Villa Azul: un éxito sanitario con sabor amargo

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La cuarentena comunitaria que se llevó a cabo durante 15 días para frenar los contagios en Villa Azul fue un éxito. A más de un mes del brote en el barrio situado entre los partidos de Quilmes y Avellaneda, la situación sanitaria está controlada gracias al operativo DetectAr del Ministerio de Salud y el gobierno de Axel Kicillof. Pero quedó al descubierto la precariedad habitacional y laboral, y la necesidad de urbanizar el barrio para acabar con las desigualdades de décadas.

En cruce de las calles Antonio Caviglia y Sargento Cabral, que divide el partido de Quilmes y el de Avellaneda sigue habiendo algunas vallas de metal y policías apostados para controlar el ingreso y el egreso al barrio Villa Azul. Los agentes ya no visten mamelucos amarillo, no hay patrulleros, ni tampoco están los móviles de la tv que coparon la entrada a el pasado 24 de mayo, cuando por la alta tasa de contagio el gobierno bonaerense decidió cerrarlo para evitar que se expanda el coronavirus. 

Aunque el cierre total ya pasó y los vecinos viven ahora una nueva etapa de aislamiento -“focalizado”- muchos de ellos coinciden en que esos 15 días en que estuvieron sin poder salir del barrio fue una experiencia que los modificó. En tanto, las autoridades municipales y provinciales consideran a Azul como un caso exitoso de aislamiento comunitario. Según los datos oficiales, gracias a éste en se pasó de 50 a 5 contagios diarios. 

El confinamiento

Villa Azul fue el primer barrio del conurbano, y por el momento el único, que fue cercado por razones sanitarias durante estos más de 100 días de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) para evitar la propagación del coronavirus. Las villas y barrios más vulnerables fueron desde el inicio de la pandemia la preocupación más grande de los gobernantes como posibles focos de contagio, por el hacinamiento en que viven sus habitantes y la falta de infraestructura. 

Los testeos realizados durante Operativo DetectAr (Dispositivo Estratégico de Testeo para Coronavirus en terreno de Argentina) el viernes 22, sábado 23 y domingo 24 de mayo en Azul arrojaron datos alarmantes: de las 3.128 personas que viven allí,  según el último censo realizado en 2018 -se estima que hoy son cerca de 5.000- ,123 personas habían sido hisopadas y 99 de ellas resultaron positivas a Covid-19.

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En las proyecciones de los infectólogos el contagio pronto sería masivo. El gobernador de la provincia Axel Kicillof, en conjunto con la intendenta Mayra Mendoza, tomaron la decisión de un aislamiento comunitario por 14 días y el 25 de mayo quedó conformado el Comité Operativo de Emergencia (COE), integrado por representantes de las áreas de salud, de desarrollo y seguridad del municipio y la provincia.

Jonatan Konfino. Secretario de Salud de Quilmes, explicó a Nuestras Voces que se venía realizando una estrategia de búsqueda activa de casos en el partido cuando notaron que la tasa de positividad en Azul era muy alta. “Hablamos con las autoridades sanitarias de Avellaneda y tenían números de contagios similares. Nos dio la pauta de que había una circulación viral importante en el barrio y como los casos estaban concentrados en una zona geográfica era abordables. El aislamiento comunitario nos pareció la mejor estrategia para frenar los contagios”, recordó.

Siguiendo la misma línea, Mendoza aseguró que con la medida buscaban “cuidar a los vecinos y los barrios que están cerca», y precisó que la medida es estrictamente sanitaria.»Se toma al barrio como una familia y si el test que se le realice a un integrante da positivo, deben quedarse todos sus contactos estrechos haciendo la cuarentena», explicó.

Eses domingo 24 de mayo, Rosana González almorzaba en familia cuando vio pasar un helicóptero de la Policía Bonaerense, minutos después fue testigo de cómo las fuerzas de seguridad vallaron el barrio. Rosana contó a Nuestras Voces que “al principio hubo angustia porque no entendíamos nada. Había policías, personas del municipio y gente del barrio vestida de blanco que junto a los médicos iban casa por casa para detectar si tenías que hacerte o no el hisopado. Se llevaban a vecinos”.

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Rosana aseguró que recién entendió la gravedad del coronavirus cuando una de sus vecinas se enfermó. “Hasta el momento no pensaba que podíamos contagiarnos, ahí comenzamos a tomar precauciones”. En los quince días que estuvo aislada recibió del municipio y de varias organizaciones sociales que colaboraron con los vecinos bolsones con productos de limpieza, alimentos secos, verduras, pan y dos pollo. «Había que pelearla un poco, pero las cosas llegaban», contó. 

El secretario de salud aseguró que “durante el aislamiento los vecinos recibían asistencia alimentaria y social casa por casa psicológica, y médica para aquellas personas que lo requerían”.

Claudio Villán también es vecino de Villa Azul. Vive en la parte de La Toma, el sector más vulnerable, del lado de Quilmes. Cuando se enteró del cierre del barrio y vio las vallas también sintió angustia aunque ahora reconoce que “la decisión fue para mejor”. Vive de hacer changas y pinta casas pero la cuarentena, como a muchos otros, lo dejó sin trabajo. Desde el principio del aislamiento comunitario decidió dar una mano y fue el encargado de buscar a los infectados con personal de salud de la provincia. Sus días consistieron en calzarse un traje blanco esterilizado todas las mañanas y recorrer el barrio en búsqueda de los positivos. Recién cerca de las 20 volvía a su casa, se desinfectaba, comía algo y se iba a dormir. 

Al tercer día de esa nueva rutina Claudio se encontró con la noticia que menos quería: el tercer nombre de la lista de infectados era el de su hijo de 21 años. “Fue un momento muy triste. Él casi no había tenido síntomas, sólo le había molestado un poco la garganta”, contó y añadió que como es un chico sano y sus síntomas eran leves, los dejaron aislados en su casa. Su nuera, hermana y sobrinos también dieron positivo de Covid 19.

Los habitantes coinciden en que el foco de contagio estuvo en la canchita de futbol del barrio, muy cerca del centro sanitario municipal donde se instalaron los médicos para hacer hisopados y donde trataron a los casos sospechosos. “Se contagiaron todos ahí, seguían jugando campeonatos durante esos meses”, afirmó Claudio. La cancha está rodeada por casillas de chapa y otras viviendas sin terminar donde viven familias. Se llama La Toma porque años atrás quedaron casas a mitad de construir y entonces el sector fue ocupado por los vecinos.

El Secretario de Salud de Quilmes contó que a medida que se iban identificando los casos positivos se buscaba sacarlos del barrio y llevarlos a los centros de aislamiento que de Quilmes. La gran mayoría fue al que se instaló en la Universidad Nacional de Quilmes  (UNQUI), pero también hubo vecinos que se recuperaron en los centros de Almirante Brown y Berazategui. 

Para el funcionario el apoyo de los vecinos para sacar a los infectados del barrio fue fundamental “fue importante porque es una sugerencia que inicialmente tiene resistencia, todos nos queremos quedar en nuestras casas pero cuando lo pones en perspectiva de que es una medida solidaria para con su familia y con el barrio, porque es una forma de cuidar a los vecinos, muchos accedieron y se recuperaron en lugares preparados para ello”.

Las condiciones de Azul

Rosana tiene 51 años y vive desde hace más de 40 años en el sector del barrio conocido como “La Placita”. Cuando se instaló el barrio era apenas un pequeño asentamiento muy distinto de como es actualmente, con menos habitantes. “Donde ahora hay construcciones de materiales o casillas se veía un descampado y basurales”, recordó.

Durante la dictadura militar, Azul y su vecina Villa Itatí conformaban un solo barrio. Sus primeros habitantes fueron, algunas décadas antes, cirujas que se instalaron alrededor los basurales. Luego de que el gobierno de facto construyera el Acceso Sudeste, ambas villas quedaron divididas por una autopista. En Itatí, según el censo realizado en 2018 por el Gobierno de la Provincia, viven más de 15 mil personas. Según explican las autoridades, el aislamiento comunitario se decidió en parte para cuidar a la población de los barrios aledaños, porque el flujo de gente entre los barrios genera más contagios.

La parte de Azul que pertenece a Quilmes es el área en el que se registró la mayor cantidad de contagios. Allí las calles casi no existen, hay pasillos que no llegan a tener 2 metros de ancho. En su mayoría las casas son de chapa y madera. 

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Según el Censo,  en Azul viven un promedio de casi 4 personas por casa. La gran mayoría usa garrafa para cocinar y si bien hay red de agua, no hay presión y ésta no llega a todos los hogares. Rosana contó que en los últimos años hay cada vez más familias ocupando espacios en el barrio. “La mayoría de las familias son de más de cinco personas. Hay hasta 15 personas viviendo en una misma casilla.”

La gran mayoría de la población está desocupada o trabaja informalmente: muchos viven de changas o de trabajos temporales precarizados y otro tanto cartonea. Lorena que vive en Azul hace 15 años contó que varios vecinos perdieron sus posibilidades de ingreso con la cuarentena. “Yo cosía en mi casa pero con el cierre del barrio el proveedor dejó de traerme el materia y yo no podía ir a buscarlo. Tengo la máquina parada hace tiempo. Mi marido era delivery y se quedó sin trabajo, ahora no nos queda otra que salir a cartonear”.

Las condiciones en que vive la población de Azul generó una propagación del virus más rápida.El médico sanitarista señaló que de un lado y otro de la calle Caviglia se ve las enormes diferencias que existen entre una villa y un barrio urbanizado. “El 80% de los casos de coronavirus en ese área fueron en la villa y el virus no conoce de códigos postales. Fue por la falta de infraestructura, de servicios y el hacinamiento”, manifestó y resaltó que esto dio el puntapié a que comience el proceso de urbanización tan esperado por los vecinos.

El propio presidente Alberto Fernández dijo que Villa Azul “es el ejemplo más claro de la injusticia» y dio la orden de que comiencen con el proceso de urbanización. Mendoza celebró la iniciativa y dijo que debe ser “una política de Estado» para todos los barrios populares del país.

El momento de la apertura

Tras dos semanas de confinamiento total, fue levantado el aislamiento que impedía a los vecinos de Villa Azul salir del barrio.El COE resolvió a partir del 7 de junio implementar una cuarentena “focalizada” para continuar con el control de los contagios.La curva logró aplanarse hasta llegar a lo 3 a 5 contagios por día. Hubo dos muertes desde que inició el brote, dos hombres mayores de 65 años con enfermedades preexistentes.

La estrategia de Axel: entre la cuarentena estricta y la apertura

 

”Teníamos para entonces 2 o 3 positivos por día nada más, osea la tasas de positividad ya era similar a la población general de la provincia. Siguen habiendo casos pero se pudo contener el brote”, afirmó Konfino.

La nueva etapa incluye flexibilizar la circulación dentro del barrio y hacia afuera bajo las normas vigentes del ASPO, con la excepción de los casos y los contactos estrechos, que tienen que permanecer en sus casas. Pueden ingresar y salir del barrio quienes sean trabajadores esenciales, bajo un estricto control sanitario y de seguridad. Se retomó la atención primaria en los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) aunque continúa una unidad móvil tomando muestras ante la aparición de casos sospechosos.

“Estamos contentos de que la gente pueda volver a salir a trabajar. La experiencia de estar aislados nos cambió para siempre. Pudimos pasarla juntos y eso nos alegra”, dijo Claudio. Varios días después del momento en que se determinó el cierre del barrio, Rosana consideró que” el esfuerzo funcionó.Se nota que los casos bajaron y durante estos días volvieron muchos vecinos recuperados, algo que nos reconfortó”.

En tanto, el funcionario evaluó como muy exitosa a la experiencia. Por un lado, porque lograron sofocar el foco de contagio, y por otro por “el trabajo mancomunado que se logró con los vecinos.Fue muy interesante ver cómo se organizaron y fueron ayudando a identificar los casos y a llevar la asistencia alimentaria”.

Mendoza explicó que además “al lograr controlar el brote, no sólo controlamos el contagio dentro del barrio, sino también en los barrios cercanos: Wilde, Don Bosco y Villa Itatí, donde viven entre 25 y 30.000 personas». En Itatí se siguieron los pasos de Azul y hoy hay una estrategia de vigilancia activa  en la que los promotores de salud, que muchos de ellos son los vecinos,  siguen los casos sospechosos. Hacen seguimientos a los casos estrechos de los positivos para ver si cumplen con el aislamiento, están pendientes de si éstos desarrollan síntomas para hisoparlos y garantizan que les lleguen alimentos y productos de limpieza.

Además, a partir de la solidaridad que tiene el barrio se están haciendo campañas para que quienes se hayan recuperado donen plasma. “Los vecinos tienen ganas de donar y están orgullosos de poder ser parte de la solución”, aseguró el secretario. Mientras esperan que llegue el pavimento a las puertas de  sus casas, aquellos que pasaron por la enfermedad  están entusiasmados a colaborar para salvar a otros.

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