Conurbano: la batalla contra el virus hasta que llegue la vacuna

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Mientras el presidente Alberto Fernández anunciaba la producción de nacional de la vacuna contra el coronavirus, en los Centros de Atención Primaria del segundo cordón del conurbano los médicos y el personal esencial que están en la primera línea de prevención y tratamiento no paraban ni para escuchar la noticia. Su trabajo: informar, contener, curar, derivar a ciudadanos de bajos recursos. Aquí, sus historias.

“Hola! Queremos contarles que tuvimos que modificar la atención por el coronavirus. Seguimos atendiendo a embarazadas y bebés. Los métodos anticonceptivos se están entregando normalmente y también sigue funcionando el espacio ILE (interrupción legal del embarazo). Por favor, les pedimos que se queden en sus casas y que salgan de a uno”.

La notificación está pegada en la puerta del Centro de Atención Primaria 25 en el barrio 2 de Abril, en Rafael Calzada, partido de Almirante Brown. La salita está en la esquina de Santa Ana y Murature, en un barrio atravesado por el arroyo San Francisco, en el segundo cordón del conurbano bonaerense. Es un asentamiento de alta vulnerabilidad social, creado en 1982 cuando las familias expulsadas de las villas de Quilmes y Almirante Brown tomaron un campo de eucaliptus y empezaron a construir sus casas.  Las medidas, además, circulan por el WhastApp del barrio y también a través de las trabajadoras y los trabajadores sociales que se movilizan hasta los terrenos multifamiliares. Hogares de empleos informales, changarines y comidas en escuelas, iglesias o sociedades de fomento. 

Elige tu propia pandemia

“Acá hay muchas empleadas domésticas que trabajan en Capital, en familias que habían venido del exterior, y  tuvimos que salir a informarles. Les exigían que vayan igual aunque ellos estaban en aislamiento, bajo la amenaza de que si no iban a trabajar las echaban. Desde la salita, salimos a tratar de resolver eso, de explicar que exponían a sus familias. Estamos acompañando y trabajando en el barrio en el boca a boca, hicimos pequeños textos en grupos de WhastApp que le pedimos que reenvíen”,  dice Paula Pani, directora del CAP 25.

Paula tiene 40 años, es médica generalista y dirige el centro de salud de referencia del barrio, que antes de la pandemia recibía alrededor de 1.800 consultas mensuales. Tiene dos hijas pequeñas (una de un año y medio y la otra de 6)  y es una de las 18 directoras mujeres de los 29 CAPs que hay en el municipio.  Tiene pelo castaño oscuro,  rulos que le cubren el contorno de la cara y un flequillo corto. “Nosotros estamos en un barrio que es un foco muy grande de casos dentro de Almirante Brown. En el partido estamos con 6800 contagiados y tenemos 100 muertos. Si bien no somos un Centro Covid, eso hizo que tuviéramos que adaptar un poco la modalidad de atención. Se abrieron nuevas vías de comunicación como redes sociales y atención telefónica. Algunas prácticas como psicología, nutrición o fonoaudiología se hacen con asistencia remota. Se está trabajando mucho desde el domicilio con seguimiento telefónico y únicamente a pacientes que ya lo eran previamente. También garantizamos la atención de pacientes con enfermedades crónicas,  la entrega de medicación, leche, métodos anticonceptivos, vacunación y acceso a la interrupción legal del embarazo. Desde el comienzo de la pandemia se están haciendo todas estas prácticas, funciona una guardia de 8 a 18 horas”, cuenta Paula.

Los centros de primera atención no son los que trabajan específicamente con las personas infectadas de COVID19, pero son el lugar de referencia del barrio, al que acude una parturienta cuando la ambulancia no llega o una persona que no tiene plata en la SUBE para llegar al hospital. Carlos Rosales es médico y trabajó durante 33 años en la Organización Panamericana de la Salud, recorrió el continente como especialista en Recursos Humanos y advierte sobre la necesidad de cuidar al personal en esa instancia.  “Hay que establecer protocolos de protección de personal en todos los niveles porque muchas veces lo que pasa es que el que se contagia es el médico general que atendió el caso en el primer nivel. Lo recibió pero él quedó contagiado. Cuando uno analiza las epidemias anteriores, la de SARS y la H1N1, la primera mortalidad del personal fue del médico que detectó el caso o que estaba en el primer nivel, no el que estaba en la Unidad de Terapia Intensiva. En eso también hay una inequidad, todos los dispositivos y toda la protección va más que todo para el médico que está en la Unidad de Cuidado Intensivo y no para el resto de la cadena de atención”, advierte Rosales.  

El costo país de ser antiargentino

“Tenemos que estar preparados. Si vos estás en tu casa con dificultad respiratoria y no te atienden, te vas al lugar más cercano. Por eso nosotros también nos ocupamos de todo lo que es la logística. Desde que arrancó la pandemia hasta ahora, tuvimos un equipo de salud de 20 integrantes, dos se contagiaron y ya están dados de alta. El resto del equipo se mantuvo sin contagio y eso fue una alegría porque venimos trabajando mucho en la prevención desde marzo”, agrega Paula.


A 60 kilómetros de ahí, en otro centro de atención primaria está Melisa. Tiene 35 años y es residente de tercer año de Medicina General en el Proyecto de Residencias Integradas Multidisciplinar de Hurlingham. El PRIM es una residencia interdisciplinaria de la salita Angel Bo, en William Morris, al oeste del Gran Buenos Aires. El Destino y El Comienzo. Esos son los asentamientos que rodean a este centro de formación que armó un triage para dividir a los pacientes según su afección: por un lado, aquellos con sospecha de COVID, síntomas febriles y respiratorios. Por otro, el sector  “limpio”, donde se garantiza la atención de código verde y amarillo: controles, método anticonceptivos, interrupción legal del embarazo y  entrega de medicación, controles. Además, armaron un dispositivo en un centro cultural que está a dos cuadras para embarazadas y atención de niñas y niños sanos menores de 1 y 2 años.

“El resto de las demandas de la población no cesaron, sino que aumentaron en el  primer nivel. La gente tiene miedo de ir al hospital, entonces viene a la sala. Somos el primer contacto de la población con el sistema de salud. Estamos bastante tapados de trabajo”,  detalla Melina. Y agrega: “estamos viendo mucho el deterioro de las condiciones de vida de la población con la que laburamos. Mucha gente que  hacía changas y se quedó sin esa posibilidad, con el IFE que no alcanza y que no lo cobran todos. Eso es algo con lo que trabajamos mucho,  hay varias ollas populares en el barrio, estamos colaborando con algunas. También hacemos una feria de ropa solidaria y estamos armando un festejo del Día del Niño virtual”. 

El gobierno nacional construyó 12 hospitales modulares en menos de un mes.  Nueve en la provincia de Buenos Aires y otros tres en Chaco, Córdoba y Santa Fé con los que sumó 840 camas. Tecnópolis, en Villa Martelli, se convirtió en un gigantesco centro de atención para enfermos leves con 2.500 camas. Además, 350 clubes deportivos de todo el país cedieron sus instalaciones.  El recurso humano también es clave, el contagio es una posibilidad que todos los hospitales contemplan por eso piden refuerzos y los entrenan.  El presidente Alberto Fernández anunció ayer  que Argentina y México elaborarán una vacuna para prevenir el contagio de coronavirus, que estará lista para ser utilizada en el primer semestre del 2021. Hasta ese momento, el personal de salud seguirá poniendo el cuerpo en la primera línea de atención. “El problema no es tanto el equipo de protección personal que era una preocupación al principio. Eso más o menos está solucionado. Ahora, el tema es la falta de personal, en toda la provincia. Por más que se aumentaron las camas de terapia y los ventiladores no hay personal que hayan contratado para cumplir esas funciones y eso es porque las propuestas laborales que se abrieron tienen un sueldo bastante pobre”, explica Melisa. 

Según informó el viceministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, al 5 de agosto se contabilizaron 33 trabajadores y trabajadoras de la salud fallecidos por contagio de COVID.  La tasa de contagio en el sector es del 6,3% sobre el total de los casos.

Melisa es delegada, está comunicada con otros 100 compañeros y compañeras referentes de centros de la salud de Buenos Aires que integran la Comisión Provincial de Residentes. Desde hace años articulan con sus pares de  la Ciudad de Buenos Aires y Nación a través de grupos de WhatsApp. Ahí circulan las reivindicaciones, las más urgentes y las históricas.

“Trabajamos alrededor de 80 horas semanales ,con salarios debajo de la canasta básica familiar, sin nuestros derechos laborales garantizados plenamente y siendo un pilar fundamental para garantizar la atención sanitaria en toda la Provincia”,  detalla Melisa sobre las demandas de años anteriores que aún persisten. Entre las actuales, está el rechazo al examen para pasar de año.

“Están un poco encaprichados desde la parte de Capacitación en tomarnos un exámen obligatorio  en medio de la pandemia. Por la capacidad de adaptación que tuvimos, porque nos estuvimos formando muy autogestivamente, estamos en condiciones de no pensar en un examen que además nos toman contenidos que no son específicos de COVID”,  cierra Melisa antes de salir de su casa en Almagro, Capital Federal,  para tomarse un subte y dos trenes para llegar a la salita en Hurlingham.

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