Historia íntima del Parador de Retiro clausurado por Covid-19

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Los habitantes del Parador Retiro se contagiaron masivamente de coronavirus y fue clausurado. Otra vez los pobres fueron los castigados en la política de exclusión sanitaria y urbana de Horacio Rodríguez Larreta. Una trabajadora que supo participar del proyecto hace una crónica íntima de la historia y los habitantes del parador. Miserias porteñas y necesidades extremas. Desde el abandono de Larreta a la gente en situación de calle hasta la historia del inmigrante italiano que donó un edificio, pasando por el neoliberalismo menemista. 

Es curiosa la diversa cantidad de transportes que se pueden usar para trasladarse al trabajo a lo largo de los años. ¿Cuántas horas de ese tiempo se utilizan almacenando información, elaborando ideas? Para llegar a mi primer trabajo en el Estado caminaba unas 15 cuadras. Hace 20 años, bajaba todos los mediodías caminando por avenida Independencia hasta el imponente el edificio de la Facultad de Ingeniería sobre Paseo Colon, justo en diagonal con una esquina bohemia, la del Viejo Almacén. Dos íconos enfrentados. Como si la ingeniería y el tango dialogaran de ventana a ventana, o se gritaran pendencieros.

Mucho más modesto y encumbrado habita en ese cuadrilátero callejero otro edificio testigo de contiendas. En la esquina que nadie mira, la esquina que cae en el ojo ciego de la perspectiva, está el inmueble del Hogar Félix Lora, hogar de tránsito para hombres adultos solos en situación de calle.

Según cuenta en modo sesgado wikipedia, Félix Lora fue un martillero italiano piamontés que viajó de joven a la Argentina. Cerca de 1880 se radicó en La Plata e hizo fortuna loteando terrenos y vendiéndolos a mensualidad. Lo cierto es que los negocios del Tano Lora prosperaron en el país y se dedicó a la beneficencia y la filantropía. Construyó Pabellones hospitalarios en La Plata, legó una cuantiosa fortuna para construir el Círculo Italiano de la calle Libertad, donde en aquellos tiempos del Centenario se reunieron figuras como José Ingenieros, Carlos Pellegrini, Vicente L. Casares, Tomás Le Bretón, Leopoldo Melo, Julio Argentino Roca (h.), Miguel Cané y Nicolás Repetto, entre muchos otros. Allí, muy cerca, está el consulado italiano donde hasta hace poco se podían ver largas colas de argentinos haciendo trámites para acceder a la doble ciudadanía italiana. Además, Don Lora legó a la Ciudad de Buenos Aires los fondos para construir un Hogar para pobres con una cláusula condicional que remarcaba que ese bien donado no podría ser utilizado para otra actividad y en caso de ocurrir, sería devuelto a sus herederos. Previsor en este punto, Félix Lora tal vez no previó que una calle en el barrio de Caballito también lo recordaría. La pobreza, la riqueza, la filantropía, la burguesía nacional todo junto en una pequeña vuelta de la vida. Como la pobreza y la riqueza, que siempre van de la mano.

El Hogar Felix Lora viene funcionando desde los años 60. En el año 1984 tuvo como director a Alfredo Moffat, creador del Bancadero y multiplicador de experiencias autogestivas como Radio La Colifata.  Desde fines de los años noventa, luego del pacto de Olivos entre Alfonsín y Menem, cuando el Estado nacional delega facultades en las Provincias y los municipios, la Ciudad de Buenos Aires comenzó a articular en forma programática una atención sistematizada para las personas en situación de calle.

En aquel período, eran el retorno de lo reprimido en una Ciudad que no se acostumbraba a la pobreza expuesta en sus calles. Una cosa era la pobreza acordonada en las villas, asentamientos o en las puertas de las Iglesias, otra muy otra era a plena luz del día expuesta en todos lados. En Recoleta, Barrio Norte, Belgrano, sur, centro, norte de Capital en las calles del centro de la noche a la mañana aparecían y crecían como exponencialmente los casos de hombres y mujeres durmiendo en veredas, bancos de plazas y pórticos suntuosos.

Durante esa época a fines de los 90 se hizo el primer censo y se detectaron 1.000 personas durmiendo en las calles. Un 80% eran hombres solos, esa proporción entre hombres y mujeres se ha mantenido más o menos inamovible a lo largo de los años. Y efectivamente, así como los ricos derraman filantropía hacia los pobres, la indigencia va en busca del recurso que sobra en los barrios ricos, donde florece el comercio y las sobras son más abundantes. Por eso, las personas que duermen en la calle suelen elegir zonas con mayores recursos para asentarse.

Ayúdeme por favor, déjeneme entrar

Ayúdeme por favor, déjeme entrar”, con estas palabras me atajaba un hombre desaliñado de unos 50 y tantos largos en la puerta de Paseo Colon e Independencia. Era un “asistido” del Félix Lora, como se los llamaba en la jerga del trabajo social a las personas en estado de indigencia que el Estado ingresaba en algunas de sus instituciones de albergue temporario. “Pasa que anoche llegué con unas copas de más, hice un poco de lío, es cierto, y el de seguridad me echó, me tiraron mis bagallos en la puerta, y por el reglamento no me dejan entrar de nuevo, se lo suplico, deme otra oportunidad”. Enfrentar toda una situación humana. Cómo es posible que una persona pueda resolver con una sola acción el devenir de la historia de otro ser humano. 

Cuando se dio la oportunidad de crear otra nueva instancia de atención para personas en situación de calle con reglas más flexibles, horarios mas acotados de atención pero al mismo tiempo más permisivos, y ya se rumoreaba del acondicionamiento del Galpón a la entrada de la Villa 31, los equipos de trabajo plantearon a las autoridades del momento si era posible cambiarle el nombre al establecimiento antes de su inauguración, porque Parador Retiro le imprimía un sino fatídico. La idea de los Paradores era crear un espacio que en los deseos de quienes trabajaban abordando la emergencia económica y social, solo estuvieran orientados a que duraran un tiempo. No fue posible. Así se lo llamó. Y duraron más de lo esperado.

El Parador Retiro se monta sobre un viejo galpón de Aduanas que el Estado Nacional le cedió a la Ciudad justamente para convertirlo a un servicio del área de Desarrollo Social de la Ciudad y se inauguró durante el gobierno de Anibal Ibarra. 

Como decía un catalán, voy tratando de crecer y no de sentar cabeza”, fue la canción que eligieron las y los trabajadores del área para cantar todos juntos en la inauguración del servicio. “Todavía me emocionan ciertas voces”, la idea era darle un poco más de humanidad a estos espacios, “multiplicar es la tarea”, tarea a la que debe imprimirse un fuerte contenido de sensibilidad social ya que lo que hace la diferencia en estos lugares herméticos, de frías instalaciones, desprovistos de afectividad y alienantes es el factor humano de los laburantes que lo llevan adelante. 

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Lo cierto es que desde aquel 2003 donde se inauguró el primero, los Paradores Nocturnos son varios ya y tienen más de 15 años de vida en funcionamiento. Lo que se soñó para atender una emergencia se consolidó y cristalizó. La canilla del derrame de pobres solo goteó más lenta durante los años dorados de la contención social entre 2008 y 2015 cuando la Ciudad pudo estirar las patas, relajarse y aprovecharse de un contexto nacional de colosal inclusión social. Así y todo los Paradores continuaron. 

La película real

De la vida interna hay una película documental que se rodó en 2006 con ese nombre “Parador Retiro” del realizador Jorge Colás, que relata de manera crítica la vida de sus moradores eventuales y no tan eventuales. No es ficción. Es pura realidad. La cruel apariencia de sus frías instalaciones, en contraste con las historias de quienes llegan allí, las uniones y amistades circunstanciales de las ranchadas en la penumbra y en su íntima paradoja, lo necesarios que son estos lugares. Hombres arrojados de sus propias historias, excluidos del sistema que utilizaron los diferentes vehículos que encontraron disponibles hacia la marginación: el alcohol, la violencia familiar, los problemas con la ley, la droga, o simplemente el empujón que el neoliberalismo les pegó y que les hizo resbalar. Un denominador común en los pedidos de todos los concurrentes: TRA BA JO. 

Muchos periodistas e investigadores se acercaron curiosos al Parador, a conocer las historias y su funcionamiento, algunos con real interés, otros con el amarillismo solapado bajo el brazo o simplemente animados por el espanto buscando la nota de color, que resultaba en sepia.

Eh, venga don periodista, venga, mire, aquí en el Parador vive un señor famoso, ¡escúchelo!”. Una nota de investigación en la TV mostraba a un hombre bastante mayor atendido en el Parador que había trabajado como artista de variedades en los programas de Sofovich y mostraba su gracia ante las cámaras. Hacía música y melodías con corchos que golpeteaba con la mano de canto, a la velocidad del aleteo de un colibrí, velocidad imposible de detectar por el ojo humano. Le sacaba a los corchos diversas notas musicales de acuerdo al costado del golpe, si era más seco o mas lleno, dependía de la inclinación de la mano. Un prodigioso. Los demás compañeros de convivencia y penurias se arremolinaban a su alrededor intentando captar la atención periodística pidiendo que lo rescataran de allí. Por esa época fue la celebridad del lugar, y esos 5 minutos de fama bastaron para que lo trasladaran a otro espacio de asistencia, un poco más privilegiada. Pero asistencia al fin. La languidez del día a día se fue fagocitando esta historia como otras aún más increíbles que lo siguen transitando. 

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Tal como ahora, que vuelve a ser noticia porque casi todos sus ocupantes están contagiados de Covid19,  a la misma velocidad del golpe de una mano sobre un corcho que extrae melodías. Clausura del Parador Retiro.

José Américo Bepo Ghezzi fue un famoso linyera nacido en la ciudad de Tandil en 1912 conocido por sus aventuras como croto crónico. A raíz de una Ley del Gobernador radical de la Provincia de Buenos Aires José Camilo Crotto en 1920 promulgada a instancias del desarrollo de los ferrocarriles y de la presión de los lobbys estancieros, permitía a los trabajadores informales, golondrinas y linyeras viajar gratis en los trenes para llegar a los lugares del país donde los patrones de campos estuvieran necesitando mano de obra barata para la cosecha y siembra de acuerdo a las temporadas del año. Desde ese momento a quienes se avenían a esta facilitación estatal de beneficios mutuos se los apodó “crotos”. 

Hay un libro recurrente de interconsulta que pertenece al escritor bahiense Hugo Nario y que se llama “Bepo Ghezzi, la vida secreta de un linyera” un libro de una enorme profundidad sobre las memorias de este hermoso ser que fue Bepo. Relata sus pensamientos, su filosofía, sus andanzas como croto sin rumbo durante 25 años a lo largo y ancho del país. La búsqueda de libertad representada en su atadito al que llamaban “mono” con pocas pertenencias en las que nunca faltaban los libros que inoculaban ideas anarquistas como un sistema de vida y de lucha. Ese libro es como un relato del estilo Julio Verne de nuestras pampas húmedas. Con las memorias de Bepo se realizó la película de Ana Poliak “Que vivan los crotos!” que se encuentra disponible completa en youtube. Los idealistas amigos del Tren General Belgrano que de manera voluntaria se reúnen en la localidad de Villars, Partido de Las Heras tienen una zorra rescatada del olvido a la cual bautizaron Bepo Ghezzi, que utilizan para desplazarse y reparar las vías abandonadas del viejo tren y luce ese nombre en coloridos toques fileteados. En tonos más grises cerca de la cancha de huracán sobre la calle que recuerda al gran jugador de futbol Herminio Masantonio se encuentra otro Parador Nocturno para Hombres en situación de calle llamado Bepo Ghezzi, muy cerca de la Villa 1 11 14.

Política Larreta

Hoy los censos de personas en situación de calle oficiales están cuestionados. La actual administración del gobierno de Rodriguez Larreta presentó datos en 2018 que siguen arrojando casi los mismos valores que en año 1997. 1.000 personas durmiendo efectivamente todas las noches en las calles. Polémico. Las organizaciones civiles confeccionaron sus propios censos que alzan el número a 7.000.

Durante el Gobierno de Telerman como Jefe de Gobierno, en aquellas épocas del Programa Buenos Aires Presente, los psicólogos y trabajadores sociales que trabajaban en el servicio sabían los nombres de cada una de las personas que dormían en la calle. Pero esa información no era para estadísticas o para justificarse ante los vecinos quejosos. Nos servía para crear estrategias de reinserción. Para crear vínculos transformadores, para acompañar en una salida grupal al cine o al teatro a un tipo que sabíamos que después de esa salida recreativa y sin presiones se iba a dormir de nuevo a la vera de un árbol.

Trabajar con las personas de la calle y para la calle y desde la calle requiere romper con las formas y con las rutinas burocráticas de los manuales reglados por el academicismo. Es tener iniciativa, entusiasmar y permitir crear a los equipos de trabajo. Tirar las planillas al aire y pensar estrategias para seguir buscándole la vuelta. En eso estábamos cuando nos propusimos armar un campeonato de Futbol 5 interurbano para personas en situación de calle. Sí, los que dormían en la calle de Rosario, contra los de Córdoba, contra los de Buenos Aires. Un triangular. Así fue que los servicios sociales de ambas localidades se movilizaron con sus respectivas delegaciones futbolísticas a Buenos Aires. El primer torneo se armó en el Parque Roca en una soleada tarde de diciembre rociada de asado, jugo de naranja y pasión futbolera. Quién ganó ?  Tras una muy peleada final entre los jugadores del Parador Retiro y Bepo en la “que ambos equipos mostraron gran coordinación y articularon buenas jugadas colectivas, el Bepo Ghezzi se quedó con el torneo, con un apretado 2-1” dicen las crónicas periodísticas.

Pero lo más emotivo fue verlos irse en esos micros escolares, con sus trofeos, con sus gorras, sus camisetas sudadas, el cansancio de una jornada plena y sus historias entrelazadas para crear recuerdos que servirían de relatos en las próximas ranchadas.  

Mientras tanto allá afuera, por las noches, en las calles, mientras hace calor, mientras hace frío, bajo las estrellas, bajo la lluvia, bajo la indiferencia o bajo la preocupación oficial de los opinadores de tuno quedan los restos de los restos. Lo irreductible. Lo que resiste y lo que ni una gran alfombra de Paradores puede cubrir. 

La locura es poder ver más allá”, dice Charly García en “Los Tuertos y Los Ciegos”. 

Volviendo al recuerdo de las caminatas laborales recordé que a la locura hay que mirarla a la cara, hay un solo tiro con ella y hay que hablarle de pie. A la locura se le dialoga de a pie. 

Una vez enfrenté la locura armada solo con un tango en una ranchada de hombres en situación de calle. Era lo único que tenía a mano. Como la casita blanca del Viejo Almacén de Edmundo Rivero en esa esquina de San Telmo frente al edificio de la Facultad de Ingeniería. Así, de prepo porque lo pidió la superioridad y había que ir, alguien tenía que ir. Me metí en una ranchada del centro en donde corría vino, alcohol, y cualquier mecha mal encendida podía detonar un estallido monumental. Entré como laburante psicóloga del Estado. Saludé a los durmientes. “No rompas. Sos yuta ? No vengas a joder con esos asilos del gobierno, ni con el hospital”, me gritó una voz masculina ronca y beoda. Y sin más en la oscuridad del rejunte de frazadas apareció una mano amenazante sosteniendo el cuello filoso de una botella rota. Como me quedé allí sin intenciones de irme, asomó por fin una cabeza. Cuando hubo una posibilidad de diálogo luego de despejar todas las lógicas paranoias mutuas, me contó que había residido en el Hospital Borda, luego lo derivaron a un Hogar de Tránsito y de ahí se volvió a la calle, que estaba de alta, que el mundo estaba equivocado, que todos deberíamos ser libres de elegir lo que hacer con este pedazo de tiempo que nos toca en suerte, que él quería ser libre pero no sabía ni de quién ni cómo, que solo pedía una oportunidad. Le canté un par de tangos. El me cantó una canción desafinada y con letra trunca. Le canté Malena. Lloró. Yo también. 

Informa la TV que se ha detectado el primer contagiado de COVID19 en el Hospital Borda.

 

LOS PIOJOS – EL BALNEARIO DE LOS DOCTORES CROTOS

Aia ia io pagué io
aia ia io pagué.
Iba confiado el linyera a la playa
donde ninguno se baña, sabés
salud querida, querida eminencia
la diferencia está en el jacket.
Es conocida la vida de este croto
su nombre es Iseka e ignora la ley
lo indemnizaron con unos porotos
se volvió loco y dice que es Baley.
Aia ia io pagué io
aia ia io pagué. (en esta casa están todos locos)
Algunos dicen que era maestro
otros afirman que era doctor,
no hubo dinero para su genio
la cretinada privatizó.
Ahora la yuta a veces lo encierra
y escucha la lucha del Globo Campeón
el profesor y arquero Iseka
seca su frente y renuncia al dolor.
Dale tus ojos rojos para que baile
para que baile siempre el gran corazón…
El sol corona de espinas de oro
la playa roñosa al amanecer
mirá, los crotos fuman fasos rotos
se ríen y toman un mate también.
A veces gritan, escupen, putean,
se quejan y les pegan, se dejan de joder
después se toman un vino en la arena,
se duermen sin pena hasta el amanecer.
El croto no es dueño del tinto que toma,
de la nafta que lo lleva, ni del camión, ni del tren,
ni del pucho que se fuma, ni la lámpara que cuelga,
ni del gas, ni del agua, ni del querosén,
ni las gallinas, las vacas, la tierra, las latas,
ni de los aviones que ve,
las rutas que recorre, teléfonos que ignora,
ni las voces en la radio, ni las noticias de ayer.

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