Los vestidos de Juliana

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Esta semana se intensificó en los medios la idea de la mujer como acompañante o adorno de los varones. Las portadas con Juliana Awada y Máxima Zorreguieta en un combate de estilos reprodujeron la matriz de la mujer-florero. Y si bien el machismo existe desde siempre, Cambiemos se encarga cada vez que puede de reforzar el imperativo patriarcal de la mujer fuera de la escena política. “Siempre voy a estar al lado de mi marido”, repite Juliana cuando le preguntan sobre su rol en la política.

Una pasada por las revistas de espectáculos de la semana puede ser un viaje en el túnel del tiempo sin escalas al siglo pasado. En Gente, una impecable Paula Cháves se apoya sobre una larga y fálica aspiradora. Subida a sus tacos, entubada en una pollera ajustada por un cinturón dice: “Ahora elijo ser ama de casa”. En Caras, Máxima Zorreguieta y Juliana Awada, posan con vestidos monárquicos y “dictan cátedra de elegancia y charme”, según la bajada de la nota, titulada “soberanas de estilo”. Los principales diarios y portales también replican la mirada anacrónica y estereotipada sobre el “duelo de estilos” entre la reina de Holanda y la primera dama estimulando la patriarcal competencia entre mujeres. La matriz machista de los medios y el eje comunicativo de Cambiemos intentan señalarnos cuál creen que debe ser el rol de las mujeres en el poder y la política: el de acompañantes.

Un modelo de mujer-florero a contramano de aquello que expresamos con mayor contundencia en las calles: el deseo de cambiarlo todo. Porque cada vez somos más las que nos plantamos con alegre rebeldía frente a esos modelos de reinas y princesas que nos quieren imponer. No somos la mujer objeto ni la que está “detrás de un gran hombre”. Somos un sujeto político más con voz propia. Además del tetazo, expresión máxima de esa insumisión, este año los cuerpos femeninos fueron plenos protagonistas de la histórica jornada del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, reconvertido en un Paro Internacional de Mujeres a partir de la convocatoria de Ni Una Menos.

La presencia femenina desborda el resto de las movilizaciones y luchas que hoy encarnan la escena política argentina. En el caso de lxs docentes que sostienen paros y encabezaron una Marcha Federal histórica: 8 de cada 10 trabajadores del sector de la enseñanza son mujeres. Esta semana también fue el Paro Migrante: en la Argentina, cada 100 mujeres migrantes hay 84 hombres migrantes, por lo cual todos los cambios en las leyes y políticas migratorias tienen especial impacto en el caso de las mujeres.

Es en ese contexto que llama la atención la cantidad de artículos periodísticos sobre el look de Awada cada vez que viaja junto al presidente Mauricio Macri. Los vestidos de Juliana son el eje de las notas sobre la primera dama. Y ella con su sonrisa aprendida y su glamour reafirma cada vez que puede que es la dama de compañía del presidente. “Siempre voy a estar al lado de mi marido”, repite cada vez que le preguntan sobre su rol en la política. “En política ella no se va a meter, eso no va a cambiar nunca”, señala una fuente en off en una nota publicada en La Nación. Un artículo en el que pretenden tranquilizar a la mirada misógina poniéndola en caja: “Juliana Awada levanta el perfil, pero en el Gobierno descartan una posible candidatura”. Cada cosa en el lugar que el patriarcado nos quiere poner.

¿Qué piensa la primera dama de los feminismos, del crecimiento internacional del movimiento de mujeres, de la violencia machista? ¿Cuál es su opinión sobre el proyecto de paridad que se debatirá en el Congreso, del derecho al aborto legal, seguro y gratuito? No lo sabemos. De política no opina. Sin embargo, tenemos demasiada información sobre el diseño de sus vestidos.

Podemos intuir las respuestas a algunas de esas preguntas analizando lo que hizo Cambiemos en lo que va de su gestión. Y también viendo lo que no hizo. Hace un año, cuando todavía eran presidente y primera dama, Barack y Michelle Obama visitaron la Argentina. Ella tuvo su agenda propia, tal como hizo durante los dos mandatos de su marido. De hecho, Juliana fue la anfitriona de una charla que Michelle brindó a estudiantes de colegios porteños en el Centro Metropolitano de Diseño. La ex primera dama de Estados Unidos habló de su programa e iniciativa “Let Girls Learn” para empujar el derecho a la educación de las niñas. También elogió a Ni Una Menos y la propuesta de ley de patrocinio jurídico gratuito para víctimas de violencia machista que acababa de aprobar el Congreso. Al parecer, Juliana hizo oídos sordos al elogio: todavía hoy el gobierno no puso en marcha la normativa ni le asignó presupuesto. Juliana no escuchó, pero qué hermoso atuendo blanco vestía.

Juliana hizo oídos sordos al elogio a Ni Una Menos que hizo Michelle Obama en su visita a la Argentina: todavía hoy el gobierno no puso en marcha la normativa ni le asignó presupuesto. Juliana no escuchó, pero qué hermoso atuendo blanco vestía.

Lo cierto es que el caso de los vestidos de Juliana no es aislado. La avanzada conservadora que se viene dando en la región se expresa en el rol que tienen las mujeres en la política Latinoamericana. Cuando Michel Temer tomó el poder en Brasil, los medios perfilaron a su esposa, Marcela, a la que definieron como “bella, recatada y del hogar”.

Hace tan solo tres años, el panorama era otro. En 2014 se dio un hecho insólito: cuatro mujeres eran presidentas en Latinoamérica y el Caribe. Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Dilma Rousseff en Brasil, Michelle Bachelet en Chile y Laura Chinchilla en Costa Rica. Hoy, de esa avanzada en materia de participación política queda solo una jefa de Estado, Bachelet. Y la estampa se completa con el gabinete de Temer, conformado en su totalidad por varones.

El machismo y la mirada estereotipada hacia las mujeres existió siempre y persiste. Cambian los escenarios regionales y la avanzada neo conservadora se reconvierte en un neo machismo que nos quiere fuera de la escena política, sin voz ni opinión. Nos ubica como buenas esposas y amas de casa. Nada más. En ese contexto, los medios ajustan la lente con la que opinan sobre la ropa de las mujeres vinculadas a la política. Durante los 8 años que Cristina Fernández de Kirchner fue presidenta, las tapas de revistas y artículos que opinaron, divulgaron y cuestionaron su atuendo fueron tantas como aquellas que le inventaron enfermedades y problemas psiquiátricos. Una mujer en el poder activa y deseante es patologizada. Y hasta las medias que usaba eran presupuestadas. Ahora la ropa parece ser una cuestión de estilo y no de gasto. El patriarcado celebra el regreso de la mujer decorativa.

Sin ir más lejos, para entender qué lugar reserva Cambiemos para las mujeres basta con ver que de lxs siete presx políticxs de la Tupac Amaru, cinco son mujeres, con Milagro Sala a la cabeza. Esas que no salen en las tapas de las revistas pero cuyas libertades se han vuelto un reclamo internacional. No es casual. Como tampoco es casual la manera en la que la ex presidenta y su hija son fustigadas por el aparato judicial y mediático. El patriarcado castiga la fortaleza que se erige cuando las mujeres se organizan y toman el poder. Nos quedan las calles para seguir practicando la desobediencia frente a los roles que nos quieren imponer.

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María Florencia Alcaraz

María Florencia Alcaraz

Es integrante del colectivo Ni Una Menos. Aborda temas como violencia institucional y violencia de género. Además de escribir en este portal, publica en Anfibia, El Destape y es cofundadora de Latfem, un medio de comunicación feminista.

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