Línea E: la olvidada de Larreta

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La línea E de subte es la peor de todas: demoras, cancelaciones y evacuaciones de trenes son lo normal. Otro ejemplo de políticas de desigualdad de Horacio Rodríguez Larreta: el sur recibe menos inversión que el norte de la Ciudad hasta en la red de subtes. Luego de la inauguración de 3 nuevas estaciones, las frecuencias empeoraron aún más: apenas la mitad de las 15 formaciones está en condiciones de circular. El principal motivo: ajuste en el gasto de mantenimiento por parte de Metrovías. Una conductora de línea E denuncia: «Los trenes tienen entre 35 y 55 años y están en paupérrimas condiciones. No hay repuestos. Salimos con trenes-chatarra que se frenan en la mitad de la formación de mínima y se incendian de máxima».

Una pareja de trabajadores independientes, ella embarazada de ocho meses, vió un departamento que parecía ideal. En la puerta, una estación de subte: José María Moreno. Creían que podían vivir lejos del centro y llegar en veinte minutos en un medio de transporte. Pero no contaban con que esa línea del subte era la E: la línea del terror. 

Virreyes-Bolívar (actualmente llega hasta Retiro, pero cuando ellos se mudaron todavía faltaba), era el recorrido que hacía una de las seis líneas del subterráneo en la que Mariana y Carlos pensaban conectarse con el resto de la ciudad. Pero desde que se mudaron hace cuatro años nunca, y esto es literal, llegaron en veinte minutos al centro porteño.

“Nosotros directamente cuando la nombramos le decimos ‘Línea E con demora’. Ya debería decir ‘Línea E sin demora en los carteles’, porque esa es la anomalía, cuando está sin demora”, cuenta Mariana a Nuestras Voces evidenciando el principal problema de la línea, la permanente demora que hace que a veces tenga que esperar hasta media hora la llegada de una formación. La cotidianidad de la vida de Mariana y Carlos está absolutamente atravesada por el mal funcionamiento de la línea. Desde que ellos mismos tienen que calcular tiempos extra para llegar a alguna reunión, hasta lo que tienen que esperar a la niñera de Antonia, que vive en Berazategui, que después del colectivo que la deja en el centro puede tardar hasta una hora más en llegar a la estación Moreno.

Los usuarios crearon la cuenta de twitter  @LineaEyPremetro, bajo la premisa de armar un «REGISTRO COLECTIVO DE DEMORAS Y CANCELACIONES de la #LineaE y #Premetro ¡necesitamos la colaboración de todos! Cuando detectes algún problema, ingresá a este link y registrá el evento que estés presenciando (demora/cancelación)».

Las demoras, suspensiones de la formación o problemas en el medio del viaje tienen varias motivos. Pero el principal tiene que ver con la falta de inversión y mantenimiento de Metrovías y del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que incluso empeoró luego de que se inauguraran tres nuevas estaciones que corrieron la cabecera de Bolívar a Retiro. Un proyecto que comenzó hace doce años con una financiación inicial del Gobierno Nacional en la gestión de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. El 3 de junio de 2019 y al estilo Pro, se inauguraron finalmente las estaciones: Correo Central, Catalinas y Retiro. El jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta se mostró junto al ministro de transportes de la Nación, Guillermo Dietrich y la artista plástica Marta Minujin que decoró algunas de las nuevas estaciones. Pero lo cierto es que desde que se estrenaron el servicio anda cada vez peor. 

Así lo refleja Magalí que es conductora de la línea hace siete años y delegada de tráfico. En diálogo con este portal explicó: “Concretamente los trenes de la línea E tienen entre 35 y 55 años y están en paupérrimas condiciones. No sólo eso sino que no hay repuestos—porque son totalmente vetustos—y los que hay tardan seis meses. Entonces estamos todo el tiempo saliendo con trenes chatarras que se frenan en la mitad de la formación de mínima y se incendian, de máxima. Encima con la inauguración de las tres nuevas estaciones no mejoraron ni los trenes ni ampliaron el personal”.

Lo que cuenta Magalí circuló poco en los medios de comunicación y podría haber sido una tragedia. Pasó hace menos de un mes, el 16 de agosto, cuando se desató un principio de incendio en una de las formaciones, mientras entraba por entrar a la estación San José. El humo empezó a sentirse fuerte y alrededor de veinte pasajeros debieron ser evacuados, siete trasladados al hospital, mientras el conductor y el guarda apagaban el incipiente fuego esperando a los Bomberos y al SAME. Por supuesto que ante este episodio el servicio se suspendió. Pero no era la primera vez que pasaba. En febrero también hubo un episodio similar. 

“Yo estoy acostumbrada a que el tren se quede entre la mitad de dos estaciones y haya que evacuar a los pasajeros. Es común eso entre los que viajan en la línea E —explica Magalí— es una situación normal aunque no debería serlo porque nos pone en riesgo a todos”.

Actualmente hay quince trenes en la línea E pero no todos ellos funcionan. Casi la mitad está constantemente en reparación. Eso implica que funcionando cotidianamente hay entre cinco y nueve formaciones, por lo que entre un tren y otro hay que esperar entre quince, veinte minutos e incluso hasta media hora. 

La palabra riesgo se repite mucho en el relato de Magalí. Por caso, el paisaje cotidiano en algunas estaciones es el desamparo absoluto. No hay ni personal policial ni personal atendiendo en las boleterías. “Hace un mes, un sábado a las once de la noche, una banda de grafiteros se bajó en la estación Medalla Milagrosa, y tomó de rehenes con armas de fuego al conductor y al guarda. Hicieron frenar la formación, pintaron todo el tren y luego se fueron corriendo. Como en la estación no había ni una persona ni de la empresa, ni de seguridad pudieron hacerlo. Cuando pedimos los videos de las cámaras de seguridad nos dijeron que no andaban. Entonces es una situación muy vulnerable para los trabajadores y para los pasajeros. Es tierra de nadie ”, cuenta Magalí.

Por caso, al no haber personal en varias de las estaciones muchas veces ni siquiera se reproducen los audios en donde se explica el motivo de la demora, o de la suspensión. Entonces los usuarios tampoco están al tanto de por qué el servicio no anda. Algo que igualmente es parte de la cotidianeidad. 

Fuera de servicio

Las esculturas de Marta Minujín en la estación de Retiro no pueden tapar los desperfectos que existen en cada una de las estaciones. Mariana y Carlos todavía recuerdan que unos meses después de mudarse, la escalera mecánica de su estación dejó de funcionar. Al principio pensaron que esto era temporal. Pero la escalera estuvo fuera de servicio ¡dos años!. Ya era cotidiano ver cómo se acumulaban santitos que los vecinos dejaban en forma irónica a ver si por algún milagro volví a funcionar. Eso se repite en todas las estaciones. Según contó Magalí, incluso en la nueva estación de Retiro, un hombre se quedó encerrado durante tres horas en el nuevo ascensor. “Los vestuarios del personal también son un desastre. En Retiro por ejemplo, ante cualquier lluvia se inundan entonces no podemos ir a trabajar”, relata la delegada. 

Y tanta desidia, desinversión y desregulación tiene una razón. Mariana y Magalí coinciden en que tiene que ver que la mayoría de los usuarios de la línea E son de las clases más populares de la ciudad. “Es increíble cómo las estaciones se van deteriorando en función de lo que vale el metro cuadrado en esos barrios. Si te tomás el subte de punta a punta es muy impresionante cómo el deterioro o la mejora de las estaciones cambia si estás en el bajo flores o cuando estás llegando a Retiro. Es para hacer un estudio sociológico”, reflexiona Mariana. 

Para Magalí es similar:  “Hay un desprecio del gobierno de la Ciudad por esta línea porque se lo toman los sectores más populares. Es el único tren que conecta con el premetro que sale desde los barrios más populares de Flores, Lugano, y Soldati. Hay mucho laburante, mucho que viene con las herramientas que se nota que van a hacer changas. Entonces claramente el deterioro de esta línea tiene un desprecio porque se trata del sector más vulnerable de la ciudad, ese que no le interesa a este gobierno”. 

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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