Permiso para dirigir

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Amante del teatro, Luciano Cáceres se hizo conocido por la serie Patito Feo pero nunca abandonó las tablas. Allí se refugia para desarrollar su creatividad y hasta se le anima a la dirección en Esposas de Dictadores I: “Busco que la obra no sea sólo contar el cuentito, sino que uno se vaya con la sensación de haber vivido una experiencia”.

Fotos: Nacho Yuchark
Foto: Nacho Yuchark

Es imposible hablar de la vida de Luciano Cáceres sin referirse a su oficio teatral. Es que Genaro Cáceres y Haydeé Bello, sus padres, lo concibieron, literalmente, en el escenario del teatro de la calle Rincón que le pertenecía a su progenitor. Desde que tiene memoria quiso ser actor, pero recién a los 9 años sus padres lo inscribieron en un taller de teatro que organizaba el Sindicato de Farmacéuticos. Luego, a los 10, empezó a estudiar con Alejandra Boero -actriz, formadora de actores, directora, precursora del teatro independiente en Argentina- quien lo dotó de sus primeras habilidades como actor en el estudio que ella manejaba donde hoy funciona el Teatro-Escuela Andamio 90. A los 11 actuó por primera vez oficialmente en la obra “Heredarás el viento”, en el Teatro del Sur, una sala que hoy en día es un estacionamiento.

Pero una vez que desarrolló su faceta actoral no se recostó en esa zona de confort. Un poco accidentalmente, pero también con algo de intención comenzó a desempeñarse como director. Durante un tiempo a él y a su amigo, el actor Sergio Surraco, no los llamaban para actuar en ningún lado, entonces decidieron crear una obra que se llamó el “El doblete de Chéjov”, en donde ponían en escena dos textos breves de Antón Chejov (“Pedido de mano” y “El Oso”), uno dirigido por Luciano y actuado por Sergio, y el otro dirigido por Sergio y actuado por Luciano. Esa obra se estrenó en Quintino Espacio Cultural, el teatro que inauguró a los 19 años. “En vez de irme a vivir a un departamento elegí una casa chorizo, tiré unas paredes e hice la sala. Dormía en la cabina de luces, dentro de un espacio de un metro y medio por dos, un poco siguiendo el camino de mi papá”, recuerda Luciano.

Luego de haber actuado en decenas de obras, de haber dirigido otras tantas, y de esfuerzos infructuosos por sustentarse económicamente en el ámbito del teatro under comenzó a probar suerte en el mundo de la tele y la publicidad. Empezó con pequeños papeles que le costaron bastante, no lograba adaptarse al tan mentado vértigo televisivo. “Aprendí a actuar en televisión en ‘Patito Feo’, una novela infanto-juvenil, donde tuve dos años de contrato, en un personaje pequeño pero que tenía su historia y ahí entendí cómo era la tele, los tiempos, cómo se labura con la cámara, la luz, el sonido, la complicidad que uno debe tener con los actores. En paralelo yo hacía “Muerte de un viajante” con Alfredo Alcón en el Paseo La Plaza, y cuando me preguntaban qué hacía yo en una tira de la tele les respondía que estaba aprendiendo”.

Hoy continúa en la TV con la serie “Los ricos no piden permiso” y mantiene su faceta más creativa dirigiendo la obra “Esposas de Dictadores I”, un espectáculo vanguardista sobre Elena Ceaușescu, la esposa del exdictador rumano Nicolae Ceaușescu. La obra está protagonizada por Leonor Manso y se basa en el guión del dramaturgo alemán René Pollesch. Se puede ver de miércoles a sábados a las 22 hs. y los domingos a las 21 hs. en el Centro Cultural San Martín (Sarmiento 1551, CABA).

Luciano se detiene ante la palabra “carrera”, porque dice que nadie lo corre y que no quiere llegar primero ni segundo. Prefiere hablar de su “recorrido” profesional, un recorrido que se caracteriza por ser prolífico, cambiante, variado, lleno de experimentación y en donde el trabajo que le permite sobrevivir y el que le da rienda suelta a su propia creatividad parecen ir por vías en apariencia paralelas, pero que en realidad en algún punto se juntan.

Animal de teatro

Durante sus primeros pasos en TV Luciano pudo entender las reglas: aprendió cómo trabajar a contrarreloj y lograr resultados satisfactorios al mismo tiempo. Pero fundamentalmente lo que comprendió fue que es el teatro donde no quiere dejar de estar: “Es mi lugar de experimentación, mi espacio creativo. Además hay un público que acompaña, hay compañeros que quieren que yo los dirija y hay directores que quieren tenerme ahí”, reconoce. Otro de los beneficios que le dio la TV es un nivel de popularidad que colaboró y mucho en difundir su faceta teatral. Con Graduados en pleno éxito de rating mucha gente se acercó a ver Macbeth, el clásico teatral en el que actuaba: “Una gran cantidad de gente que vio Macbeth me dijo que era la primera vez que iba a ver teatro, y eso está buenísimo. Gente que vino a ver al pibe de la tele, porque me conocían de ahí y de golpe conocieron a un autor, y conocieron Macbeth y al San Martín con todo lo que implica como ícono del teatro”, resalta.

El teatro es su casa, pero Luciano sabe que en su casa nunca puede haber comodidad, ni cuando dirige ni cuando actúa: “Si me siento muy cómodo ya me quiero ir”, advierte. Reconoce que la pasa bien actuando, pero el lugar donde más aparece su cabeza creativa es en la dirección, donde disfruta pero al mismo tiempo sufre porque el protagonismo y el control que logra en los ensayos se pierde una vez que comienza la obra.

Tu, Pollesch en Argentina

El exdirector del Complejo Teatral de Buenos Aires, Alberto Ligaluppi, vio “Esposas de Dictadores I” en España y quiso comprar los derechos para hacerla acá.  Le dijeron que sí, pero con la condición de que la dirija Luciano Cáceres. La respuesta no fue nada sorprendente teniendo en cuenta que quien representa los derechos de la obra de René Pollesch en Latinoamérica es Hartmut Becher, exdirector del Instituto Goethe en Argentina, y el mismo que convocó a Luciano para dirigir la versión local de “Sex según Mae West”, otra obra del dramaturgo alemán. Aquella vez, Becher le remarcó a Luciano que Pollesch no es de ceder sus textos a cualquiera: previo a otorgarle los derechos, el autor quería venir a trabajar a la Argentina con Cáceres para validar sus condiciones. Así fue: vino a la Argentina y trabajaron intensamente durante una semana. Pasada esa prueba definitiva, y antes de partir, el dramaturgo selló el vínculo con Luciano con la frase “Tu, Pollesch en Argentina”. Antes de “Esposas de Dictadores I”, Cáceres también dirigió “Ciudad como botín”, del mismo autor.

-¿Qué te atrae del trabajo de Pollesch?

Luciano Cáceres: —No lo puedo considerar como alguien que renovó la escena mundial. A mí me renovó la manera de ver el teatro, me contó una manera de pensar distinto. Él habla de un teatro de la no representación, con muchas ideas, pero alejándolo de la idea de rol como personaje, como historia anterior. Hay algo que tiene que ver con lo lúdico, con cabezas pensantes y emociones que surgen de los actores, no como ideas preconcebidas que uno tiene que tener como ejemplo para mostrarle a la sociedad; él considera obsoleto pensar que un Hamlet tiene que generar empatía o representar al ser humano, ninguno de nosotros somos Hamlet. Él eso lo tira a la basura, él dice que no hace teatro, que hace “noches teatrales”, con fundamentos filosóficos puestos en acción de una manera muy lúdica.

-¿Te interesan en particular los temas que trata esta obra?

L. C.: —Por un lado está todo lo político y económico, la familia, que me interesa mucho. Y por el otro está cómo se aborda el tema del teatro, cómo se sale y se entra en los roles, como hay también autoritarismo en la creación, eso de elegir o negar ciertos roles en una obra. Luego toma a un personaje político muy importante, como fue Nicolae Ceaușescu; es un disparador que a mí me permitió investigar y poner en escena este juego de poder que se refleja tanto en una actriz protagónica como en la Primera Dama de un dictador.

-¿Cómo fuiste dándole tu impronta?

L. C.: —Tengo un proceso creativo que va en paralelo. Primero ya sé todo lo que voy a necesitar, todo lo que quiero, más en estas estructuras bastante burocráticas, que te exigen que vos presentes todos los planos dos, tres, cuatro meses antes de que empieces a ensayar para luego darte los materiales una semana antes. El día del ensayo general fue el primer o segundo día que tuve la técnica. Igual estaba toda la edición en mi cabeza, pero hay algo de convencimiento a los actores de que todo lo que no está va a estar. Son tiempos muy cortos, se ensayan dos meses en horarios muy complicados, entonces tenés que tener muchas cosas claras de antemano. En el proceso hubo una búsqueda de construir una idea más latina de lo que propone el autor, porque considero que el alemán dicho y hecho separa muy bien cabeza de corazón, y nosotros no. Los ideales pasan todo el tiempo por el corazón. Esta obra había que llevarla hacia un lugar un poco más sanguíneo y cargarla un poco de imágenes de archivo de lo que fue Nikolai, su gobierno, el pueblo y su idiosincrasia. Hay muchos discursos o textos que se repiten muchas veces en la obra pero desde varios puntos de vista o están expresados de manera distinta, tanto desde la puesta, como desde lo verbal; la propuesta es cubista, porque puede mostrar todas las caras de los cuerpos y los muestra al frente.

Foto: Nacho Yuchark
Foto: Nacho Yuchark
La escena

Que Buenos Aires sea una de las ciudades con el mejor teatro del mundo no la convierte automáticamente en una de las mejores ciudades para vivir del teatro. Es habitual que los oídos del Estado no perciban a los teatristas de la ciudad como los responsables de una usina de ideas que hay que preservar. Luciano conoce la escena como pocos, es por eso que puede advertir algunos puntos altos y bajos en el quehacer local: “Estamos acostumbrados a trabajar en condiciones muy modestas, pero muy entregados a laburar, porque hay muchas ganas y todo se hace con nada.

A mí me gustaría que, teniendo en cuenta que somos una de las ciudades teatrales más importantes del mundo, el apoyo sea mayor para poder sustentar la supervivencia de tantos teatristas.

Hay apoyo, hay subsidios, te dan 15 mil pesos Proteatro o el Fondo Nacional de las Artes para quince personas y para un proyecto que dura un año. No llegas ni a cubrir gastos”. Pero los problemas de la escena no surgen sólo por cuestiones de financiamiento, para Luciano, hay “obras fotocopia” que parten de una “dramaturgia de la improvisación” que él considera poco interesantes. Entiende que crear desde esta lógica suele ser algo fácil e inmediato, pero cree que esta manera tiene que ver con un momento histórico. “Nosotros venimos de un teatro en sus comienzos más recreativo, más de entretenimiento, luego aparecieron autores que empezaron con temáticas que tenían que ver con el anarquismo, con el socialismo, un teatro político, con mucha bajada de línea. Después hubo un teatro más humanitario y luego una época muy fuerte, la de los milicos, en donde no se podía decir mucho, entonces se recurría a la metáfora. Cuando esos autores pudieron hablar se fueron de verba y dejaron de ser interesantes. No hablo de todos, pero pasó un poco eso. Después hubo una nueva corriente de teatro en donde se podía ser inteligente y entretenido, que es lo que más me interesa, y después de eso no pasó más nada”. No obstante reconoce a algunos valores actuales como Diego Manso, Javier Daulte, Rafael Spregelburd y Gonzalo Demaría, autores que, según él, “proponen algo más que una idea ocurrente”.

Las experiencias que vienen

Cáceres encuentra su motor para seguir haciendo en la posibilidad que tiene, gracias al teatro, de sacar a la gente de donde viene: “Siempre busco que no sea sólo contar el cuentito, que uno se vaya con una sensación de haber vivido una experiencia”, dice. Su pasado y presente hiperactivo promete extenderse hasta el fin de sus días, de la misma manera en que lo hicieron sus referentes. “En mi faceta de actor me motiva gente que ya la corrió toda (refiriéndose a la carrera profesional) como Leonor (Manso) y (Alfredo) Alcón, porque fueron transitando sus edades y asumiendo el paso del tiempo”. Ve también la posibilidad de arrancar una nueva etapa de desafíos en el cine, faceta que hasta ahora sólo ha encarado desde la actuación: “Hace mucho tiempo que estoy tras la dirección de cine, que va a llegar en algún momento. Va a requerir un tiempo de trabajo y de estudio importante desde la fotografía, los encuadres, etc. Cada encuadre que ves en los videos que aparecen en ‘Esposas…’ está ensayado, decidido. Cáceres necesitaba para su obra más planos que los que le da la frontalidad del escenario, casi tantos planos como los que quiere desarrollar en su vida.

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