para darse una ducha y los baños.

En un trabajo en conjunto con el municipio de Lomas y la ONG “No sea pavote” el club decidió prestar sus instalaciones para que puedan pasar el aislamiento social, preventivo obligatorio.También se ocupan de darles cuatro comidas diarias. Cada mediodía y noche entregan además cerca de 80 raciones a otros vecinos. “No pudimos albergar más gente por una cuestión de espacio para cumplir con el distanciamiento social, entonces nos propusimos al menos entregar comida a quienes duermen en la calle”, relató Pablo Dubilet, gerente de administración y marketing del club.

Sebastián Ferrero, de la ONG que trabajan hace once años con personas en situación de calle en la provincia de Buenos Aires, contó que tan pronto se decretó la cuarentena presionaron al municipio para que diera respuestas a los más indefensos y de ahí nació la articulación con el club: “Ellos ponen las instalaciones, el municipio asegura la cuestión material y nosotros las personas para cocinar y acompañar durante la pandemia”.

Ferrero comentó además que se vio sorprendido por la gran movilización de los hinchas y socios del club. “Encontramos mucha colaboración de la familia de Temperley y de los vecinos que a medida que se enteraban lo que estábamos haciendo se acercaban a ayudar”.

Otros clubes con menor capacidad de recursos y menos espacio optaron por colaborar haciendo colectas. Tal es el caso del Club Social y Deportivo Pacífico, del barrio porteño Villa del Parque, que realizó donaciones para “Caritas Felices”, una organización que tiene comedores en la provincia de Buenos Aires. “Nos contactamos con los merenderos y les preguntamos cuáles eran las necesidad que tenían. En base a eso armamos la movida solidaria de alimentos no perecederos, ropa, artículos de limpieza y juguetes. Duró tres días y superó las expectativas”, contó Gonzalo Pugliese Tesorero y encargado de la parte deportiva de futsal y fútbol.

Los últimos de la fila

Más allá de las flexibilizaciones de la cuarentena que se realizaron en algunas provincias del país y continuarán, las asociaciones deportivas saben que su regreso a la actividad total aún es muy lejano y la subsistencia de muchas está en peligro. Aún más cuando fueron azotadas en los últimos cuatro años por las políticas de tarifazos y ajuste durante el gobierno de Cambiemos.

En este contexto, el gobierno nacional, a través del Ministerio de Turismo y Deportes lanzó un nuevo subsidio para los clubes de barrio. El aporte consiste en la entrega de hasta 60 mil pesos. Muchas instituciones no lo cobraron, porque no cumplen con los requisitos, y las que sí dicen no poder cubrir con eso los gastos que continúan teniendo pese a que estén cerradas.

Ángel contó que cada día que El Torito sigue sin actividad su situación es más preocupante. “Como se trata de un club de barrio cobramos una cuota menor, que con el inicio de la cuarentena la mayoría de las familias dejó de pagar así que lo estamos subsistiendo como podemos con los miembros de Comisión Directiva y con los socios históricos del club que nos ayudan para el mantenimiento del predio. Los clubes estamos acostumbrados a las crisis  así que vamos a poner lo mejor para salir también de ésta”.

Por su parte, El Luchador y el Social y Deportivo Federal, donde antes de la cuarentena se hacía fútbol, vóley, patín, natación, y talleres como fotografía, percusión, guitarra y canto, entre otras; se mantiene con una cuota mínima de los socios, de 80 pesos, y un mayor ingreso fruto de las actividades. “Que no puedan llevarse a cabo las distintas actividades autogestivas nos está perjudicando porque el club sigue teniendo movimiento. Estamos en una crisis importante”, aseguró Giménez.

En el caso de el Pacífico, si bien las actividades como fútbol, taekwondo, capoeira, kick boxing y boxeo pasaron a desarrollarse de modo virtual, los ingresos del club bajaron a un 10 por ciento de los que tenían antes de la cuarentena

“Nos está costando mucho sostenerlo. La recaudación de cuotas obviamente cayó, así como las concesiones de la cantina porque estamos cerrados”, manifiesta.

Pugliese, quien además resalta que aunque se haya prohibido el corte de los servicios por falta de pago, tarde o temprano deberán afrontar esa deuda.

Los clubes más grandes también tuvieron que ingeniárselas con el cese de actividades. Temperley, que cuenta con cerca de 7600 socios, hoy subsiste por la cuota que éstos pagan mensualmente. “Hicimos una campaña para que la gente se adhiera al débito automático. Pusimos nuestro sistema a disposición con una plataforma online para que los socios puedan pagar la cuota social. Con ésto logramos, por lo menos en abril, que casi el 80 por ciento de los socios que pagaban en una situación normal puedan seguir pagando la cuota”, explicó Dubilet.

Además, hicieron varias campañas para seguir generando fondos como la entrega de membresías de oro o de plata para los socios más pudientes y un torneo de play de PlayStation que se anotaron 60 personas, a 200 pesos cada una.

El caso de Laferrere es distinto ya que cuenta con sólo 500 socios activos, de los que van a la cancha, mientras que son 1000 los que se asociaron para realizar actividades en las instalaciones. “Hoy es dificilísimo no incorporar deuda, que para colmo viene arrastrándose de años anteriores. En marzo pudimos cumplir con los empleados y ahora se está peleando para terminar de cumplir con el sueldo de abril. Muchos socios se volcaron a dar una mano pero la  estructura para mantener es inmensa”, relató Rotondi.

Aunque las realidades de los clubes a lo largo y ancho del país son diversas el futuro próximo para todos es incierto. Aún cuesta vislumbrar el momento en que se escuche nuevamente las pelotas rodar o picar en sus canchas, a los chicos jugar en sus instalaciones y a las hinchadas corear en las tribunas. Lo que hoy sí puede verse es que aunque sus actividades se modificaron el rol social de estos espacios vuelve a ser imprescindible.

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