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El lenguaje nos mutila a diario. Los ejemplos son infinitos. Las explicaciones, harto conocidas: patriarcado, androcentrismo, lenguaje sexista. Las alternativas múltiples y variadas: todos y todas, el uso de @, la x, el todes. No se trata simplemente de forzar estructuras linguísticas. Se trata de patear el tablero de lo establecido contra una estructura que nos incomoda históricamente.

Una veintena de pibas bailan frente a un espejo. La coreografía la bastonea otra chica, joven y tatuada. La música en inglés completa el espíritu Beyoncé que se respira en el salón. En la mitad de la clase, un pibe llega tarde y se suma al grupo de sudadas que intenta imitar los pasos con talentos variados. “A ver, chicos, repetimos desde el comienzo”, dice la profesora canchera y pincha el globo del girl power que las pibas habían inflado con ritmo y sudor. “Chicos”, dice, a pesar de que todas, menos uno, son mujeres. “Chicos”, enuncia y la presencia de un solo varón las arrasa a todas como una topadora. Ninguna se queja. Sigue el baile. Un, dos, tre, cua.

“Reuniones de padres” a las que van madres. Una Asociación de Mujeres “Jueces” de Argentina. Una egresada en Economía a la que en su mención de honor le escriben Licenciado. Mujeres que cuando se refieren a ellas mismas hablan de “uno”, “nosotros”. El lenguaje nos mutila a diario. Los ejemplos son infinitos. Las explicaciones, harto conocidas: patriarcado, androcentrismo, lenguaje sexista. Las alternativas múltiples y variadas: todos y todas, el uso de @, la x, el todes.

16112016columnaLa apuesta más creativa: generalizar en femenino. En el portal Tribuna Hacker, después de un intercambio con un lector a través de Facebook, decidieron equilibrar la balanza. Generalizan en femenino todos sus artículos y escribieron un manifiesto al respeto: http://www.tribunahacker.com.ar/por-que-generalizamos-en-femenino/ Ese lector, llamado Jorge, cuestionaba un mensaje de bienvenida en el sitio en que incluían a “todos/as los/as que se suman”. Jorge dijo que prefería quedarse con el “todos” porque era redundante mencionar a todos y a todas.

El feminismo es una revolución insumisa y radical. Queremos transformarlo todo. Y eso incluye el lenguaje, la forma en la que el patriarcado se ocupa de enseñarnos cómo ser niñas y mujeres a través de las palabras.

Quizás no lo sabía, pero Jorge se alineó a la postura de la Real Academia Española: “El uso genérico del masculino para designar a los dos sexos está muy asentado en el sistema gramatical”. La RAE asegura que se trata de “forzar las estructuras lingüísticas”. Una institución que “desde 1713, sólo diez mujeres, frente a más de 460 hombres ocuparon sus sillas”, señala la periodista y psicóloga Liliana Hendel en una nota donde le responde a otro texto de Alberto Amato en Clarín. Amato decía que el tema se trata de una “moda que incomoda”. Hendel agrega: “actualmente solo 5 mujeres forman parte del grupo de 46 académicos de número. De las 5 ninguna es feminista….ni lo quiere ser”.

No se trata simplemente de forzar estructuras linguísticas. Se trata de patear el tablero de lo establecido contra una estructura que nos incomoda históricamente. El feminismo es una revolución insumisa y radical. Queremos transformarlo todo. Y eso incluye el lenguaje, la forma en la que el patriarcado se ocupa de enseñarnos cómo ser niñas y mujeres a través de las palabras.

Suena hasta rídiculo que todavía tengamos que dar estas batallas lingüísticas. Y en esas batallas, sí, tenemos que establecer las gradualidades de las violencias machistas: no es lo mismo que nos invisibilicen desde la palabra, que nos maten o que el Estado no garantice un aborto legal, seguro y gratuito. No hay que descuidar la retaguardia en estas discusiones. En lo que va del año, según cifras oficiales del Ministerio de Justicia de Nación y Derechos Humanos, 177 mujeres fueron asesinadas por ser mujeres. Para los organismos son muchas más. No es lo mismo: pero todo forma parte de una cadena de violencias constante que vivimos y sobrevivimos a diario.

No es lo mismo que nos invisibilicen desde la palabra, que nos maten o que el Estado no garantice un aborto legal, seguro y gratuito. No es lo mismo: pero todo forma parte de una cadena de violencias constante que vivimos y sobrevivimos a diario.

Dicen que tenemos una capacidad genética especial para la percepción. Eso que llaman “intuición femenina”, un superpoder sexo genérico inexplicable. Para la filóloga española y feminista Teresa Meana, la verdadera “intuición femenina” es el talento que tenemos las niñas, adolescentes y mujeres para saber cuándo hablan de nosotras. Ellos están incluidos siempre, nosotras, tenemos que echar mano a la adivinación.

Un ejemplo que pone Meana para explicar cómo funciona: la nena que siempre llamaron nena, cree que sólo es una nena si se dirigen a ella como tal. Un día la maestra dice: “Los niños que terminaron el ejercicio pueden salir”. La nena no se mueve.

– ¿Por qué no salís?

– No, como dijo los niños…

– Cuando digo los niños es todo el mundo, vos también.

La nena sale y piensa: “cuando dice los niños también soy yo”. Cuando vuelven del recreo, la maestra dice: “Los niños que se quieran apuntar al fútbol que levanten la mano”. La nena levanta la mano.

– ¡Qué no, que dije los niños!

“El diccionario no refleja la lengua, refleja el poder de quien hace diccionarios”, dice Meana. No queremos adivinar cuando nos nombran, ni llevarnos a nuestras casas títulos que dicen Licenciado. Cuando paramos el 19 de octubre los varones estaban preocupados por participar del paro de mujeres, por marchar contra las violencias y precarización de nuestras vidas. Empiecen por nombrarnos. No queremos corsets que nos acogoten las palabras y encapsulen nuestra creatividad en pos de la corrección política. Queremos que nos nombren.

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