«La felicidad individual es más completa cuando se colabora con la felicidad social»

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A Mercedes Morán siempre le gustó observar. Su mirada es herramienta que le permite construir múltiples mujeres. Cómo es ese proceso, los miedos, y la importancia de ser fiel a una misma. Acá un fragmento de una charla sincera con Cynthia García en Los Chisperos.

Cuando Mercedes Morán llegó a Buenos Aires la rescató de la tristeza descubrir el Club del Clan. Se enamoró de Johnny Tedesco, “el amor al primer ídolo me salva de la tristeza de haber dejado atrás el pueblo y esa escala que se maneja en los pueblos, que es una escala más humana”

Llegaban desde Concarán, pueblo de San Luis ubicado frente a Merlo, en el límite con Córdoba. Ella tenía siete años. “Me achicaba un poco el sufrimiento que me provocaba la gran ciudad con esa escala enorme, inabarcable para cualquiera pero más para una chica criada en un pueblo”.

Desde allá empiezan a tejerse las historias que dan vida al unipersonal ¡Ay, amor divino! que escribió y protagoniza bajo la dirección de Claudio Tolcachir. “Tenía ganas de hablar de lo que me pasa a mi hoy con el paso del tiempo, con mi edad, de lo que no se dice, de la dependencia que tenemos las mujeres con las hormonas, con todo eso. Finalmente quedó como una especie de epilogo en el espectáculo porque dije: para hablar de esto tengo que empezar a ver cómo construir esta que soy hoy. Entonces me fui a la infancia y ahí me perdí, en ese viaje de la infancia, de la adolescencia. Ahí aparecieron los vínculos, las mujeres que te imprimen en la infancia y que después no sé en qué lugar de la cabeza, del corazón, quedan y se convierten en referentes.

Hay algo de lo que uno construye, de su propia personalidad, de una mirada que tenes sobre el mundo que pasa ahí, empieza a pasar en esos años.

Después uno toma conciencia, o no, decide volver a mirar, o no. Pero me parece que todo se empieza a construir ahí, en la primera infancia. Aparece un poco también la figura de mi padre”

Mercedes escribió las historias que muchas veces había relatado oralmente, “ponerme a escribirlas me hizo acercarme de otro modo”. Las convirtió en un hecho teatral y en ese proceso en un momento dijo: “me parece que esto se está convirtiendo en un homenaje a mi viejo. Entonces saqué algunas historias, pero más allá de cómo después administré eso, me doy cuenta que en la mirada con el mundo, en la mirada con lo que nos rodea un gran referente fue mi padre. Todavía hoy sigo mirando bastante con sus ojos”.

Prohibido juzgar

Desde su primer ídolo de la infancia, siguiendo por los cantantes que fueron amores adolescentes, Mercedes siempre creyó absurdo que no puedan “decir su condición sexual, su estado civil, si estaban de novios…”. Estaba, y está, convencida:

“todo aquel que trabaja con su cabeza, con su cuerpo, que se expresa, es absurdo pretender que no empiece por expresar lo que piensa”

Ella, dice, siempre desobedeció ese mandato en forma de consejo. “Los miedos te gobiernan, intentar no ser gobernado por los miedos es una decisión personal”

¿Y sino tenes miedo? ¿Qué pasa?

No creo en la ausencia del miedo. Hay miedos que son funcionales y hay miedos que son inventados por otros o por una misma y lo que te hacen es no correr límites. Es casi imposible intentar crecer sino corres algún límite. Lo que te hace un poco más valiente no es no tener miedo, es hacerle frente. También otros sentimientos que no son tan heroicos como el aburrimiento. Si te empezas a aburrir y te vas, te perdes de ver que hay ahí debajo de eso que te aburre. Como actriz las escenas a las que temo en un guion casi siempre resultan las escenas que después mejor salen porque te atreviste a atravesar esa parte. Hay algo ahí desconocido y eso es lo que da miedo, lo que no se conoce.

¿Qué proceso hay en esa construcción tuya para ser otras?

La primera vez que tuve que hacer un personaje que yo sentía que era totalmente diferente a lo que soy yo pensé que no lo iba a poder hacer, y cuando me metí en ese vestido y lo pude experimentar tuve una sensación fantástica. Cuando construís un personaje desde lo que piensa, desde donde mira, te salís de vos, es como cuando viajas que al tomar distancia de tu casa, de tu familia, de tu ciudad empezas a mirar de otra manera las cosas. Después descubrí que desde esos lugares me atrevía a hacer cosas que yo jamás hubiera hecho en la vida, entonces le empecé a tomar un gustito tremendo. Esa construcción creo que nace de una obsesión que tengo: observar el comportamiento femenino. Me fascina el comportamiento femenino. Para mí el mejor entretenimiento es sentarse en la vereda y ver pasa gente, sobre todo observar a la gente que por algún motivo está olvidada que está siendo mirada, aparece un tipo de comportamiento muy personal. De chica iba en el colectivo y me quedaba colgada mirando y mi mama y mi hermana me codeaban porque parecía que era una curiosidad medio maleducada, pero no me interesaba de lo que hablaban, lo que me interesaba no lo podía clasificar. Cuando empecé a estudiar teatro entendí que esa obsesión era parte de un instrumento que yo después iba a usar para construir personajes.

Además, construir mujeres que no piensan como vos, que no miran, hablan, se relacionan como vos, ha resultado la mejor manera de derribar prejuicios.

Tenes que entender cuáles son las razones por las que alguien hace determinadas cosas, te tenes que prohibir juzgar. Es muy sanador como persona sacar el juicio. Es un ejercicio muy interesante. Cada vez que he interpretado una mujer tuve que dejar de enjuiciarla, eso me ha ayudado mucho en la vida porque no creo que una sea más juzgadora con los demás de lo que es con una misma.

Felicidad individual, felicidad social

Hoy Mercedes Morán se siente mal, muy mal dice.

“Fui muy feliz cuando se volvió a prender el fosforo del compromiso polito, ese de entender que la felicidad individual es más completa cuando se colabora con la felicidad social. Fui muy feliz en estos últimos años por sentir que este compromiso volvía a nacer. Ver tanta gente comprometida con el otro era muy gratificante. Temo que esa juventud se decepcione, se vuelva a su casa, se vuelva a meter adentro de sí misma porque a mí me pasó eso. Yo me fui para adentro durante muchos años, me preocupa la gente joven que se comprometió tan sinceramente y que está viendo tanta porquería alrededor. Me da mucho miedo que eso otra vez se pierda”

Pero, dice, no pierde las esperanzas. “Hay algo en las crisis que es difícil de ver desde adentro pero que siempre dan nacimiento a algo interesante.

Pienso que se está tratando de terminar con un periodo donde mucha gente se ha sentido muy feliz, yo entre ellos”

¿Te sentiste atacada?

Siempre pagas facturas por decir lo que pensas. No es mi objetivo que me quiera todo el mundo, no trabajo para eso. Yo trabajo para mí, para ser fiel a lo que pienso. Se pagan costos, los pagué, los pago y los seguiré pagando. Siempre me eh sentido sapo de otro pozo, me ha pasado en mi trabajo, me pasa en general. Para el teatro comercial soy bastante independiente, más de lo que le gustaría, para los independientes soy más comercial de lo que les gustaría. Para los peronistas no soy peronista, para los otros soy demasiado peronista.

¿Y vos como te sentís?

Yo creo que todos tienen razón. A mí me importa ser fiel a lo que siento.

Poder confiar

Descubrí tarde al kirchnerismo. Creo que se me reveló mucho cuando se murió Nestor y viví ese desfile de gente que espontáneamente iba a agradecer tantas cosas. Después muchas de las medidas que tomaron fueron haciendo que los mirara con mucho cariño.

Sentí que eran la expresión política de algo que yo pensaba que no iba a volver. Tantas medidas que tomaron fueron sueños de mi juventud.

Apoyé muchas de esas medidas. La conocí a Cristina, como también lo conocí a Alfonsín en su momento, y me pasó lo mismo con los dos, cuando tuve oportunidad de conocerlos y estrecharle la mano me sentí muy privilegiada. También los he criticado mucho, a los dos, pero en ambos casos fueron dos cosas las que me movilizaron: una empatía muy grande y también algunas críticas. Me acuerdo cuando estaba Menem, no se castigaba tanto. Quizás no existían las redes sociales y eso te hacia tener una percepción diferente. Ahora es tremendo, siento que hay un grado de violencia y está instalado una cosa tan horrible de que si apoyas a alguien es porque estas recibiendo plata o porque tenes algún interés. Creo que para eso han contribuido varios, hay varios responsables de esa manera de pensar. Están los tarados de siempre que piensan que lo único que nos mueve es el dinero y el interés y no pueden creer que alguien simplemente pueda confiar o apoyar.

Mirá la charla completa de Cynthia García con Mercedes Morán

@aniarrascaeta

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