Ciudad Palmera, el negociado inmobiliario de Irsa y Larreta en Caballito

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En plena pandemia Eduardo Elsztain arrancó con una obra de más de 145.000 m2 cubiertos en terrenos adquiridos irregularmente por Irsa al club Ferro. Construirá 1.188 departamentos y un shopping más grande que el Alto Palermo declarado como «galería comercial». Un negocio de más de 250 millones de dólares. El proyecto, bautizado Ciudad Palmera, no cuenta con la factibilidad de los servicios de luz, agua y gas. Ni cumple con los límites constructivos establecidos por las normas, pero es uno de los negociados esenciales que Horacio Rodríguez Larreta impulsó en cuarentena.

En el año 2020 la pandemia del Covid-19 ha causado estragos, no solo en nuestro país, sino en el mundo entero. Sin embargo, IRSA ha utilizado la emergencia sanitaria y social para acelerar sus negocios. Hasta los ojos del espectador menos experimentado pueden ver que el negocio inmobiliario es el más actual, feroz y rentable de Horacio Rodríguez Larreta, el Jefe de Gobierno porteño. 

El 1º de Julio de este año, al unísono con el retorno a FASE 1 de la cuarentena, se dio comienzo con la mega obra bautizada “Ciudad Palmera”, diseñada por el Arquitecto Bernardo Dujovne, padre del ex Ministro de Economía de Mauricio Macri, que se ganó su lugar en la historia por endeudar al país por los próximos 100 años. 

“Ciudad Palmera” tiene una extensión de dos manzanas y media, con frente a la Av. Avellaneda 1400, es decir, a menos de 200 metros del Estadio del Club Ferro.  Las constancias de los expedientes de obra, que tramitan en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, indican que el proyecto tiene una dimensión total de 145.216,39 m2 cubiertos, más precisamente, 1.188 departamentos y un Shopping de dimensiones superiores al Alto Palermo. Es decir, un negocio de aproximadamente USD 250.000.000.-

El 25 de junio de 2020, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, otorgó el registro de planos obviando cualquier parámetro mínimo en materia ambiental. Actualmente el proyecto no cuenta con la factibilidad de los servicios de luz, agua y gas. Tampoco cumple con los límites constructivos establecidos por las normas. Además, esos terrenos se encontraban afectados en un primer momento al servicio ferroviario, luego a un depósito de contenedores de telas y, como si esto fuera poco, a un depósito de autos de la Policía Federal. Estos usos del terreno dejan en evidencia que el mismo se encuentra potencialmente contaminado. Lo que conlleva a que las actuales excavaciones traigan aparejado que la tierra removida contamine el aire que respiramos. La ecuación Coronavirus más aire contaminado es un combo explosivo para la salud de los vecinos. 

Si bien la construcción privada se encuentra prohibida por el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, solamente se permiten realizar trabajos de emergencia que prevengan algún peligro, ello conforme DNU 576/2020. IRSA, en complicidad con Larreta, comenzó las excavaciones en plena emergencia sanitaria.

Resulta más que evidente que la construcción de lo que ellos denominan “Ciudad Palmera” no conlleva ningún tipo de emergencia. Sin embargo, desafiando la inteligencia de los vecinos y las autoridades del Gobierno de la Ciudad, la empresa argumentó que las excavaciones comenzaron antes de que se desatara la pandemia y que esto podría afectar a la propagación del dengue por la eventual acumulación de agua. Ahora bien, no podrían haber realizado ninguna excavación antes del aislamiento, por la simple razón de que su irregular permiso, recién fue otorgado en el mes de junio cuando el aislamiento se encontraba en plena vigencia. Contradicciones y más contradicciones.

¿Para prevenir el dengue no hubiese sido más acertado fumigar el predio? ¿O tal vez evitar que se acumule agua? Si durante más de 20 años no realizaron ningún tipo mantenimiento, ¿por qué motivo les preocuparía el dengue ahora? Preguntas a las que aún no les encontramos respuesta. Por otro lado, en rigor de verdad, la excavación no comenzó sino hasta el 1º de julio y no antes, como pretenden hacernos creer. 

El haber empezado con la obra en plena pandemia no es casual, sino causal. Queda en evidencia que el apuro es otro. La envergadura del proyecto no es compatible con la normativa vigente y mucho menos con la débil infraestructura de los servicios públicos del barrio. La constructora avanza a toda velocidad, con el único fin de evitar que las movilizaciones barriales, que lograron durante más de 20 años combatir con eficacia sus espurios negocios, puedan hacerlo una vez más. Lo más importante en estos tiempos es cuidar la salud, por lo tanto, la movilización vecinal tiene el desafío de encontrar nuevas formas expresar su rechazo y seguir impulsando el proyecto de parque.

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Densidad poblacional insostenible 

“Ciudad Palmera” pretende introducir más de 6.000 nuevos habitantes en el barrio, aumentando más de un 3% la población del mismo. Además de generar un nuevo foco de embotellamiento por el shopping. Actualmente se registran alrededor de 176.076​ habitantes en Caballito, es decir 26.000 por km cuadrado. Es el barrio más densamente poblado de toda la Argentina. Lejos aparece la idea de que la pandemia haga reflexionar al Gobierno Porteño sobre las consecuencias de la densificación poblacional y en la necesidad de un modelo demográfico sustentable y superador.

Estas obras se difunden como si fueran solo una inversión privada, sin embargo, conllevan indefectiblemente una fuerte inversión pública para lograr adaptar la red de servicios de luz, gas, agua y cloacas a semejante negocio inmobiliario. Si la pandemia puso en evidencia la importancia del acceso a al agua potable y a las cloacas en los 4.000 barrios populares del país, esta mega obra habilitada por el Gobierno Porteño viene a contramano de todo ello:implica invertir fondos públicos para el desarrollo de un negocio privado, trayendo como consecuencia la destrucción de la calidad de vida de los habitantes y una catástrofe para los pequeños comerciantes de Caballito y los barrios aledaños.

Un shopping en cuotas

Una obra de esta envergadura debe ser objeto de una normativa especial de la Legislatura Porteña, en virtud de que implica la modificación de las normas vigentes. Por lo tanto, cualquier permiso de obra que no cumpla con la ley es claramente ilegal. 

Tanto el Pro como Cambiemos y, ahora, Juntos por el Cambio, llevan 12 años sin poder aprobar esta normativa. Mauricio Macri como Jefe de Gobierno presentó en el 2008 un Proyecto de Ley para modificar el Código de Planeamiento Urbano y autorizar el emplazamiento del Shopping. Sin embargo, a lo largo de sus dos mandatos nunca reunió los 31 votos necesarios para obtener su sanción. Luego Horacio Rodríguez Larreta, a cargo de la jefatura porteña, insistió con la misma ley desde el año 2015 hasta el 2017, momento en que conjuntamente con la empresa, decidieron cambiar la estrategia. 

Al no contar con su preciada norma especial, IRSA, en complicidad con el actual Jefe de Gobierno, dividió el terreno en 4 parcelas; declaró la mitad de la superficie y simuló adaptar 80.000 m2 de Shopping a los apenas 2.500 m2 que permite la normativa urbanística, para el rubro Comercio Minorista Galería Comercial.

AMARILLO IRSA, VERDE PLAYÓN FERROVIARIO, AZUL CLUB FERROCARRIL OESTE
El origen fraudulento de las tierras

El 16 de julio el Presidente de la Agencia de Administración de Bienes del Estado, Martín Cosentino, su vice Juan Debandi, y el Síndico General de la Nación, Carlos Montero, en una reunión virtual, conocieron la investigación realizada por el Consejo Consultivo Comunal Nº6 y los miembros de la Junta Comunal del Frente de Todos. 

Comienza la cuenta regresiva para que todos los vecinos y vecinas del barrio puedan conocer como un entramado de corrupción terminó en esta catástrofe que pareciera no tener fin. El paso del tiempo no convierte en lícito lo ilícito y el barrio no olvida. 

Acciones legales para frenar el negociado

El martes 22 de julio la diputada nacional por el Frente de Todos Gabriela Cerruti presentó ante el Ministerio Público Fiscal una denuncia contra IRSA por las violaciones a las normativas dispuestas en el marco del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio. La denuncia de Cerruti explica la falta de cumplimiento del ASPO y también del código contravencional y de faltas vigente en la Ciudad, y de los derechos ambientales de los porteños y las porteñas por haber iniciado, de manera ilegal, trabajos de excavación y de demolición.

En este mismo sentido, los vecinos y vecinas de Caballito vienen luchando a través de un amparo presentado ante la justicia porteña para exigir la detención inmediata de la obra y lograr legalmente el fin de una lucha que lleva más de veinte años.

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Lo que nos deja el negocio inmobiliario

Si bien el conflicto lleva más de dos décadas, pareciera que solo es una discusión sobre el uso de un espacio, que, en la inmensidad de la Ciudad, no tendría mayor relevancia. Lo cierto es que el debate tiene un significado más profundo. Este conflicto deja en evidencia el mayor de los interrogantes ¿cuál es el modelo de Ciudad que queremos? Tanto Macri, como Larreta a cargo de la Jefatura de Gobierno impusieron la lógica del cemento bajo la falsa premisa de “ciudad sustentable”, solo nos queda preguntarnos ¿es realmente lo que los habitantes necesitan para una mejor calidad de vida? ¿Queremos vivir la Ciudad o padecerla? ¿De qué forma queremos vivir? ¿Hacinados? ¿Con necesidad básicas insatisfechas? ¿Qué Ciudad vamos a dejarle a las generaciones futuras? Si seguimos realizándonos estas preguntas es porque en estos años no nos han dado ninguna respuesta. 

Para los vecinos de Caballito no son preguntas nuevas. Las personas que vivimos en el barrio conocemos algún capítulo de esta historia. La lucha de los vecinos y vecinas contra la poderosa empresa Alto Palermo S.A. (Grupo IRSA) ya lleva más de 20 años. 

En 1997 arrancó el primer capítulo de esta novela, cuando IRSA adquirió fracciones de terreno, en el marco de lo que fuera un plan sistemático de vaciamiento del Club Ferro Carril Oeste, que devino posteriormente en su inexorable quiebra. 

Ya en esos años, la empresa comenzó a proyectar lo que sería un ambicioso proyecto comercial que consistiría en la construcción de uno de los shoppings más grandes de Latinoamérica. Sin embargo, las fuertes irregularidades en la adquisición de las tierras, que quedaron marcadas en la memoria colectiva del barrio, sumado al inminente daño comercial y ambiental que implicaba el proyecto, generó una histórica resistencia vecinal. Esa resistencia logró frenar su mega proyecto por más de dos décadas e impulsar el proyecto de un gran espacio verde público.

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