Flores que curan, leyes que enferman

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El Congreso trata desde ayer la legalización de la marihuana para uso medicinal. La comunidad médica ya adoptó el tratamiento y las familias que lo necesitan arriesgan su libertad y pelean en la Justicia para acceder. Mientras tanto, el Estado y sus fuerzas de seguridad siguen siendo represivos y restrictivos con el tema. Otro caso donde la sociedad está un paso adelante de sus dirigentes y las leyes.

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No hay forma de convencer a esas madres y padres, herman@s, sobrin@s o prim@s que cultivan cannabis para aliviar el padecimiento de sus seres queridos, o el propio, de que es preciso seguir persiguiéndolos y penándolos. Que no tienen derecho a sembrar una planta, extraer sus flores, vaporizarlas, preparar una tintura o un aceite pero que, eventualmente, podrían importar esos preparados o esperar que una empresa o el Estado los fabrique. La discusión que se abrió ayer en el Congreso flexibilizará más o menos el acceso al cannabis medicinal, pero no terminará con esta certeza de pacientes, familiares y/o cultivador@s: el derecho a salud está por encima de las pretensiones punitivas y la supuesta lucha contra el narcotráfico, así lo dictaminó un fallo de la Cámara Federal porteña hace 10 años.

Adherí a la Declaración de Apoyo a la Regulación Estatal del Uso del Cannabis Medicinal elaborada por el CELS, el CCC y el CECCA.
En los últimos meses, por ejemplo, la historia de Micaela, en Comodoro Rivadavia, derivó en que Chubut se convierta en la primera provincia en incluir el aceite de cannabis en el vademécum de sus hospitales públicos y de la obra social de quienes trabajan en el estado local. Los padres de esta niña de 12 años debían viajar hasta la ciudad de Buenos Aires para asistir a tratamientos que no mejoraban la epilepsia, que sufre desde los 4 meses. Incluso hicieron estudios en el exterior, sin éxito alguno. “Sus padres ya no van a tener que viajar a la aduana de Buenos Aires para buscar el aceite”, dijo Gustavo Fita, legislador del FPV chubutense, autor del proyecto.

En el apuro se incorporó al Vademecum el nombre comercial de un aceite en base a CBD, componente sedativo del cannabis, “Charlotte Web”. Lo normal en estos casos es que figure el nombre de la droga. La desesperación por frenar las largas convulsiones de Micaela tiene un motivo fuerte: le generan un deterioro cognitivo y de su capacidad motora. En Santa Fe la obra social estatal, Iapos, ya cubre el tratamiento de tres niños: dos con parálisis cerebral y otro con epilepsia. No hizo falta judicializar el pedido, como hicieron los padres de Josefina en Villa Gesell, los primeros en conseguir que la obra social Ioma cubra el tratamiento.

“Los médicos somos absolutamente ignorantes: el saber del cannabis no lo tenemos, lo tienen los pacientes. Por primera vez se invierte la relación médico-paciente, en la que tradicionalmente el primero tiene el saber-poder y el segundo es un ser pasivo”, comentó Carlos Magdalena, jefe de Neurología del hospital de niños porteño Ricardo Gutiérrez, en un seminario sobre cannabis medicinal en Santa Fe capital. Hubo encuentros similares de las dos asociaciones de pacientes y familiares, Mamá Cultiva y Cameda, en la ciudad de Buenos Aires, Mar del Plata, Mar Azul, La Plata, Comodoro Rivadavia, Paraná, Rosario, Córdoba, Tucumán y Salta.

La respuesta del Estado es esquiva, cuando no dañina. La Agencia Nacional de Medicamentos (Anmat) publicó una evaluación ultra rápida el 8 de junio pasado, señalando los beneficios del cannabis en el tratamiento del dolor, la escleorosis múltiple, la reducción de náuseas y vómitos por el tratamiento con quimioterapia y en la epilepsia refractaria. Pero por la “gran cantidad de consultas y solicitudes” de importación limitó desde el 7 de octubre pasado el ingreso de aceite solo para epilepsia porque es la única dolencia para la cual hay “utilidad terapéutica real”.

El número de familias que pidió importar el medicamento aumentó, sin embargo ANMAT limitó aún más su importación debido a una mala evaluación médica.

“Esta decisión agrava lo que en otrora ya resultaba engorroso para el acceso por las barreras de carácter legal, económicas y morales respecto de las mejoras que produce su utilización, fundadas únicamente en prejuicios sociales carentes de todo sustento fáctico y/o científico. Ahora, esta disposición también limita y obstaculiza el acceso a otras patologías”, señala una reciente declaración de apoyo a la regulación del cannabis, impulsada desde el Centro de Estudios Legales y Sociales, el Centro Cultural de la Cooperación y el Centro de Estudios de la Cultura Cannábica.

Por el reclamo de diferentes diputados y diputadas de la oposición, la bancada de Cambiemos permitió el debate de una docena de proyectos en un plenario de comisiones de Adicciones, Salud y Seguridad Interior. La inclusión de esta última comisión denota la mirada represiva que aún conserva el oficialismo, que oferta permitir la investigación y los ensayos clínicos, con la posibilidad de importar o producir de forma privada o pública en el futuro, negando toda posibilidad de regular el cultivo casero, individual, solidario o cooperativo.

De las entidades o colegios profesionales que asesoran a las comisiones de Diputados no han salido recomendaciones favorables en este sentido. La comisión de científicos que asesora en adicciones sugirió cambiar la expresión “cannabis medicinal” por “alcaloides o cannabinol medicinal”, que siempre medie una prescripción médica y se aislen los principios activos de la marihuana, rechazando la posibilidad de la fitoterapia, es decir, la terapia en base a la planta. Esto último es lo que ya ocurre en otros países como Canadá, Israel, Holanda y la mitad de estados norteamericanos.

Uno de integrantes de la comisión de científicos, el psicólogo Jorge Dorado, hizo un paralelismo entre el opio y la morfina: “La idea es producir un fármaco sin tener que legalizar el opio”. La diferencia entre la morfina y el aceite de cannabis es sideral: sintetizar la morfina implica requerimientos técnicos propios de un laboratorio, extraer resina de cannabis no. La primera droga puede generar una dependencia física profunda, al punto de que la abstinencia deriva en algunos casos en la muerte. La marihuana, en ese sentido, es una droga mucho más segura.

Morir por sobre dosis de marihuana es imposible: habría que consumir 40.000 dosis. En cambio, con un blíster y medio de paracetamol (venta libre) o 7,5 gr. se puede producir la muerte por intoxicación.

“Vale aclarar que para el cannabis, la dosis letal es prácticamente inexistente, ya que se ha calculado que una persona tendría que consumir 40.000 veces la dosis necesaria para lograr el efecto psicotrópico para tener una sobredosis de cannabis. En contraposición, sólo por dar un ejemplo, la dosis letal de paracetamol (medicamento de venta libre) se ha calculado en 7,5 gr, es decir, un blíster y medio, ya que produce hepatotoxicidad por consumo de sistemas enzimáticos”, dictaminó en la comisión de Adicciones un grupo de investigación de Asociación de Psiquiatras Argentino (Apsa), encabezado por Federico Pavlovsky.

Este informe reconoce que al ser considerada una droga de abuso “la producción de conocimientos médicos se orienta principalmente al registro de sus efectos adversos” y de esta manera se desatiende “sus potencialidades terapéuticas”. También destaca que el cannabis utilizado para reducir daños puede ser una “droga de salida” para consumo problemático de sustancias muy nocivas, lo que “también constituye un uso médico”. Por último recomienda la regulación del cannabis como potencial estrategia de salud porque “desactiva la cadena a partir de la cual los individuos entran en contacto con drogas más peligrosas y escenarios violentos.”

Por estas horas, la diputada kirchnerista Carolina Gallard está elaborando una postura en común con colegas de su bancada y otros del Partidos Socialista, el Frente de Izquierda de los Trabajadores y también el Frente Renovador. La idea de este grupo de parlamentarios es regular todos los accesos, atendiendo el reclamo de pacientes y familiares. En el mismo sentido va un proyecto liderado por la radical Olga Rista, que contempla también diferentes modalidades de autocultivo y rompió la postura restrictiva del bloque Cambiemos. Antes de fin de año podría votarse.

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Emilio Ruchansky

Emilio Ruchansky

Periodista especializado en la problemática del uso de drogas. Es editor de la revista THC y autor del libro Un mundo con drogas (2015). Fue columnista de judiciales del noticiero Visión 7.

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