El ritmo: un arma contra la política ciega

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Mientras la política desdibuja el valor del propio cuerpo, el arte induce a la sensibilidad colectiva: es a partir de la consciencia del cuerpo que se puede ser esclavo o libre. Entrevista exclusiva con Carla Fonseca, directora artística de las Jornadas Internacionales El Ritmo en las Artes, que inaugurará su IV edición el próximo 6 de septiembre.

Fotos: JIRA

¿Cómo percibir el ritmo? ¿Cómo experimentarlo? ¿Cómo producirlo? ¿Cómo volverlo visible? ¿Son compatibles el arte y la ciencia? ¿Es el arte una intervención política? ¿Sirve el ritmo para perseguir la transformación social? Carla Fonseca, licenciada en Artes Musicales y Rítmica Dalcroze, lo piensa.

A estos interrogantes intentará dar respuesta a través de la nueva edición de las Jornadas Internacionales El Ritmo en las Artes (JIRA) que ella misma dirige. Fonseca es profesora titular de rítmica musical en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), la Universidad del Salvador (USAL) y el Centro de Investigación Cinematográfico (CIC) y es docente invitada de la Universidad de Artes Performáticas de Viena, Brasilia. Como artista, entiende que el ritmo es capaz de borrar las fronteras entre las artes y su investigación y su práctica puede producir beneficios físicos y psíquicos, además de aportar nuevas perspectivas de comunicación e interacción.

Tal vez por eso eligió esta temática como eje central de las JIRA, que contarán con simposios, conferencias y ponencias gratuitas, además de Workshops específicos y la presencia de maestros extranjeros. Un ping Pong de preguntas y respuestas en el que la directora artística expresa su visión sobre el arte y sobre lo que serán las próximas jornadas. 

 ¿Qué es el ritmo?

– El ritmo es un inductor de sensibilidad, no sólo artística sino también política. Permite un autoconocimiento liberador del cuerpo y de energías básicas de la vida que pueden chocar contra los controles políticos. El ritmo militar, por ejemplo, es rígido como para anestesiar la sensibilidad. Los ritmos de la propia cultura, por el contrario, se oponen al control exterior. Un malambo, una chacarera, los ritmos afro-caribeños, comportan ritmos básicos y luego un floreo percutivo que prioriza la individualidad de la ejecución instrumental y corpórea. El ritmo descontrola la posición del poder político sobre el cuerpo y debe buscar la Democracia, el ritmo es el poder del cuerpo cultural. Es a partir de la consciencia del cuerpo que se puede ser esclavo o libre.

 Existe entonces un fuerte lazo entre el ritmo y la cultura.

– Por supuesto. Sabemos que el ballet es imperial y calca en escena la ideología imperial y religiosa de la época con sus puntas, elevaciones y gestos melódicos. Es muy difícil bailar una percusión africana en puntas, cuando la postura intermedia y rodillas flexionadas es una técnica en la cultura del tambor, más rítmica que melódica. Si debemos respecto a las culturas y al cuerpo de los ciudadanos debemos por saber los ritmos y las técnicas del cuerpo como identidad cultural, como su coreografía de la comunicación en la vida.

El ritmo despolitiza al cuerpo para asignarle un origen más allá de las divisiones ideológicas del poder y existe una esperanza si escuchamos el arte contemporáneo cuyo origen fue intercultural. Existe un magnífico disco que se llama Lambarena que se crea en una unión perfecta por medios tecnológicos entre ritmos africanos y ritmos y melodías de Bach. Las estéticas contemporáneas se parecen a eso: Picasso y África, Van Gogh y Oriente, Gauguin y Oceanía.

 Hablás de ritmos colectivos, ¿Existe el ritmo individual?

– El ritmo es individual y colectivo, unitivo y diferenciador de identidades. Podemos hablar del poder político, de grupos dominantes o de clases sociales, pero nadie piensa en el poder liberador del cuerpo rítmico, que es un arma contra la política ciega y sorda a la propia cultura, y si una sociedad no quiere caer en las jaulas ideológicas de una política limitadora de las potencialidades creativas de los ciudadanos necesita encontrar y reconocer su cuerpo cultural y su ritmo, los ritmos liberadores del cuerpo.

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Existe un pensamiento que viene de autores de la dimensión invisible que estudian los ritmos inconscientes que modulan las culturas y que otorga una razón política a la interculturalidad. Ellos sostienen que si no se conocen los ritmos propios y la relación con las otras culturas no puede haber entendimiento ni paz entre los pueblos sino odios y guerras. Para ese problema no existen soluciones tecnológicas sino artísticas y tiene que ver con algo básico y subyacente de la propia persona y su relación con los otros.

 En las JIRA hay Workshops que hablan de transformación social, ¿Ese es el enfoque de las jornadas?

– Esta edición se propone especialmente la llegada a través del ritmo a sectores vulnerables. Para ello, hemos invitado a la agrupación Batucadeiros de Brasil y extendemos la invitación a profesores de nivel inicial, primario, educación física y artística con el objetivo de difundir la percusión corporal como práctica cotidiana y de movimiento sonoro entre la población infantil de comunidades vulnerables. 

 ¿De qué se trata la agrupación Batucadeiros?

– Es un grupo de larga trayectoria en trabajo de percusión corporal especializada en el trabajo con niños. Queremos poner en funcionamiento un proyecto en común de capacitación a docentes para incluir prácticas rítmicas en sus tareas pedagógicas y en la transmisión de contenidos.

Queremos, en forma conjunta, buscar la incorporación del ritmo a través de la percusión corporal para la transmisión de valores y conocimientos, apuntando a la formación de jóvenes, niños y adolescentes como seres críticos y actuantes en relación a sí mismos y el medio. El objetivo principal  es garantizar el acceso a la cultura y promover la inclusión social de los niños: que ejerzan sus derechos socioculturales.

 Una concepción política del arte…

– Si, claro. El arte y el ritmo como factor de sensibilización y activador de conciencia crítica son  política. Sabemos que no es posible elaborar verdades sin nuestra sensibilidad. Al transitar prácticas corporales rítmicas nos confrontamos con el no pensar – no sentir, para abrirnos a una dimensión activa de la sensibilidad y de la escucha.

Estamos inmersos en una realidad donde lo social se constituye sobre trabajos precarios que, en muchos casos, colonizan nuestra sensibilidad y estamos sujetos a toda una serie de micropolíticas que controlan nuestra sensibilidad borrando, desdibujando la presencia y el valor del propio cuerpo. Nos preguntamos  a partir de estos encuentros si podremos, como artistas y formadores, abrir nuestras prácticas a lo contingente, habilitando vías de construcción hacia nuevos lenguajes.

¿A quiénes se dirige la IV edición de las JIRA?

– Está dirigido a artistas y público en general. Invitamos a participar a personas dedicadas a las artes visuales, escénicas,  musicales, literarias, personas que investiguen sus prácticas y que deseen descubrir al ritmo como herramienta creativa, de improvisación, de producción y de punto de encuentro con otras áreas.

El ritmo es un elemento clave para dar paso al eje de conocimientos compartidos entre las ciencias y las artes. Desde el punto de vista antropológico es con la danza y el ritmo que se inicia el origen de la humanidad, luego aparecerán las otras artes y, mucho tiempo después, vendrán las ciencias. Así que nos resulta fundamental estudiarlo.

 ¿Vinculás esto con la situación actual de la Argentina?

– Estamos atravesando un tiempo de muchas incertidumbres, una economía neoliberal que realiza ajustes presupuestarios, miles de personas se están quedando sin trabajo, tantos miles duermen en las calles y viven en situaciones precarias, las universidades están  en peligro, nuestro científicos e investigadores en lucha permanente.

Es importante valorar que este espacio se genera en una cátedra de la  Universidad Nacional de las Artes y se lo ofrece a la comunidad. En estas jornadas, y especialmente para este año, nos proponemos dar valor a la práctica rítmica como lugar de encuentro y expresión, entender que se trata de un posible punto de partida hacia una calidad de vida superior, un tiempo donde se nos permita pensarnos y sentirnos como sujetos integrados.

***

Las Jornadas Internacionales de El Ritmo en las Artes se llevarán a cabo entre el 6 y el 8 de septiembre próximo en las salas del Centro Cultural San Martín y el departamento de Artes Dramáticas de la UNA.

Simposios y charlas abiertas a la comunidad.
Entrada Libre y Gratuita con inscripción previa y cupos limitados.
Workshops arancelados con referentes internacionales.

Más información aquí

 

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