Coronavirus: la trágica muerte de otra referente villera

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Este martes murió Rossio Roxana Choque de 38 años en la Villa 1-11-14 del Bajo Flores. No podía trabajar por la cuarentena, se acercó al comedor porque no tenía alimentos para su familia y se quedó colaborando. Vivía en una habitación con sus hijos de 22, 16 y 11. Su compañeras denuncian el abandono de Larreta y exigen que reconozca el trabajo voluntario: “Tenía miedo de dejar solos a sus hijos, estaba mal alimentada, nos llamó diciendo que se ahogaba”, relatan.

Otra vez, las mujeres que paran las ollas, las que están en la primera línea de fuego en los barrios populares alimentando a cientos de miles, siguen muriendo a causa del coronavirus. Esta vez la víctima se llamaba Rossio Roxana Choque, tenía 38 años, era madre soltera y vivía en el barrio Padre Ricciardelli (Villa 1-11-14) del Bajo Flores. Al igual que Ramona Medina en la Villa 31, la causa de la muerte es el coronavirus, pero en realidad, lo es la desidia, el olvido, la precariedad, la falta de atención, la falta de una vida digna. La muerte de Rossio Choque conmovió y conmocionó a todos los vecinos y vecinas del barrio. Están absolutamente impactados porque también la vieron venir.

Rossio había llegado a Argentina hacía tres años desde Bolivia y había alquilado una pequeña pieza en este barrio en el que residen 40 mil personas, y allí  vivía con su hijo de 22 y sus hijas de 16 y 11 años. Todos en una habitación. “Rossio, prácticamente fue una compañera nueva, no tenía mucho tiempo en la organización del Frente de Organizaciones de Lucha (FOL), pero en el corto tiempo que ella participó en nuestro comedor porque era una voluntaria muy activa, le gustaba ayudar y estar en todo lo que podía. Rossio era un poco tímida, callada, reservada con sus cosas, pero lo poco que pudo contarnos ella en el tiempo que estuvo con nosotras era que se acercó al comedor por desesperación, porque no tenía qué darle de comer a sus hijos. Estaba desesperada por no poder pagar el alquiler y nos pedía siempre ayuda para conseguir el DNI. Tuvo problemas con eso porque no reunía el tiempo suficiente como radicada. Ella ya venía estando cada vez más más precarizada y más tensa su situación económica empeoró con el gobierno de Macri. Y fue peor con esta pandemia”, cuenta Ana a Nuestras Voces, una de sus compañeras y referenta del FOL que todavía está conmocionada por el episodio.

Larreta y el negocio de los intermediarios con la comida de los chicos

Una muerte anunciada

Hace tres semanas el Operativo Detectar del Gobierno Nacional junto al gobierno de la Ciudad le hizo el hisopado a Rossio y le dio positivo. Mientras esperaba los resultados se mantuvo aislada en la cancha de San Lorenzo hasta que la derivaron al Hospital Piñero. “La primera noche la pasó muy mal. No le dieron ni siquiera una buena cama. La pasó sentada en una silla con frío. No le dieron ni una frazada. Tuvimos que ser nosotras, las compañeras, las que le acercamos una frazada para que esté abrigada. Al día siguiente, la organización se movió y pudo hablar con los encargados del Hospital para que puedan atenderla un poco mejor y recién le dieron una cama. Ella no quería, quedarse en el hospital. Se sentía abandonada. Sentía mucho miedo. Sentía que iba a dejar a sus hijos solos y sus miedos se volvieron realidad. Nos llamaba de madrugada diciendo que los doctores no la atendían, que sentía que se ahogaba”, relata Ana y agrega: “Ese hospital tiene la mala fama de no atender nunca bien, incluso antes de la pandemia. Siempre los vecinos decían que dejaban morir ahí a la gente y más si eras de otro país. Si eras extranjero, no te atendían bien. Te preguntaban de dónde eras y y si eras de otro país te decían que no podías atenderte. La compañera ya venía arrastrando una enfermedad de los riñones y eso fue lo que se le complicó también. Entonces, por esa razón, siendo tan joven, se la llevó la enfermedad y el virus”.

Toda la contención que tenía Rossio era de sus compañeras del barrio. La comida que se llevaba del comedor era el único alimento con el que comía su familia. La pandemia le impidió hacer siquiera las changas que le permitían pagar el alquiler. El temor a perder su pequeña pieza también estaba latente durante estas semanas. “Todas esas cosas fueron juntándose y por eso yo pienso que llegó hasta la muerte. Porque son tantas cosas que se juntan, que la verdad, estaba mal alimentada, no tenía un lugar digno para vivir, vivía hacinada, con miedo a que la echaran por no pagar el alquiler. Ahora sus hijos se quedan solos. Nosotros tratamos de apoyar y llevarle la comida todos los días a los chicos. Porque tampoco el chico puede trabajar, no hay ningún ingreso por ningún lado. No tienen documentos, no pueden ingresar a ningún beneficio, nada”.

Larreta dejó sin trabajo a las celadoras tercerizadas de la Villa 31

Desde el primer día de la cuarentena, la situación en los barrios es una olla de presión a punto de explotar. Las organizaciones reclaman al gobierno de Horacio Rodríguez Larreta que reconozca el trabajo voluntario de las promotoras de salud y las trabajadoras de los comedores.  “El gobierno de la Ciudad sabía todo lo que iba a pasar en el barrio, todo lo que iba a pasar en las villas y no prestó atención a los vecinos. No es solamente Rossio, sino son muchos vecinos que están muriendo. Están pasando hambre, están pasando desesperación por no pagar el alquiler. Por eso vamos a estar haciendo ollas populares en todas las villas, en todos los comedores del FOL para que el gobierno no nos haga caso y nos preste más atención. Porque hay mucha gente que está pasando mal y los comedores ya no se abastecen. Tenemos largas listas de espera que ya no podemos estirar más la comida y es la desesperación de que tenemos nosotras de no poder dar un plato de comida. Estamos reclamando que nos aumenten los cupos de comedores, que bajen más recursos, porque las únicas que se hacen cargo de operativo de detectar son las compañeras de las organizaciones sociales, nuestras compañeras promotoras de salud. Entonces también queremos protección. Queremos que las compañeras tengan un ingreso para que puedan seguir también, porque sin nada en el bolsillo nosotras mismas no, cada día estamos peor y no podemos ayudar a la gente”.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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