Una pizzería de Villa Crespo es la primera pyme recuperada en pandemia

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En una esquina porteña emblemática nació la primera cooperativa de la pandemia. Los empleados de la Pizzería 1893 firmaron un acuerdo con los dueños y ya autogestionan el local. Cuando se flexibilizó la cuarentena el propietario les dijo que no tenía plata para insumos y compraron la mercadería con sus ahorros para hacer delivery. Ernesto De Arco, camarero y ahora también tesorero cuenta que se acercaron a otro restaurante cooperativo del barrio -Alé Alé- «y los compañeros nos asesoraron sobre cómo hacer». Llegaron un acuerdo con los dueños para tomar el control del local.

Cualquier porteño o porteña que conozca más o menos la ciudad habrá pasado alguna vez por esta esquina emblemática del barrio de Villa Crespo. Se trata del cruce de la avenida Scalabrini Ortíz (Ex Canning) y la calle Loyola. Allí se erige hace 25 años una pizzería de fachada color amarillo pastel y el cartel indicando el nombre «1893».

La especialidad: pizza a la parrilla y a la piedra. Sin embargo, la nueva especialidad en medio de la crisis del coronavirus fue haberse convertido en la primera empresa recuperada por sus trabajadores durante la pandemia. Además, pasaron de empleados a cooperativa en un tiempo récord. Con aislamiento preventivo y obligatorio los trabajadores y trabajadoras lograron firmar el acuerdo para transformar el clásico restaurante en “Cooperativa 1893”

La crisis de la firma Maridani SRL, dueña de la marca, venía siendo arrastrada incluso desde antes de la pandemia: “El ex empleador nos debía salarios, por ejemplo, el aguinaldo que tendríamos que haber cobrado en diciembre nos lo terminaron de pagar en marzo y por suerte lo pagaron antes de la recesión de la pandemia, porque sino nunca lo hubiéramos cobrado. Las cargas sociales no las pagaban nunca. Siempre nos decían que estaban en plan de pagos”, explica a Nuestras Voces Ernesto De Arco, que es camarero y ahora es, también, tesorero de la cooperativa. Y con la llegada de la pandemia el panorama fue aún más dramático. 

Según la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (Fehgra) el 65% de los hoteles y el 75% de los restaurantes y bares de todo el país, que emplean a unas 650.000 personas, están “al borde de la quiebra”.

Durante los primeros meses de la cuarentena los 13 trabajadores estuvieron sin cobrar absolutamente nada. “A mediados de abril tuvimos una reunión con el empleador.  Nos dijo que la situación era irremontable. Cuando la cuarentena se flexibilizó para el servicio de delivery junto a mis compañeros decidimos proponerle al dueño retomar las actividades. Él nos dijo que no tenía plata, así que decidimos comprar la mercadería con nuestros ahorros y hacer servicio de delivery nosotros mismos”, grafica Ernesto que sin saberlo hasta ese momento, era el germen de lo que unas semanas después se transformaría en cooperativa. El vínculo entre los trabajadores era muy estrecho. Así como Ernesto trabaja hace 13 años, hay otros que lo hacen incluso hace más, como el caso del maestro pizzero, Felipe, que hace 23 años trabaja junto a hermano Rubén, el maestro de las pastas. “Pasamos por un montón de etapas diferentes, de mucho trabajo, épocas de crisis pero ninguna como esta. Los últimos cuatro años fueron muy perjudiciales para la pizzería en los que los empleadores no respetaron ningún acuerdo laboral y no nos aumentaron el salario de acuerdo a los aumentos decretados por ley. Estuvimos dos años sin aumentos”. 

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La salida es colectiva

A pocas cuadras de 1983, en la calle Cabrera, existe otra cooperativa gastronómica: Alé Alé que luchó durante un tiempo porque los dueños del histórico inmueble de la calle Estado de Israel—aún más vecinos de la pizzería—forjaron el desalojo. Ernesto siguió muy de cerca el proceso de la cooperativa y también era un comensal habitué. “Cada tanto íbamos a cenar con mis amigos y conocemos su historia y su gran lucha. Así que les comenté a mis compañeros para que empecemos a pensar en la posibilidad de convertirnos en cooperativa”.

Así fue como tuvieron una primera reunión con Andrés Toledo, el presidente de la cooperativa Alé Alé. “Nos habló del cooperativismo, se entusiasmó y a la vez nos asesoró. A partir de ahí ocupamos la pizzería para cuidar nuestra fuente de trabajo y para evitar el vaciamiento por parte de la patronal”. Al día siguiente de la ocupación, Toledo llegó a 192 con referentes de UTEP Capital, el sindicato que nuclea a trabajadores de la economía popular. “Vinieron abogados y referentes del Movimiento Evita de la rama de empresas recuperadas para asesorarnos y ahí nos ofrecieron las herramientas necesarias para poder resolver el conflicto”. 

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En tiempo récord, en medio de la pandemia, lograron llegar a un acuerdo con su otrora empleador: él les traspasó el fondo de comercio a cambio de que no le hicieran reclamos laborales. Así, hace pocos días, se conformó la “cooperativa 1893” la primera formada en medio de la crisis por el COVID 19. Los vecinos del barrio, contentos: podrán seguir disfrutando de las delicias de las pastas y las pizzas. Pero sobre todo, sabrán que el dinero que gasten será, esta vez, para uso y administración de los trece trabajadores que le ponen el cuerpo hace 25 años. 

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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