Uruguay: con marihuana legal no subió el consumo

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El caso de un cannabicultor que fue robado, hizo la denuncia, la policía recuperó sus plantas y se la devolvió, habla del cambio de cultura en el país vecino. Las encuestas de prevalencia indican que el consumo de cannabis no subió desde la legalización uruguaya y hasta tuvo una leve baja. Ya están autorizados los clubes de cultivadores y el cultivo hogareño. Y en breve comienzan a comercializar marihuana en las farmacias, estrategia clave para desarticular al narcotráfico. A tres años, la legalización tiene balance positivo.

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A poco de cumplirse tres años de la ley que regula el acceso cannabis recreativo, medicinal e industrial en Uruguay, se ven los primero resultados de su implementación. Un estudio preliminar de Monitor Cannabis Uruguay, un grupo de investigación nucleado en la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, muestra que en principio no se cumplieron los pronósticos más alarmistas sobre un escalada de consumo: la prevalencia de vida del consumo de cannabis, es decir, quienes lo probaron al menos una vez, pasó de 20 por ciento en 2014, primer año de vigencia de la ley, y se estancó en 17 por ciento en 2015 y 2016.

“Este dato proviene de la consultora Cifra y de la Universidad Católica. La muestra es confiable, más allá de que no es tan grande como la Encuesta Nacional de Hogares”, explica el sociólogo Martín Collazo, integrante Monitor Cannabis Uruguay. La última encuesta de hogares es de 2014 y se ve un crecimiento por debajo del esperado a partir del crecimiento lineal que se registró entre 2001, 2006 y 2011 en las distintas prevalencias (un mes, un año y de vida). Y esto ocurre, dice el estudio preliminar, “aún luego de una fuerte apertura social relacionada con el debate público sobre la ley de regulación”.

El consumo nunca paró de crecer en el país oriental desde 2001, cuando la prevalencia era del 5,3. Vale aclarar que con la legalización seguramente más personas se animen a declararlo y que en el pasado seguramente haya existido subregistro por usuarios que no se animaran a contarlo. Pero este crecimiento se desaceleró por primera vez. La regulación para fines “adultos” en Colorado, el primer estado norteamericano en aplicarla, también derrumbó otro prejuicio común: la prevalencia mensual entre estudiantes secundarios no varió. De hecho bajó del 25 por ciento en 2009 a 21 en 2015.

La implementación de la ley en Uruguay prevé 40 gramos mensuales por persona y por el momento, solo dos de las tres vías de acceso están disponibles: el autocultivo de hasta 6 plantas y los clubes de membresía, un modelo de cultivo cooperativo con un tope de 99 plantas para socios y socias. Ambas modalidades implican inscribirse en un registro especial y se excluyen entre sí y con la futura dispensación en farmacias, la tercera vía. Las dos empresas ganadoras de la licitación para proveer, ya cosecharon dos toneladas cada una este año y, de momento, las flores están en proceso de empaquetamiento.

Los plazos del acceso masivo vienen corriéndose mes a mes y año a año. Esta vía implica un punto crucial de la política drogas uruguaya, la de “disputar el mercado” como explicó el ex presidente José “Pepe” Mujica, y competir abiertamente contra la marihuana prensada proveniente de Paraguay, desfinanciando así a quienes la trafican. Hasta el momento, solo 50 farmacias pequeñas se interesaron en dispensar, pero en octubre San Roque, una cadena con 34 sucursales, comenzó los trámites para hacerlo. Así, quedó atrás el pánico a una inminente ola de asaltos de “adictos cannábicos”.

Lo tuyo es tuyo

El ritmo sostenido de inscripción en el registro de autocultivo es promisorio. En octubre de 2014 había 601 personas, en mayo de 2015 llegaron a 2.100 y un año después, la cantidad trepaba a 4.814. Hasta octubre pasado, eran 5.332 las personas registradas en el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA). Hay varios motivos fuertes para traspasar el miedo a quedar en una base de datos, por más que esté protegida legalmente. En principio estar a salvo de una detención policial pero también de los amigos de los ajeno, como en el caso de Facundo, de Colonia del Sacramento.

Facundo fue víctima de un “cogollero”, un ladrón de flores, pero tenía los papeles de su cultivo al día. Se había registrado en 2015 y el viernes 17 de marzo pasado, por la tarde, dos inspectores del IRCCA lo fueron a visitar a su casa. La suya fue una de las 300 inspecciones aleatorias que hizo el organismo. “Vinieron en un auto con chapa del Estado y acreditaciones: eran una inspectora, que estaba muy bien informada y sabía de lo que hablaba, y un fotógrafo. Estuvieron viendo y sacando fotos y me dijeron que estaba todo bien”, dice. Le dejaron un certificado de inspección.

Al otro día, por la madrugada se desató una tormenta y tres personas entraron a su casa a robarle las plantas. Su padre hizo la denuncia y la policía tuvo que tomársela e informar a la fiscalía. Facundo no se quedó quieto. Como conoce su barrio y alguna que otra vez compró en las “bocas”, enseguida pudo dar con el dato de donde estarían vendiendo sus flores. “Mandé a uno que encontré en la calle a comprar. Y eran los míos nomás”, recuerda. Todavía estaban mojados. Le pasó el dato a la policía y una advertencia: “Vo, apurate antes de que me vendan todo el cogollo”.

“Los allanaron ese mismo sábado, recuperando gran parte de lo que me habían robado, aunque todo había quedado en muy mal estado. Yo tenía unas fotos de las plantas, que estaban con unas piolas naranjas, y cuando las encuentras seguían con esas piolas atadas al tallo. Eso fue determinante para comprobar que eran mías”, asegura el cannabicultor. El juzgado abrió exclusivamente al día siguiente (era domingo) y el juez Fernando Islas dictó un año de condena al principal imputado.

“La fiscal, el juez y los abogados estaban sorprendidos. Se reían. No podían creer el caso y me tenían que devolver la marihuana porque yo tenía todo en regla. Es más, le dije a la fiscal que quería que en el mismo día me devolvieran todo porque se me iba a pudrir más”. Y a la tardecita los “narcos”, así apoda la barra local a los agentes de la división antidroga, le llevaron todo lo decomisado. “Iban descargando una a una las plantas en casa. Ja. Nunca visto”, dice Facundo.

Más allá de la alegría por tratarse del primer caso en todo el Uruguay en el que se devuelve a un cultivador lo robado, de la cosecha sólo recuperó la mitad, la otra mitad se pudrió. “Me causó una impotencia total, amaba mis plantas como cualquiera. El loco que me robó también era conocido en el barrio pero por robar. Nunca se pensó que yo iba a tener todo legal”. Es lo que le pasa a muchos cogolleros, comenta luego. “Si no tenés el aval de la ley, tenés todas las de perder”.

 In Focus

A tres años de la sanción de la ley de regulación aún queda por delante inaugurar el campo del cannabis medicinal e industrial. Hubo un avance a partir de la instalación de Stanley Brothers, inversores de Colorado, Estados Unidos. Los Stanleys son conocidos por haber creado una cepa medicinal para tratar la epilepsia infantil aunque su inversión en Uruguay pasa por el cáñamo industrial. Aún no hay semilleristas habilitados por el Instituto Nacional de Semillas para producir cepas y también esquejes o clones de plantas para el autocultivo y los clubes de membresía.

El 15 de noviembre pasado, durante un seminario en la Universidad de la República se conocieron los resultados de cuatro focus group sobre el proceso de regulación. Eran grupos de 10 o 12 personas, mixtos, dos de jóvenes y dos de adultos. También estaban divididos por ingresos bajos y altos. La mayoría coincidió en que la implementación es lenta, caótica y falta información para acceder al cannabis. “Salvo la gente joven, que sabía bastante”, aclara Collazo, de Monitoreo Cannabis Uruguay.

Las personas jóvenes de bajos ingresos, en particular, son las que más ansían comprar en farmacias para justificar la procedencia de lo que fuman. Según comentaron en esa franja, la policía les pide carnet de autocultivo o de miembros de un club y al no tenerlos les confiscan la marihuana cuando los requisan en la vía pública. “Vienen, te paran, te lo sacan, te lo tiran al piso, te lo pisan… ¿Por qué?”, comentó uno de los entrevistados a los investigadores.

En el caso de los clubes de membresía, el informe preliminar del monitoreo asume que el modelo funciona aunque presenta “algunas dificultades ecónomicas, nodos burocráticos y de dificultad de la gestión colectiva”. Entre junio y octubre pasado pasaron de 17 a 22 los clubes registrados y el reclamo principal es el de unir cultivos para abaratar costos. En el gobierno aseguran que no están dadas las condiciones de seguridad para que esto ocurra. En algunos clubes cada membresía se comparte entre dos personas, que de esa manera distribuyen los 40 gramos mensuales.

Con la producción de las tres modalidades se estarían cubriendo a 13.822 personas, que representan cerca del 25 por ciento de las 55.200 que fuman a diario. “Esta proporción es más grande aún porque se estima que por cada autocultivador hay un usuario habitual más que está cubierto”, señala Collazo. La Encuesta Nacional de Hogares de 2014 ya reflejaba este fenómeno. Si se suma lo regalado y al mercado gris (el que compra a ‘un amigo de un amigo’), se calcula el 40 por ciento de la marihuana que circula es casera. Y esto sin contar las cuatro toneladas que irían a las farmacias.

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Emilio Ruchansky

Emilio Ruchansky

Periodista especializado en la problemática del uso de drogas. Es editor de la revista THC y autor del libro Un mundo con drogas (2015). Fue columnista de judiciales del noticiero Visión 7.

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