El drama de la olla vacía: “Vivimos al día”

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Los comedores populares están sin alimentos y son cada vez más las personas que los visitan: en el último año la Ciudad de Buenos Aires sumó 93 mil nuevos pobres. Horacio Rodríguez Larreta y Carolina Stanley siguen sin dar respuestas y hace meses que no garantizan la mercadería para los comedores. Hoy sobreviven gracias a las donaciones de los vecinos. Esta semana protestaron en el Obelisco. Historias de los que tienen las ollas vacías en la ciudad más rica del país.

Cuando las metáforas se vuelven realidad hay algo que no está bien. En la ciudad de Buenos Aires una manifestación con ollas vacías no es solo un gesto simbólico. Es la literalidad más dolorosa. En los comedores populares hay ollas vacías porque el gobierno que comanda Horacio Rodríguez Larreta no baja los alimentos. Eso fue lo que reclamaron el último jueves en el obelisco.

Desde el mes de mayo el movimiento Barrios de Pie-Libres del sur le viene pidiendo al Ministerio de Desarrollo Social, a cargo de Guadalupe Tagliaferri y Maximiliano Corach, una respuesta. Le enviaron una carta pidiéndole respuesta para los numerosos comedores de Barracas, Lugano, Ciudad Oculta, Soldati, Retiro, Bajo Flores y Cildañez necesitan su plato de comida. Dos meses después siguen sin respuesta. Mientras tanto, sobreviven gracias al esfuerzo y donaciones de todos los vecinos.

Pero en estos dos meses en los que la organización tuvo cero respuestas, la Dirección de Estadísticas y Censo porteña –es decir, el organismo oficial que depende del gobierno que maneja Horacio Rodríguez Larreta– informó que hay 585.000 personas por debajo de la línea de pobreza, de las cuales 93.000 son nuevos pobres, que se sumaron el último año. Es decir, en el distrito más rico del país un 19,1% es pobre.

Los números alarmantes no son planillas de Excell como piensa este Gobierno. Son hombres, mujeres, viejos, viejas, adolescentes, pibes, pibas, bebés que no tienen para comer. Que ya no tienen manera de rebuscárselas porque no hay laburo. Que ya no saben a quién reclamar y cómo pedir. Y esas voces son las que hay que visibilizar, compartir, reproducir, como decía Rodolfo Walsh. En primera persona, las voces del hambre.

Antonia, 55 años

“Soy de Lanús Oeste, vivo en Villa Caraza y vengo acá apoyar para que nos bajen la mercadería a los merenderos. Nos prometieron que nos iban a bajar y no cumplen con las promesas. Trabajo en la cooperativa, hago mantenimiento hace cuatro años. Antes sí tenía trabajo. Cosía cosas para la gente del barrio, era costurera, pero ahora tengo mi máquina parada porque no hay laburo por eso tuve que entrar a la cooperativa. Con eso y las pocas changas que hacen mi marido y mi hijo sobrevivimos. Tuvimos que cambiar la alimentación por ejemplo. Ya carne está muy difícil que podamos comprar. Todavía no fui al comedor a comer, pero creo que en cualquier momento voy a tener que ir. Vivimos al día”.

Mary, 30 años

“Soy de Lugano, de la villa 20, hace nueve años que vivo ahí. Alquilo ahí con mi marido y mis tres hijos de once, seis y cuatro años. Estoy pidiendo para que se nos pueda habilitar el comedor y el merendero, el comedor es nuevo. Hasta hace cuatro años trabajaba como empleada doméstica en casas particulares en el barrio de Belgrano. Pero las familias ya no podían pagar. Era con retiro, de lunes a viernes y busqué pero no encontré más nada de ese estilo. Ahora lo que conseguí después de mucho tiempo es trabajar en mi casa haciendo apliques para una zapatería. Pongo tachas y remaches a los zapatos y después lo llevo a la fábrica. Mi marido está sin trabajo porque tiene piedras en la vesícula y no consigue trabajo. Antes trabajaba en la construcción y la enfermedad la tuvo por hacer mucho esfuerzo, levantaba muchas cosas pesadas. Entonces ahora nadie le quiere dar trabajo y es un problema porque no alcanza con los 3500 pesos que cobro por semana. Así que hace cuatro años que vamos tres veces por semana a los comedores a retirar comida y de los merenderos a retirar la leche. A veces recorremos varios comedores, no vamos solo a uno”.

María, 25 años

“Soy de la villa 20 de Lugano. Nací ahí. Ahora no trabajo porque tengo tres chicos y se complica. El papá de mis hijos trabaja con changas. Vamos todos los días dos veces por día. En uno recibimos la merienda y en otro la cena. Al comedor voy hace dos años porque antes no necesitábamos ir, nos alcanzaba. Yo trabajaba como limpieza en casas de familia pero con los chicos se me complica porque no puedo pagarle a alguien que me los cuide”.

Raúl, 60 años

“Vivo en el partido de Malvinas Argentinas, en un barrio popular. Trabajé de caddie de golf toda mi vida. Con eso trabajaba mucho, diez horas por día, de lunes a lunes. Fui ahorrando fui ahorrando y me pude hacer la casita. Primero de madera y después de material. Para terminar la casa trabajé en Pacheco en la fábrica de Terrabusi. Después también me echaron de ahí. Empezó a bajar el trabajo y hace más de diez años que no consigo nada fijo. Ahora por eso formo parte de las cooperativas. Barro las calles y corto el pasto. Como en el comedor a veces, cuando no me alcanza porque el salario social es 7000 pesos, que aumentaron hace un mes. Es el único ingreso que yo tengo. Ahora vivo con una hermana para dividir los gastos”.

Natali, 26 años

“Soy de Barracas, es casi la villa donde vivo. Tengo un merendero. Comenzamos con diez chicos y ahora somos 50. Empezó hace cinco meses porque mi hijita trajo a diez compañeros del barrio que no tenían para comer, que tenían hambre. Antes tenía un trabajo de costurera pero me quedé sin trabajo. Trabajaba en un taller clandestino pero como las fábricas cerraron ya no había más laburo, entonces tuve que abrir el comedor. Todos son chicos del barrio incluso muchos discapacitados. Y como yo soy madre soltera es todo mucho más difícil. Por eso necesitamos que el gobierno nos baje los alimentos”.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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