“Hay que reinventarse y aprender a escuchar al pueblo”

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Itai Hagman es docente, economista e integra el frente Patria Grande que tiene como referente a Juan Grabois. Forma parte de la generación que se formó políticamente en 2001. Álvaro García Lineras es uno de sus referentes teóricos. Las reivindicaciones del movimiento de mujeres y las demandas de los trabajadores de la economía popular son eje de su agenda política. Hoy lanza, junto a sus compañeros y a otras organizaciones, la plataforma Nueva Mayoría, que se suma al bloque de articulación más amplio Marea Ciudadana. “Intentamos aportar una voz propia a una construcción frentista de liberación”, dice. 

Fotos: Joaquín Salguero

El dirigente de Patria Grande Itai Hagman tiene el virtuosismo de la aplicación Google Maps. Cuando le mencionan una calle o un punto en la ciudad de Buenos Aires, acto seguido contesta dónde queda y cuál es la manera más conveniente de llegar a ese lugar. “Soy la típica persona que se destaca en el grupo de amigos por conocer la ubicación de tal dirección, o cómo se llega a determinado barrio. Viví en muchos lados porque mis padres se mudaban constantemente, tengo esa costumbre, alquilé y viví en varios barrios. Si tuviera que elegir un lugar de la ciudad me quedo con Flores porque es donde pasé mi adolescencia. Fui al Comercial 19 en Caballito, otro  barrio que quiero, aunque mis grupos de amigos y mis salidas estaban en Flores”, explica Hagman a Nuestras Voces una conducta suya que, seguramente, le ha dado o le dará beneficios porque, al momento de la campaña electoral, puede resultarle útil para jactarse de que conoce en profundidad la capital argentina.

Itai Hagman utiliza una expresión particular para explicar por qué terminada la Secundaria no tenía mucho feeling con los partidos políticos: “nuestra generación dosmilunera era autonomista, rechazaba los cargos institucionales, tenía otra búsqueda del poder”. Hagman, sus compañeros, y otras organizaciones amigas hoy lanzan en el club de Ferro un frente llamado Nueva Mayoría, dentro de un bloque de articulación capitalino más grande llamado Marea Ciudadana. Esas piezas, a su vez, prometen confluir para respaldar la candidatura presidencial de Cristina Fernández. Evidentemente, con el paso de los años, han variado las lecturas de Itai Hagman elogiosas de procesos políticos celosos de la conquista electoral del Estado, como el zapatismo mexicano.

Sin embargo, ya sea en el 2001, o en el 2008, cuando Patria Grande sintonizó con la ola chavista, o ahora una década más tarde, donde Hagman construye para ensanchar la alameda nacional y popular, hay una constante que se mantiene en su biopic: el deseo de no sumarse a nada construido, y de contar con una silla propia en el campo popular.

“Terminada la Secundaria me sumé a un programa de alfabetización para adultos de origen cubano, que se llama Yo sí puedo. Ahí se me abrió otro mundo, el de la solidaridad con la revolución cubana. Empezamos a hacer una revista llamada La Martí, por el prócer, que nos articulaba a su vez como grupo político. Luego, en el año 2005, con el cambio de contexto político nacional, y yo ya estudiando Economía en la UBA, con los compañeros de La Martí decidimos armar nuestro propio espacio en la militancia universitaria. Impulsamos agrupaciones en varias facultades y en el año 2006 creamos nuestra propia regional en la UBA: La Mella. Ahí, si se quiere, comenzó mi primer espacio de militancia más visible y reconocido. Nunca milité, o militamos junto a mis compañeros, en ninguno de los partidos políticos tradicionales, o de izquierda. Fue una búsqueda autogestiva, independiente”, recuerda Hagman en el estudio donde diariamente dirige un centro de investigación social. Es una oficina austera, el mobiliario es modesto, la estética del lugar es pulcra y despojada. El propio entrevistado está en linea con el ropaje moderado de su entorno: lleva una camisa de manga corta de colores sobrios, su tono de voz y modales también son sosegados, analíticos.

– Hoy lanzan con un acto en Ferro un nuevo espacio político en la ciudad. Si tuvieras que escribir en Wikipedia una pequeña presentación del Frente, ¿qué pondrías?

–Primero, una aclaración: somos parte a nivel nacional, pero también local, de dos construcciones políticas: el Frente Patria Grande, que tiene como referente a Juan Grabois, y dentro de Capital somos Marea Ciudadana; entonces, estamos lanzando Nueva Mayoría para tener, junto a otros espacios, nuestra identidad propia en Marea Ciudadana. La fuerza está conformada por nosotros, la agrupación La Colectiva, con “Checha” Merchán a la cabeza, el sector liderado por Pablo Ferreyra; en fin, también lo integran otros compañeros y colectivos sociales de la ciudad.

–Ustedes vienen tratando de ensanchar la representación de un segmento político, el de la llamada izquierda popular. ¿Hay espacio para crecer entre el peronismo y la izquierda argentina más clásica?

–Es más simple nuestro horizonte. Intentamos aportar una voz propia a una construcción frentista de liberación. Históricamente, en nuestro país, los gobiernos populares, o cuando hubo capacidad de pelear, esas experiencias se canalizaron a través de un frente político heterogéneo. Bueno, esa intención de confluir hoy se expresa más necesaria que nunca. Nosotros, además, definimos al peronismo, o al kirchnerismo, como una marca identitaria. ¿Qué quiero decir con eso? Que esa identidad atraviesa muchas experiencias políticas o sociales; incluso, el nuestro. En todo caso, la energía la tenemos puesta en construir un programa, una agenda, de cuestiones que consideramos prioritarias. Una, relacionada con el modo de hacer política, diferente al ejercido por las estructuras más tradicionales. En cuanto a la agenda u horizonte planteamos dos ejes ordenadores: las reivindicaciones del movimiento de mujeres y las demandas de los trabajadores de la economía popular. Esas líneas dibujan, entonces, nuestro contorno: construcción democrática y transparente a nivel interno, y vectores alineados con los sectores sociales que hoy consideramos más dinámicos: el feminismo y el sindicalismo que agrupa a los trabajadores de la economía solidaria o más precarizada. ¿Qué buscamos? Que esas agendas tengan el mayor protagonismo posible en el proceso electoral del 2019.

–¿Coincidís con el discurso de Cristina Fernández en la cumbre de CLACSO en el sentido de no centrar a la izquierda y a la derecha como las referencias más fuertes de la discusión política?

–Creo que izquierda y derecha son categorías que podrán tener su vigencia en términos analíticos, pero recordemos que su origen se remonta a la revolución francesa, en relación a cómo se sentaban en el hemiciclo la bancada más progresista y la más conservadora. Entonces, izquierda y derecha son una metáfora de fines del siglo XVIII. Por lo tanto, no hay antagonismo entre izquierda y pueblo, son equivalentes. Entonces, una construcción de mayorías debería apelar al pueblo porque izquierda, por lo pronto en la significación histórica argentina, remite a un encasillamiento ideológico que ha tenido aciertos, pero también implicancias antipopulares. Es más, sumaría otro término incorporado por Cristina en su discurso que también encuentro interesante: la palabra ciudadanos o ciudadanas. Eso generó polémica en el campo popular, porque a muchos sectores les resultaba una palabra difícil de digerir. Pero considero que es un acierto narrativo porque incluso quizás la categoría pueblo hoy no engloba a todos los sujetos no contenidos por el neoliberalismo. Ciudadanos da cuenta de grandes transformaciones ocurridas en los últimos años. Ya sea por el proceso de urbanización o por la autopercepción en ascenso de buena parte de la sociedad como parte de los sectores medios. Por eso, creo que la idea de ciudadanía puede empalmar mejor con la cultura del siglo XXI.

–A un rockero se le suele preguntar qué música escucha. En tu caso, la pregunta podría ser qué lecturas actuales del campo económico o político te resultan más atractivas.

–Las lecturas y los debates que se ha dado Podemos en España me han generado mucho interés. Me cuesta admitirlo, públicamente, porque recelo del eurocentrismo, pero la verdad es que los aportes de Podemos me resultan interesantes. A partir de la nueva izquierda española, por ejemplo, me adentre en la mirada de (Ernesto) Laclau sobre el populismo. También Podemos, sus intelectuales, me ayudaron con sus contribuciones a pensar cómo construir lo popular acorde a las demandas del siglo XXI. Luego, en América Latina, (el vicepresidente boliviano) García Linera es uno de mis referentes preferidos en lo que hace a teoría política. Después te diría que casi todos los invitados a la última cumbre de CLACSO suelen ser fuentes de consulta (risas). Entonces, mis lecturas de cabecera vendrían a ser la nueva teoría política latinoamericana y parte de las reflexiones provenientes de la izquierda post gramsciana europea.

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–Alguna vez advertiste que la reforma urbana es ahora lo que implicó en su momento el pedido de reforma agraria. ¿Podrías explicar esa reflexión?

–La idea es dar cuenta que vivimos en sociedades donde la urbanización ha avanzado a un punto donde casi el 80 por ciento de la población está localizada en ciudades, ya sea grandes o pequeñas. Es una gran diferencia demográfica con respecto a medio siglo atrás. Y eso tiene varios impactos: por ejemplo, padecemos problemas propios del crecimiento económico, aunque suene contradictorio. En la ciudad de Buenos Aires en los últimos 10 años el acceso a la vivienda se empeoró a pesar de que haya más obras o emprendimientos inmobiliarios. Es decir, hay desarrollo e inequidad al mismo tiempo. El colapso del transporte es otra falencia de nuestros tiempos. Y ahí aparece un dilema, no bastan políticas nacionales de inclusión para resolver los problemas urbanos. Creo que el campo popular, y las izquierdas o progresismos, no han abordado en profundidad este ítem. Y eso tiene su correlato con lo político. No se puede, entonces, hacer política en la ciudad de Buenos Aires planteando simplemente que la Capital debe ser un segmento orgánico del proyecto nacional. No alcanza con eso, porque la ciudad tiene sus particularidades, y hay que enfrentarlas. Y, en ese sentido, la derecha macrista hizo la tarea: pensó y articuló una agenda centrada en la ciudad. De hecho, el PRO no deja de ser, entre otras cosas, una experiencia municipal que luego se proyecta a escala nacional. Y el campo popular argentino debería ponerse ese objetivo: plasmar una gestión de cambio exitosa a nivel municipal. Ya hay un camino en la región en ese sentido: fuerzas progresistas fueron o son conducción política en Bogotá, Valparaíso, López Obrador, antes que presidente, fue Jefe de Gobierno de México DF. Decir esto genera polémica porque, a veces, se interpreta que hacer política en lo local es una suerte acomodamiento a los discursos o las lógicas que plantea el adversario. Pero, repito, la gestión municipal debe ser parte de la agenda popular y emancipatoria. Tenemos una deuda pendiente ahí porque la derecha pudo conectar con ciertas fibras de subjetividad propias de las grandes ciudades, y nosotros no estamos pudiendo hacer lo mismo. Entonces, quizás, nuestra épica de los grandes temas nacionales nubla nuestra conexión con otras demandas, más vinculadas a las problemáticas urbanas.

–El campo popular capitalino viene estacionado en las últimas elecciones en un mismo nivel de votos; a su vez, Cambiemos aparece consolidado con un capital electoral muy grande. ¿Ustedes estarían de acuerdo en abrir el marco de alianzas a fuerzas de centro para, precisamente, revertir la brecha señalada?

–Más que alianzas para mí el objetivo debe estar puesto en moldear un discurso y unas propuestas más amplias. Nuestra agenda para la ciudad no debería reducirse en contener sólo a esa quinta parte del electorado que vota constantemente al proyecto nacional. No es fácil, pero debemos darnos esa tarea, ese aprendizaje. En ese sentido, deberíamos asumir que el macrismo logró construir un proyecto de ciudad, elitista, pero proyecto al fin. La sociedad porteña ve en (Horacio Rodríguez) Larreta una imagen de gestión. Repito, el suyo es un modelo al que cuestionamos como reproductor de desigualdades, pero es un proyecto. En cambio, en el campo de la oposición, cuestionamos permanentemente a ese modelo, pero no proponemos con claridad otro proyecto alternativo. Por eso, creo que la sociedad aún al vernos no proyecta cómo sería la ciudad que anhelamos en materia de transporte, vivienda. Ese es un déficit propio. Por ponerlo más simple, creo que no transmitimos, por ejemplo, cuál sería nuestra política para las villas.

–Ya que lo mencionas, Larreta suele advertir que está integrando las zonas más carenciadas con la ciudad. ¿Cuál es tu lectura de esa matriz de inserción o conexión?

–Muchas de sus acciones hay que valorarlas como un triunfo del campo popular porque el gobierno de la Ciudad incorporó propuestas por las que peleamos durante mucho tiempo y que habían sido relegadas durante las administraciones de (Mauricio) Macri como Jefe de Gobierno. Claro, yo cuestiono la forma en que lleva adelante esas políticas de inclusión territorial. En todo caso, creo que Larreta propone soluciones de mercado, como facilitar créditos bancarios a los inquilinos, para resolver el problema de la vivienda. La ciudad expulsa cuando hay una gobernanza habitacional represiva, de topadoras, pero también expulsa cuando hay un marco de integración con reglas de mercado. Es decir, Larreta cuando no expulsa con la topadora, lo hace permitiendo que se eleve el valor del metro cuadrado.

–Por último, ya que sos parte de un espacio llamado Patria Grande, me gustaría una reflexión tuya en torno a por qué pensás que se ha retrocedido tanto, en tan poco tiempo, en el proceso de integración regional.

–Primero, me gustaría decir que no sabemos si la actual coyuntura latinoamericana es la restauración de un ciclo antipopular, o si es apenas una pausa dentro de un ciclo popular que, quizás, en el corto plazo pueda retomar su camino de integración. Milito para lo segundo, claro. ¿Por qué avanza la derecha en América Latina? Indudablemente, hay falencias propias. Hubo, considero, una confianza excesiva en un proceso regional que parecía irreversible. En realidad, la hegemonía progresista zonal era mucho más débil y eso distorsionó la mirada propia. Nunca, tanto en Argentina como en los países vecinos, la derecha estuvo totalmente derrotada. También tenemos falencias propias en relación a no saldar deudas sociales pendientes. ¿Por qué se retrocede tanto? Quizás, porque no plasmamos institucionalmente, mediante una reforma constitucional, las conquistas conseguidas. Eso en Argentina es muy visible. También quedó pendiente una integración económica más sólida. Proyectos estratégicos que iban en ese sentido, como el Banco del Sur, quedaron a mitad de camino. Por eso, una victoria como la de (Jair) Bolsonaro incide tan abruptamente porque no hay una estructura previa que contenga su arremetida económica. García Linera tiene conceptos interesantes para explicar esa dinámica zonal: uno es el de las oleadas para significar que los procesos tienen momentos de ofensiva popular, pero también de repliegue; y el otro concepto es la necesidad de que los movimientos populares aprendan a interpretar las nuevas demandas ciudadanas. Entonces, ahí podamos encontrar una clave para leer el retroceso y buscar nuevos caminos de articulación: hay que reinventarse y aprender a escuchar al pueblo. Si no tenemos el riesgo de que los proyectos populares terminen en una postura arrogante y conservadora frente a una derecha que, paradojalmente, se muestra más flexible y atenta a lo que dice la calle.

* El lanzamiento de Nueva Mayoría es este sábado 15 de diciembre a las 18 hs. En el Club Ferrocarril Oeste. Gral. Martín Gainza 260. CABA.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Forma parte del Programa de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo en Fundación SES (Argentina). Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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