Falta un largo camino, muchachas

Compartir

Este 8 de marzo mujeres de más de 50 países se unen en una medida de fuerza: el Paro Internacional de Mujeres. Sobran razones para parar. Luciana Peker aborda en su último libro “La Revolución de las Mujeres”, las deudas pendientes en materia laboral, la violencia en la intimidad de los hogares, las tecnoviolencias de las redes sociales, entre otros debates. Peker asegura que no hay Ni Una Menos sin presupuesto y políticas públicas, y que se avanzó pero es necesario redoblar la apuesta o las mujeres estarán en peligro. Compartimos un adelanto de este libro construido con múltiples historias, datos y luchas.

Se hizo mucho, pero falta mucho por hacer. En el marco laboral hay grandes deudas pendientes: una licencia por maternidad más amplia (al menos con nueve días más, como pide la Organización Internacional del Trabajo), una licencia paternal que no sea menor a un fin de semana largo (actualmente es de cuarenta y ocho horas), permisos a parejas con dos mamás y papás, y políticas de cuidado con centros de infancia para todos/as sin restricciones.

Un proyecto de la CTA –presentado en octubre de 2014– propone que la adopción se equipare al nacimiento, y que las mujeres que se tengan que realizar tratamientos de reproducción asistida puedan no marcar tarjeta mientras tienen que inyectarse, medicarse o esperar resultados. También se especifica que el tiempo de cuidado full life al bebé tribute a la jubilación. La licencia por maternidad aumentaría a ciento veinte días y, dentro de tres años, se le agregarían sesenta días más para cualquier integrante de la pareja. La licencia por paternidad se aumentaría a quince días. Los centros de cuidado infantil se tendrían que garantizar en todos los empleos de trabajadores de cualquier género o pagarles el dinero para contratar un servicio privado de cuidado. En todos los casos, se equipara el derecho para las parejas del mismo sexo.

También está en la lista de espera una iniciativa, presentada en julio de 2015 por la ex diputada María del Carmen Bianchi (FPV) sobre cuidados, que propone la posibilidad de institucionalizar el cuidado de niños y niñas desde los cuarenta y cinco días hasta el ingreso obligatorio al sistema escolar. Mientras que este año el Centro de Implementación de Políticas Públicas para Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) lanzó una propuesta de licencias parentales para poder conciliar la vida laboral y familiar.

Hay que democratizar las condiciones en las familias y quitar la idea de que si hay violencia en la familia hay que tolerar la violencia. Todavía resta quitarle la patria potestad a los femicidas, darle amparo a lxs huérfanxs por femicidio y otorgarles a las trabajadoras víctimas de violencia de género una licencia para poder denunciar y recomponerse.

Todavía resta quitarle la patria potestad a los femicidas, darle amparo a lxs huérfanxs por femicidio y otorgarles a las trabajadoras víctimas de violencia de género una licencia para poder denunciar y recomponerse.

El 16 de enero de 2008 fue asesinada Rosana Galliano. El Tribunal Oral en lo Criminal 1° de Zárate-Campana sentenció a perpetua a José Arce y a su madre –como cómplice–, Elsa Aguilar. Sin embargo, los hijos –de 10 y 11 años– de Rosana, se crían con el hombre que mató a su mamá, a pesar de que su abuela y si tío paterno reclaman por los chicos. En el Congreso de la Nación espera sin ser tratado un proyecto para que los femicidas pierdan la patria potestad o responsabilidad parental.

La Ley Brisa es una de las demandas más urgentes. Cada semana, seis chicxs se quedan sin mamá por el gatillo impune de los femicidios. Más de 2.500 niños y niñas se quedaron sin mamá por la violencia hacia las mujeres, según los datos de La Casa del Encuentro.

El Congreso tiene que aprobar una norma que ampare económicamente a los hijos e hijas de las mujeres asesinadas. “El objetivo de la Ley Brisa es que las hijas y los hijos de mujeres asesinadas en el marco de femicidios reciban una reparación económica mensual; ya que el Estado no evitó el daño, debe intentar repararlo. Asimismo, que tengan acceso a cobertura de salud. Se toma el nombre de Brisa para llamar al anteproyecto por la hija menor de Daiana Barrionuevo, asesinada el diciembre de 2014 en Moreno, por su pareja, Iván Rodríguez. El cuerpo, dentro de una bolsa, fue hallado de casualidad a mediados de enero de 2015. Brisa y sus dos hermanitos, Tobías y Elías (mellizos de siete años), viven con una tía, Cintia, que es madre de tres chicos. El Estado, hasta el momento, no brinda asistencia alguna a los chicos a al grupo familiar”, subraya el periodista especializado en género y promotor del proyecto, Maxi Montenegro.

Inseguridad íntima, el mayor peligro está en las casas

La violencia doméstica es, para las mujeres, más peligrosa que la inseguridad en la calle que ocupa la pantalla permanente de los medios y las pancartas de los políticos. Aunque hay algunas radiografías que demuestran que los medios apuntan las cámaras hacia el miedo en la vía pública y se salen de foco. Por ejemplo, en el estudio “Femicidio íntimo” de Susana Cisneros y Silvia Chejter, con datos suministrados por la Policía Bonaerense, se demostró que en el 70 por ciento de los 1.284 crímenes hacia mujeres cometidos en la Provincia de Buenos Aires (en una investigación realizada entre 1997 y 2003 que es tomada como reflejo de una situación que no cesa), el asesino de las mujeres era la pareja, ex pareja, marido, novio o ex novio de la mujer asesinada. Además, en 669 de esos asesinatos, las mujeres fallecieron por disparos. Mientras que en 191 de los crímenes, las novias o esposas fueron apuñaladas con armas blancas. No hace falta pedir un corte. Hay que cortar con la información que fuga el peligro afuera cuando el peligro está adentro. No sólo para llorar. También para cumplir y pedir mejores políticas públicas para frenar la violencia hacia las mujeres.

Entre el 1 de junio de 2015 y el 31 de mayo de 2016 fueron asesinadas 141 mujeres en su propia casa o en la casa que compartían con su pareja. La inseguridad íntima es el mayor peligro para las mujeres. La inseguridad entre cuatro paredes, sin testigos, sin escapatoria, sin nadie que vea, que escuche, que frene, que actúe. Entre cacerolas y sábanas que no cacerolean ni se vuelven fantasmas, sino pesadillas con los ojos abiertos. El peligro para las mujeres es su casa.

La inseguridad íntima es el mayor peligro para las mujeres. La inseguridad entre cuatro paredes, sin testigos, sin escapatoria, sin nadie que vea, que escuche, que frene, que actúe.

En una año, a partir de las multitudinaria marcha de “Ni Una Menos” de junio de 2015, se produjeron 275 femicidios y femicidios vinculados de mujeres y niñas, y 35 femicidios vinculados de hombres y niños (un femicidio vinculado, es por ejemplo, cuando se busca asesinar a una mujer pero se mata a sus hijos para lastimarla, a una maestra que intenta poner su cuerpo para protegerla, a su amante si se los encuentra juntos, a un escribano con el que se estaba realizando una transacción, al padre o hermano que la defiende de un ataque, etc.), según una investigación realizada por el Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”, dirigido por la Asociación Civil La Casa del Encuentro, con el apoyo de Fundación Avon, el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat y Naciones Unidos.

Todavía no hay un registro de femicidios oficial por falta de voluntad política. Se empezó a realizar bajo la órbita de la Secretaría de Derechos Humanos en los meses finales del kirchnerismo, pero los datos nunca se hicieron públicos. En el actual gobierno de Cambiemos tampoco se los quiere blanquear. Los costos, no solo interno sino internacionales, no son iguales cuando el Estado acepta que no puede garantizar la vida de sus ciudadanas porque nacieron mujeres. Esa falta de transparencia también habla de un Estado que no termina de mirar de frente a las mujeres que las matan por ser mujeres y que –en vez de avanzar– se culpan, esconden, retroceden o enferman por miedo a terminar muertas.

De las 275 mujeres asesinadas, 73 fueron acribilladas en su propia casa y 68 entre el piso y el techo compartido con su femicida. Hay 22 que perdieron la vida en otra casa, pero también entre cuatro paredes. Y de hogar dulce hogar, nada. Otras 8 dejaron de respirar entre el mismo aire compartido de la habitación de quien se atrevió a asesinarlas. Hay 141 argentinas menos desde el 3 de junio de 2015 que murieron desprotegidas por el blindaje de los ladrillos en donde, desde siempre, les dijeron que debían quedarse y sentirse plenas: una casa.

El mayor peligro para las mujeres no es la calle, sino no salir a la calle. No ir a trabajar, no ir a bailar, no ir a hacer deportes, no ir a estudiar, no juntarse con amigas o amigos, no ir a recitales, no visitar a su familiar, no hacer talleres e tejido, Reiki o cine.

El mayor peligro para las mujeres no es la calle, sino no salir a la calle. No ir a trabajar, no ir a bailar, no ir a hacer deportes, no ir a estudiar, no juntarse con amigas o amigos, no ir a recitales, no visitar a su familiar, no hacer talleres e tejido, Reiki o cine.

No es que mataron a 275 mujeres más porque “Ni Una Menos” fue en vano. Las mataron porque no alcanza. Porque a la violencia machista de años no se la saca con pocos y pobres recursos presupuestarios o gestos de buena voluntad o despachos donde las mujeres hagan sus denuncias. Y como no alcanza, hay que pedir más. Más presupuesto para que las mujeres no solo denuncien sino que sean protegidas, contenidas y cuidadas después de denunciar. No hay Ni Una Menos sin presupuesto y políticas públicas. Y no es que no se haya hecho nada. Pero no solo falta –y falta mucho–, sino que se redobla la apuesta o las mujeres están en peligro.

Tecnoviolencia: el control permanente

Una de las formas más claras en que la violencia machista se metió a través de las nuevas tecnologías es el acoso que sufren las adolescentes en los noviazgos violentos. Los celos que las limitan en su vida son uno de los rasgos del maltrato en esta etapa de la vida. Pero el celular, los mensajes de texto, el WhatsApp, el Twitter, el Facebook y otras redes sociales hicieron que ahora las chicas tengan que dar cuenta permanentemente de con quién están, dónde están, cómo están vestidas y qué están haciendo. El control social es permanente y acuciante. En la Argentina, para tres de cada diez adolescentes no está mal visto revisar la computadora o el celular de la pareja.

El celular, los mensajes de texto, el WhatsApp, el Twitter, el Facebook y otras redes sociales hicieron que ahora las chicas tengan que dar cuenta permanentemente de con quién están, dónde están, cómo están vestidas y qué están haciendo.

“Las nuevas tecnologías emergen como arma de control”, advierte una nota del diario español El País del 28 de mayo de 2013. “Ejercen un control agobiante para las chicas. A través de WhatsApp o Facebook pueden saber en todo momento dónde están, qué están haciendo y con quién. Las hostigan pidiéndoles pruebas: si dicen que están viendo la televisión, les piden que digan la película que ven y en qué canal, y si les cuentan que están en el baño, las obligan a tirar de la cadena para demostrarlo. Esto es algo que no pasa con las víctimas mayores”, explica Susana Martínez Nobo, presidenta de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres, que aclara que pese a que estos medios también están al alcance de los mayores, no los usan tanto.

Lucila Tufro, comunicadora social, integrante del equipo técnico de la Asociación Civil Trama y coordinadora de la investigación “Jóvenes y sus relaciones de pareja”, relata: “En una encuesta que realizamos entre jóvenes de ambos sexos de todo el país de entre 15 y 20 años, ante la pregunta de si consideraban grave o invasivo revisar los mensajes en el celular, correo o Facebook de su pareja, más de un 30 por ciento afirmó que no lo era o que tenía dudas. Es decir, más de un tercio no reconoció claramente lo que significa el derecho a la intimidad de su pareja”. Pero, aunque las chicas también puedan espiar, cuando hay violencia la balanza siempre se inclina hacia donde hay mayor vulnerabilidad: las chicas.

Comentarios

Comentarios

Hacé tu anotación Sin anotaciones