Costanera Norte: otro espacio público que Larreta quiere privatizar

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Los vecinos protestan hoy para que Horacio Rodríguez Larreta no usurpe junto a desarrolladoras inmobiliarias 35 hectáreas públicas de Punta Carrasco y Costa Salguero. El hashtag es #SalvemosElRio. Menem fue el primero en concesionar esas tierras, pero Larreta quiere ir un paso más allá y venderlas a precio de ganga para un negociado inmobiliario. Desde su llegada al poder, el PRO ya habilitó la usurpación de 150 hectáreas públicas en la Ciudad a empresas privadas vinculadas a Cambiemos. Historia la relación entre la Ciudad y el Río.

La ciudad de Buenos Aires está por escribir un nuevo capítulo en su persistente e ininterrumpida historia de darle la espalda al rio. El jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, impulsa la privatización de 35 hectáreas de lo que han sido Punta Carrasco y Costa Salguero, terrenos concedidos en 1992 por Carlos Menem a empresas privadas que pagaron un canon irrisorio durante todos estos años y cuyos contratos se vencen el años que viene. Ante la opción de convertir todos esos terrenos frente al rio en un gran espacio público de integración de los porteños con el rio, ha decidido avanzar en su privatización para desarrollar jugosos negocios inmobiliarios. Las costas de Buenos Aires serán accesibles para muy pocos.
Hay una larga historia detrás de este proyecto. A diferencia de otras ciudades argentinas y de las principales metrópolis del mundo, Buenos Aires niega su rio, lo agrede, no lo disfruta. Si se concreta el proyecto de Rodríguez Larreta se habrá dado un paso más en ese alejamiento y también en la concentración de tierras en pocas manos.
La Legislatura porteña aprobó el proyecto impulsado por el Ejecutivo local para la rezonificación urbanística de los predios. Con 35 votos a favor y 22 en contra, la iniciativa oficialista, que ahora deberá pasar por audiencia pública y segunda lectura, habilitó la construcción de un barrio de lujo con diez bloques de edificios que irán de los 18 a los 29 metros de altura en 7,5 hectáreas del sector de Costa Salguero, y concesiones con usos amplios y construcciones de hasta 12 metros y un helipuerto en las 14 hectáreas linderas, donde estuvo Punta Carrasco.

Larreta le dice «chau» al Río y avanza con la privatización de Costanera Norte

Desde la llegada del gobierno del Pro, la Ciudad vendió alrededor de 150 hectáreas, lo que equivale a la superficie de un barrio como San Telmo. A esto hay que sumarle las 70 hectáreas de tierra nacionales en la ciudad que vendió Macri cuando fue presidente. En un contexto donde hay un creciente déficit habitacional y faltan espacios verdes, con esas tierras se podrían haber desarrollado viviendas para 161.000 personas. O se podrían haber ampliado los espacios verdes en un 40 por ciento.
Una historia increíble.
La Buenos Aires que fundó Juan Garay en 1580 se circunscribía a la zona limitada al Este por el Río de la Plata, al Oeste, por las calles Salta y su continuación Libertad; Viamonte, al Norte e Independencia, al sur.
El río en la ciudad, por sus características, llegaba de manera natural hasta las barrancas de Belgrano, hasta la Casa Rosada y hasta Paseo Colón por el sur. Dependiendo de las crecidas (sudestadas) se generaba una gran playa del Paraná. Todo lo que la ciudad avanzó sobre el Este es terreno ganado con relleno de distinto tipo.
El Rio de la Plata y el Riachuelo fueron agredidos, contaminados, abandonados y negados en forma sistemática a través de toda nuestra historia. Sin embargo, hasta la década del 70, los sectores populares y medios hacían un uso intenso de esas playas en los veranos porteños.

Larreta avanza con la construcción de una barrera de cemento en Costanera Norte

De un día para el otro en 1975 una ordenanza municipal inhabilitó el acceso de los bañistas a las aguas del Rio de la Plata. Tal decisión sería solo una pequeña parte del manojo de yerros y necedades que fueron alejando cada vez más a la gente de ese gran cauce natural. La Buenos Aires del Centenario estaba diseñada con una costa distribuida en tercios: el principal era, claro está, el del medio. En él se erguía un Puerto Madero próspero y cosmopolita, indispensable en la construcción de «la Grande Argentina» soñada por Leopoldo Lugones. A ambos flancos de aquel tercio central se encontraban dos fenomenales costas ribereñas pensadas para el goce y el esparcimiento de los ciudadanos: la costanera norte y la costanera sur. Pero el rio empezó a quedar cada vez más lejos. «Ganar terreno al río» y «tirar escombros» dos ideas a las que varias administraciones porteñas echaron mano. Avanzar sobre el rio era una especie de continuación de la idea de “conquistar el desierto”.
El resultado de muchas décadas manteniendo ese tipo de mentalidad se puede apreciar con un breve recorrido por la costa. En la Costanera Norte, llegar hasta sus aguas atravesando el predio de Ciudad Universitaria es una tarea ardua pero posible. Allí uno se encontrará con una montaña de escombros procedentes del atentado a la embajada de Israel en 1992. Continuando hacia el sur, la seguidilla es la siguiente: a) en el Parque de la Memoria, los restos del atentado a la Amia 1994; b) frente a los seis kilómetros que ocupa el Aeroparque Jorge Newbery, los restos de la demolición del Elefante Blanco y una futura playa de estacionamiento gigante; c) en lo que hoy es la Reserva Ecológica, los restos de las demoliciones masivas realizadas para construir las autopistas durante la dictadura; d) al sur de la Reserva, el asentamiento de la Villa Rodrigo Bueno; e) Al sur de ésta, el predio con construcciones megalómanas abandonadas de lo que un día, Alberto J. Armando, soñó como la Ciudad Deportiva de La Boca. De sur a norte, a lo largo de todo su litoral, desde la desembocadura del Riachuelo hasta el municipio de Vicente López, lo que se descubre es una costa que ya no pertenece al ciudadano de a pie. La inaccesibilidad es absoluta y vino de la mano de la privatización de los terrenos o de la transformación del río en un contenedor de escombros.
Se insiste en decir que Buenos Aires ha vivido de espaldas al río. En realidad fueron cambios ecológicos y políticos los que produjeron ese divorcio. Sus causas: a) la contaminación del río, b) el cierre del ramal de tren que recorría la costa, c) la pérdida de los grandes balnearios populares: Costanera Sur, El Ancla en Vicente López, el puerto de Olivos, el Águila, etc., que desaparecieron por desidia de las autoridades que abandonaron los espacios públicos frente al río -por lo que se convirtieron en zonas peligrosas y marginales- y el interés concreto de los habitantes pudientes de la zona norte para que Olivos, Accassuso, Becar, San Isidro no se vieran invadidos por sectores populares todos los fines de semana, para ellos este aluvión afeaba y ponía en peligro sus residencias. Por si esto fuera poco las fuerzas de seguridad aprovecharon el golpe del año 1976 para apropiarse de grandes espacios de la costa de Vicente López y Olivos. Fue una política abandonar la costa para luego apropiarse de ella. También es cierto que siempre la ciudad le escapó a sus límites rellenando el río, es decir no le da la espalda sino que se lo devora transformándolo en edificios y calles.
La radical transformación de Puerto Nuevo, se inició con la constitución de la sociedad anónima Corporación Puerto Madero en el año 1989, donde el gobierno nacional y la municipalidad de Buenos Aires son socios por partes iguales. Son sus objetivos: “Recuperar el rol económico y las actividades del Área Central. Revertir los déficits urbanos equilibrando espacios públicos y privados. Promover un acercamiento de la ciudad al río”. En 1992 se conocen los resultados del concurso, cuya consecuencia es: una modernización exclusiva, futurista, hacia lo alto y con un estricto control social. Fue, entonces, el propio estado el que organizó la S. A. que comandará el monumental proyecto. Se gestó una sociedad anónima donde el propio estado se ponía al frente de un proyecto faraónico. Hay que comprender que construir P. M. es un gran negocio y el intento de establecer un paradigma arquitectónico, cultural y social. Proyecto que se completó hacia el sur, lo realizado en Catalinas Norte desde el Sheraton Hotel hacia el sur. Puerto Madero es el paradigma de un barrio costosísimo por el cual no se ve circular a nadie.
Cualquier ciudad del mundo tiene un acceso público y generoso al rio.
Con el golpe del 1976 y el gobierno de Osvaldo Cacciatore en la ciudad, los escombros de las demoliciones de edificios que se hicieron para construir las autopistas fueron a parar a la costanera sur. El balneario que había allí funcionó hasta entrados los años setenta. Con la excusa de un proyecto para construir una ciudad judicial y del cuidado de la salud por las aguas contaminadas, se prohibió el acceso a los banistas. El resultado fue un prolongado abandono de herrumbre y ladrillos rotos. Pero la naturaleza hizo el milagro de florecer y prosperar en ese baldío y el resultado fue que se generó la Reserva Ecológica. La dictadura tapó con escombros lo que era la costa municipal y la naturaleza respondió creando un ecosistema único de biodiversidad dentro de una mega urbe.

En 1986 sobre esas 350 hectáreas se creó la reserva ecológica. Muchos intereses inmobiliarios se opusieron y se sospecha que fueron los grandes causantes de multitud de incendios. Sobre todo en la época de María Julia Alsogaray como secretaria de medio ambiente de Carlos Menem. Pero la reserva pudo ser rescatada de esas garras del mercado. Puerto Madero y la Reserva ecológica son dos caras opuestas de lo que se puede hacer con los terrenos adyacentes al Rio de la Plata.
El abandono siempre tuvo como objetivo la privatización. Desde 1992 las 35 hectáreas de Costa Salguero y Punta Carrasco fueron protagonistas de todo tipo de irregularidades y usos indebidos. El paso de privatizarlas es el asalto final de una gestión política que dónde ve un terreno ve un buen negocio. Pero cada negocio es una pérdida de espacios públicos.
Entre Macri y Larreta el PRO ya lleva 13 años gobernando la ciudad, cerca de los emprendedores inmobiliarios el rio está cada vez más lejos.

Así es el proyecto presentado por el estudio arquitectónico ganador. Un nuevo Puerto Madero y el rio enajenado para las mayorías.

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Sergio Wischñevsky

Sergio Wischñevsky

Historiador, periodista y docente de la UBA. Columnista en Radio del Plata en el programa Siempre es hoy. en Radio Nacional en el programa Gente de a Pie y en La Liga de la Ciencia.

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