Las nocturnas no se tocan Acuña

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Mientras la mayoría duerme, miles estudian. Las escuelas nocturnas son el camino del progreso posible. Pero Soledad Acuña,  la ministra de (des)educación de Horacio Rodríguez Larreta, anunció el cierre de las 14 escuelas nocturnas de la Ciudad argumentando más allá del límite conocido de cinismo: “Es para mejorar la oferta educativa”. Los docentes le responden con una marcha hoy. Aquí las historias de Jackie, Trinidad, Juan Carlos, Vilma y Matías, que le pusieron garra y hoy tienen su título. 

A principios de 2000 su hija menor había entrado al secundario y le planteó a su mamá: “Vos también tenés que hacerlo”. Jackie Flores no imaginaba cómo levantarse de madrugada para ir a cartonear, llevar y traer a los más chicos de la escuela, cocinar y, además, estudiar. Pero sus hijas la encararon:

-Mamá, si te anotás en una escuela nocturna, nosotras cuidamos a los hermanitos.

Por tres años, sus hijas mayores se convirtieron en su principal sostén. Y Jackie terminó el secundario en una escuela nocturna.

Hoy Jackie Flores es una de las referentes más importantes del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) dentro de la Corriente Federal de los Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y conserva con orgullo su título secundario, algo que nunca se imaginó que iba a poder lograr en una vida signada por el trabajo ambulante y callejero, el rebusque.

El viernes 14 de diciembre, un día después de la última sesión del año en la Legislatura Porteña, el ministerio de Educación que comanda Soledad Acuña citó a los rectores de las catorce escuelas comerciales nocturnas, con plan de cuatro años, y les informó el “cierre gradual” de todos estos establecimientos educativos.

Esta medida que se tradujo efectivamente en la resolución 4055/2018 que se plasmó en el Boletín Oficial, sostiene que “el plan de estudios es obsoleto” y que “no es una propuesta educativa elegida por los estudiantes”. Además, argumenta que en estas escuelas el porcentaje de egresados es inferior al 40%, aunque curiosamente el ministerio de Educación es el responsable de actualizarlos.

La medida fue repudiada por el sector educativo, sectores de la cultura y curiosamente por algunos periodistas de la corporación mediática que dejaron a la ministra Acuña titubeando explicaciones inconducentes.

Hoy los docentes de la Ciudad marcharán a la Legislatura porteña, para apoyar la iniciativa de los legisladores de la oposición que intentarán llevar adelante una sesión especial para tratar de dar marcha atrás con la medida. Pero además, el titular de UTE, Eduardo López adelantó que si el gobierno de Rodríguez Larreta no retrocede, en marzo próximo no comenzará el ciclo lectivo.

Más que escuelas, comunidades

La Escuela de Comercio Nro. 26 D.E 1 “Dr. Enrique de Vedia” es una emblemática nocturna que es parte de las ahora 14 que dejarán de serlo. Y a diferencia de lo que sostiene Acuña, este años tuvieron un aumento del 10% en la matrícula, con más de 240 inscriptos y en 2018 se egresó el 87% de los alumnos que se inscribieron en cuarto año.

Trinidad tiene 52 años y es una de las flamantes egresadas. Con su título en mano, cuenta a Nuestras Voces que egresó de su escuela en 1992 “pero me quedaron materias que nunca rendí. Trabajaba todo el día en una farmacia en constitución. Además me casé, tuve una hija y nunca pude retomar. Así que me decidí y fue realmente una experiencia buenísima. El colegio es bárbaro, el nivel académico es excepcional y no tan solo el nivel académico sino a nivel personal. Yo la verdad estoy re contenta de haber terminado porque los profesores son muy considerados y todos te ayudan”.

Juan Gandulfo es docente en esa misma escuela hace dos años. “La escuela que se cierra es una comunidad de estudiantes, de familias que se conocen, que se apoyan que trabajan en conjunto. Es terrible que se destruya una comunidad, llena de proyectos, llena de trabajo en conjunto. Nosotros hacemos un laburo muy fuerte para retenerlos y para que puedan terminar sus estudios. La mayoría está en una situación de vulnerabilidad absoluta”.

Vidal despide la educación

Como el caso de Juan Carlos Fleitas que comenzó a estudiar subsistiendo en situación de calle, en el Parque Las Heras, en la misma manzana que la escuela.

En 1991 terminó la educación primaria en la escuela Don Orione, de Claypole. En su adolescencia estudió dos años electricidad y mecánica, “la idea era terminar de estudiar, pero no todos podíamos ir a la escuela, por motivos económicos, éramos muchos hermanos”, explica.

Su primer trabajo formal fue como bachero en un conocido restaurante de la zona pero cuando perdió el empleo en el 2001 se quedó a vivir en el Parque Las Heras. Hace cinco años en la Parroquia Nuestra Señora de Loreto, en la que trabaja un grupo de acción solidaria le preguntaron por sus estudios secundarios y decidió retomarlos porque “si no tenés secundaria no te emplean, o te explotan o te echan”.

Juan Carlos recuerda sus dificultades al retomar los estudios: “cuando empecé a leer deletreaba, pero, después, aprendí a leer al revés”. Por otro lado, cuenta que “siempre entregaba, pero tarde, me costaba entregar los trabajos”. “Yo fui polémico”, aclara pero también reconoce que en la escuela aprendió a escuchar al otro, esperar el turno y cambió la manera de expresarse.

Ajuste federal de la educación: escuelas sin agua y clases en galpones

Vilma Martínez Ojeda tiene 24 años y está a punto de recibir su diploma de finalización de estudios secundarios, y además es la abanderada de cuarto año. Su paso por la escuela fue notable, ahora está “re contenta” y casi no puede creer cuando sus preceptores y profesores le dicen “¡Ya terminás!”.

Vilma es paraguaya y trabaja como empleada doméstica en una casa de familia con un matrimonio que tiene una hija adolescente y unas trillizas de 8 años. Su día de trabajo comienza a las 6 de la mañana y a las 19:30 interrumpe su rutina laboral para dirigirse a estudiar. Cuando regresa, vuelve a limpiar lo que la familia dejó en la cena.

“Mi vida cambió mucho, aprendí de cosas que ni pensaba que podría aprender. Todo cambió, me abrió la mente”. Está pensando en buscar un trabajo que se relacione más con lo que quiere estudiar y con lo que aprendió. Se anotó en la Universidad de Buenos Aires en la Facultad de Ciencias Económicas porque “siempre” le gustaron los números.

Matías Barraza tiene 19 años y vive en Villa del Parque con la familia de su prima. Trabaja de manera informal en diferentes barrios de la Capital y en el Gran Buenos Aires, es ayudante de albañilería y pintor. Nació en San Miguel de Tucumán, allí viven sus padres y su hermana. Vino a conocer Buenos Aires, de vacaciones, con la idea de volver, pero su madre lo llamó para convencerlo de que se quedara, para que el cambio de ambiente le asegurara un futuro mejor que el que tenía en su ciudad natal. Y a pesar de las dificultades, la voluntad materna se cumplió: en pocos días Matías va a recibir su diploma de finalización de estudios secundarios y continúa su lucha por “despegarse” de lo que considera un oscuro legado por parte de su padre: el alcoholismo. Si no lo conseguía iba a volver a Tucumán y “tirar todo”.

Gracias a Elisa, una preceptora del Comercial 26 que siempre  lo apoyó en los momentos difíciles, sus perspectivas a futuro cambiaron notablemente: quiere estudiar algo que tenga que ver con técnica automotriz, “sacar las matrículas”, la arquitectura lo atrae también. Sabe que con el título el “tema laburo cambia mucho”, puede aspirar a un trabajo formal, una mejor paga y tener continuidad laboral.

Matías, Vilma, Juan, Trinidad y otros cientos de miles de jóvenes y adultos parecen no importarles a este Gobierno que se empeñan en dificultar cada vez más al eslabón más débil de la cadena. Cada vez se nota más la poca sensibilidad de los funcionarios, su pertenencia de clase, su desconocimiento y su desprecio a lo público. Como siempre, la comunidad educativa está en pie. Cerrar escuelas es una mancha que, como se dice en las canchas, no se borra nunca más.

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Tali Goldman

Tali Goldman

Periodista y politóloga. Escribe para Nuestras Voces y también es colaboradora en la Revista Anfibia, Crisis y Tiempo Argentino. Trabajó en la investigación para el libro El Nieto y fue columnista en la radio de las Madres. Dicta clases de periodismo en la UMET.

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