Asbesto en la línea B: hablan los trabajadores del subte afectados

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Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta están denunciados por la compra y el uso de vagones de subte con asbesto, un material aislante altamente tóxico. La historia de Ramón Acuña y otros diez trabajadores a quienes les detectaron «asbestosis», una dolencia que puede llegar a producir cáncer de pulmón. “Proponemos un plan integral de desasbestización. Es un tema de salud pública. Desde nosotros, que estamos en contacto con el material directo, hasta el pasajero, podemos contraer esta patología”, aseguran los trabajadores.

Fotos: Joaquín Salguero

Hace un mes Ramón Acuña fue al hospital Británico a hacerse tres estudios: una tomografía computada, una radiografía y una espirometría. Los exámenes fueron pedidos por la empresa en la que trabaja: Metrovías. Hace casi dos años, el sindicato del subte porteño (AGTSyP), viene denunciando que las formaciones contienen un mineral cancerígeno: el asbesto. Sin embargo, desde la empresa concesionaria del transporte y desde el gobierno de la Ciudad, responsable directo, no daban lugar al reclamo de los trabajadores. Pero después de dos años de lucha, lograron que 75 trabajadores de los talleres de la línea B fueran sometidos a hacerse estudios. Entre esos, estaba Ramón.

Unos días después, lo citaron. Estaba el resultado. El peor resultado. Ramón Acuña, trabajador desde hace ocho años en el sector electro-mecáncio del taller Rancagua de la línea B, tenía “asbestosis”. La causa: haber trabajado diariamente con partes del tren que contienen este material. Ya quedaban lugar para dudas. Además de Ramón, otros diez trabajadores del subte son los primeros afectados directos de una patología que puede llegar a provocar cáncer de pulmón. Por caso, según informó el periodista Gustavo Vega del diario Página 12 “El presidente Mauricio Macri y el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta fueron denunciados por la compra de vagones con asbesto que se incorporaron al subte en 2011. Los delitos que se les imputan son violación de los deberes de funcionario público, abuso de autoridad y encubrimiento. La presentación judicial recayó en el juzgado federal nº 2 a cargo de Sergio Ramos y la hizo un especialista en el tema: el ingeniero en Seguridad Ambiental e inspector de la Subsecretaría de Trabajo de la ciudad de Buenos Aires, Edgardo Castro”.

Es una lotería

Juan Pablo Riggio trabaja hace más de veinte años en el taller Rancagua. Todavía se nacuerda cuando a mediados de los 90, un supervisor de Metrovías viajó a Japón para ver las nuevas formaciones que iban a traer de la empresa Mitsubishi. Volvió impactado y les contó a todos: “No saben los trajes que se ponen los ponjas para trabajar en los talleres con las partes del tren. Es impresionante. También tienen una máscara tremenda que les recure toda la cabeza. Y después tiran todo, el traje y la máscara”. Lo que parecía una anécdota simpática, incluso estrambótica viniendo de “los japoneses” era en realidad el recaudo que utilizaban en la empresa ante el alto grado de asbesto que tenían esos trenes. No era un chiche. Era protección para la salud laboral. En Argentina, claro, nunca se usaron esos trajes.

Los trabajadores argentinos trabajaron durante veinte años con las partes de esos trenes sin ningún tipo de protección. Juan Pablo se hizo los estudios y por ahora le salieron bien. Pero es prudente. La asbestosis puede aparecer de un segundo para el otro. “Es una lotería—dice—de acá hasta que me muera, cada vez que me vaya a hacer estos estudios estoy expuesto a contraerla”.

¿Qué es entonces el asbesto?

Es un mineral que fue utilizado durante décadas en todo el mundo, generalmente en la industria y en la construcción, por sus excepcionales propiedades como aislante. Es un material versátil, barato y de productividad elevada que sirve para aislar partes de máquinas o elementos que irradiaban temperatura. Particularmente en la industria ferroviaria se usa como recubrimiento de partes eléctricas que general temperatura. En lo concreto, tiene la forma de un plástico. 

En la década del 60 se empieza a detectar que este mineral tiene efectos cancerígenos. En la década del 80 se prohíbe en Europa y en Argentina en 2001. 

Publicidad en el subte, otro kiosko de Larreta

Cuando en febrero de 2018 los trabajadores del metro de Madrid denunciaron que un compañero tenía asbestosis comenzaron las primeras alarmas en el subte de Buenos Aires. Por caso, los trenes que habían comprado en 2011 en Madrid eran los mismos que denunciaban sus compañeros europeos. En ese momento, desde el sindicato hicieron la denuncia pública. Y más allá de eso, comenzaron una investigación exhaustiva en coordinación con trabajadores y especialistas en la materia para determinar que efectivamente, las formaciones contenían ese material. La investigación incluyó la colaboración de universidades públicas y hospitales. Era el gremio y no la empresa la que estaba tomando la delantera en el asunto, protegiendo a los trabajadores. 

“La primera respuesta que obtuvimos desde la empresa SBASE fue que no estaba comprobada la existencia de este mineral”, relatan. Pero ellos sabían que tenían razón. Y el tiempo lo demostró.

La alarma

La alarma la encendió Luis Tula, un trabajador de la cabina de pintura, apenas unos días después de la primera denuncia de los metreodelegados. A Luis le costaba respirar y tenía una tos seca apenas se levantaba. “Me descubren un asma laboral producto de un agrandamiento de la pleura, igual que lo que produce la asbestosis. La ART lo toma como enfermedad profesional”, explica a este portal.

En ese momento, la empresa le dice a Luis que lo va a reubicar porque era peligroso que siga trabajando en ese sector. “Entonces si era peligroso para mí era peligroso para todos los compañeros. Ahí comenzó una retención de tareas”.

Desde ese momento los trabajadores de los talleres están en estado de alerta. Porque saben que destaparon una olla que no conocen aún todos los alcances. “Con el asbesto se identifican tres niveles de exposición—explica María Inés Malla, una de las integrantes del equipo de salud laboral del sindicato—uno es el directo, es decir, el de los trabajadores que manipulan piezas con asbesto; otro es el doméstico que es cuando llevan la ropa de trabajo a su casa, de hecho en España por ejemplo hay casos de familias de trabajadores con asbestosis; y en tercer lugar la exposición ambiental y esto afecta a todos los pasajeros porque el asbesto es un material muy fácil de expandirse”. Por eso, los trabajadores no se conforman con la respuesta de la empresa que pretende “reemplazar” las piezas que contienen este material. “Nosotros proponemos un plan integral de desasbestización. Es un tema de salud pública. Desde nosotros que estamos con el material directo hasta el pasajero pueden contraer esta patología”, explica Riggio.

Mientras tanto, la empresa contrató a trabajadores por fuera de convenio, temporalmente, y acondicionó un espacio en el taller para que realicen estas tareas de sacar las piezas que contienen el mineral. 

“Esto está enmarcado en la política criminal que tiene esta empresa y este gobierno contra los trabajadores—reflexiona Ramón Acuña—Ellos siempre supieron que las piezas tenían asbesto y se hicieron los desentendidos. Esta es la frutilla del postre del modus operandi de esta empresa, que no olvidemos también es la responsable de las seis muertes de nuestros compañeros por fallas en la seguridad eléctrica. El problema del asbesto no está descontextualizado. Metrovías es una empresa que mata”. 

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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