Villa 31: por primera vez egresaron 7 maestras

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Esta navidad será distinta en la Villa 31. Hace pocos días egresaron las primeras siete maestras que pudieron estudiar y recibirse en el barrio. El profesorado Dora Acosta fue una iniciativa que surgió de una organización territorial luego de una encuesta entre vecinos para saber qué profesiones querían estudiar. Éstas son las historias de mujeres que van por más.

Cuando desde el gobierno de la Ciudad se enfurecen y se preguntan por qué perdieron por paliza las elecciones en la Villa 31, deberían saber que es, básicamente, porque no escuchan a los vecinos ni se preocupan por incluirlos y entender cuáles son sus necesidades y problemáticas.

Hace seis años, una organización política llamada “El hormiguero” que tiene trabajo territorial en la Villa 31 notó que estaban cubiertas las posibilidades de que los habitantes pudieran terminar la escuela secundaria, por la gran cantidad de instituciones y bachilleratos populares dentro del barrio y en los alrededores, pero no había posibilidades para quienes quisieran seguir con un estudio terciario. Ante este escenario, realizaron una encuesta entre los vecinos para saber qué les interesaba estudiar.

Surgieron dos profesiones. Por un lado, enfermería, porque muchas vecinas en los hechos suelen hacer de enfermeras ante la falta de un sistema de salud adecuado. Y, por el otro, la carrera de maestro. Así fue como en 2014 nació el profesorado de enseñanza primaria Dora Acosta, en homenaje a una maestra desaparecida en la última dictadura cívico-miltaro. Hace pocos días egresaron de El Dorita, como le dicen todos, las primeras siete docentes de la Villa 31.

Maru Bielli —flamante legisladora porteña— fue quien se convirtió en rectora de El Dorita y una de sus principales impulsoras. “Nos organizamos y teniendo como antecedente a los bachilleratos populares decidimos construir el Dorita partiendo también del diagnóstico de que en la ciudad hay emergencia docente en las aulas del nivel primario por lo tanto también iba a ser una salida laboral y además, el trabajo de la docencia también les iba a dar cierta estabilidad laboral, algo que tampoco suele ser común para el tipo de trabajos precarizados y temporales que suelen tener los vecinos del barrio”, explicó a Nuestras Voces, todavía emocionada al recordar la entrega de diplomas.

El espacio lo hicieron a pulmón, con fondos que recaudaban de distintas actividades y con aportes de los militantes. En 2015, el Ministerio de Educación de la Ciudad les otorgó el reconocimiento oficial y en 2016 lograron un convenio con la Universidad de Buenos Aires (UBA)

Así fue como más de cien vecinos—el 95% de ellas mujeres—pasaron por el Dorita. El compromiso era mucho. Una cursada diaria por las noches pero con la garantía también de una guardería para los hijos de las estudiantes. 

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“Desde el Dorita decimos que construimos educación pública popular. Cuestionamos los límites que tiene lo publico en la ciudad. El gobierno de la Ciudad no apuesta por la educación pública que perdió 10 puntos en el presupuesto en los últimos 10 años. No es una prioridad de quienes nos gobiernan. Por eso nosotros venimos a disputar el sentido de lo público. Cuando desde el gobierno no hay iniciativas para construir y garantizar derechos lo que hay que hacer desde las organizaciones es disputarlo. 

Historia en primera persona

Ruth conoció en Bolivia a quien sería su marido, que vivía en Argentina, en la Villa 31, y se vino hace seis años. Oriunda de Oruro, estaba dando los primeros pasos en la universidad en la carrera de ingeniería en sistemas. Al poco tiempo de llegar empezó a trabajar en el kiosko de un hospital. Después tuvo dos embarazos bastante seguidos y ya los planes cambiaron. No había posibilidad de retomar los estudios. “Además estaba el mandato de que yo tenía que quedarme en mi casa cuidando a los chicos”, cuenta a Nuestras Voces. Pero un día su cuñada le comentó que había abierto un terciario en el barrio para ser maestra, que además tenía una guardería para poder dejar a los chicos y que se cursaba de noche. Al principio Ruth lo dudó. No sabía tampoco cómo se lo iba a tomar su marido, pero decidió ir igual. Y nunca se fue. Durante cuatro años, llueva, hiciera calor, o hubiera un tornado, Ruth estaba ahí estoica. “Era un impulso por esas ganas de querer terminar lo que uno está empezando y tener una profesión con que ayudar a tu familia”. La cursada era intensa, de 19 a 22 horas todos los días, siete materias por cuatrimestre. “Los chicos se quedaban en una guardería que quedaba cerquita. Al principio mi marido tenía la duda pero después él también fue entendiendo que era algo que yo deseaba”. 

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Ruth hizo una de las prácticas en la Escuela N 25 del Distrito 1 Bandera Argentina, en el barrio de retiro. A mitad de año, una de las maestras le dijo que había una vacante para una suplencia en séptimo grado. “Me presenté y quedé y durante toda la mitad de año estuve a cargo del grado. Me fue bastante bien fue un grado hermoso y aparte las maestras y mi coordinador me ayudaron un montón. Hay cosas que en el profesorado no te enseña y entonces las compañeras me ayudaron mucho”. De todo el plantel docente Ruth es la única que vive en la Villa 31. “La escuela recibe a muchos chicos del barrio y también los directivos conocían el proyecto del profesorado”. Después de la suplencia para el 2020 Ruth entró a ser parte del staff y estará a cargo de quinto grado. “Me cambió la vida en todo sentido. Económicamente porque pasé a ser el sostén de familia y sobre todo me da una estabilidad. Pero el cambio no fue solo para mí sino también a todo mi entorno familiar y al mismo tiempo puedo ver y observar que al transitar por la vida de los chicos también tengo la posibilidad de cambiarles la vida”. 

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Tali Goldman

Tali Goldman

Es licenciada en Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y periodista. Escribe crónicas en medios digitales como Anfibia, Nuestras Voces, Latfem, entre otros. Es columnista en el programa de radio Cheque en Blanco, que se emite en Futurock. Su primer libro La Marea Sindical, mujeres y gremios en la nueva era feminista de Editorial Octubre ya va por la segunda edición.

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