Los agentes de tránsito precarizados le dijeron basta Larreta luego de la tragedia

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«Llegamos al límite. Murió una compañera. Hasta que no nos traigas un papel firmado diciéndonos que todos vamos a pasar a planta no se va nadie», increpó una agente de calle a Leandro Ricciardi, Gerente de Operaciones del Cuerpo de tránsito precarizado de Horacio Rodríguez Larreta durante la protesta de ayer. Ricciardi se define en sus redes como “periodista”. Su jefe, Juan José Méndez, es secretario de Transporte del gobierno porteño y su actividad profesional previa fue «productor de televisión y director de cuentas en consultoras de comunicación». El modelo de ciudad Larreta: agentes monotributistas con sueldos bajo la línea de pobreza sin seguro de vida ni ART.

No tocaban el silbato para frenar un auto o un camión; ni para hacer un control de alcoholemia o para desviar el tránsito de una manifestación. Esta vez, cientos de agentes de tránsito fueron los manifestates y cortaron las calles del centro porteño. Protestaban en Corrientes y 9 de Julio en reclamo por la muerte de su compañera Cinthia Choque, de 27 años y madre de dos hijos. Cinthia fue atropellada en la madrugada del domingo por el periodista y vocero del Ministerio de Justicia de la Nación, Eugenio Veppo. Cinthia y su compañero Santiago Sciciliano estaban realizando controles de alcoholemia en Figueroa Alcorta y Tagle, cuando Veppo pasó de largo las señales y los embistió. Scililiano está grave, pero aún con vida. La tragedia puso al descubierto las precarias condiciones de trabajo del cuerpo de tránsito del jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta.

En medio de una tormenta que caía como ducha y un dolor que se veía en los rostros —porque Cinthia o Santiago podrían haber sido ellos—, los encargados de controlar el tránsito en la ciudad de Buenos Aires, fácilmente reconocibles por su uniforme celeste, pitaban sus silbatos al grito de “unidad de los trabajadores” visibilizando lo que ellos mismos definen como la “crónica de una muerte anunciada”.

Todos sabían que en algún momento iba a haber una víctima fatal producto de las condiciones de precarización laboral en la que trabajan. Lo de Cinthia fue más que un simple accidente: es el resultado de la desprotección absoluta en la que denuncian que trabajan. Para no andar con eufemismos: trabajar como agente de tránsito de la ciudad de Buenos Aires es un empleo en el que se corre riesgo de vida pero las condiciones de trabajo del gobierno de Larreta no lo toman en cuenta. 

La precarización mata

“Che, boludo, che boludo, el monotributo se lo meten en el culo”, cantaban desaforados los agentes de tránsito que se autoconvocaron a través de grupos de WhatsApp. Y es que al igual que Cinthia, el 85% de los 1044 agentes que componen la agencia de tránsito está en esa condición. Además de pagar todos los meses el impuesto por ser trabajadores autónomos los agentes de tránsito que ganan 25 mil pesos tienen que pagar cada dos meses ingresos brutos. Por lo cual, perciben en mano, casi tres mil pesos menos, alrededor de 22 mil pesos. Muchos de ellos tienen entonces doble trabajo: son maquilladoras, peluqueras, manicuras, niñeras, o vendedoras de productos Just. Además del descuento en el salario, no hay ni vacaciones ni aguinaldo pese a que el régimen laboral es de siete horas diarias los cinco días de la semana o doce horas los fines de semana y feriados. Es decir, el trabajo de los agentes es todos los días de la semana. “Incluso trabajamos el día del agente de tránsito que es el 14 de abril”, cuenta una. La situación se agrava cuando las mujeres y hombres —y hay que aclarar que el cuerpo está integrado más por mujeres que por varones, lo cual también expone por qué terminan siendo las más precarizadas— no tienen ni ART, ni seguro de vida. Nada de nada. Un agente de tránsito del gobierno de la ciudad está en las mismas condiciones laborales de un repartidor en bicicleta de delivery. 

Los trabajadores precarizados de Larreta

“Estamos totalmente desprotegidos nos mandan solos sin ningún policía y así pasa lo que le pasó a Cinthia”, dice una trabajadora de 33 años que no puede decir su nombre porque “está prohibido que hablen con la prensa”, según el reglamento que tuvieron que firmar para que las contrataran. Pero ellas están desesperadas por hablar y por contar las situación en la que tienen que trabajar. “Tenemos miles de casos de compañeros que tuvieron accidentes porque los atropellaron, una compañera por ejemplo que perdió un riñón en un accidente, muchos que quedaron rengos, y así estamos todos los días, expuestos a esto. Y ni hablar de que nadie los indemnizó ni los ayudó a pagar las operaciones”, retrata otra. 

Una trabajadora muestra la campera, “mirá, estoy totalmente empapada, o sea las camperas que son nuestro uniforme de trabajo ni siquiera nos mantienen protegidas, son de pésima calidad, las botas que tenemos son de plástico y deberían ser de punta de acero porque nos atropellan todo el tiempo, ni siquiera en eso nos cuidan”. 

Las anécdotas se repiten e incluso ya están naturalizadas: Todos los agentes fueron alguna vez de mínima agredidos, de máxima amenazados con armas de fuego, atropellados, golpeados. Nada de esto sale en los medios. Ir a trabajar para ellos es enfrentarse al riesgo constante por eso la muerte de Cinthia fue un freno. Y el pedido ante los funcionarios porteños era unánime: el pase a planta permanente.

Unidad de los trabajadores

La Dirección General Cuerpo de Agentes de Control de Tránsito y Transporte— DGCACYT—fue creada por la Ley 2652 en el año 2007. Según su definición se trata de “un cuerpo uniformado, no armado, debidamente identificado, que tiene como misión hacer cumplir las disposiciones del Código de Tránsito y Transporte, el ordenamiento y control del tránsito peatonal y vehicular, incluido todo tipo de transporte, la difusión entre la población de los principios de prevención, seguridad vial y movilidad sustentable y la asistencia y participación en los programas de educación vial que se establezcan”.

En varios artículos de la ley dice textualmente que el cuerpo “podrá requerir el auxilio de efectivos de la Dirección General de Policía”. Pero esto no sucede. 

Los trabajadores que reclamaban tenían tres destinatarios para sus reclamos. En primer lugar, el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta; en segundo lugar Juan José Méndez, secretario de Transporte del gobierno porteño, un hombre que según su propio currículum es “Licenciado en Economía (UCA). Desarrolló su actividad profesional como productor de televisión y Director de cuentas en consultoras de comunicación”. Méndez dijo en los medios de comunicación al conocerse la noticia que se trataba de una “tragedia indignante” y titubeó cuando se le preguntó por las condiciones laborales de los trabajadores. El propio caso de Cinthia que trabajaba hacía seis años y seguía siendo monotributista desmintió de cuajo la coartada que pretendía imponer el secretario asegurando que “después de tres años pasan a planta permanente”. El tercer personaje al que le llevaron los reclamos es a Leandro Ricciardi, Gerente de Operaciones del Cuerpo de tránsito que también se define en sus redes sociales como “periodista” y fue el encargado de mantener contacto con los trabajadores. En medio de la manifestación en una reunión improvisada en la pizzería Kentucki de corrientes y 9 de julio, Ricciardi se sentó en una mesa con algunos agentes que oficiaron de voceros. Entre ellos estaba Natalia, que se convirtió en la vocera de los trabajadores de manera espontánea, elegida en medio de la tragedia para llevar adelante las negociaciones y los reclamos. Natalia, que trabaja en el turno noche en el barrio de Chacabuco escuchaba absorta cuando Ricciardi le decía que entendía sus reclamos pero que para que se llevara a cabo una reunión con el Ejecutivo exigían que levantaran el corte. El diálogo fue ríspido y durante media hora Riccardi buscaba que los trabajadores cesaran con la manifestación. Pero no lo logró. Natalia fue contundente.

LOS TRABAJADORES ICREPAN A RICCIARDI EN KENTUCkY.

—Nosotros llegamos al límite. Murió una compañera. Hasta que no nos traigas un papel firmado diciéndonos que todos vamos a pasar a planta no se va nadie de la calle.  

El funcionario se levantó de la mesa y ellas también. Volvieron a la calle, reunieron a todos como pudieron, bajo la tormenta, entre los paraguas. Natalia, devenida en delegada, con la voz intentando tapar los bocinazos de los autos explicó la situación. 

—Quisieron extorsionarnos para que dejemos de manifestarnos. ¡Pero de acá no nos vamos compañeros, hasta que no nos traigan una respuesta de acá no se va nadie!

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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